Medio año de capitalidad gastronómica

Antonio Lao | 29 de julio de 2019 a las 16:54

He sido un firme defensor de que Almería fuera capital gastronómica en 2019. Lo seré hasta el final del “reinado”, en la creencia, mientras no me convenzan de lo contrario, de lo mucho que está aportando la nominación a la consolidación de la marca Almería como destino turístico gastronómico. Cierto es que escuchas hablar a quienes en teoría son los beneficiarios de la propuesta -hosteleros y restauradores- y parece que el adjetivo satisfecho aún no forma parte de su lenguaje cotidiano y sí atisban la queja y el lloriqueo lastimero como parte de su jerga habitual. En el fondo los puedo entender, pero muy en el fondo.
Me explico. Quienes pensasen que la Capitalidad Gastronómica iba a ser la panacea para la restauración de la capital  y la provincia debían estar soñando. Aquellos que la esperaban como un maná salvador, sin duda estaban errados.
En gastronomía y turismo, que es de lo que hablamos, como en otras tantas cosas, los logros y las metas se consiguen por el esfuerzo y el trabajo. Claro que la ayuda es necesaria, fundamental diría yo, pero ella por si misma ni es suficiente, ni nunca bastará. El Ayuntamiento hizo durante la precandidatura un enorme esfuerzo por lograr el distintivo y está haciendo este año, ya se ha cumplido la mitad, todo lo que está a su alcance para promocionar nuestros productos, no ya entre los que aquí habitamos, sino a nivel nacional e incluso europeo. Una promoción en la que la Diputación, a través de la marca Sabores de Almería, ha ayudado y mucho.
Bajo estas premisas y con datos en la mano, entiendo que la candidatura está revertiendo a la capital y a la provincia mucho más de lo que cabría esperar. La inversión no ha sido extraordinaria y lo que ha repercutido para los que aquí habitamos supera con creces lo gastado.
La ciudad necesitaba de una larga y prolongada campaña exterior que relanzase su imagen turística como capital acogedora, con excelentes playas y una gastronomía muy a tener en cuenta. Y el objetivo se ha conseguido. Otra cosa es que creamos que todo ya está hecho. Muy al contrario. Es el momento de iniciar una travesía, que ya hemos comenzado con un motor fuera borda de gran cilindrada como es la capitalidad, pero el devenir futuro pasa por no cejar en el empeño de la promoción y en seguir invirtiendo en darnos a conocer. Y el sector de la restauración y hostelería tiene que entender que la mejora y el futuro se gana insistiendo en perfeccionar lo que tenemos. No es una tarea fácil, lo reconozco, y entiendo que tampoco barata, pero es la única opción. No hay otras posibles, para alcanzar el objetivo marcado en rojo en el calendario, que no es otro que la capital y la provincia sean reconocidas en el exterior como marcas consolidadas en todo lo que tiene que ver con la gastronomía y restauración. Venir a Almería a comer debe ser un placer, no una exigencia.

