La despoblación rural

Antonio Lao | 14 de octubre de 2019 a las 12:07

Almócita ha sido estos días el epicentro para visualizar la grave despoblación que padece el interior de la provincia y amplias zonas del país, en especial las dos Castillas, Galicia, Extremadura y Aragón. La lenta agonía en la que muchos de nuestros municipios están inmersos me deja un poso amargo difícil de digerir, cuando la mayor parte de mi infancia y juventud la vivi en un pueblo.
No es la primera vez  que trato de poner negro sobre blanco las causas que nos han llevado a este extremo. Escucho y trato de comprender los argumentos que los expertos esgrimen una y otra vez en multitud de foros y jornadas y lo cierto es que todos, sin excepción, con la mejor de las intenciones, tratan de exponer alternativas, aunque luego plasmarlas y ejecutarlas es harina de otro costal.
Aplaudo, como no podía ser de otra forma, las subvenciones que la Diputación Provincial de Almería ofrece a quienes se instalen en alguno de los municipios con más problemas de despoblamiento; entiendo de forma positiva que se instalen cajeros automáticos en aquellos en los que los bancos o cajas hace años que desistieron y cerraron oficinas; lamento que lugares como Tahal se haya quedado sin colegio, lo que acelerará el cierre de más y más viviendas hasta convertirlo en un pueblo fantasma y aseguro, por más que mi corazón y mi alma me transmitan latidos en sentido contrario, que el camino emprendido hacia el final de muchos de nuestras villas es irreversible. Con seguridad lo único visitable a posteriori serán los cementerios y sólo hasta que la última generación que habitó allí también pase a mejor vida.
En su último libro “El Latido de la Tierra”, la escritora Luz Gabás hace una seria reflexión que suscribo en su totalidad. No se trata de mantenerse anclado en el pasado o adaptarse a los nuevos tiempos. La solución pasa por avanzar y hacer comprender a quienes nos gobiernan que aquellos que han elegido vivir en el campo, el 25% de la población de esta provincia, debe  tener las mismas posibilidades de aquellos que estamos asentados en la costa, zonas de mayor aglomeración urbana.
Pero no nos engañemos. En una sociedad como la actual, donde el trabajo es la base sobre la que se asienta el futuro, difícilmente los municipios van a cobrar vida cuando en ellos subsisten nuestros mayores con sus pensiones , los agricultores agarrados al antiguo Plan de Empleo y los inmigrantes que llegan a cuidar ancianos o a cultivar pequeñas porciones de tierra de aquellos que ya no pueden mantenerla digna. Y así, hagamos los congresos y las jornadas que queramos, el camino tiene un final. Un final, eso sí, nostálgico de quienes visitan sus moradas de nacimiento y triste cuando las ven derruidas y abandonadas, vacías y con las señales del paso del tiempo en sus muros.

La provincia y el 10 de noviembre

Antonio Lao | 7 de octubre de 2019 a las 12:03

Por obra y gracia de aquellos que nos gobiernan y su falta absoluta de empatía, los españoles volvemos a las urnas el 10 de noviembre. Entre detractores y partidarios nos hemos movido estos seis meses, en los que volveremos a votar por tercera vez, -la segunda para elegir un Parlamento-, capaz de lograr una investidura y alejar, de una vez por todas, el fantasma de la provisionalidad. Provisionalidad instalada entre nosotros desde hace ya demasiado tiempo, aunque por fortuna muy poco tiene que ver en nuestro devenir cotidiano. Aún así, la persistencia de la anomalía acabará por pasarnos factura y será entonces cuando aquellos que miran para otro lado tratarán, con la complicidad de todos, de parchear o poner paños calientes a lo inevitable.
En la provincia de Almería la eventualidad tampoco afecta a la vida cotidiana. Los sectores económicos que tiran de nuestro Producto Interior Bruto -agricultura, turismo e industria del mármol- resisten como pueden los impactos de una sociedad convulsa, alejados y sin esperar más ayuda que la que ellos mismos se proveen. Los nubarrones que se ciernen sobre una economía acostumbrada a mil avatares y a sobrevivir en la marabunta internacional podrían atemperarse con un gobierno fuerte y en un país donde el tiempo se aproveche en lo verdaderamente importante y no en banalidades fugaces y de escaso recorrido.
Del envoltorio que permite avanzar en el desarrollo y hacerlo más fácil mejor ni hablar. Aún así, poco cabe esperar de las grandes obras que necesita esta tierra y que están por comenzar, continuar o finalizar. Poca prisa se dieron aquellos que paralizaron el AVE y menos aún la tienen quienes hoy dirigen los destinos del país. Confirmaron la fecha de 2023 propuesta por el ministro de Fomento del Gobierno popular y, desde entonces, se han dado pasos en la dirección correcta, pero pasos sobre el papel y poco más. Lo importante, que son las máquinas en el tajo, siguen sin acometer los trabajos y tal y como está la economía parece que pueden tardar en hacerlo. El agua es otra de las claves del futuro de esta tierra. No tenemos noticias del desbloqueo de la desaladora del Almanzora y tampoco de la conclusión de los trabajos anunciados como la autovía del agua. Y mientras, la sequía acecha y el grifo del Negratín, si no llueve, se puede cerrar en breve, al igual que el del Tajo-Segura.
Con estos mimbres, la provincia vota el 10 de noviembre para elegir a aquellos y aquellas que nos representarán en Madrid y que, en teoría, van a defender en la capital del reino nuestros intereses. A ellos, pues, debemos exigirles propuestas concretas y compromisos ineludibles, en la misma medida y en paralelo a como ellos nos piden acudir a las urnas. El tiempo del contrato en blanco acabó, para dar paso a leer hasta la letra pequeña.

El AVE de nunca acabar

Antonio Lao | 30 de septiembre de 2019 a las 11:45

La nueva convocatoria electoral ha despertado la voracidad y el apetito de los partidos políticos. Las obras del AVE son, una vez más, el plato elegido por unos y otros para tratar de arañar votos, en la creencia de que culparse de forma mutua del enorme fracaso que significa, que cinco años después de paralizarse los trabajos y tapiar los túneles, los pasos que se han dado no van más allá de la licitación de obras o la adjudicación de algún tramo. Todo muy vistoso, pero la realidad es que aún no hay una sola máquina trabajando en un proyecto que permanece adormilado por más que aquellos que gobiernan o los que ahora hacen oposición traten de despertarlo para jugar con él, en la partida de ajedrez que se han convertido las elecciones del 10 de noviembre. Creo que ha llegado el momento de decir basta. De no acumular más decepciones con una fecha, 2023, que todos sabemos de forma cierta que no se va a cumplir. Es tiempo de rebelarse contra quienes un día sí y otro también tratan de jugar con los sentimientos de los almerienses, con nuestro ego más o menos desarrollado y con nuestras aspiraciones, lícitas por otra parte, de exigir que nos dejemos ya de mentiras y pérdidas de tiempo para acoger y albergar realidades y hechos concretos, que nos alejen de la palabrería hueca y vana a la que acostumbran los advenedizos y los recién llegados al mundo de la política cortoplacista y mentirosa.
La provincia de Almería y los que aquí habitamos merecemos algo más. Sentimientos más nobles, realidades constatables y máquinas en el tajo. Todo lo que no sea eso, hay que llevarlo a la bolsa de los desperdicios, al cajón de sastre en el que cabe todo lo que no tiene valor.
Cinco años sin obras es demasiado tiempo para albergar alguna esperanza de que las apuestas y las promesas que escucharemos en los próximos días nos van a conducir por los railes de la esperanza, por la vía de la velocidad alta con la que en tantas ocasiones los que vivimos en esta esquina de la provincia hemos soñado para desterrar, de una vez por todas, el sentimiento de olvido, de lejanía y de desprecio, si me apuran, con el que nos despachan cuando los escuchamos.
Creo llegado el momento de no conformarnos con todo lo que nos digan, de evitar dar por válidas las palabras de quienes dicen buscar el interés general y están más preocupados por el suyo propio o el del partido al que pertenecen. Elementos, si me apuran, comprensibles, pero alejados de lo que en realidad necesita Almería.
El AVE es el sueño de una tierra noble, la certeza de una lucha emprendida en los últimos años del siglo XX  y la pantomima más grande que ha tenido lugar en los años que llevamos de siglo XXI. Un futuro incierto, una realidad muy cuestionable y un fracaso, con todas las letras, de quienes dicen defender y trabajar por nuestros problemas.

