Que nos salve la campana

Antonio Méndez | 25 de octubre de 2016 a las 11:17

Si hay asuntos recurrentes en esta provincia, el saneamiento integral y la sequía figuran a la cabeza y a veces caminan juntos. Si del primero se habla desde hace casi medio siglo, el segundo reaparece durante los habituales periodos de sequía que sufre Málaga y escapa de la atención informativa en cuanto llegan las lluvias. Es un cuento del lobo crónico que una vez más llevamos meses escuchando con la confianza de que, como en otras ocasiones, la naturaleza salvará al rebaño.

El agua es vital para Málaga. La principal conclusión tras la crisis que aún no hemos superado, es que nuestro modelo productivo gira sin remedio sobre el turismo. Y ese líquido es vital para abastecer la industria. No podemos permitirnos el lujo de anunciar restricciones. Y si, en todo caso, la población sería la última perjudicada por cualquier medida extrema, el campo sí que se vería en primer lugar en ese disparadero y tampoco la economía malagueña puede permitirse ese lujo con uno de los pocos sectores que crecen y aportan valor añadido.

Solo cuando el agua (su falta) nos llega al cuello, repasamos las hemerotecas para comprobar como en una situación similar en 2005 la administración autonómica sacó a pasear ese proyecto de recrecimiento de la prensa de la Concepción, para guardarlo luego en el cajón cuando pasó el peligro. Es en momentos así cuando nos interrogamos cómo es posible, al menos, que este embalse, que en todas las temporadas de lluvias necesita aliviar por su escasa capacidad, no está conectado con el de la Viñuela, el mayor con diferencia de la provincia para aprovechar los excedentes. ¿Por qué las redes de riego agrícolas sufren importantes pérdidas sin que se les conceda importancia? ¿Cuál es la razón por la que no se pueden acometer algunas conducciones de pocos kilómetros con otros pantanos cercanos para utilizarlas en caso de urgencia? ¿Por qué a estas alturas igual es más eficaz sacar a los santos en procesión que confiar en una solución a través de la gestión política?

El 1 de enero se cumple el plazo definitivo para la enésima adaptación de la directiva europea que obliga a que las aguas estén perfectamente depuradas. Pero no soñemos a medio plazo con un verano sin natas y otros condimentos sólidos que de vez en cuando se asoman a las playas. A la depuradora de Nerja le falta un año, a la ampliación de la de Estepona, si se cumplen los plazos, deberá funcionar en pruebas en 2016. Y mientras tanto, los alcaldes del Guadalhorce están en pie de guerra porque aún no han empezado las obras previstas en la comarca. En el siglo XXI hay municipios en Málaga que vierten sus aguas residuales directamente a un río.

 

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