Turismo de los astros

Antonio Lao | 22 de julio de 2019 a las 12:16

No nos cansamos de repetir el enorme potencial que tiene la provincia de Almería en materia turística. Lo que puede ser una obviedad y que pueden compartir multitud de destinos como el nuestro, incluso mejores, cobra mayor verosimilitud cuando las cifras y los hechos confirman tal aseveración.
Que más de trece mil personas hayan visitado en los últimos meses el observatorio astronómico de Calar Alto confirma lo que muchos vaticinaban y lo que sólo unos pocos no creían: el centro de la Sierra de Los Filabres tiene por delante, no sólo un futuro esperanzador como centro de investigación, líder en su género, sino que una de sus fuentes de financiación, ahora que los alemanes de Max Planck han cerrado el grifo, puede venir por aquí.
El turismo de las estrellas se ha destapado como una posibilidad cierta, con el control necesario, de ofrecer a aquellos que nos visitan una alternativa a lo habitual, a lo común. Una alternativa que los va a sacar del letargo en el que muchas veces caen quienes alcanzan la provincia, embelesados en el sol y la playa, sin buscar otras necesidades.
Casi de puntillas, sin alterar el karma, los amantes de las estrellas las pueden hallar a golpe de telescopio, en visitas que se alargan hasta entrada la noche. La posibilidad de mirar al cielo despejado de Los Filabres, en la oscuridad de la sierra y en el silencio del Calar es un lujo que está al alcance de casi todos, por un precio más que razonable.
No se trata de convertir el observatorio en el Everest de Almería, con largas colas en los accesos. Ni mucho menos. Pero si puede ser, a poco que se promocione, una alternativa más que óptima de las nuevas formas de entender el asueto vacacional.
Regreso al inicio. Destinos turísticos para disfrutar hay muchos, la mayoría excelentes en cualquier parte del mundo. Hoy lo que buscan aquellos que tienen la oportunidad de irse de vacaciones son elementos que los diferencien. Y ahí es donde encontramos el observatorio astronómico de Calar Alto. Una posibilidad que sólo la van a encontrar aquí y en otros centros de investigación similares al de la sierra almeriense, pero que se pueden contar con los dedos de una mano en el globo terráqueo.
La exclusividad, la diferenciación, el magnetismo de un lugar como observatorio almeriense se me antoja un aspecto a considerar por aquellos que gestionan el turismo en la provincia, para sumarlo como percha imprescindible en el chaqué o traje de fiesta que cada año confeccionamos para vendernos al mundo en multitud de ferias. Y a buen seguro que a la vuelta de unos años el potencial del que disponemos se verá recompensando con la llegada de muchos viajeros  ávidos de experiencias nuevas, que sólo pueden encontrar aquí, en la costa más desértica y exclusiva de Europa.

Precios de saldo para viajar en Talgo

Antonio Lao | 16 de julio de 2019 a las 9:35

Soy optimista por naturaleza. De ahí que valide el dicho de que “no hay mal que por bien no venga”. Viene esto a cuento de la agresiva política de la compañía Renfe con los precios del Talgo que nos une dos veces al día, en ambos sentidos, con la capital del reino. La presión mediática, reconozco que ha debido ser insoportable en determinadas ocasiones, ha llevado a la compañía ferroviaria a actuar de oficio y tratar de recuperar algo del prestigio perdido bajando precios y duplicando cabezas tractoras en el tren Talgo que nos acerca a Madrid cada día en tan sólo, y remarco el adverbio, siete horas. ¡Ahí es nada!
Aquellos en los que el tren forma parte de nuestro ADN, que lo hemos vivido como forma de transporte desde que tenemos uso de razón, nos duele al extremo la permanente dejadez a la que nos han sometido aquellos que nos gobiernan desde tiempos inmemoriales. Con la excusa de un AVE que sigue siendo una ilusión, dejaron hace ya muchos lustros de inyectar fondos en la línea hasta Linares, convirtiéndola más en una reliquia de bajo coste que en el símbolo de la modernidad y desarrollo de una provincia como la nuestra, innovadora, creadora de riqueza y emprendedora.
Ahora, cuando el número de pasajeros se ha reducido a la mitad en pocos años y cuando todos los usuarios abominan de la lentitud, las averías y la desidia hecha convoy, llega la compañía prestadora del servicio y nos va a permitir viajar hasta Madrid por el módico precio de 25 euros. La medida no es que llega tarde, es que llega a destiempo. No aporta mucho a un panorama desolador y de abandono, a veces pienso que premeditado por aquellos que ejercen el gobierno, para dejar morir de inanición lo que en su día, y tan sólo ha pasado algo más de un siglo, fue un símbolo de modernidad y compromiso. Un símbolo que hoy aquellos que ejercen el gobierno permiten con nocturnidad y alevosía dejarlo morir como si de un paciente terminal se tratase. Y es que no hay nada peor que tener soluciones y no aplicarlas. Engañar al paciente con falsas promesas que nunca llegan, para que el paso del tiempo sea el juez guillotinador, que sólo deja caer la cuchilla sin remedio de continuidad.
Y es ahí donde nos movemos, entre el quiero y no puedo infinito, que como el hampster gira en la rueda buscando una salida imposible. Y mientras permanecemos instalados en la sospecha de qué tren nos pueden quitar con la llegada del AVE a Granada o cómo presionamos para que el tiempo de viaje se reduzca en unos minutos que no van más allá de un titular de periódico. Porque al final, por mucho que nos duela, la realidad es tozuda, inflexible y rotunda: un tren del siglo XIX, para una sociedad avanzada del XXI, con infraestructuras obsoletas y material casi de desecho.

