Una autovía entre dos siglos

Antonio Lao | 17 de septiembre de 2018 a las 12:56

La autovía del Almanzora es una enorme china en el zapato de la Junta de Andalucía. Una obra que ya en 1985 se planteó como uno de los objetivos de la la administración autonómica y que aún hoy, 32 años después, no es una realidad.
El entonces presidente Manuel Chaves (estuve con él en el autobús que inauguró el primer tramo) estaba convencido de que antes de que llegara el nuevo siglo los vecinos de esta comarca industrial dispondrían de la infraestructura. Hablamos de 1994. Han transcurrido 26 años de entonces y sólo están operativos 22 kilómetros de un proyecto que un día, aún no sabemos cuando estará terminado, debe unir ciudad de Baza en la vecina Granada con la autovía del Mediterráneo, en el término municipal de Huércal Overa.
Desde que la reivindicación de los vecinos fue atendida por la Junta nunca se habló de fechas. Sin embargo se dio prioridad a los tramos almerienses, en especial desde Macael hasta la A-7. La idea era que un sector pujante como el del mármol acabara de una vez de estar limitado por una vía mejorada con los años (Redia del Almanzora se llamó), pero más cercana al siglo XIX, que al XXI que se avecinaba.
Cuando los presupuestos de la Junta se provincializaban, año tras año encontrábamos partidas residuales, aquellas que tratan de evitar las críticas, pero que no dejaban de ser cantidades pírricas que sólo servían para la redacción de un proyecto o para la licitación de alguno de los múltiples tramos en los que el proyecto se había dividido.
Es bien cierto, no se puede obviar, que la presión empresarial, en especial de aquellas empresas que mantienen un alto nivel de empleo en la comarca, ha servido para que a lo largo de este tiempo se hayan ejecutado 22 kilómetros. Un número a todas luces insuficiente y que se ha logrado casi a sangre y fuego de aquellos que reclaman el trazado.
Entiendo que los últimos diez años no han sido los mejores para las obras públicas. La crisis ha hecho mella en las arcas de todos, en las de la Junta también. Pero lo que no se puede, o al menos no se debe, es engatusar a aquellos que reclaman obras un año si y otro también y luego dejar transcurrir el tiempo sin máquinas en el tajo.
Cierto es que en la Comunidad Autónoma es posible que haya otras vías más necesarias, otros proyectos más acuciantes. Pero no lo es menos que una comarca como la del Almanzora necesita del estímulo de la administración para continuar el desarrollo que le permite una industria como la del mármol y un sector como la piedra natural, en el que está asentado uno de los líderes mundiales, como es Cosentino. No se puede si se debe poner en riesgo a empresas de este calibre porque las carreteras no sean las adecuadas. No se lo perdonaríamos.

