Luces y sombras

Ideología al por mayor

Antonio Méndez | 15 de abril de 2016 a las 12:47

Érase una vez un gran puñado de diputados y senadores. Un centenar de días después de las elecciones, no tienen Gobierno al que controlar o respaldar. Algunos quieren hacerlo con el Ejecutivo actual, pero no se deja. Así que sus señorías deben entretenerse con algo. Iniciativas parlamentarias como preguntas o Proposiciones no de Ley. Algo que mantenga en marcha la maquinaria administrativa de las cámaras y permita defender públicamente que todo rueda con normalidad. Aunque, en realidad, asistimos al arranque más anormal de todas las legislaturas desde que se instauró la democracia.

En los últimos días, dos protagonistas distintos me han comentado una curiosa anécdota que retrata la situación en el seno del grupo socialista. En una de estas reuniones de entretenimiento para plasmar qué hacer en estas semanas de tedio hasta que se convoquen las elecciones en junio o salte la sorpresa, los nuevos parlamentarios destacaban por su interés en plantear demandas, en general, de sus circunscripciones de origen. Así al menos, en la provincia podrían vender que en este intervalo hasta que se desvele el futuro inquilino monclovita, ellos ya han comenzado a justificar la confianza en sus votantes y, de paso, reunir méritos por si hay que confeccionar de nuevo las listas.
Estaba el debate en su apogeo (léase en sentido figurado) cuando un veterano socialista rebajó las expectativas de los allí reunidos que ya se relamían con los kilómetros de vías pendientes que exigiría de inmediato a Fomento. Alto. Cuidado con las exigencias al futuro Gobierno. ¿Y si al final gobernamos nosotros?, planteó el sabio parlamentario para rebajar la euforia de los congregados. Serían los más tontos del lugar si Sánchez arrancara su gestión con inasumibles compromisos inversores pensados solamente para dejar en evidencia a Rajoy.
Así que en este paréntesis no encontraremos en el seno del PSOE exigencias con traducción económica, por si acaso. Pero para un apuro la ideología ofrece una buena cobertura y resulta barata. Las ideas no cuestan dinero, pero las autovías sí. Mejor aprobar la paralización de la LOMCE o la anulación de la ley mordaza y no que se acometa el acceso norte al aeropuerto. Como en este caso defiende la diputada de Ciudadanos, Teresa Rivera. Su grupo no debe confiar en demasía en alcanzar el Consejo de Ministros.
Así de sencilla es la política. Pide si estás en la oposición, calla si debes ejecutar lo que demandas. Claro que no sé si esta norma afecta a los parlamentarios socialistas andaluces, bastión independiente a las órdenes de órdenes de Susana Díaz. Igual si perciben posibilidades de triunfo de Pedro Sánchez, preparan una batería de propuestas. Pero este párrafo corresponde a otro cuento.

Más allá del fútbol

Antonio Méndez | 1 de abril de 2016 a las 11:54

Últimamente no hay fecha festiva de importancia que Málaga no salte a los noticieros de las televisiones nacionales por algún acontecimiento poco edificante. Sucedió hace dos ferias de agosto con la violación múltiple, que luego resultó falsa; más tarde, con las declaraciones de la concejal Teresa Porras sobre la forma de portar la ropa interior, en esos mismos festejos, por parte de algunas jóvenes. Y esta pasada Semana Santa con los navajazos a un jugador de fútbol al término de un partido de tercera regional. Sólo el atentado yihadista de Bruselas le restó atención a este episodio, que ha conmocionado al balompié.

Un asunto, además, con demasiados ingredientes. Es la primera vez en muchos años que periodistas me transmiten su resquemor a cubrir algún extremo de una información al trascender el apellido de algunos de sus protagonistas. Que por vías indirectas reciben mensajes del tipo “no te metas en esas cosas”. Y, para completar el círculo, un barrio con suficientes leyendas como para elaborar un libro de historia.