Agencia de asesores y colocación

Antonio Lao | 8 de julio de 2019 a las 11:16

Jamás pondré en duda el trabajo que realizan los asesores de los partidos políticos en las administraciones. Una ocupación, callada, silenciosa en todas las ocasiones y básica para el cometido de proyección, mantenimiento, corte y confección de las fuerzas políticas que nos representan. Algunos, sin embargo, se han empeñado en poner en duda la labor, bien remunerada por cierto, de aquellos que se pegan como lapas a alcaldes, concejales, diputados y demás fauna política. Un caso reciente lo tenemos en el primer edil de Albox. El sólo, con un concejal y los funcionarios, han sacado adelante el Ayuntamiento, dejando en evidencia a los anteriores gestores, hasta el punto de que los ciudadanos lo han premiado con una holgada mayoría absoluta en las urnas.

Todo un toque de atención para aquellos que osan buscar en la política el lugar perfecto para medrar y vivir una legislatura con menos sobresaltos que una tapa de panceta en una barbacoa. Recuerdo hace unos años como un diputado provincial del PP dejó su puesto a otro compañero tras las elecciones. No le importó mucho el relevo, pues tenía asegurado un puesto de asesor. Cuatro legislaturas después lo dejaba por jubilación. Algún dirigente del partido ironizaba con el caso, asegurando que no entendía como este hombre, gris y plano donde los hubiera, sin jamás elevar el tono de voz, callado, casi escondido entre bambalinas, había logrado sobrevivir y mantener el sueldo durante tantos años sin que nadie, ninguno de sus compañeros, reparara en él. Por lo visto cobraba cada mes de forma religiosa, sin fallo, aunque nunca se le vio en acto del partido, trabajo en una campaña y, lo que es más importante, en tarea alguna que tuviera que ver con el área a la que estaba adscrito. Vamos, un profesional del escaqueo.

Ahora nos encontramos con el anuncio del Partido Socialista de llevar a los tribunales la designación de asesores del Ayuntamiento. De los 27 que la ley permite, a los hombres y mujeres de Adriana Valverde el Partido Popular los ha “chuleado”, permítanme la expresión, al dejarlos sólo con tres. La respuesta ha sido inmediata: Grito en el cielo y denuncia al canto, a la espera de que se corrija el desaguisado, que los deja a ellos con escaso margen de maniobra, no sólo para el trabajo diario, sino para situar a aquellos peones que han quedado fuera del juego tras las municipales. Desconozco quién o quiénes han asesorado al alcalde en esta cuestión. Pero se ha equivocado. Del Ayuntamiento nunca debe hablarse por el reparto de cargos. Son cosas internas de las que el ciudadano toma nota y luego suele pasar factura. Bien haría en buscar cuanto antes un acuerdo, cerrar el caso y gobernar la ciudad. Los problemas que padecen los almerienses son mucho más importantes y nos acucian más que el futuro de unos asesores, ahora en paro, que presionan, un día sí y otro también con el conocido qué ¿qué hay de lo mío?

