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Los otros

Antonio Méndez | 14 de febrero de 2012 a las 18:32

Con el ruido socialista, la lista popular por Málaga al Parlamento andaluz ha transitado en silencio. Candidatura renovada, con presencia de las comarcas, combina experiencia y veteranía, preparados profesional y políticamente. Así la resumió el PP, que ni siquiera distribuyó biografías de sus integrantes más desconocidos. Pero la candidatura en realidad responde a un reparto del poder entre los barones y baronesas del partido. Los que tienen peso en la formación imponen a los suyos,  sólo que ahora sin estridencias ni polémicas. Queda mucho poder por repartir y habrá para todos.

En cabeza, Esperanza Oña, médico, imbatible alcaldesa de Fuengirola e incansable azote del PSOE. Siempre agradeceré al PP su capacidad para aglutinar en sus filas a todo el espectro ideológico de la derecha. Si llega al Gobierno, no le ahorro las ganancias al presidente como mantenga su actual estilo autoritario. En el 2, su antítesis, el profesor Garrido Moraga. Un fichaje de Villalobos, la ex alcaldesa malagueña,  adoptado por Javier Arenas que ya le ha nombrado públicamente consejero de Cultura. Otra cosa es que al final exista esa cartera.

Tras él, Ana María Corredera, de Antequera y del ámbito de Manuel Atencia, el vicepresidente ejecutivo de Unicaja. Traductora de francés que se inició laboralmente en Renfe. Llegó a su primer cargo público al año de militancia y desde entonces lleva dos décadas.

Víctor González, el hombre del mandamás Bendodo. Diplomado a distancia en Turismo. Como su mentor, entró de joven en la rueda de áreas del Ayuntamiento de Málaga y ya no salió. Lo contrario de Antonia Ruiz, de profesión sus empresas. Ahora salta a la política por decisión del alcalde de Vélez. Tampoco quiso ser menos la regidora marbellí, Ángeles Muñoz, que transfiere su escaño a su teniente de alcalde, José Eduardo Díaz. Abogado. En su currículo sólo se reseñan servicios de asesor al PP. Ana María Rico, una funcionaria de la Seguridad Social con larga trayectoria política, pero lo más importante, también es del protectorado de Celia Villalobos.

En el puesto 9 figura Daniel Castillo, letrado, la cuota de Ronda, uno de los últimos fortines conquistados por el PP con María Paz Fernández. La 9, Maite Domínguez, alcaldesa de Jimera de Líbar y ya diputada en la anterior legislatura. El 10, Cristóbal Ortega, un perito de Coín, ahora concejal en la localidad que en mayo pasado acabó con la hegemonía del socialista Gabriel Clavijo.

Ya sabemos también los criterios que utiliza el PP para escoger a sus futuros parlamentarios.

El reinado de Celia VII

Antonio Méndez | 5 de septiembre de 2011 a las 17:14

Celia Villalobos encabezará el próximo 20-N la lista que presentará en Málaga el PP al Congreso de los diputados. Y lo hará por séptima vez, como bien se encargaba de recordar Ramón Triviño al publicar hace unos días  la noticia en este periódico. No me atrevo a pronosticar que la incombustible exministra y exalcaldesa ponga fin al término de la próxima legislatura a su dilatada trayectoria política pero es curioso recordar ahora sus inicios, tachada por sus propios compañeros de partido de cunera y paracaidista.

Dos décadas después, las discrepancias que se pueden mantener con la, en ocasiones, polémica parlamentaria pueden ser de todo tipo, en fondo y sobre todo en formas, pero ni al más acérrimo de sus enemigos se le ocurriría atacarla por falta de malagueñismo, como le sucedió en su debut en aquella candidatura, en tándem, a éste sí se le podría aplicar el apelativo, con el político granadino ya desaparecido Antonio Jiménez Blanco. Entonces la derecha en Málaga sólo aspiraba a conseguir dos escaños. Hoy nadie duda de que en la próxima convocatoria electoral no bajarán de seis el número de actas que alcance.

Daba por hecho que el PP no está por la labor de buscarse líos con las listas y, por tanto, que nadie pondría pegas a la repetición de Villalobos. Tampoco se atreverían a apearla del número 1 de la candidatura, aunque la opción lógica pasaba por que ese puesto lo ocupase Juan Manuel Moreno Bonilla, el dirigente popular malagueño con más ascendencia en el seno de la organización del PP en España y uno de los valores de futuro en la nueva era de gobierno que se avecina para esta formación política tras los próximos comicios.

La excepción confirma la regla. No soy partidario de la perpetuación en los cargos públicos porque desvirtúa el sentido de una práctica política que se convierte en una profesión de la que hay que vivir hasta la jubilación. Y siete legislaturas como diputado me parecen un exceso. Sin embargo, creo que los partidos deben un reconocimiento a algunos de los dirigentes que han forjado su historia.

Y Celia Villalobos tiene mucho que ver en que miles de españoles enterraran hace años esos miedos ancestrales a la derecha y desterraran del imaginario las connotaciones sociales negativas que representaba. Bueno será que recoja como colofón a su carrera los frutos de aquel trabajo de hormiga en aquella época ya ciertamente lejana y que quizás ahora ya se han olvidado.

Una placa para Celia

Antonio Méndez | 11 de mayo de 2011 a las 12:14

La política hace extraños compañeros de partido. Pero a veces,  ni la más fina esgrima dialéctica impide percibir a la mínima de cambio que dos personas no se aguantan por más que disimulen y guarden las formas en público.

Sucedía hoy en el turno de preguntas al candidato del PP a la Alcaldía del Ayuntamiento de Málaga, Francisco de la Torre, en la recta final de un foro. Un asistente le cuestionaba por si al final, si se ejecutaba el proyecto del río Guadalmedina, no habría que ponerle una placa a su predecesora, Celia Villalobos, que fue quien rescató esta iniciativa en el año 2000.

Podía De la Torre haberse escabullido con aquello de que cuándo se acabe la obra, si es que alguna vez se empieza, seguramente habrán pasado ya algunos alcaldes más por la Casona del Parque, así que sería a ellos a los que correspondería  reconocer méritos pasados. Pero ha saltado como un resorte, como siempre que aparece en su horizonte la figura de Celia,  para recordar que fue él, en 1998 y cuando era concejal de Urbanismo, quien auspició el informe para intentar embovedar el cauce. Añadió  que, lógicamente, cuando estuvo listo el trabajo y como era su obligación, se lo pasó a Villalobos, que entendió que era necesario recabar el apoyo de la empresa pública Acusur, dependiente de la Confederación Hidrográfica del Sur para impulsarlo. Así  nació el luego llamado Plan Málaga, del que apenas una década después se hizo la desalobradora para la capital.

Eso sí, tras las largas explicaciones y como si hubiera olvidado la pregunta, De la Torre anunció que encantado de ponerle todas las placas posibles a Villalobos. Ésta, en la mesa frente a él,  aguantaba con estoicismo y con la mejor de sus sonrisas la intervención de su sucesor, en ese ejercicio de cinismo político que habitualmente realizan ambos contendientes cada vez que coinciden.

Luego, una persona cercana a la regidora me comentaba con un poso de amargura que la ex tiene la impresión de que algunos intentan borrar su paso de cinco años por la Alcaldía de Málaga. Bueno al menos ya tiene la promesa de una placa.