Por casualidad encontré el otro día un informe urbanístico de 2011 elaborado por el Ministerio de Fomento sobre El Palo. Lo presentaba como “barrio vulnerable”. En su ficha, remontaba su origen previo a la llegada de los Reyes Católicos. Durante la dictadura de Franco incluso fue objeto de un plan para erradicar el chabolismo. Se decidido construir en la zona unas casas conocidas como “ultrabaratas”. Reflejaba el estudio como principales problemas de esa vulnerabilidad unos índices de paro, entonces alarmantes, pero que hoy, tras la crisis, no nos causarían asombro.

También la elevada tasa de población sin formación y el alto porcentaje de viviendas con una superficie muy pequeña. Entre los factores causantes del malestar urbano de sus residentes, citaba las pocas zonas verdes y la delincuencia. “Se ha conocido siempre como una zona de pocos recursos”, sentenciaba entonces aquel informe.

Está claro que el fútbol en El Palo ha sido algo más que un deporte, en muchas ocasiones, la única salida. En las dos últimas décadas, de Basti a Portillo ( La última astilla, como titulaba José Luis Malo en 2012 su reportaje con este último gran jugador, ahora venido a menos) han sido los grandes ejemplos a seguir. Sin olvidarnos de Carlos Aranda, un personaje, con un apellido santo y seña del barrio, que reúne todo una enciclopedia sobre la vida.

Así que no es de extrañar que el fútbol, utilizado en este episodio como coartada para que afloren los peores instintos humanos, haya aparecido para obligarnos a mirar hacia hacia esta periferia y formularnos un puñado de preguntas para las que no hay respuesta fácil.

Camino de un año perdido

Antonio Méndez | 30 de marzo de 2016 a las 10:20

Faltan  dos meses para que podamos evaluar el primer año de las nuevas corporaciones surgidas de los comicios municipales de mayo de 2015. Mi impresión, en lo que respecta a la gestión en el Ayuntamiento de Málaga, es que desgraciadamente estamos ante un año perdido. Igual estoy equivocado y el equipo de De la Torre me justifica que las medidas contenidas en casi 50 folios de los 187 que resumían el programa electoral ya se están cumpliendo.

Supongo que menos la de extender, como ejemplo de “transparencia total”, a todo el gobierno la divulgación de la agenda pública oficial -ahora ya permanece oculta la del alcalde- el resto está todo en marcha. Pero tampoco culpo al equipo de gobierno de esta sensación de inacción que percibo. El nuevo escenario municipal propició la entrada de dos nuevas formaciones, Ciudadanos y Málaga Ahora, y la pérdida de mayoría absoluta que forzaba al ganador a pactar. El partido naranja, desde luego, se ha hecho notar desde el primer día. A estas alturas no se puede decir lo mismo de la marca blanca de Podemos en la capital.

A Francisco de la Torre se le ve incómodo en el nuevo papel. También falta por definir el que debe representar la oposición. Es comprensible que intenten visualizar su mayor protagonismo en la labor municipal, debido a la debilidad del adversario, e incluso que traten de acentuar su desgaste. Pero creo que a veces se confunden en ese desempeño y el resultado es directamente el bloqueo, que sencillamente perjudica a todos. Si no hay grupos capaces de consensuar una alternativa al gobierno actual, la única salida razonable es permitir, dentro de los parámetros normales, que el ejecutivo tome las decisiones.

Si hacemos balance de estos diez meses, el resumen es muy pobre y se liquida con la destitución de la gerente de una televisión pública y de los directores de distritos designados por el PP. Aunque, en ambos casos, existen razones para dar respaldar las medidas, la parálisis general no es beneficiosa. Sólo conduce a la frustración.

 Aunque desde luego, el marketing funciona y la capital aparece una y otra vez como uno de los motores culturales de España. Y sería una lástima desaprovechar la admiración que aún suscita en el exterior. Hace unos días se conocía que Málaga quedaba la octava en un concurso de competitividad, organizado por el diario británico Financial Times, para determinar las mejores ciudades europeas para atraer inversiones. El primer aniversario de los museos Pompidou y Ruso, más el Carmen Thyssen y el Picasso  facilitan la cifra redonda del millón de visitantes el último año, pero ni mucho menos se han alcanzado las expectativas iniciales.
Pero nada es eterno.