AVE a Granada, envidiamos mal

Antonio Lao | 1 de julio de 2019 a las 12:00

Un buen amigo, de esos que puedes contar con los dedos de una mano, dice que “envidia muy mal”. Desconozco realmente si cuando lo apunta en alguna conversación distendida, de las que tenemos de forma habitual, lo dice serio o si, por el contrario, no deja de ser una coletilla. Mis sensaciones me apuntan a que cuando lo afirma lo siente de verdad. Viene esta introducción inicial a la “envidia sana” que debemos sentir los almerienses al ver como nuestros vecinos granadinos disponen desde esta semana de un AVE que los une en poco más de tres horas con Madrid. Un AVE que también los trasladará en seis horas con Barcelona y antes del otoño en un suspiro con Málaga y Sevilla. Todo esto de forma directa, sin cambiar de convoy. Si el cambio se produce, las posibilidades se incrementan a Castilla y León y casi hasta Galicia. ¿Cómo lo ven ustedes? Como una envidia sana o debemos, como mi buen amigo, envidiar mal.
Sea una cosa u otra, lo cierto es que la pesadilla ha terminado para los granadinos, que de pronto se abren al mundo con un medio de transporte moderno, eficaz, limpio y, sobre todo, competitivo con el avión. Las posibilidades para Granada se multiplican de forma exponencial. La ciudad de la Alhambra disponía ya de un potencial turístico inmenso con la Alhambra o Sierra Nevada. Ahora el abanico se abre hasta el infinito. A la vuelta de unos meses, y no les quiero contar de unos años, la riqueza de nuestros vecinos y su entorno crecerá de forma exponencial, así como su PIB. Son tantas las posibilidades que sería prolijo enumerarlas todas.
En el contrapunto nos encontramos con Almería y unos trabajos que el Gobierno de Rajoy paralizó durante seis años y que el de Pedro Sánchez desbloqueó sobre el papel. Pero no nos engañemos, la realidad es tozuda. Tanto, que sería el primero en cantar las alabanzas de unos trabajos comenzados y unas máquinas en el tajo. Pero no es así. El presupuesto de 2019 no se ha aprobado y dudo mucho que se vaya a hacer. Luego está el de 2020, con un parlamento tan fragmentado que cada uno va a solicitar ‘lo suyo’ para sacarlos adelante. De tal manera que la cuerda volverá a romperse por el lado más débil, por el cabo más frágil, en la creencia de que una provincia como la nuestra puede aguantar aún unos años más sin el preciado medio de transporte. Y es que la fecha de 2023, que ya dije hace muchos meses que era una quimera, ahora se convierte en un imposible. Incluso la previsión más benigna, 2025, se me antoja difícil de cumplir tal y como están las cosas. Ojalá me equivoque y mañana deba desdecirme de lo escrito. Lo haría con todo el gusto del mundo, porque los almerienses, los que habitamos en esta esquina de España, serían los beneficiados. Aquellos que llevan más de un siglo esperando un maná en forma de buenas comunicaciones que no llegan.

Culpar al otro

Antonio Lao | 25 de junio de 2019 a las 11:38

Asumir errores en política no es un verbo que se conjugue con facilidad en los tiempos que corren. Aquí lo fácil es culpar al otro, echar balones fuera, esperar a que escampe y a otra cosa, en la esperanza de que el tiempo lo sana todo y ya vendrán nuevas oportunidades. Las elecciones municipales y las recientes tomas de posesión de alcaldes y concejales ha puesto a cada uno en su sitio, ha sacado lo peor y lo mejor de aquellos que forman nuestra cotidiana fauna política y ha vuelto a poner de manifiesto la incapacidad absoluta de entonar el mea culpa por parte de nadie. Vayamos por partes con algunos ejemplos que confirman la aseveración inicial. En Vélez Blanco la incapacidad de los socialistas para ponerse de acuerdo los llevó a una escisión que les ha costado la alcaldía. No sólo han antepuesto sus intereses particulares por encima de los de sus vecinos, sino que luego los odios personales han puesto al frente de la alcaldía al único concejal de Ciudadanos, que con 200 votos tiene ante sí el sueño y el reto de su vida. A poco que lo haga bien puede, como ha ocurrido en Albox, demostrar que la política va más allá de personalismos y está más cerca de la iniciativa, el criterio y la capacidad de trabajo y sacrificio. Y lo más preocupante es que los responsables provinciales, viendo lo que sucedía, han sido incapaces de retomar el diálogo y acabar con tan enorme disparate.
Culpar al otro como criterio de trabajo tiene en la capital el segundo ejemplo. Las tibias palabras del secretario de Organización local, Indalecio Gutiérrez, sobre los resultados de la capital, reflejan en toda su extensión la capacidad que tiene el ser humano para descargar en los demás y alejarse de cualquier asunción de culpabilidad. Escucharlo balbucear justificaciones debe ser motivo de estudio para los estudiantes de Política de cualquier universidad sobre lo que no se debe hacer si se pretende tener éxito en aquello que nos ocupa, que no es otra cosa que buscar la credibilidad ante aquellos a los que nos dirigimos, los que comulgan con su ideología y los que no. Y el tercero, y podríamos escribir un tratado sobre ello, lo encontramos en los dirigentes provinciales del Partido Socialista. Unos dirigentes que han ahuecado el ala desde las municipales, que ni están ni se les espera, más allá de felicitarse por los 100.000 votos alcanzados en la provincia. Cien mil votos ¿para qué?, me pregunto. No serán para gobernar la Diputación o cualquiera de los pueblos importantes de esta tierra. Porque si no recuerdo mal, y es una ironía, sólo disponen de Níjar y Vícar como grandes bastiones, Huércal Overa les ha tocado en la lotería por los enfrentamientos personales entre los dirigentes populares y de Ciudadanos y un puñado de pueblos pequeños, en los que sus alcaldes, esos sí, saben hacer política y de la buena. De la cercana, sin postureos y apariencias falsas.