Gota fría, la hora de las ayudas

Antonio Lao | 23 de septiembre de 2019 a las 13:01

Pasada la gota fría llega la hora de la valoración de daños, de las visitas precipitadas de dirigentes políticos y de la administración, de las promesas, de los anuncios de planes Marshall, del maná caído del cielo después de la tormenta. Nada que objetar.  El paisaje después de la Dana era dantesco. Además de lamentar la muerte de una persona, las imágenes aéreas mostraban desolación y más desolación. Ha llovido lo mismo que en todo un año y en solo unas horas. La definición que más se puede acercar a lo sucedido la daba el presidente de la Diputación, Javier Aureliano García, que con acierto aseguraba que “había carreteras cortadas porque, literalmente, ya no existen” o los turistas alojados en el camping de Cabo de Gata y su angustiosa llamada de socorro para que los rescataran.
Pasado lo peor y cuando el sol luce para secar lodos, las máquinas se afanan en devolver la normalidad a una tierra dañada y los agricultores buscan la póliza de seguros que pueda compensar sus pérdidas, aquellos que la tienen, nos encontramos con la aprobación por parte de la Junta de las primeras ayudas para los afectados, a la espera de que puedan llegar más. No le anduvo a la zaga el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, aunque más cauto, solicitaba paciencia ante una posible declaración de zona catastrófica mientras aprobaba en Consejo de Ministros partidas para tal fin. En situaciones dramáticas como la que viven los afectados, la prisa siempre es mala consejera. Pero eso hay que explicárselo a aquellos que no pueden entrar a sus viviendas porque siguen anegadas, a los miles de afectados por los daños en carreteras o a los agricultores que han visto sus plantaciones de hortalizas, iniciada la campaña, que deben comenzar de nuevo, solicitar nuevos créditos o esperar a la primavera para tratar de recuperar algo de lo mucho perdido.

Evaluados los daños llega la hora de actuar más allá de la palmadita en la espalda inicial, de la visita de cortesía o de la promesa apresurada. Ahora que los medios se retiran y que el silencio se impone y cada uno llora su pena, es el tiempo de que la presión permanezca para que aquellos compromisos confirmados y aprobados, de manera más o menos alegre, no caigan en saco roto. No es la primera vez, y tampoco será la última,  que los tiempos de la administración para ayudas no caminan a la misma velocidad que las necesidades, perentorias en la mayoría de los casos, de aquellos que han visto como sus ilusiones y su futuro han quedado truncados por la gota fría. Es la hora de acelerar trámites, de buscar los recursos allí donde se encuentren y de trabajar por recuperar la normalidad perdida. Una normalidad que aquellos que llegan a un invernadero y lo ven en el suelo no van a tener hasta transcurrido mucho tiempo. Y sin la llegada del dinero, no será posible.

Los pueblos vacíos

Antonio Lao | 18 de septiembre de 2019 a las 18:02

Llega septiembre y el silencio se instala, cruel a veces, en la Almería vacía. El tiempo del regreso de los emigrantes o sus hijos acaba y las puertas de las viviendas se cierran hasta el próximo verano. Con suerte la Navidad traerá un espejismo de habitabilidad y bullicio, pero no más allá de la Nochebuena. Y es que, por más que nos empeñemos en dar vida a los muertos, las resurrecciones son cosa sólo de la Iglesia o de las películas de Semana Santa.
El año ha sido duro, muy duro para aquellos municipios que se apagan como la mecha de una vela sin cera. Los pocos habitantes que van quedando, casi todos mayores, se van yendo sin que nadie ocupe sus viviendas. Las puertas se cierran, con un quejido frío, triste, doloroso en la mayor parte de las ocasiones y con la mirada perdida de aquellos que aún permanecen impasibles viendo transcurrir el tiempo a la espera de su turno.
En la calle principal ya no está Manuel, que dedicó su vida a cultivar parras de uva de Ohanes hasta que la sequía de los ochenta y los precios bajos le hicieron desistir. Alcanzó la jubilación como pudo en el Plan de Empleo y ha vivido hasta los 95 en su pueblo. Nunca quiso abandonar su casa, a pesar de que su mujer, Purificación murió hace veinte años. La casa ya está cerrada.
Carmen era su vecina. Han vivido toda la vida puerta con puerta. Ella se dedicaba a vender pescado que una furgoneta les traía cada día de la plaza de la capital. Su marido murió hace diez años y ella acaba de ingresar en una residencia. El Alzheimer ha podido con sus recuerdos y casi con su vida. Nunca volverá a ser ella. La casa ya está cerrada.
Rosa se ha resistido hasta el último momento. Perdió a su padre hace 17 años y a su madre hace seis meses. Ella ya es mayor y necesita ayuda. Durante el último medio año ha sido atendida por una cuidadora que ha decidido regresar a su país. Desde la semana pasada es una más en una residencia de mayores. A regañadientes se va y dolida porque sabe que no volverá. La casa ya está cerrada.
José Luis trabaja en la Renfe, conductor de Talgo volvió al pueblo porque sus padres, jubilados, decidieron regresar allí donde se habían criado. Compró vivienda, la rehabilitó y ha tratado de permanecer hasta que la enfermedad de ambos lo ha hecho desistir. El pueblo, por más que sea un sitio para vivir con tranquilidad, ya no es para él. La casa ya está cerrada.
Pequeñas historias de gente anónima, de vecinos de la Almería vacía en cada uno del más de medio centenar de municipios de la provincia que corren serio riesgo de desaparecer. Seguro que ustedes conocen muchas similares. Todas ellas con el mismo denominador común: personas mayores que mueren y casas que se cierran. No hay vida, todo se abandona. Silencio. El viento sopla. Más silencio.