De la Torre en su bucle

Antonio Méndez | 3 de marzo de 2016 a las 21:05

Por fin el alcalde de Málaga pudo justificar hace unos días su fichaje estrella de las pasadas elecciones municipales. La concejal de Movilidad, profesora titular en la Universidad de Málaga y directora de la Cátedra de Gestión del Transporte de la UMA antes de su salto a la política, Elvira Maeso, salió del ostracismo en el que ha vivido desde junio para justificar la confianza de Francisco de la Torre. El objetivo, darle la puntilla al proyecto del tranvía al hospital Civil que el propio regidor suscribió en 2013.

Ahora resulta que 38.000 vecinos de varias barriadas de la zona norte de la capital perderán, con los ajustes de las líneas de la EMT, sus paradas de autobús más cercanas a sus casas. Y además, los expertos llegan a la conclusión que no es necesario el nuevo transporte porque sencillamente la ciudadanía no lo demanda. Todos estas conclusiones de estudiosos municipales se difunden a la luz tras el rechazo del consejero de Fomento de la Junta a firmar, en estas circunstancias, un añadido al convenio suscrito con el Consistorio, para buscar una alternativa a los 44 millones de euros que debe abonar por el Metro el Ayuntamiento. El informe, por tanto, carece de la más mínima credibilidad porque, en otras circunstancias más favorables a las demandas del regidor, habría permanecido en el cajón. Eso sí, el alcalde, en esta ocasión, ha aceptado que su equipo le haga el trabajo sucio.
En el último pleno, el Ayuntamiento  instó a De la Torre a solventar el eterno problema de Limasa. El truco es que no le dijo cómo. Para eso la oposición suele ser bastante espabilada. Nadie quiere señalarse. Por un lado hay que defender a los trabajadores, por el otro a la ciudadanía. Si se le dan los diez millones de euros que cuesta que los empleados de la limpieza recuperen los derechos perdidos durante la crisis, el dinero seguro que acaba por salir de las arcas públicas. Así que todos a meditar mientras a la ciudad le sale la porquería por las orejas.

En materia de espectros municipales, también reaparece de vez en cuando el caso del cine Astoria, cerrado desde 2004. El edificio llamado en su día a albergar el museo de los museos, será objeto ahora de un concurso de ideas para que alguien resuelva el acertijo. La última vez que se apostó por una solución similar fue para el río Guadalmedina. El arquitecto José Seguí lo ganó hace casi cuatro años y si no incluyó en su proyecto que el cauce sería de uso exclusivo de los patinadores, debe sentirse a estas alturas bastante frustrado con las horas que le dedicó al trabajo.

Y para rematar, ya está en marcha la mesa de trabajo para avanzar en la consulta que determinará qué hacer con el suelo de Repsol, justo 16 años después del convenio suscrito. Para no copiar a García Márquez, De la Torre en su bucle.

La consulta

Antonio Méndez | 4 de febrero de 2016 a las 13:06

En  esta nueva moda de democracia participativa, el Ayuntamiento de Málaga ha resuelto someter a consulta de los ciudadanos el futuro de los terrenos del parque Repsol. En este caso no se trata de pronunciarse sobre el diseño de una fuente, o decantarse entre toboganes o columpios, que son las modalidades que el Consistorio ha utilizado hasta ahora para implicar a los vecinos en sus decisiones. El asunto adquiere mayor enjundia porque hay en juego intereses y un puñado de decenas de millones.
A día de hoy, creo que nadie tiene la más remota idea de exactamente qué se ha aprobado en el Pleno. Pero para eso ha anunciado la creación de una pertinente comisión mixta. Si las casas de apuestas admitieran un pronóstico, pienso que me pagarían poco si me decanto porque en lo que queda de mandato ni veremos parque ni torres en Repsol y menos una encuesta.