Los compromisos de Ramón

Antonio Lao | 17 de junio de 2019 a las 12:06

Ramón Fernández Pacheco ha hecho méritos más que suficientes para ser alcalde de Almería y gobernar la legislatura con cierta holgura. Aunque deberá apoyarse en Ciudadanos o en Vox para sacar adelante los presupuestos, en el resto de propuestas para la ciudad no tendrá problema alguno para lograr, sino la unanimidad, si cómodas mayorías. Porque al final se trata de trabajar por el bien de la ciudad, por el crecimiento, el desarrollo y la proyección de una capital que tiene mucho camino recorrido, pero a la que aún le esperan tantos retos como necesidades. Complementos ambos que nos deben situar en lugar prominente a nivel andaluz y nacional en dos aspectos fundamentales: turismo y agricultura.
En una campaña casi perfecta, con diseño americano y compromiso con la ciudad, Ramón dejó en un segundo plano al partido y asumió el reto personal de dar la vuelta a unas encuestas en las que pintaban bastos. Mantener los resultados de su predecesor en el cargo lo consagra como uno de los valores en alza dentro del partido y le da derecho a un voto de confianza de la ciudad y  el PP para tratar de conducir, con riesgo calculado, los destinos de Almería los próximos cuatro años.
Pero la confianza también debe servir para mantener una gobernanza con criterio, alejada de sectarismos, cercana con los vecinos y comprensible con la oposición. Lo cual no significa que se sea tibio, pacato o excesivamente blando. Al contrario. El ejercicio del gobierno requiere de altura de miras, alejada del boato, el amansamiento y los pelotas de turno, pero sí firmeza en las decisiones. Contentar a todos es sinónimo de fracaso. Se trata, en definitiva, de buscar la eficiencia, la transparencia, la rendición de cuentas, la participación de la sociedad civil y el estado de derecho, que revelará la determinación del gobierno que conforme la semana próxima de utilizar los recursos disponibles a favor del desarrollo económico y social de la ciudad. La confianza no sólo debe quedar en un lema que ha calado en la ciudadanía, sino en la necesidad de avanzar en los grandes problemas que aún tiene la ciudad pendientes como son el desarrollo puerto-ciudad, la mejora de los accesos ferroviarios, la recuperación del casco histórico y la prestación de unos servicios acorde con los impuestos que se pagan. Y de la oposición se espera la coherencia y la visión de ciudad que corresponde con el lugar donde los han situado las urnas. Firmeza y flexibilidad, en paralelo con tratar de evitar las tentaciones de bloqueo que de forma permanente rondan por las cabezas pensantes y sesudas de aquellos que creen, de forma errónea, que cuanto peor mejor. Otra forma de hacer política es posible y los resultados de las municipales así lo avalan. Ramón, por su carácter, tiene la posibilidad de lograrlo. Que tenga le mejor de las suertes.

