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Cuestión de blindajes

Antonio Méndez | 29 de junio de 2015 a las 17:30

Pero parió el ERE. La presidenta de la Junta había decidido empezar con fuerza su nueva legislatura. Escogió para su Gobierno  dos figuras de prestigio, como los rectores de Málaga y Sevilla, afines al PSOE y figuras con las que los aparatos de los partidos no se sienten cómodas porque temen que a las primeras de cambio desobedezcan las consignas.

Luego comenzó las reuniones con los alcaldes para luchar contra los desahucios, la bandera de Podemos. Una señal para que los ciudadanos comprueben que a los socialistas no sólo les preocupa la evolución del ÍBEX 35. Y a falta de algún gran anuncio en materia de Educación, la primera decisión oficializada en Consejo de Gobierno afectó al otro sanctasanctórum de la izquierda: la sanidad pública.

Susana Díaz anunció solemnemente que la blindará por ley.

Realmente no sabíamos que estuviera amenazada, pero eso nos suele suceder a los votantes mortales, que no estamos al tanto de las intrigas políticas y de la información reservada que manejan. Igual a la presidenta le han informado de que Moreno Bonilla ha conseguido por fin hacerse con un juego de llaves del Parlamento y con la ayuda del partido naranja pretendía convocar en agosto un pleno nocturno para aprobar el copago.

Puestos a elucubrar con normas para proteger Andalucía ante los enemigos que acechan, se me ocurre que sería perentorio una ley para preservar el blanco y verde de la bandera, no sea que algún emergente la quiera impregnar de morado. Otra que prohíba sembrar de césped la arena de las playas de la región, que siempre puede haber algún jeque caprichoso. Que se tramite una decreto ley que defienda el derecho de los andaluces a utilizar su habla propia, no sea que de tanto dialogar ahora con los Ciudadanos de Barcelona se nos contagie el acento. O que una reforma urbanística asegura que la Giralda no podrá ser derribada porque  un convenio urbanístico quiere levantar un hotel de siete estrellas. No son necesarios pero ¿y si a alguien se le ocurre? Para eso está la política, para anticiparse a los sucesos.

Blindar algo que no está amenazado o que la amenaza, en todo caso, sólo pueda ejercerla el que promueve el blindaje requiere de un ejercicio de ingeniería política. Con la ayuda de los medios de comunicación que hemos dato trato de acontecimiento a esta ocurrencia.

La sanidad pública funciona. En los ambulatorios y los centros de salud. Y estamos encantados con nuestros hospitales, pese a la sangría de recursos que la crisis se ha llevado. Asunto distinto es pedir cita con un especialista. Si tardas tres meses en conseguir la primera y otros tres para que te realicen una prueba, es toda una invitación a suscribir un seguro privado o a colapsar las urgencias y poner en jaque el sistema. Podríamos comenzar por ahí, por blindar una prestación de servicios en la sanidad pública en tiempo y fecha.

¿Y que tienen que ver los ERE? Pues que  no quedan más blindajes.

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