Está bien que de vez en cuando, si es urgente y el proyecto es de tal envergadura que puede condicionar las cuentas, se pueda cuestionar a los contribuyentes. Pero mejor habría sido consensuar el Plan General de Ordenación Urbana de Málaga, la norma esencial que condiciona el desarrollo de la capital al menos durante dos décadas (o al menos intentado) en vez de aplicar el rodillo de la mayoría absoluta. Ahora recogemos el fruto de muchos desencuentros inútiles y me temo que el resultado final en este periodo de convulsión política, también en la Casona del Parque, será la parálisis por el análisis.
No sé si me puedo considerar un experto en psicología Delatorriana, aunque ya he escrito dos artículos sobre este comportamiento. Y esta semana una respuesta del regidor nos ofrece una pista sobre su personalidad. Le preguntaron si el Ayuntamiento podría renunciar a la edificabilidad que le corresponde en los terrenos de Repsol. Un paso para que el parque o el bosque gane en superficie. De la Torre respondió: “no digo un no rotundo; a lo mejor vale la pena decir lo estudiamos”, aunque “de entrada, interrogantes me surgen”. Es decir, sí pero no, aunque quizá, pero improbable.

El alcalde, además, se ha erigido en el defensor del “bolsillo” de los malagueños al advertir del coste que supondría para las arcas municipales renunciar a los beneficios de la construcción de las torres previstas. Y, como carta a la desesperada, ha sacado a pasear ahora la actuación en el río Guadalmedina, proyecto que avanzaría si el municipio rentabiliza la parcela de Repsol. No aclaró qué iniciativa quiere acometer, porque el regidor olvidó en el baúl la que ganó hace tiempo en un concurso público. No le gustó. Hacer consultas está muy bien, tanto que Francisco de la Torre ganó la última el pasado mes de mayo.

Historia de tres parques

Antonio Méndez | 28 de enero de 2016 a las 19:51

Defendí hace casi tres lustros, entonces en un artículo en La Opinión, que los terrenos que ocuparon los antiguos bidones de Repsol debían destinarse a crear un gran pulmón verde para una de las zonas con mayor densidad de población de la capital. Un Central Park o un Hyde Park en miniatura pero con el mismo espíritu.

Fueron muchos los años de negociación durante la etapa de Pedro Aparicio para que finalmente los 180.000 metros cuadrados de espacio rescatado se destinasen a un fin especulativo. Pero en una etapa en la que los solares municipales cuadruplicaban sus precios en las subastas municipales y los convenios urbanísticos permitían por adelantado ingresos millonarios a los ayuntamientos, era fácil presumir que esa parcela acabaría por mirar al cielo y olvidarse del suelo. Tampoco la oposición socialista de entonces puso demasiado empeño. Por inverosímil que parezca les parecía más rentable un parque al lado de una playa, como es el caso de Arraijanal, que un equipamiento para la barriada más necesitada.

Las torres que finalmente se aprobaron en la parcela de Repsol contemplaban como camuflaje 70.000 metros cuadrados de zona verde, que lógicamente nunca se concretó. La idea estaba ligada a los bloques de cemento y la explosión de la burbuja desbarató el proyecto, que finalmente promoverá el llamado banco malo.

Tampoco los barrios afectados se han dejado sentir durante estos casi quince años en que no se ha hecho nada en el distrito. Hasta que hace unas semanas, un par de jóvenes activó en internet una recogida de firmas para demandar un bosque en la antigua Repsol. En poco tiempo reunió más de 17.000 rúbricas, lo que provocó la rápida reacción municipal, no sea que los dos chicos le desmantelen al equipo de gobierno una operación de unos 70 millones de euros ( las cifras varías según el día) . Así que Urbanismo ha presentado rápidamente un simulacro de vergel que servirá de bienvenida a los rascacielos, con tantos árboles como viviendas. Todo muy equilibrado.

El suelo expropiado para el parque de Arraijanal finalmente terminó en poder del jeque. En esa área exclusiva quiere levantar su Academia deportiva y lo que venga después.

