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El déficit de las obras públicas

Antonio Méndez | 5 de julio de 2016 a las 18:31

Desde hace más de tres décadas la presión de los periodistas de Málaga hemos ejercido una fuerte presión sobre las administraciones públicas y los partidos políticos ante la necesidad de ejecutar infraestructuras pendientes para la provincia. Desde las rondas de circunvalación por toda la costa al nuevo aeropuerto o la feliz llegada del AVE, son algunos ejemplos del imponente déficit que arrastraba esta provincia no hace tanto tiempo.

Prácticamente sólo nos interesaba (y el verbo debería usarlo en presente) la partida presupuestaria de los gobiernos que figura debajo del epígrafe inversiones. Y, de éstas, las nuevas actuaciones. Hemos ligado el desarrollo y el avance a las obras públicas, algo que puede ser discutible. Así que en estos años de crisis cuando el gobierno central, la Junta y los distintos ayuntamientos de la provincia, y en menor medida la Diputación, que ha sido un oasis en este periodo de dura recesión, presentaban sus cuentas, los titulares no eran favorables. Este ha sido uno de los capítulo más castigados por los estragos económicos. Y tampoco ayudó la borrachera de millones gastados en este país en algunas actuaciones que ahora asombra y causan bochorno.

El gerente de proyectos de la zona sur de Acciones, Francisco López, subrayaba hace unos días en unas jornadas que la inversión en Málaga en la década pasada alcanzó los 7.500 millones de euros y ahora la cifra no alcanza ni los 250. Evidentemente las empresas ligadas al sector han sido las más perjudicadas por este frenazo. Pero creo que es hora de pedirle a las administraciones públicas que hay que dar un nuevo impulso a la obra pública. Porque corremos el peligro de retroceder parte de lo avanzado.

Podríamos defender que en Málaga hay muchas cosas por hacer pero nada urgente. No comparto ese diagnóstico. Una vez que tras la crisis nuestro modelo productivo pivota, como siempre, sobre el sector servicios, con el turismo como motor, resulta inconcebible que aún no hayamos solventado el problema estructural del déficit hídrico y el saneamiento. Y sobre el primero, además con grave incidencia sobre otro sector en plena pujanza como el agrícola. ¿Dónde están las infraestructuras comprometidas y anunciadas en los periodos de sequía y olvidadas después en cuanto los pantanos recuperan sus reservas? ¿Cómo podemos consentir que las natas formen parte del pasaje natural de las playas del litoral, como si su solución fuera un caro capricho? ¿En que país tu joya de la corona en materia turística ni siquiera está conectada por ferrocarril?

Puentes, carreteras, nuevos acceso y soluciones para los ríos pueden esperar. Otras infraestructuras no.

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