Camino de un año perdido

Antonio Méndez | 30 de marzo de 2016 a las 10:20

Faltan  dos meses para que podamos evaluar el primer año de las nuevas corporaciones surgidas de los comicios municipales de mayo de 2015. Mi impresión, en lo que respecta a la gestión en el Ayuntamiento de Málaga, es que desgraciadamente estamos ante un año perdido. Igual estoy equivocado y el equipo de De la Torre me justifica que las medidas contenidas en casi 50 folios de los 187 que resumían el programa electoral ya se están cumpliendo.

Supongo que menos la de extender, como ejemplo de “transparencia total”, a todo el gobierno la divulgación de la agenda pública oficial -ahora ya permanece oculta la del alcalde- el resto está todo en marcha. Pero tampoco culpo al equipo de gobierno de esta sensación de inacción que percibo. El nuevo escenario municipal propició la entrada de dos nuevas formaciones, Ciudadanos y Málaga Ahora, y la pérdida de mayoría absoluta que forzaba al ganador a pactar. El partido naranja, desde luego, se ha hecho notar desde el primer día. A estas alturas no se puede decir lo mismo de la marca blanca de Podemos en la capital.

A Francisco de la Torre se le ve incómodo en el nuevo papel. También falta por definir el que debe representar la oposición. Es comprensible que intenten visualizar su mayor protagonismo en la labor municipal, debido a la debilidad del adversario, e incluso que traten de acentuar su desgaste. Pero creo que a veces se confunden en ese desempeño y el resultado es directamente el bloqueo, que sencillamente perjudica a todos. Si no hay grupos capaces de consensuar una alternativa al gobierno actual, la única salida razonable es permitir, dentro de los parámetros normales, que el ejecutivo tome las decisiones.

Si hacemos balance de estos diez meses, el resumen es muy pobre y se liquida con la destitución de la gerente de una televisión pública y de los directores de distritos designados por el PP. Aunque, en ambos casos, existen razones para dar respaldar las medidas, la parálisis general no es beneficiosa. Sólo conduce a la frustración.

 Aunque desde luego, el marketing funciona y la capital aparece una y otra vez como uno de los motores culturales de España. Y sería una lástima desaprovechar la admiración que aún suscita en el exterior. Hace unos días se conocía que Málaga quedaba la octava en un concurso de competitividad, organizado por el diario británico Financial Times, para determinar las mejores ciudades europeas para atraer inversiones. El primer aniversario de los museos Pompidou y Ruso, más el Carmen Thyssen y el Picasso  facilitan la cifra redonda del millón de visitantes el último año, pero ni mucho menos se han alcanzado las expectativas iniciales.
Pero nada es eterno.

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