También había otro gran proyecto en el Campamento Benítez. El Ministerio de Fomento propuso construir un museo nacional del transporte con un gran jardín. La instalación cultural pasó a mejor vida y el espacio verde saldrá del bolsillo de los malagueños. Una operación de marketing del Ayuntamiento de Málaga que, además, diseñó un estanque que Aviación Civil rechazó porque podría atraer a las aves y supondría un riesgo para el cercano aeropuerto.

Esta es al historia de los parques de Málaga, con lo cual me parece milagroso que la capital cuente hoy con el Parque.

La Málaga de 2016

Antonio Méndez | 11 de enero de 2016 a las 21:08

Casi seis años. El tiempo transcurrido desde que en septiembre de 2010 la capital malagueña quedase apeada de la carrera por la Capital Cultural Europea, que San Sebastián acaba de estrenar sin demasiado ruido hace diez días. De aquella profunda decepción a una evidencia que comienza a ser cotidiana. The New York Times acaba de situar a la capital de la Costa del Sol entre las 50 urbes del mundo que aconseja visitar este año. “Además de una ciudad bonita, ahora también es una capital cultural”, describe el rotativo de referencia.

Entonces había casi una obsesión por diseñar una imagen de ciudad, una marca de enganche con el propósito de mejorar su potencialidad turística. El programa que cayó derrotado contempló diez eventos singulares de febrero a noviembre. Con una ceremonia de inauguración, retransmitida por televisión, fijada para el pasado 1 de enero con motivo de las campanadas desde la Plaza de la Constitución. Y en julio o agosto, Arde el Mar, un espectáculo de luz y sonido desde una plataforma flotante en el puerto. Para cerrar en Navidad con la clausura.

A la vista de los acontecimientos, podría decirse que aquella exclusión, que desató numerosas críticas, fue una oportunidad que se ha sabido aprovechar. Aunque no al gusto de todos. Málaga ha encontrado esa identidad buscada. Aunque hay que convenir que el espíritu que se quiere proyectar, resulta barroco o recargado. Pero, por el momento, le funciona.

Por ejemplo, no es necesaria la luminotecnia en el puerto en verano porque se ha suplido en invierno por el espectáculo de bombillas en calle Larios. Cada día de estas últimas fiestas, a las 18:30, y ante una multitud expectante, con familias que incluso viajan desde otras provincias para presenciarlo, se escuchaba por fases un gran ¡oh! de admiración, a medida que se encendían por tramos esos miles de puntos luminosos de la bóveda artística, a la que luego se le saca también rentabilidad para los carnavales.

En cuanto a los visitantes, el centro ha terminado por explotar, salvo en el momentáneo oasis del entorno de la Catedral, todos los centímetros disponibles para colocar terrazas de bares. Definitivamente ya es un parque temático nacional de hostelería. Y todos, encantados. Todos no, pero a ver quién alza la voz.

Y en el ámbito cultural, en estos cinco años vieron la luz el Thyssen de Málaga, el Pompidou y el Museo Ruso de San Petersburgo. Desde luego las franquicias han proporcionado noticias de mayor impacto mediático que las que habrían generado las actividades previstas, en el programa derrotado de la Capitalidad Europea, en los solares vacíos del caso histórico para disimular su estado de abandono.

Lecciones malagueñas tras el 20-D

Antonio Méndez | 30 de diciembre de 2015 a las 11:35

Creo que si hacemos una lectura malagueña de los resultados del pasado 20 de diciembre, la primera conclusión es que el principal derrotado fue el PSOE. En la oposición, con un gobierno de derecha que ha aplicado los recortes como única escapatoria de la crisis, con un 5% más de participación en las urnas, un partido como Podemos enfrentado internamente al punto que el máximo responsable de la formación ni siquiera respaldaba a su cabeza de lista, el resultado final fueron 20.000 votos menos que hace cuatro años y un segundo puesto por detrás del PP.

