La batalla perdida

Antonio Méndez | 29 de septiembre de 2016 a las 16:39

“Ponerse en contra es perder, la gente quiere puestos de trabajo, lujos y árabes millonarios”, me sintetizó hace unos días  en un mensaje sobre el proyecto de la torre en el puerto un antiguo compañero de batallas. Las que libraron durante más de una década diversos representantes de la sociedad civil para que la “recuperación para el uso ciudadanos de los muelles 1 y 2” no se redujera a una suma de hamburgueserías, multicines y supermercados. Nadie puede contra las hamburguesas, pero del resultado final de aquella pugna hay que sentirse más que satisfechos.

Y ahora llega el hotel para coronar con sus 135 metros de altura el largo brazo con el que Málaga recibe al mar Mediterráneo. Así qué hay que ser pragmático. ¿Impacto visual brutal? Qué más da si allí no va nadie. ¿Paisajismo? Eso qué es. ¿Que la postal de Málaga con el horizonte de la Alcazaba y la Catedral queda hecha trizas? Si esa imagen sólo la hemos visto una vez en la vida cuando nos subimos al Melillero. Dejémonos de romanticismo. Son 120 millones de inversión. Dinero catarí que dicen que lo tienen por castigo. 350 empleos estables y 340 turistas que cuando se despierten cada día en sus habitaciones nos estarán eternamente agradecidos.

Pero si casi un 30% de los demandantes de trabajo aspiran a un puesto de camarero. ¿No residimos en la capital con más terrazas por metro cuadrado y eso es calidad de vida y generación verde de recursos? A ver si alguien discute que las sillas no están al aire libre. Si la hostelería es nuestro monocultivo económico su icono es un hotel. Tan lógico como que en Torremolinos haya un monumento al top less.

Además, como todo se ha hecho con discreción, hemos evitado un rascacielos de antenas de 240 metros o una escultura de Picasso a modo de moderno Coloso de Rodas. Las últimas ocurrencias del alcalde. Sí, podía haberse convocado un concurso de ideas. Pero el arquitecto José Seguí ha construido La Rosaleda, la Ciudad de la Justicia, ganado el proyecto del río Guadalmedina (si cuela una tuneladora se habría hecho), el hotel gran lujo del Palacio Miramar y ahora éste, su máximo competidor en el puerto. Admitámoslo, somos una ciudad de autor. Al menos él ya nos conoce.

Y la cultura neolítica está de moda. La Unesco acaba de reconocer a los Dólmenes como Patrimonio Mundial. La capital de la Costa del Sol tendrá también su menhir. Fuera complejos de altura. Y todo gracias a estos nuevos druidas del siglo XXI: Francisco de la Torre, Francisco Conejo y Paulino Plata. Es que vamos a comparar sus conocimientos con los del grupúsculo de intelectuales y académicos que han alzado la voz. ¿Y no queremos en España la gran coalición PP-PSOE? En Málaga es posible. Mi amigo tiene razón, ésta es una batalla perdida.

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