Los perros de esta ‘guerra’

Antonio Méndez | 3 de agosto de 2016 a las 20:08

Málaga  la roja, pero que siente adoración por ver a los militares de procesión por sus calles y que vota mayoritariamente al PP desde hace dos décadas. La que celebra en su Feria de agosto y convierte en día festivo, porque así lo impulsó un alcalde socialista, la toma de la ciudad por los Reyes Católicos, uno de los episodios más sanguinarios de su historia que sufrió entonces su población autóctona.

La que se echó a la calle para saquear e incluso incendiar más de una veintena de parroquias y conventos en dos inefables días de 1931. La que venera al Cautivo, una imagen tallada en 1939 para evocar a los prisioneros de la Guerra Civil. La que mantiene sin restaurar a un Cristo mutilado.
El islote fiel a la República, hasta que en 1937 Franco lo desarboló a sangre y fuego. La de la desbandá de la carretera de Almería, con miles de civiles bombardeados desde el aire y el mar, cuando intentaban huir de la represión de ese ejército golpista. La que calló, como si debiera pedir excusas por sufrir esa infamia, ese episodio  que tuvieron que rescatar del olvido historiadores extranjeros. La de la mayor fosa común de España en San Rafael, con más de 4.000 fusilados.

La que ha exhumado en los últimos años casi 3.000 de aquellos restos, en una labor compleja y silenciosa de la Memoria Histórica. La que ha contado al frente con un alcalde comprometido, Francisco de la Torre, que fuera presidente de la Diputación provincial en los estertores del franquismo. La que coronó su mirada atrás sin rencor con un monumento a las víctimas de aquel infame conflicto entre españoles.

La misma Málaga, con el mismo regidor, que luego decide el disparate de recuperar parte de ese árido descampado, impregnado por el indeleble olor que deja la muerte, con la construcción de un parque para perros, con sus pipican incluidos. La que no rechistó por esa decisión durante diez meses. La que al tanto descubre que en realidad los animales orinan y defecan sobre la tierra que se ahogó con la sangre vertida tras el ajusticiamiento de miles de paisanos.

La Málaga de la burocracia, de los errores concatenados, la que demuestra que sus gestores son ineficaces. La que reacciona tarde, incapaz de delimitar en un plano un puñado de metros cuadrados. La Málaga que alcanza notoriedad nacional e internacional, hasta el The Guardian , en el 80 aniversario de la Guerra Civil española por dejar que los perros se meen en las fosas del conflicto. La Málaga oportunista, en la que la oposición ve un fácil desgaste del gobierno local y se lanza ávida a por la presa. Con el tiempo descubren que su mejor baza es volver al pasado.

Si se me permite la licencia, para completar la historia, sólo falta la protesta de una asociación de defensa animal, por el perjuicio causado a unos solícitos chuchos.

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