Pero el partido de los socialistas en Málaga es una formación mortecina, que se agarra a lo pueblos del interior, incapaz de hacer autocrítica y, por supuesto, con un secretario provincial que después de cada derrota se ratifica a sí mismo y a los candidatos que avala.

Miguel Ángel Heredia es como secretario general del grupo socialista en el Congreso el número 4 del partido en Madrid a efectos prácticos. Pero nada parece ir con él. En el comité provincial de esta semana, se limitó a pedir explicaciones al equipo de Pedro Sánchez, como si no formara parte del mismo. En otros tiempos, los socialistas malagueños estarían totalmente activados para pedir el relevo de un dirigente que el próximo año cumplirá nada menos que dos décadas como diputado. Pero el único cenáculo que subsiste sin temor al análisis crítico lo conforma un grupo de viejas glorias que no aspira más que a celebrar su comida mensual.

Por contra, pese a la sangría de votos de los populares, Elías Bendodo puede considerarse el gran triunfador. Dirige una de las provincias andaluzas en las que el PP ha quedado primero. Ajustició técnicamente a Villalobos y luego se dio cuenta de que con el cabeza de lista que colocó, José María García Urbano, aunque le caiga bien a buena parte de la prensa, no era un aspirante óptimo para protagonizar una campaña en el barro, como exigía la pasada, así que asumió personalmente todo el protagonismo. Nadie le discutirá su reelección en el próximo congreso del partido, con permiso de la citada Villalobos.

La única asignatura pendiente del presidente provincial de los populares en Málaga es el Ayuntamiento de la capital y el ansiado relevo de Francisco de la Torre. Un alcalde que llega aislado y contestado por todos. Y con unos presupuestos prorrogados pese a que sentenció a la anterior concejal de Hacienda, María del Mar Martín Rojo, para reemplazarla por Carlos Conde, la mano derecha de Bendodo. La inestabilidad por los resultados y la incertidumbre sobre lo que pueda pasar en la formación del Gobierno en Madrid, aplazaran cualquier maniobra interna, de momento.

Postdata. El alcalde me niega la mayor. Rechaza que esté aislado y me hace llegar  una encuesta interna del pasado mes de abril donde aparece como el más valorado de todos los contendientes municipales,  y con una gestión que aprobaban la mayoría de los participantes en el muestreo. De 14 cuestiones, sólo suspendía en vivienda y aparcamientos. De la Torre sigue esperando el desenlace final de las elecciones del 20-D, para ver si como consecuencia puede iniciar un periodo de estabilidad en el Ayuntamiento en este 2016.

El gran enemigo de Málaga

Antonio Méndez | 27 de noviembre de 2015 a las 17:06

Definitivamente, Málaga debe ser la única ciudad del mundo en la que la llegada del Metro equivale al mayor de los castigos divinos. La visión cortoplacista con la que históricamente se han contemplado los equipamientos en esta provincia es la que preside la conclusión de que esta infraestructura era innecesaria y, por tanto, sobra.

La misma reflexión que presidió el ordenamiento urbanístico de las principales localidades turísticas, que nunca contemplaron una reserva de suelo para mejorar en el futuro sus comunicaciones con un tren . Y ya se ha visto el desafío que ahora supone que alguna vez el litoral malagueño pueda quedar conectado por este medio limpio, moderno y funcional.

El alcalde de la capital ha vuelto a las andadas. Difícil que alguna administración se atreva a cerrar algún acuerdo con él, y menos por escrito, dado el valor que concede a su propia firma. Como ya se sabía, después de suscribir lo contrario, finalmente se ha puesto a la cabeza de la manifestación de los vecinos que rechazan que el suburbano se construya en superficie hasta el hospital Civil.  Aunque cuando ya la rebelión es un hecho que impide la vuelta atrás, en su enésimo cambio de postura, levante la mano para intentar persuadir al grupo de comerciantes y residentes que han alzado la voz para que truene el NO.