Caso Gabriel, información veraz y sensacionalismo

Antonio Lao | 9 de septiembre de 2019 a las 12:54

Hoy, comienza en la Audiencia Provincial de Almería el juicio a Ana Julia Quezada por el asesinato del pequeño Gabriel, de ocho años de edad. En la vista oral, que salvo sorpresa de última hora será pública, los que asistan y un jurado popular conocerán las versiones de unos y otros y los datos científicos objetivos en torno al crimen del hijo de Ángel y Patricia.
El 26 de agosto las Asociación Profesional de la Magistratura (APM), Jueces y Juezas para la Democracia y la Asociación Judicial Francisco de Vitoria, con un enorme criterio, emitían un comunicado en el que abogaba, ante la inminente celebración de la vista oral por el presunto asesinato del niño Gabriel Cruz,  por evitar el “circo mediático”. Además, pedía que los medios no hicieran “espectáculo” de un caso, obviamente cargado de sensibilidad y elementos emocionales. La recomendación no tiene nada que objetar. Es más, me parece obvia y de sentido común. Sin embargo, tengo la sensación de que la citada asociación mezcla “churras con merinas” en su argumentario. Dan casi por hecho que todos los que hacen información jurídica, los  periodistas que cubren noticias en tribunales o investigan casos que tienen repercusión legal trabajan en esos medios o programas que se emiten fuera de las franjas informativas, en canales de televisión o en digitales. Programas que tienen una manifiesta inclinación a buscar titulares  sensacionalistas o la búsqueda clics en las web, aunque poco o nada tengan que ver con la realidad. Vamos, que tienen una falta de rigor manifiesta.

En Almería, Andalucía o España hay medios, secciones y periodistas muy competentes y especializados en información judicial, que informan con pulcritud y veracidad, respetando los derechos de los ciudadanos a ser informados y el derecho a l honor y la presunción de inocencia a quien corresponda. La existencia de organizaciones profesionales como la Asociación de Comunicadores e Informadores Jurídicos (ACIJUR) es buena prueba de ello, organizando recurrentes encuentros entre los informadores y los operadores jurídicos y programando cursos de formación en materia legal para sus socios. Aprovechando un juicio mediático como este, me temo que la asociación de jueces trata de “dirigirnos”, de mostrarnos el camino, como si aquellos que cada día trinchamos la información no conociéramos nuestro oficio. Se imaginan ustedes que los periodistas, o cualquiera de las asociaciones o medios que nos representan, tratara de dirigir o insinuar el camino que deben seguir los jueces ante la responsabilidad que tienen por delante al juzgar. Sería una temeridad, por  no decir una idiotez. Así pues, y ante lo que se avecina, les pediría a los lectores que sepan separar el grano de la paja, la información cierta y fidedigna de las noticias falsas y el sensacionalismo. La tarea no es fácil, pero inténtenlo.

Marihuana y enganches ilegales

Antonio Lao | 2 de septiembre de 2019 a las 18:57

Primer paso serio para luchar contra los enganches ilegales de luz para el cultivo de marihuana. Gobierno, Junta, Ayuntamiento de la capital, compañía suministradora y policía nacional y local se sentaban a finales de julio en la misma mesa para tratar de poner freno a un problema que viene de lejos y al que, hasta ahora, nadie ha querido o ha podido poner coto.
Sonroja leer titulares como el que publicábamos el 31 de julio, en el que se asegura que el 80% del consumo eléctrico que se produce en barrios como Los Almendros o El Puche es fraudulento. El dato es de la propia compañía Endesa. Para evitar cortes sólo pueden aumentar la potencia en la red para minimizar daños a aquellos vecinos que pagan de forma religiosa sus recibos cada mes y padecen de forma continuada apagones en sus domicilios.
No seré yo el que cuestione esta reunión y los resultados que sobre el papel salían de ella. Al contrario, aplaudo que por una vez las administraciones, junto con las fuerzas de seguridad y la empresa, sean capaces de poner negro sobre blanco la situación que se vive en estas zonas de la capital. Por poner un ejemplo: de las 2.900 viviendas que hay en Pescadería tan sólo 1.780 tienen contrato de suministro. Una situación, a todas luces insostenible por más tiempo, que deja en no muy buen lugar a aquellos que deben velar por el respeto y el cumplimiento de la ley.
Como les decía trato de no cuestionar el primer paso que se ha dado para poner freno a un problema que va a más. Sin embargo, me van a permitir que deje sobre el papel algunas de las preguntas que, leyendo la información de Victoria Revilla, me quedan sin respuesta. La primera, y creo que es la base sobre la que se debe asentar el resto, son los motivos por los que hasta ahora las partes implicadas no han puesto todos los medios necesarios para atajar de raíz la gangrena que desangra al herido. Ha debido ser la presión popular, la de los propios vecinos hartos de cortes de suministro, los que han hecho para todos los implicados insoportable la situación. Tengo la sensación de que durante demasiado tiempo se ha mirado para otro lado. La segunda es una duda. Y es de dónde se va a sacar más dinero y más fuerzas de seguridad, promesa salida de la reunión y los motivos por los que hasta ahora eso no se ha hecho. Y a partir de aquí la conclusión a la que llego, y que me cuesta asumir como cierta. Y es el temor, serio temor, a que las cosas sigan igual que hasta ahora, con cambios mínimos. Sería triste que la única pretensión haya sido buscar un titular más o menos llamativo para tratar de tranquilizar a los afectados y poco más. Si hay resultados seré el primero en felicitar a las partes, a aquellos que tienen la obligación de acabar con el problema. Caso contrario, seguiré aquí para recordar cada día los enganches ilegales, los cortes de luz y el sufrimiento de los vecinos.

El futuro de la Feria

Antonio Lao | 2 de septiembre de 2019 a las 18:55

La Feria concluye hoy con la procesión de la Patrona. Un año más, y van muchos, la decadencia de la fiesta mayor de la capital es evidente. En los próximos días asistiremos, como en otras ocasiones, a debates en la mayoría de ocasiones estériles, porque las decisiones se posponen, llega el mes de agosto, y recuperamos el rasgado de vestiduras y las soluciones apresuradas, sin final concreto y óptimo.
Y no es que el Ayuntamiento y el gobierno de turno no ponga toda la carne en el asador, que la pone. Incluso la mejor de las voluntades y dinero, si no en abundancia, si suficiente. Pero la realidad es que tal y como está concebida la Feria de Almería tiene fecha de caducidad. Con ambigús del mediodía estancados y la noche alejada de las familias y tomada sólo por las atracciones a media tarde y las casetas-discoteca en la madrugada, estamos abocados a un triste final y a dejar el evento en manos de aquellos que nunca quisiéramos que se hicieran cargo de la celebración.
Atrás han quedado los tiempos en los que acudir a la Feria de Almería era una actividad familiar, un ritual, un escenario deseado y esperado. Hoy, para nuestra tristeza, ir al recinto se ha convertido casi en un engorro, en el que la apatía y la falta de atractivo ocupa la mayor parte del espacio. No me atrevería nunca a avanzar soluciones. Además de no ser mi cometido, entiendo que para ello están los sesudos pensadores municipales. Pero si me atrevo a apuntar algunas de las causas en las que yo percibo agotamiento o decadencia. En la Feria del Mediodía nos empeñamos en acabar con el botellón callejero controlado, cuando era uno de los elementos de animación de la fiesta. Y si no que se lo pregunten a los pamplonicas y a San Fermín. Allí nunca tratarían de evitar que los locales del centro no apostaran por el ambiente para animar la fiesta. Aquí, de tanto control y costes, hemos acabado con aquellos que querían arriesgar sus euros en montar ambigús. Este año ha sido triste encontrar menos de media docena y con unas características bastante limitadas.
De la noche se puede decir poco más de lo ya apuntado. Un recinto óptimo, pero muy alejado del centro de la ciudad, junto con los precios desorbitados que tiene montar una caseta, ha terminado con la esencia de una fiesta abierta, almeriense, cercana y animosa como pocas en Andalucía. Recorrer las calles este año sólo me transmitía tristeza, decadencia, desgana y olvido. Una tristeza contagiosa que debe hacer reflexionar a los organizadores, con cuatro años de gobierno por delante, para buscar alternativas capaces de revitalizar unas fiestas que eran la envidia de sus homónimas andaluzas. Una Feria del Mediterráneo que alcanzó cotas de éxito inesperadas y que, probablemente, murió por elevarse como una montaña rusa y descender a velocidades de vértigo y sin solución de continuidad.