El tren averías

Antonio Lao | 11 de junio de 2019 a las 19:39

Parececlaro que desde el Ministerio de Fomento nos quieren tomar el pelo a los almerienses cuando de política ferroviaria se trata. Me explico. Comparto la valentía del subdelegado del Gobierno, Manuel de la Fuente,  al decir públicamente que las continuas averías del Talgo que nos une con Madrid son “intolerables”. Es posible que hasta lo hayan  reprendido o llamado la atención por la sinceridad con la que habla. Pero al final no dejan de ser unas afirmaciones que llegan por la presión, debe ser insoportable, de la sociedad y los medios de comunicación cuando un día sí y otro también conocemos nuevas averías de los convoyes que nos unen con Madrid. Cuando hechos similares han sucedido en Extremadura, por poner un ejemplo, desde el Ministerio que dirige José Luis Ábalos se han abierto investigaciones, que al final no conducen prácticamente a nada, pero de alguna manera calma los corazones soliviantados de miles de usuarios que se sienten ninguneados y pateados por un Gobierno que parece dar por bueno la existencia de ciudadanos de primera, los que tienen AVE y los otros.
Con ser denigrante la situación, se convierte en esperpéntica cuando técnicos de Renfe se reúnen con la Mesa del Ferrocarril y, sin anestesia previa, nos avanzan como gran solución la búsqueda, vamos a ver si la encuentran o no, de una locomotora de reserva que pueda aliviar, en parte, el triste espectáculo que aquellos que rigen nuestros destinos están ofreciendo a los que aquí habitamos. No queda ahí la incongruencia. A las muchas oídas se suma la posibilidad de hacer un estudio para conocer la posibilidad de reducir el viaje con Madrid algunos minutos. Un hecho que ya conocemos que es poco menos que imposible por el estado de la vía. Paños calientes y declaraciones vanas y huecas en un intento, como otras veces he explicado, de ganar tiempo en este Guadiana de las comunicaciones ferroviarias que nos preocupa y ocupa cada cierto tiempo.
La realidad, por más que nos duela y nos pese, y a ellos desconozco si les ocupa y les preocupa, es que estamos echando a los viajeros de un medio de transporte seguro, con más de un siglo de historia, en el que la evolución ha sido escasa, la inversión ínfima y el trato con Almería discriminatorio y vejante. Claro que siempre nos queda Granada. A finales de mes verá, por fin y me congratulo, su alta velocidad y nosotros, almeriensitos de a pie,  tendremos la oportunidad de viaje casi dos horas hasta la ciudad de la Alhambra y desde allí coger un AVE que en tres nos lleve hasta Madrid. Es posible que mientras nos toca la lotería de las obras ya adjudicadas y veremos a ver cuando comienzan, logremos reducir algo nuestro viaje con la capital del reino. Pero para ello primero han de ajustarse los horarios de los trenes que de aquí parten con los que salen de Granada. Si hay que esperar mucho, nuestro gozo en un pozo.

Nuevo fracaso socialista

Antonio Lao | 3 de junio de 2019 a las 17:52

Escuchaba el lunes al secretario general de los socialistas, José Luis Sánchez Teruel, analizar los resultados de las elecciones locales y no daba crédito. Ni la más mínima autocrítica salió de su boca. Muy al contrario. Se jactaba de haber superado los 100.000 votos en la provincia, cifra que le llevaba a asegurar que estaban en el buen camino. En el buen camino ¿de qué?, me pregunto. Mantienen como grandes resortes Vícar y Níjar y algunos pueblos de menor entidad. El peso político que les queda, después de perder la Junta de Andalucía es poco menos que testimonial y no va más allá de la fuerza que Esperanza Pérez Felices y Antonio Bonilla ejerzan. Ambos han logrado arrancar triunfos de mérito que entiendo que tienen que ver más con la capacidad de liderazgo que ellos ejercen en sus municipios que en las siglas. Y eso que el PSOE está en línea ascendente desde las generales del 28 de abril. En la capital, los resultados de Adriana Valverde no han llegado a ser ni siquiera aseados. Viniendo de un triunfo hace un mes, no tiene explicación que mantenga los nueve concejales y no hayan sido capaces de arrancar ni un edil más. Y es que las cosas ya se torcieron en unas primarias que fracturaron el partido, un poco más de lo que ya estaba, y de una campaña que ha puesto de manifiesto cómo no se deben hacer las cosas. Ha sido un tiempo en el que veías una candidata y una lista que transmitía hastío, desencanto, tristeza. Era una comitiva en procesión de Viernes Santo, cuando sus contrincantes levitaban por las calles como si de la Feria de Agosto se tratase y acompañaran la caravana anunciadora del circo, equilibristas incluidos. Y luego está la división. La división que corroe las entrañas de un partido centenario. División que siempre ha convivido en el seno de una fuerza política acostumbrada a todo, pero que muestra en exceso a sus potenciales votantes las batallas que se libran en el interior. La imagen de la presentación de Adriana Valverde en el Gran Hotel, en la que no estaba el secretario general es de traca. Y luego la elección de candidatos. ¿De quién fue la feliz idea de recuperar a Rogelio Mena en Albox y ponerlo de cabeza de lista? ¿Cómo es posible que en El Ejido se mantenga de cabeza de cartel a quien hace sólo unos meses fue abandonado por parte de sus concejales? ¿Quién entiende que desde los años noventa no hayan sido capaces de pulir un candidato con carisma y liderazgo en Roquetas? ¿Nadie vio la que se avecinaba en Vera con la marcha de Félix López? ¿Quién permitió que el partido se troceara en dos en Vélez Blanco para también perder la alcaldía? Preguntas y más preguntas que me llevan a una sola respuesta: la necesidad de acometer una profunda renovación de cargos, de sanchistas y susanistas, de teruelistas, de nonistas, fernandistas y todos los istas que quieran y acabar con un enfermo terminal que necesita extirpar, con urgencia, todo lo gangrenado.