Desconozco a qué se debe que implante este método de participación vecinal a partir de ahora, cuando antes, por ejemplo, no le consultó a los habitantes de las barriadas afectadas que les parecía ese despilfarro de decenas de millones de euros en sedes de Urbanismo o museos de gemas y las innumerables derivadas posteriores. Por no retroceder más. Porque si en su momento se hubiera preguntado previamente a los comerciantes del centro, la calle Larios de hoy no existiría. Pero la política exige tomar decisiones sin ventajismos demagógicos.

Dudo que llevar un tranvía a Eugenio Gross suponga una maldición. Nunca la mejora de los servicios públicos pueden representar una atraso. Y si ahora se demostrase que esa decisión fue irresponsable, el primero que debería tomar las de Villadiego es el regidor. Para eso la avaló con su nombre a pie de página en 2013. Pero como consecuencia de estos años de hastío, ya ha cuajado la idea de que el Metro es uno de los enemigos a batir. Y hay pocas excepciones. Hasta la comunidad universitaria presenta un catálogo de quejas por la fórmula escogida para atravesar su campus. Por lo visto París no nos vale aquí como modelo.

Es cierto que buena parte del proyecto del Metro, hasta ahora, resulta frustrante. Que es el monumento a la ineficacia en la gestión del Gobierno andaluz y nadie ha dimitido por ello. Que de lo prometido a lo ejecutado va un abismo. Que resulta agotador el tiempo invertido y la desviación en la inversión prevista. Que el centro de la capital será un suplicio durante dos años o más. Pero me resulta insólita tanta ceguera.

El limbo marbellí

Antonio Méndez | 13 de noviembre de 2015 a las 14:48

¿Le podemos pedir a la Justicia que deje a un lado la ley y, en circunstancias especiales, permita que sea el pragmatismo el que incline su balanza en las sentencias? Me temo que no. Y eso es lo que sencillamente ha sucedido con la decisión del Tribunal Supremo que tumba el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de Marbella de 2010. Una planificación que nació bajo el control de la Junta de Andalucía, la administración que debía darle validez, y de cuyo trámite final se encargó el PP, al frente en ese fecha del Ayuntamiento costero.

Pero la pregunta que cualquier neófito podía formularse entonces era muy simple. Si la era de Jesús Gil dejó unas 18.000 viviendas que incumplían las normas urbanísticas más elementales ¿por qué arte de magia la mayoría de esas casas unos años después podían declararse legales? Si existiera el urbanismo a la carta, no se podría aplicar un criterio objetivo para determinar cuándo se infringe una norma.

Cuando Marbella aprobó su PGOU hace cinco años, no quedaba que proclamar que en realidad se blanqueaban 16.500 casas ilegales. Que los promotores compensaran económicamente al propio municipio por haber levantado una construcción irregular, que paradójicamente el propio Consistorio había autorizado, desde luego era una solución creativa que el Supremo acaba de anular.

¿Y ahora qué? De momento, las viviendas afectadas quedan nuevamente fuera de la ley. Dudo que juez alguno, si se exigiera, dictamine su derribo si los pisos están ocupados y los dueños se hicieron con sus propiedades de buena fe. Pero ahora se les impide que puedan realizar cualquier transacción con su inmueble, con lo que, se supone, también podrán ejercer su derecho a reclamar el perjuicio a todos los integrantes de la cadena de responsables que han participado en este desaguisado.
El plan vigente de Marbella es, de nuevo, el que se aprobó hace casi 30 años. Así que será necesario elaborar otro, y eso lleva su tiempo. Más aún con una composición política heterogénea y fragmentada, como la que salió de las elecciones el pasado mes de mayo. La ventaja es que los dos grandes partidos no están en condiciones de abrir la veda de los reproches.

La perla de la Costa del Sol está llamada a liderar la recuperación de un sector como el de la construcción, destrozado por la crisis. Las expectativas de nuevas inversiones en materia urbanísticas son reales. Pero, lógicamente, se abre un periodo de incertidumbre y dudas que no puede disiparse únicamente con buenas palabras y llamadas a la tranquilidad. El Supremo ha dejado a Marbella en el limbo, pero no creo que se le puede reprochar que haya decidido sólo aplicar la ley.