Imagina el Centro Andaluz de la Fotografía

Antonio Lao | 2 de septiembre de 2019 a las 18:53

Triste el espectáculo que hemos vivido estos días con el futuro del Centro Andaluz de la Fotografía (CAF) en entredicho. El cese de su director, Rafael Doctor, ha derivado en una sucesión encadenada de declaraciones, afirmaciones, desmentidos y errores varios, en torno a este emblemático centro, que me dejan un enorme poso de dudas e incertidumbres, que aquellos con los que he hablado no han sido capaces de despejar, o no han querido.
Sea como fuere, lo único claro que me ha quedado, por el momento, es que no va a cambiar de nombre, aunque pasa a depender de la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales. El futuro que le espera creo que es una incógnita, incluso para los nuevos gestores de la administración andaluza. Hagamos un poco de historia para comprender de qué hablamos y su significado para esta provincia. En el reparto de la tarta de organismos de la Junta de Andalucía, Almería, como casi siempre, recibió poco menos que la pedrea. Mientras Granada, por ejemplo, se quedaba con el TSJA, aquí nos obligaron a conformarnos con un pequeño “chiringuito” cultural, que quienes lo han dirigido a lo largo de su historia lo han prestigiado  a nivel nacional e internacional, pese a que los fondos de los que ha dispuesto han sido siempre escasos.
Aquí han expuesto los mejores de la fotografía nacional e internacional. Memorable fue en su día el proyecto Imagina. Una  apuesta que dejó un poso con excelente sabor, que luego no se supo aprovechar en toda su extensión. Aún así, la voluntad de los dirigentes del CAF ha mantenido con vida un organismo, seamos claros, que no es un centro de grandes visitas ni de exposiciones multitudinarias.
Pero es nuestro CAF, muestro referente, nuestro asidero para hacer nuestra la Junta y el de la administración autonómica para aseverar, qué paradoja, que Almería es algo más que la provincia más alejada de la sala de mandos de San Telmo.
Y en esas estamos cuando llega el cese de un director a mitad de su mandato, que acaba de traer a Almería una exposición en la que participa Pedro Almodóvar y viene a inaugurarla.
Desde Cultura han tomado la decisión de prescindir de él en este momento. Desconozco quien asesora a estos insignes gestores andaluces, porque no se puede hacer tan mal. En los hechos y en las formas, lo cual no quiere decir que no estén en su derecho de rodearse de cargos de confianza en los que crean. Pero entiendo que en materia de Cultura, además de confianza , hay que apostar por la sabiduría, por la proyección, por el buen hacer y por la ayuda económica. Ninguno de estos elementos, por desgracia, ha sido tenidos en cuenta por quienes llegan, dicen, para cambiar las cosas a mejor. Eso esperamos, aunque mal empezamos si se usa la guillotina a destiempo.

La carga de hierro de Alquife

Antonio Lao | 2 de septiembre de 2019 a las 18:50

La mina de Alquife está más cerca hoy que ayer de volver a ser explotada. Una posibilidad cierta que nos debe satisfacer, pues significará revitalizar una de las comarcas más deprimidas de nuestra vecina Granada como es el Marquesado de Zenete. Almería, en este proceso tiene mucho que decir. Sin la colaboración de los puertos de la provincia, para exportar el mineral de hierro, la vuelta al trabajo de los mineros se dificulta en extremo.  Analizado el proyecto y viendo su desarrollo, entiendo que se cumplen con todas las garantías medioambientales, para que los trabajos se desarrollen sin influir, en nada, en la cotidianidad del puerto, -Carboneras-, desde el que el hierro se cargará en buques hasta su lugar de destino. Con todos los parabienes administrativos, desde la Autoridad Portuaria no se puede hacer otra cosa que dar el okey. Pero las cosas no son tan fáciles. En Carboneras entienden que los permisos ambientales no recogen todas las garantías, por lo que en los últimos meses asistimos a una movilización, sin precedentes, para evitar que el puerto sea el lugar desde el que se carguen en buques los miles de camiones que, con toda probabilidad, van a comenzar a llegar desde la mina granadina.
Entiendo la postura de la asociación, aunque no comparto como se han cerrado en banda a que la localidad sea el lugar desde el que se produzca el embarque. El puerto de Carboneras le ha dado y le está dando mucho al pueblo. Es posible que sin él, la localidad no fuera tal y como lo conocemos hoy.  No se puede, ni se debe, tratar de evitar este tráfico marítimo terrestre porque sí. Aquí lo importante, y el papel de la asociación es básico, es que se respeten todas las medidas, que se esté vigilante para que, ante cualquier problema, se atienda y solucione con eficacia. Pero de ahí a impedir que el candado del desarrollo se cierre tercia un abismo. Claro que vistos algunos precedentes, como la negativa de la capital a que sea el puerto local el que desarrolle la actividad, se puede pensar, no sin cierta razón, que los “parias” deben ser otros más solícitos y hasta más acostumbrados a convivir con el transporte de mercancías problemáticas por el puerto. Ahora, cuando todo apunta a que la apertura de la mina no es una quimera, sino un hecho constatable, todos, sin excepción, deben poner de su parte para no cercenar un proyecto que apunta en la buena dirección para la vecina comarca granadina y Almería en materia de empleo, del que no estamos sobrados. Eso sí, desde la administración hay que ser inflexible en el cumplimiento de la normativa española y europea en materia de medio ambiente y que las empresas que desarrollarán los trabajos se crean, de verdad y por escrito, que nadie va a bajar la guardia o va a ser laxo en su control diario y permanente. Con estos mimbres hay que seguir trabajando.