Esperando al ministro Ábalos

Antonio Lao | 10 de septiembre de 2018 a las 18:24

El AVE entre Almería y Murcia fue la china en el zapato del Gobierno de Mariano Rajoy y amenaza en transformarse en una roca en el Ejecutivo de Pedro Sánchez. Aquí, en la práctica, ya no se tolera nada, cansados como estamos de promesas vacías y anuncios guadianescos.
La portavoz del PSOE en el Congreso de los Diputados, Adriana Lastra, anunciaba, en una entrevista concedida a Diario de Almería a finales de agosto, la inminente visita a la provincia del ministro de Fomento, José Luis Ábalos. A la espera de cerrar agendas, la visita del responsable de las obras públicas del Estado debe suponer que se disipen todas las dudas y heridas que el AVE tiene abiertas con esta tierra.
Si ya me era complicado creer al PP y al ministro De la Serna cuando ponía como fecha 2023, ni se imaginan el ejercicio de fe que tengo que practicar ahora para albergar alguna esperanza con el nuevo Gobierno. Y es que antes había presupuestos, que no contemplaban una sola partida, pero en la programación plurianual se nos juraba y perjuraba que existía el proyecto. Entiendo que la planificación sigue estando ahí. Lo que todavía no vemos es la confirmación del ministro. Su visita a Almería y lo que los socialistas siempre han pedido, y a lo que me sumo, es poner en negro sobre blanco las fechas, con partidas anuales hasta su conclusión.
Entiendo que con una pírrica minoría en el Congreso, con un presupuesto de 2019 en el limbo y con multitud de frentes abiertos, el AVE de Almería puede esperar. Pero no comparto que aquellos que vivimos en la esquina seamos siempre los últimos y, ni mucho menos, que aquellos que tanto han criticado al Gobierno del PP por los retrasos cominecen ahora a acumularlos, aunque quieran partir de cero. No es admisible y tampoco debe ser tolerado por los que aquí habitamos.
En más de una ocasión he expresado mi opinión con respecto al AVE de Almería. Los trámites deben acelerarse. Todo lo que sea ir más allá de 2023 ya era antes una tomadura de pelo. Si se dilata el adjetivo se lo pueden poner ustedes. La estación debe permanecer donde está y la doble vía es innegociable. Puedo entender que en un principio haya tramos con una, pero la plataforma que se ejecute debe prever que la segunda sea una opción cuando se necesite, aunque pasen 50 años.
Creo que la Mesa de las Infraestructuras, algo blanda en los últimos años, debe recuperar su fortaleza y la Mesa del Ferrocarril insistir en sus planteamientos iniciales. Aquí no se trata de que gobiernen unos u otros. La idea es mantener la presión en defensa de las infraestructuras de esta provincia, unas infraestructuras demandadas en el tiempo y a las que los sucesivos gobiernos les dan largas cambiadas, a la espera de que la fuerza del toro amaine con el paso del tiempo de la lidia y mantener el tipo.

La Feria y su futuro

Antonio Lao | 3 de septiembre de 2018 a las 11:49

Concluida la Feria toca su análisis. Como cada año la semana posterior nos envolvemos en el papel celofán de las declaraciones positivas y de las críticas más feroces. Todas, claro está, tienen un sesgo político indudable, lo que ya de antemano las invalida en parte. Nadie, o casi nadie, es capaz de hacer un examen sosegado, en el que se pongan encima de la mesa los aciertos, los errores y, sobre todo, donde se puede mejorar y cómo.
Son ya varios los ejercicios en los que, en caliente, unos y otros anuncian comisiones en las que las tormentas de ideas puedan dar con la pócima del éxito y de un futuro esperanzador y asegurado. Todo puro espejismo, que con el paso de los días se diluye, se olvida, se guarda en un cajón y hasta el año próximo, en el que nos encontraremos más de lo mismo.
La Feria que acaba de terminar no ha sido un desastre como la califican unos y tampoco la mejor de los últimos años como tratan de hacernos creer otros. Vayamos por partes: los conciertos han tenido un notable nivel, así como una asistencia masiva. Un éxito, aunque el recinto en el que se celebran no es el mejor posible para este tipo de eventos; la Feria del Mediodía sigue anquilosada. Sólo cinco ambigús dificultan su expansión, a la vez que contribuye al estancamiento; el regreso de los caballos al Paseo y las actividades para los niños han sido todo un acierto; en los horarios es necesario mejorar. No se cumplen, aunque es comprensible que entre tanta actividad se sufran cambios y cancelaciones; la Feria de la Noche, la que ha sido la estrella por excelencia de los festejos de la capital padece un imparable declive. Y lo que es peor, parece que nadie hace nada por evitarlo. Las habituales atracciones y los puestos de comida y tómbolas mantienen el ambiente hasta la media noche y poco más. Las casetas familiares han pasado a la historia y las grandes megadiscotecas efímeras feriales, con precios altos, invitan a los jóvenes a hacer un macrobotellón en el margen del río Andarax. O nos ponemos las pilas o cerramos un ciclo centenario que agoniza.
¿La solución? Compleja.

