La crisis de los ‘mil días’

Antonio Méndez | 4 de octubre de 2016 a las 18:49

Mi primer trabajo serio como periodista en Málaga fue en el verano de 1985. El PSOE provincial estaba gobernado por una gestora y la agencia Efe me encargó un reportaje que titulé la crisis de los mil días. Más o menos el tiempo que llevaban los socialistas tirándose los trastos a la cabeza. La pugna entre los llamados guerristas y borbollistas llegó a un punto sin retorno el 9 de junio, el día del congreso provincial. Discrepancias con el censo.

La dirección nacional del partido envió al secretario de Imagen y presentó una lista con 300 delegados más con derecho a voto que la que había elaborado el PSOE de Málaga. Estaba claro qué candidato quería Madrid que ganara. “No podemos, bajo ningún concepto, presentarnos ante la sociedad como una organización que ni siquiera sabe gobernarse a sí misma”, comunicó a los presentes el secretario de Organización del PSOE de Andalucía entonces, Gaspar Zarrías, la decisión de suspender el congreso.

La crónica de aquel acontecimiento merece un lugar de honor en la hemeroteca malagueña. José Antonio Frías contó para El País que “el secretario de imagen del PSOE controló la situación desde una habitación del hotel, que no abandonó en ningún momento”. Y añadía el periodista, que más tarde dirigió durante 17 años Sur, que los dos contendientes, los históricos Antonio García Duarte y Carlos Sanjuán “salieron del hotel llorando”.

No es ninguna sorpresa que los guerristas controlaron el partido durante casi una década. Eso sí, siempre integraron en la dirección a dirigentes de los perdedores. Hasta que la imposible convivencia entre Felipe González y Alfonso Guerra, con modelos de partido incompatibles, estalló en toda su magnitud. También Málaga fue pionera en aquella batalla en la que a los críticos se les llamaba renovadores. Un madrugada, en Fuengirola, en un congreso para elegir delegados para participar en un cónclave nacional, José Asenjo, antiguo hijo del guerrismo y nuevo líder renovador, derrotó a su padre político, Carlos Sanjuán, en ese instante secretario general del PSOE andaluz. Minutos después de aquella debacle, que supuso el principio del fin de una era en el partido, Sanjuán acusó en los micrófonos de la Ser al presidente de la Diputación José María Ruiz Povedano de utilizar los fondos del Plan de Empleo Rural para conseguir el voto de los alcaldes y concejales socialistas de los pueblos. Povedano anunció después una querella que nunca se presentó.

Son dos episodios circunscritos a la historia del PSOE de Málaga que igual sirven para relativizar lo sucedido  en el  Comité Federal. La diferencia es que entonces, además de la eterna lucha interna por el poder, había líderes y contrastes de ideas.

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