Medio año de capitalidad gastronómica

Antonio Lao | 29 de julio de 2019 a las 16:54

He sido un firme defensor de que Almería fuera capital gastronómica en 2019. Lo seré hasta el final del “reinado”, en la creencia, mientras no me convenzan de lo contrario, de lo mucho que está aportando la nominación a la consolidación de la marca Almería como destino turístico gastronómico. Cierto es que escuchas hablar a quienes en teoría son los beneficiarios de la propuesta -hosteleros y restauradores- y parece que el adjetivo satisfecho aún no forma parte de su lenguaje cotidiano y sí atisban la queja y el lloriqueo lastimero como parte de su jerga habitual. En el fondo los puedo entender, pero muy en el fondo.
Me explico. Quienes pensasen que la Capitalidad Gastronómica iba a ser la panacea para la restauración de la capital  y la provincia debían estar soñando. Aquellos que la esperaban como un maná salvador, sin duda estaban errados.
En gastronomía y turismo, que es de lo que hablamos, como en otras tantas cosas, los logros y las metas se consiguen por el esfuerzo y el trabajo. Claro que la ayuda es necesaria, fundamental diría yo, pero ella por si misma ni es suficiente, ni nunca bastará. El Ayuntamiento hizo durante la precandidatura un enorme esfuerzo por lograr el distintivo y está haciendo este año, ya se ha cumplido la mitad, todo lo que está a su alcance para promocionar nuestros productos, no ya entre los que aquí habitamos, sino a nivel nacional e incluso europeo. Una promoción en la que la Diputación, a través de la marca Sabores de Almería, ha ayudado y mucho.
Bajo estas premisas y con datos en la mano, entiendo que la candidatura está revertiendo a la capital y a la provincia mucho más de lo que cabría esperar. La inversión no ha sido extraordinaria y lo que ha repercutido para los que aquí habitamos supera con creces lo gastado.
La ciudad necesitaba de una larga y prolongada campaña exterior que relanzase su imagen turística como capital acogedora, con excelentes playas y una gastronomía muy a tener en cuenta. Y el objetivo se ha conseguido. Otra cosa es que creamos que todo ya está hecho. Muy al contrario. Es el momento de iniciar una travesía, que ya hemos comenzado con un motor fuera borda de gran cilindrada como es la capitalidad, pero el devenir futuro pasa por no cejar en el empeño de la promoción y en seguir invirtiendo en darnos a conocer. Y el sector de la restauración y hostelería tiene que entender que la mejora y el futuro se gana insistiendo en perfeccionar lo que tenemos. No es una tarea fácil, lo reconozco, y entiendo que tampoco barata, pero es la única opción. No hay otras posibles, para alcanzar el objetivo marcado en rojo en el calendario, que no es otro que la capital y la provincia sean reconocidas en el exterior como marcas consolidadas en todo lo que tiene que ver con la gastronomía y restauración. Venir a Almería a comer debe ser un placer, no una exigencia.

Turismo de los astros

Antonio Lao | 22 de julio de 2019 a las 12:16

No nos cansamos de repetir el enorme potencial que tiene la provincia de Almería en materia turística. Lo que puede ser una obviedad y que pueden compartir multitud de destinos como el nuestro, incluso mejores, cobra mayor verosimilitud cuando las cifras y los hechos confirman tal aseveración.
Que más de trece mil personas hayan visitado en los últimos meses el observatorio astronómico de Calar Alto confirma lo que muchos vaticinaban y lo que sólo unos pocos no creían: el centro de la Sierra de Los Filabres tiene por delante, no sólo un futuro esperanzador como centro de investigación, líder en su género, sino que una de sus fuentes de financiación, ahora que los alemanes de Max Planck han cerrado el grifo, puede venir por aquí.
El turismo de las estrellas se ha destapado como una posibilidad cierta, con el control necesario, de ofrecer a aquellos que nos visitan una alternativa a lo habitual, a lo común. Una alternativa que los va a sacar del letargo en el que muchas veces caen quienes alcanzan la provincia, embelesados en el sol y la playa, sin buscar otras necesidades.
Casi de puntillas, sin alterar el karma, los amantes de las estrellas las pueden hallar a golpe de telescopio, en visitas que se alargan hasta entrada la noche. La posibilidad de mirar al cielo despejado de Los Filabres, en la oscuridad de la sierra y en el silencio del Calar es un lujo que está al alcance de casi todos, por un precio más que razonable.
No se trata de convertir el observatorio en el Everest de Almería, con largas colas en los accesos. Ni mucho menos. Pero si puede ser, a poco que se promocione, una alternativa más que óptima de las nuevas formas de entender el asueto vacacional.
Regreso al inicio. Destinos turísticos para disfrutar hay muchos, la mayoría excelentes en cualquier parte del mundo. Hoy lo que buscan aquellos que tienen la oportunidad de irse de vacaciones son elementos que los diferencien. Y ahí es donde encontramos el observatorio astronómico de Calar Alto. Una posibilidad que sólo la van a encontrar aquí y en otros centros de investigación similares al de la sierra almeriense, pero que se pueden contar con los dedos de una mano en el globo terráqueo.
La exclusividad, la diferenciación, el magnetismo de un lugar como observatorio almeriense se me antoja un aspecto a considerar por aquellos que gestionan el turismo en la provincia, para sumarlo como percha imprescindible en el chaqué o traje de fiesta que cada año confeccionamos para vendernos al mundo en multitud de ferias. Y a buen seguro que a la vuelta de unos años el potencial del que disponemos se verá recompensando con la llegada de muchos viajeros  ávidos de experiencias nuevas, que sólo pueden encontrar aquí, en la costa más desértica y exclusiva de Europa.

Precios de saldo para viajar en Talgo

Antonio Lao | 16 de julio de 2019 a las 9:35

Soy optimista por naturaleza. De ahí que valide el dicho de que “no hay mal que por bien no venga”. Viene esto a cuento de la agresiva política de la compañía Renfe con los precios del Talgo que nos une dos veces al día, en ambos sentidos, con la capital del reino. La presión mediática, reconozco que ha debido ser insoportable en determinadas ocasiones, ha llevado a la compañía ferroviaria a actuar de oficio y tratar de recuperar algo del prestigio perdido bajando precios y duplicando cabezas tractoras en el tren Talgo que nos acerca a Madrid cada día en tan sólo, y remarco el adverbio, siete horas. ¡Ahí es nada!
Aquellos en los que el tren forma parte de nuestro ADN, que lo hemos vivido como forma de transporte desde que tenemos uso de razón, nos duele al extremo la permanente dejadez a la que nos han sometido aquellos que nos gobiernan desde tiempos inmemoriales. Con la excusa de un AVE que sigue siendo una ilusión, dejaron hace ya muchos lustros de inyectar fondos en la línea hasta Linares, convirtiéndola más en una reliquia de bajo coste que en el símbolo de la modernidad y desarrollo de una provincia como la nuestra, innovadora, creadora de riqueza y emprendedora.
Ahora, cuando el número de pasajeros se ha reducido a la mitad en pocos años y cuando todos los usuarios abominan de la lentitud, las averías y la desidia hecha convoy, llega la compañía prestadora del servicio y nos va a permitir viajar hasta Madrid por el módico precio de 25 euros. La medida no es que llega tarde, es que llega a destiempo. No aporta mucho a un panorama desolador y de abandono, a veces pienso que premeditado por aquellos que ejercen el gobierno, para dejar morir de inanición lo que en su día, y tan sólo ha pasado algo más de un siglo, fue un símbolo de modernidad y compromiso. Un símbolo que hoy aquellos que ejercen el gobierno permiten con nocturnidad y alevosía dejarlo morir como si de un paciente terminal se tratase. Y es que no hay nada peor que tener soluciones y no aplicarlas. Engañar al paciente con falsas promesas que nunca llegan, para que el paso del tiempo sea el juez guillotinador, que sólo deja caer la cuchilla sin remedio de continuidad.
Y es ahí donde nos movemos, entre el quiero y no puedo infinito, que como el hampster gira en la rueda buscando una salida imposible. Y mientras permanecemos instalados en la sospecha de qué tren nos pueden quitar con la llegada del AVE a Granada o cómo presionamos para que el tiempo de viaje se reduzca en unos minutos que no van más allá de un titular de periódico. Porque al final, por mucho que nos duela, la realidad es tozuda, inflexible y rotunda: un tren del siglo XIX, para una sociedad avanzada del XXI, con infraestructuras obsoletas y material casi de desecho.

