El final más cruel

Antonio Méndez | 10 de abril de 2013 a las 18:32

El Málaga mereció y debió pasar a las semifinales de la Champions. Un pésimo arbitraje lo impidió. La defensa malaguista dejó en numerosas ocasiones en fuera de juego a los delanteros del Dortmund. El linier, que en los últimos minutos del partido había levantado varias veces  el banderín para señalar ese tipo de infracción, erró en la jugada definitiva. La más clamorosa, porque hasta cuatro contrarios se encontraban más adelantados cuando el balón inició la trayectoria hacia el área. La más importante en la corta historia de este Málaga.

El árbitro no vio el lance, según se aprecia en las imágenes posteriores. Estaba de espaldas, así que sólo sus auxiliares pudieron advertirle. Pero no lo hicieron. No lo vieron o sencillamente no se atrevieron. Hay que tener mucho valor para anular un tanto al equipo de casa y en el último segundo. Más si el perjudicado es un conjunto sin nombre en Europa.

Pero a la indignación, la frustración por un injusticia, la rabia porque el once de Pellegrini fue superior a su adversario, que no olvidemos era el gran favorito de la eliminatoria, rápidamente surge para explicar lo acaecido la vieja teoría de la conspiración. Hay que reconocer que cuenta con mucho seguidor en Málaga y que se agita con facilidad, adaptada a las circunstancias que convienen en cada momento. Ahora para culpar a una mano negra por truncar las aspiraciones futbolísticas de cientos de miles de malagueños. Antes para  responsabilizar al vecino de cualquier mal que aqueja a esta provincia.

Y en eso los medios de comunicación somos culpables. Algunos más que otros, sobre todo los impulsores del vivamalaguismo. Una versión recurrente de los localismos que tanto excita las pasiones porque no es necesario pensar demasiado. Se trata de proclamar constantemente las bondades de esta Málaga sin parangón. De su sol y sus estrellas. Así que es sencillo encontrar luego culpables ajenos para justificar las  graves atrasos o los problemas crónicos que nunca se afrontan. Los que la promueven suelen carecer del más mínimo empeño en que se superen las dificultades. A ellos o a sus negocios económicos, políticos y periodísticos  les ha ido así muy bien y no hay por qué cambiar. Y el que discrepa o se sale de este carril mayoritario es un apátrida proscrito. Ahora es Platini o la UEFA. Antes lo fueron la  Junta o el Gobierno. Y como último recurso siempre nos queda Sevilla. La fórmula infalible, un enemigo exterior, agazapado y que aguarda su oportunidad para impedirnos crecer. Alguien al que cargar en la mayoría de las ocasiones nuestra responsabilidad. Ante cualquier adversidad siempre disponemos de la coartada perfecta para tranquilizar la conciencia propia.

Vaya por delante que no creo en las bondades de la UEFA. Es una de las instituciones más políticas, en el peor sentido de la palabra, que existen. Pero si sospecho que puede adulterar una competición es absurdo participar. No reprocho a jugadores y técnicos sus declaraciones tras el partido ante el Dortmunt. Fue un arbitraje casero y malo de los muchos que hemos visto desgraciadamente en infinidad de campos europeos y otras competiciones domésticas. Y con el pan no se juega y lo han hecho. Pero me parecen extemporáneas las alusiones a motivos racistas que el desaparecido jeque propietario del Málaga realizó supuestamente vía Tuiter para explicar la injusta derrota. Si ésa es su aportación mejor que siga con el negocio de las hamburgueserías.

Supongo que cuando pasen las horas también se realizará autocrítica. Faltó madurez para impedir que te puedan hacer dos goles en el tiempo de descuento. Pero hasta eso me parece una virtud de la escuadra de Pellegrini. Ése es el fútbol que nos ha enamorado las dos últimas temporadas. El sentido de un juego que ha proyectado a la sociedad en el momento en que más lo necesitaba. Así que han muerto con las botas puestas, sin dar una patada ni siquiera para despejar un balón en mitad del asalto enemigo y menos renunciar con marrullerías u otras tretas a un estilo que es el santo y seña de la comunión entre el equipo y su afición. Más que un reproche, es también admiración.

El partido quedará durante años en nuestra memoria y ese final tan cruel. Como aquel triple de Asnley de 1995  , pero aquella historia tuvo luego un epílogo feliz gracias a la perseverancia en una idea que tarde o temprano daría frutos. Aquí no está tan claro. No sabemos las intenciones  Al Thani a estas alturas. Puede que le venga bien este desvío de la atención extradeportiva para ganar tiempo, pero tarde o temprano habrá que afrontar el proyecto de futuro, si es que existe. Los designios del Málaga son ahora mismo  inescrutables. Pero en el fútbol se pasa con rapidez de héroe a villano.

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