El color del mapa provincial

Antonio Lao | 27 de mayo de 2019 a las 13:29

Los almerienses están llamados hoy a las urnas para renovar los gobiernos de los 103 ayuntamientos de la provincia. También votarán en las elecciones europeas. Una cita no menos importante, pero que se observa desde la distancia. Aún no somos conscientes de la importancia que tienen para esta tierra las decisiones que se aprueban en Bruselas y su influencia real en la economía doméstica de los que aquí habitamos.
Pero volvamos a lo que de verdad provoca un enorme derroche de emoción, tensión sin límites y pasión desbordada, como si de una final de la Champion League se tratase y tu equipo tuviera al alcance de la mano la copa de campeón.
Almería decide hoy quiénes serán los alcaldes de nuestros pueblos los próximos cuatro años. Aquellos que tendrán la vara de mando para optar por una política u otra, aunque todos, sin excepción, tengan como norma fundamental la defensa de sus municipios y como objetivo mantener el estatus actual y, si es posible su crecimiento.
Si hace cuatro años la mayoría de las localidades se tiñó de azul, incluida la Diputación. Esta vez parece, sólo parece, que la batalla está más reñida y el rojo puede desbancar a quienes han tenido en sus manos los gobiernos de la mayoría de las localidades de Almería, en especial las de mayor población. A la fiesta se suman otros colores como el naranja, el morado y el verde, tratando de ser decisivos en muchos ayuntamientos, con lo que ello conlleva de diversidad, pero con riesgos serios de hacer ingobernables muchos de los municipios de esta provincia.
No es baladí lo mucho que se juega Almería en estas elecciones. Si miramos a Europa nos observan con lupa. El ascenso de Vox y sus políticas nos sitúa en el vórtice de un huracán que aumenta en peligrosidad en el misma medida que los votantes, en especial los de zonas agrarias, apuestan por el verde. Salvado este posible escollo, el resto de colores, con sus manifiestas diferencias nos sitúan en la normalidad democrática habitual, sin sobresaltos y sin miedos al “qué dirán”. La cuestión va a estar en las fórmulas que permitan gobiernos más o menos estables, en los que los presupuestos se apliquen, los proyectos salgan adelante y la convivencia entre los vecinos no se vea alterada por las batallas permanentes de aquellos que se sientan en los sillones municipales.
La decisión última la tienen ustedes, la tenemos nosotros, aquellos que hoy nos acercamos a las urnas tratando de buscar lo mejor para nuestros pueblos y ciudades. Sea cual sea el resultado final, si es importante votar, la mejor forma de expresar nuestra opinión. Nos la piden cada cuatro años y no es cuestión de dejarla pasar. La voz del pueblo, de los ciudadanos, debe quedar patente y clara. Y a partir de ahí conformar mayorías de gobierno.