Agencia de asesores y colocación

Antonio Lao | 8 de julio de 2019 a las 11:16

Jamás pondré en duda el trabajo que realizan los asesores de los partidos políticos en las administraciones. Una ocupación, callada, silenciosa en todas las ocasiones y básica para el cometido de proyección, mantenimiento, corte y confección de las fuerzas políticas que nos representan. Algunos, sin embargo, se han empeñado en poner en duda la labor, bien remunerada por cierto, de aquellos que se pegan como lapas a alcaldes, concejales, diputados y demás fauna política. Un caso reciente lo tenemos en el primer edil de Albox. El sólo, con un concejal y los funcionarios, han sacado adelante el Ayuntamiento, dejando en evidencia a los anteriores gestores, hasta el punto de que los ciudadanos lo han premiado con una holgada mayoría absoluta en las urnas.

Todo un toque de atención para aquellos que osan buscar en la política el lugar perfecto para medrar y vivir una legislatura con menos sobresaltos que una tapa de panceta en una barbacoa. Recuerdo hace unos años como un diputado provincial del PP dejó su puesto a otro compañero tras las elecciones. No le importó mucho el relevo, pues tenía asegurado un puesto de asesor. Cuatro legislaturas después lo dejaba por jubilación. Algún dirigente del partido ironizaba con el caso, asegurando que no entendía como este hombre, gris y plano donde los hubiera, sin jamás elevar el tono de voz, callado, casi escondido entre bambalinas, había logrado sobrevivir y mantener el sueldo durante tantos años sin que nadie, ninguno de sus compañeros, reparara en él. Por lo visto cobraba cada mes de forma religiosa, sin fallo, aunque nunca se le vio en acto del partido, trabajo en una campaña y, lo que es más importante, en tarea alguna que tuviera que ver con el área a la que estaba adscrito. Vamos, un profesional del escaqueo.

Ahora nos encontramos con el anuncio del Partido Socialista de llevar a los tribunales la designación de asesores del Ayuntamiento. De los 27 que la ley permite, a los hombres y mujeres de Adriana Valverde el Partido Popular los ha “chuleado”, permítanme la expresión, al dejarlos sólo con tres. La respuesta ha sido inmediata: Grito en el cielo y denuncia al canto, a la espera de que se corrija el desaguisado, que los deja a ellos con escaso margen de maniobra, no sólo para el trabajo diario, sino para situar a aquellos peones que han quedado fuera del juego tras las municipales. Desconozco quién o quiénes han asesorado al alcalde en esta cuestión. Pero se ha equivocado. Del Ayuntamiento nunca debe hablarse por el reparto de cargos. Son cosas internas de las que el ciudadano toma nota y luego suele pasar factura. Bien haría en buscar cuanto antes un acuerdo, cerrar el caso y gobernar la ciudad. Los problemas que padecen los almerienses son mucho más importantes y nos acucian más que el futuro de unos asesores, ahora en paro, que presionan, un día sí y otro también con el conocido qué ¿qué hay de lo mío?

AVE a Granada, envidiamos mal

Antonio Lao | 1 de julio de 2019 a las 12:00

Un buen amigo, de esos que puedes contar con los dedos de una mano, dice que “envidia muy mal”. Desconozco realmente si cuando lo apunta en alguna conversación distendida, de las que tenemos de forma habitual, lo dice serio o si, por el contrario, no deja de ser una coletilla. Mis sensaciones me apuntan a que cuando lo afirma lo siente de verdad. Viene esta introducción inicial a la “envidia sana” que debemos sentir los almerienses al ver como nuestros vecinos granadinos disponen desde esta semana de un AVE que los une en poco más de tres horas con Madrid. Un AVE que también los trasladará en seis horas con Barcelona y antes del otoño en un suspiro con Málaga y Sevilla. Todo esto de forma directa, sin cambiar de convoy. Si el cambio se produce, las posibilidades se incrementan a Castilla y León y casi hasta Galicia. ¿Cómo lo ven ustedes? Como una envidia sana o debemos, como mi buen amigo, envidiar mal.
Sea una cosa u otra, lo cierto es que la pesadilla ha terminado para los granadinos, que de pronto se abren al mundo con un medio de transporte moderno, eficaz, limpio y, sobre todo, competitivo con el avión. Las posibilidades para Granada se multiplican de forma exponencial. La ciudad de la Alhambra disponía ya de un potencial turístico inmenso con la Alhambra o Sierra Nevada. Ahora el abanico se abre hasta el infinito. A la vuelta de unos meses, y no les quiero contar de unos años, la riqueza de nuestros vecinos y su entorno crecerá de forma exponencial, así como su PIB. Son tantas las posibilidades que sería prolijo enumerarlas todas.
En el contrapunto nos encontramos con Almería y unos trabajos que el Gobierno de Rajoy paralizó durante seis años y que el de Pedro Sánchez desbloqueó sobre el papel. Pero no nos engañemos, la realidad es tozuda. Tanto, que sería el primero en cantar las alabanzas de unos trabajos comenzados y unas máquinas en el tajo. Pero no es así. El presupuesto de 2019 no se ha aprobado y dudo mucho que se vaya a hacer. Luego está el de 2020, con un parlamento tan fragmentado que cada uno va a solicitar ‘lo suyo’ para sacarlos adelante. De tal manera que la cuerda volverá a romperse por el lado más débil, por el cabo más frágil, en la creencia de que una provincia como la nuestra puede aguantar aún unos años más sin el preciado medio de transporte. Y es que la fecha de 2023, que ya dije hace muchos meses que era una quimera, ahora se convierte en un imposible. Incluso la previsión más benigna, 2025, se me antoja difícil de cumplir tal y como están las cosas. Ojalá me equivoque y mañana deba desdecirme de lo escrito. Lo haría con todo el gusto del mundo, porque los almerienses, los que habitamos en esta esquina de España, serían los beneficiados. Aquellos que llevan más de un siglo esperando un maná en forma de buenas comunicaciones que no llegan.

Culpar al otro

Antonio Lao | 25 de junio de 2019 a las 11:38

Asumir errores en política no es un verbo que se conjugue con facilidad en los tiempos que corren. Aquí lo fácil es culpar al otro, echar balones fuera, esperar a que escampe y a otra cosa, en la esperanza de que el tiempo lo sana todo y ya vendrán nuevas oportunidades. Las elecciones municipales y las recientes tomas de posesión de alcaldes y concejales ha puesto a cada uno en su sitio, ha sacado lo peor y lo mejor de aquellos que forman nuestra cotidiana fauna política y ha vuelto a poner de manifiesto la incapacidad absoluta de entonar el mea culpa por parte de nadie. Vayamos por partes con algunos ejemplos que confirman la aseveración inicial. En Vélez Blanco la incapacidad de los socialistas para ponerse de acuerdo los llevó a una escisión que les ha costado la alcaldía. No sólo han antepuesto sus intereses particulares por encima de los de sus vecinos, sino que luego los odios personales han puesto al frente de la alcaldía al único concejal de Ciudadanos, que con 200 votos tiene ante sí el sueño y el reto de su vida. A poco que lo haga bien puede, como ha ocurrido en Albox, demostrar que la política va más allá de personalismos y está más cerca de la iniciativa, el criterio y la capacidad de trabajo y sacrificio. Y lo más preocupante es que los responsables provinciales, viendo lo que sucedía, han sido incapaces de retomar el diálogo y acabar con tan enorme disparate.
Culpar al otro como criterio de trabajo tiene en la capital el segundo ejemplo. Las tibias palabras del secretario de Organización local, Indalecio Gutiérrez, sobre los resultados de la capital, reflejan en toda su extensión la capacidad que tiene el ser humano para descargar en los demás y alejarse de cualquier asunción de culpabilidad. Escucharlo balbucear justificaciones debe ser motivo de estudio para los estudiantes de Política de cualquier universidad sobre lo que no se debe hacer si se pretende tener éxito en aquello que nos ocupa, que no es otra cosa que buscar la credibilidad ante aquellos a los que nos dirigimos, los que comulgan con su ideología y los que no. Y el tercero, y podríamos escribir un tratado sobre ello, lo encontramos en los dirigentes provinciales del Partido Socialista. Unos dirigentes que han ahuecado el ala desde las municipales, que ni están ni se les espera, más allá de felicitarse por los 100.000 votos alcanzados en la provincia. Cien mil votos ¿para qué?, me pregunto. No serán para gobernar la Diputación o cualquiera de los pueblos importantes de esta tierra. Porque si no recuerdo mal, y es una ironía, sólo disponen de Níjar y Vícar como grandes bastiones, Huércal Overa les ha tocado en la lotería por los enfrentamientos personales entre los dirigentes populares y de Ciudadanos y un puñado de pueblos pequeños, en los que sus alcaldes, esos sí, saben hacer política y de la buena. De la cercana, sin postureos y apariencias falsas.

Los compromisos de Ramón

Antonio Lao | 17 de junio de 2019 a las 12:06

Ramón Fernández Pacheco ha hecho méritos más que suficientes para ser alcalde de Almería y gobernar la legislatura con cierta holgura. Aunque deberá apoyarse en Ciudadanos o en Vox para sacar adelante los presupuestos, en el resto de propuestas para la ciudad no tendrá problema alguno para lograr, sino la unanimidad, si cómodas mayorías. Porque al final se trata de trabajar por el bien de la ciudad, por el crecimiento, el desarrollo y la proyección de una capital que tiene mucho camino recorrido, pero a la que aún le esperan tantos retos como necesidades. Complementos ambos que nos deben situar en lugar prominente a nivel andaluz y nacional en dos aspectos fundamentales: turismo y agricultura.
En una campaña casi perfecta, con diseño americano y compromiso con la ciudad, Ramón dejó en un segundo plano al partido y asumió el reto personal de dar la vuelta a unas encuestas en las que pintaban bastos. Mantener los resultados de su predecesor en el cargo lo consagra como uno de los valores en alza dentro del partido y le da derecho a un voto de confianza de la ciudad y  el PP para tratar de conducir, con riesgo calculado, los destinos de Almería los próximos cuatro años.
Pero la confianza también debe servir para mantener una gobernanza con criterio, alejada de sectarismos, cercana con los vecinos y comprensible con la oposición. Lo cual no significa que se sea tibio, pacato o excesivamente blando. Al contrario. El ejercicio del gobierno requiere de altura de miras, alejada del boato, el amansamiento y los pelotas de turno, pero sí firmeza en las decisiones. Contentar a todos es sinónimo de fracaso. Se trata, en definitiva, de buscar la eficiencia, la transparencia, la rendición de cuentas, la participación de la sociedad civil y el estado de derecho, que revelará la determinación del gobierno que conforme la semana próxima de utilizar los recursos disponibles a favor del desarrollo económico y social de la ciudad. La confianza no sólo debe quedar en un lema que ha calado en la ciudadanía, sino en la necesidad de avanzar en los grandes problemas que aún tiene la ciudad pendientes como son el desarrollo puerto-ciudad, la mejora de los accesos ferroviarios, la recuperación del casco histórico y la prestación de unos servicios acorde con los impuestos que se pagan. Y de la oposición se espera la coherencia y la visión de ciudad que corresponde con el lugar donde los han situado las urnas. Firmeza y flexibilidad, en paralelo con tratar de evitar las tentaciones de bloqueo que de forma permanente rondan por las cabezas pensantes y sesudas de aquellos que creen, de forma errónea, que cuanto peor mejor. Otra forma de hacer política es posible y los resultados de las municipales así lo avalan. Ramón, por su carácter, tiene la posibilidad de lograrlo. Que tenga le mejor de las suertes.

El tren averías

Antonio Lao | 11 de junio de 2019 a las 19:39

Parececlaro que desde el Ministerio de Fomento nos quieren tomar el pelo a los almerienses cuando de política ferroviaria se trata. Me explico. Comparto la valentía del subdelegado del Gobierno, Manuel de la Fuente,  al decir públicamente que las continuas averías del Talgo que nos une con Madrid son “intolerables”. Es posible que hasta lo hayan  reprendido o llamado la atención por la sinceridad con la que habla. Pero al final no dejan de ser unas afirmaciones que llegan por la presión, debe ser insoportable, de la sociedad y los medios de comunicación cuando un día sí y otro también conocemos nuevas averías de los convoyes que nos unen con Madrid. Cuando hechos similares han sucedido en Extremadura, por poner un ejemplo, desde el Ministerio que dirige José Luis Ábalos se han abierto investigaciones, que al final no conducen prácticamente a nada, pero de alguna manera calma los corazones soliviantados de miles de usuarios que se sienten ninguneados y pateados por un Gobierno que parece dar por bueno la existencia de ciudadanos de primera, los que tienen AVE y los otros.
Con ser denigrante la situación, se convierte en esperpéntica cuando técnicos de Renfe se reúnen con la Mesa del Ferrocarril y, sin anestesia previa, nos avanzan como gran solución la búsqueda, vamos a ver si la encuentran o no, de una locomotora de reserva que pueda aliviar, en parte, el triste espectáculo que aquellos que rigen nuestros destinos están ofreciendo a los que aquí habitamos. No queda ahí la incongruencia. A las muchas oídas se suma la posibilidad de hacer un estudio para conocer la posibilidad de reducir el viaje con Madrid algunos minutos. Un hecho que ya conocemos que es poco menos que imposible por el estado de la vía. Paños calientes y declaraciones vanas y huecas en un intento, como otras veces he explicado, de ganar tiempo en este Guadiana de las comunicaciones ferroviarias que nos preocupa y ocupa cada cierto tiempo.
La realidad, por más que nos duela y nos pese, y a ellos desconozco si les ocupa y les preocupa, es que estamos echando a los viajeros de un medio de transporte seguro, con más de un siglo de historia, en el que la evolución ha sido escasa, la inversión ínfima y el trato con Almería discriminatorio y vejante. Claro que siempre nos queda Granada. A finales de mes verá, por fin y me congratulo, su alta velocidad y nosotros, almeriensitos de a pie,  tendremos la oportunidad de viaje casi dos horas hasta la ciudad de la Alhambra y desde allí coger un AVE que en tres nos lleve hasta Madrid. Es posible que mientras nos toca la lotería de las obras ya adjudicadas y veremos a ver cuando comienzan, logremos reducir algo nuestro viaje con la capital del reino. Pero para ello primero han de ajustarse los horarios de los trenes que de aquí parten con los que salen de Granada. Si hay que esperar mucho, nuestro gozo en un pozo.

Nuevo fracaso socialista

Antonio Lao | 3 de junio de 2019 a las 17:52

Escuchaba el lunes al secretario general de los socialistas, José Luis Sánchez Teruel, analizar los resultados de las elecciones locales y no daba crédito. Ni la más mínima autocrítica salió de su boca. Muy al contrario. Se jactaba de haber superado los 100.000 votos en la provincia, cifra que le llevaba a asegurar que estaban en el buen camino. En el buen camino ¿de qué?, me pregunto. Mantienen como grandes resortes Vícar y Níjar y algunos pueblos de menor entidad. El peso político que les queda, después de perder la Junta de Andalucía es poco menos que testimonial y no va más allá de la fuerza que Esperanza Pérez Felices y Antonio Bonilla ejerzan. Ambos han logrado arrancar triunfos de mérito que entiendo que tienen que ver más con la capacidad de liderazgo que ellos ejercen en sus municipios que en las siglas. Y eso que el PSOE está en línea ascendente desde las generales del 28 de abril. En la capital, los resultados de Adriana Valverde no han llegado a ser ni siquiera aseados. Viniendo de un triunfo hace un mes, no tiene explicación que mantenga los nueve concejales y no hayan sido capaces de arrancar ni un edil más. Y es que las cosas ya se torcieron en unas primarias que fracturaron el partido, un poco más de lo que ya estaba, y de una campaña que ha puesto de manifiesto cómo no se deben hacer las cosas. Ha sido un tiempo en el que veías una candidata y una lista que transmitía hastío, desencanto, tristeza. Era una comitiva en procesión de Viernes Santo, cuando sus contrincantes levitaban por las calles como si de la Feria de Agosto se tratase y acompañaran la caravana anunciadora del circo, equilibristas incluidos. Y luego está la división. La división que corroe las entrañas de un partido centenario. División que siempre ha convivido en el seno de una fuerza política acostumbrada a todo, pero que muestra en exceso a sus potenciales votantes las batallas que se libran en el interior. La imagen de la presentación de Adriana Valverde en el Gran Hotel, en la que no estaba el secretario general es de traca. Y luego la elección de candidatos. ¿De quién fue la feliz idea de recuperar a Rogelio Mena en Albox y ponerlo de cabeza de lista? ¿Cómo es posible que en El Ejido se mantenga de cabeza de cartel a quien hace sólo unos meses fue abandonado por parte de sus concejales? ¿Quién entiende que desde los años noventa no hayan sido capaces de pulir un candidato con carisma y liderazgo en Roquetas? ¿Nadie vio la que se avecinaba en Vera con la marcha de Félix López? ¿Quién permitió que el partido se troceara en dos en Vélez Blanco para también perder la alcaldía? Preguntas y más preguntas que me llevan a una sola respuesta: la necesidad de acometer una profunda renovación de cargos, de sanchistas y susanistas, de teruelistas, de nonistas, fernandistas y todos los istas que quieran y acabar con un enfermo terminal que necesita extirpar, con urgencia, todo lo gangrenado.

El color del mapa provincial

Antonio Lao | 27 de mayo de 2019 a las 13:29

Los almerienses están llamados hoy a las urnas para renovar los gobiernos de los 103 ayuntamientos de la provincia. También votarán en las elecciones europeas. Una cita no menos importante, pero que se observa desde la distancia. Aún no somos conscientes de la importancia que tienen para esta tierra las decisiones que se aprueban en Bruselas y su influencia real en la economía doméstica de los que aquí habitamos.
Pero volvamos a lo que de verdad provoca un enorme derroche de emoción, tensión sin límites y pasión desbordada, como si de una final de la Champion League se tratase y tu equipo tuviera al alcance de la mano la copa de campeón.
Almería decide hoy quiénes serán los alcaldes de nuestros pueblos los próximos cuatro años. Aquellos que tendrán la vara de mando para optar por una política u otra, aunque todos, sin excepción, tengan como norma fundamental la defensa de sus municipios y como objetivo mantener el estatus actual y, si es posible su crecimiento.
Si hace cuatro años la mayoría de las localidades se tiñó de azul, incluida la Diputación. Esta vez parece, sólo parece, que la batalla está más reñida y el rojo puede desbancar a quienes han tenido en sus manos los gobiernos de la mayoría de las localidades de Almería, en especial las de mayor población. A la fiesta se suman otros colores como el naranja, el morado y el verde, tratando de ser decisivos en muchos ayuntamientos, con lo que ello conlleva de diversidad, pero con riesgos serios de hacer ingobernables muchos de los municipios de esta provincia.
No es baladí lo mucho que se juega Almería en estas elecciones. Si miramos a Europa nos observan con lupa. El ascenso de Vox y sus políticas nos sitúa en el vórtice de un huracán que aumenta en peligrosidad en el misma medida que los votantes, en especial los de zonas agrarias, apuestan por el verde. Salvado este posible escollo, el resto de colores, con sus manifiestas diferencias nos sitúan en la normalidad democrática habitual, sin sobresaltos y sin miedos al “qué dirán”. La cuestión va a estar en las fórmulas que permitan gobiernos más o menos estables, en los que los presupuestos se apliquen, los proyectos salgan adelante y la convivencia entre los vecinos no se vea alterada por las batallas permanentes de aquellos que se sientan en los sillones municipales.
La decisión última la tienen ustedes, la tenemos nosotros, aquellos que hoy nos acercamos a las urnas tratando de buscar lo mejor para nuestros pueblos y ciudades. Sea cual sea el resultado final, si es importante votar, la mejor forma de expresar nuestra opinión. Nos la piden cada cuatro años y no es cuestión de dejarla pasar. La voz del pueblo, de los ciudadanos, debe quedar patente y clara. Y a partir de ahí conformar mayorías de gobierno.