Pero si sirve para algo yo apunto la posibilidad de que el Ayuntamiento asuma la construcción permanente de un número determinado de espacios, pequeños, de no más de 200 metros cuadrados, que se los ceda a asociaciones y distintas instituciones de la ciudad para su explotación. Eso si, debe existir el compromiso, inequívoco e inviolable de precios razonables y volumen de música adecuado. Puede ser un primer paso para recuperar las casetas familiares de la noche y a la vez la Feria abierta, que nos ha caracterizado siempre. Otra solución se me antoja compleja y poco viable, dado el precio sonrojante que montar una caseta supone para aquellos que quisieran formar parte del evento, pero que no disponen de fondos para hacerlo.

El centro de la ciudad y el desierto comercial

Antonio Lao | 27 de agosto de 2018 a las 10:54

El centro de la ciudad se muere. El lento gotear del cierre de viviendas y negocios acabará por convertirlo en un desierto comercial que todos lamentaremos. Al final, cuando la situación sea irreversible, nos preguntaremos qué pudimos hacer para evitarlo. Mientras tanto, aquellos que tienen en sus manos revertir la situación no van más allá de la denuncia pública, de culpar al otro o de repartir unas migajas económicas en ayudas, que no sirven ni de cuidados paliativos. Tan sólo un pequeño fogonazo informativo, y poco más. El final de la renta antigua ha sido la estocada definitiva de los centros históricos de las grandes ciudades. Los propietarios de locales, la mayoría heredados, siempre creyeron en ellos como un modo de vida parasitario. Ya saben: “el local el mío. Pido por él una millonada en alquiler. Y que trabajen otros para que vivir de las rentas”. Un gran error permitido por la sociedad actual y una cortedad de miras apabullante y escalofriante, que nos sitúa al borde del abismo.
No quiero entrar en señalar culpables. Ese no es el objetivo. Si bien es cierto que las administraciones competentes han hecho poco o nada por buscar soluciones a la despoblación del centro. No ha habido apoyo económico a aquellos que buscaban comprar y rehabilitar viviendas. Se olvidaron de los pequeños comercios, del empleo que generaban y de la vida que irradian al entorno. Y luego está en envejecimiento paulatino de la población y la creencia, generalizada, de que una casa en el centro es una especie de gallina de los huevos de oro para vivir hasta el infinito y más allá del sudor de otros.
Una concatenación de errores, que ahora empezamos a sufrir con crudeza, cuando paseamos por los cascos históricos. Gran parte de las casas están cerradas, muchas de ellas en un proceso de deterioro brutal y, lo que es más preocupante, calles vacías y sin vida, ante la indiferencia de los que las transitamos y la inanición de aquellos que tienen en su manos arbitrar medidas para curar la enfermedad terminan que padecen.
Así las cosas siento envidia sana de caminar por ciudades en las que sus responsables vieron el problema a tiempo, buscaron soluciones y lo van atajando en la medida de las posibilidades reales que tienen que, en los tiempos que corren siempre son limitadas. Ha llegado la hora, por tanto, de tratar de reinventarnos, de buscar el retorno de los que se fueron con ideas creativas, con ayudas razonables y con apuestas decididas por la recuperación de un centro capitalino que se apaga si nadie lo remedia. Nadie dijo que la apuesta sea fácil, pero lo que si creo es que es posible, real y necesaria. Y no es cuestión de una sola administración, la tarea es de todos porque el objetivo debe ser común. Dar palos de ciego o ir por libre nos encamina al irremediable fracaso. Trabajar unidos no será sinónimo de éxito.

Desarrollo industrial y medio ambiente

Antonio Lao | 16 de agosto de 2018 a las 11:16

Lo definía a la perfección el responsable de Finzanas y Agricultura de este periódico, Elio Sancho, el 20 de julio: Cambio de reglas de juego en mitad del partido. La denuncia de los empresarios del mármol, respaldada por los presidentes de la Cámara de Comercio, Diego Martínez Cano y de Asempal, Pepe Cano, venía a poner en jaque la postura del Departamento de Minas de Almería, dependiente de la Delegación de Conocimiento y Empleo, al modificar el criterio en la aplicación de la normativa sobre garantías financieras de restauración de las explotaciones de las canteras en la Sierra de Macael. A juicio de los empresarios, cuando se diseñó el Plan Global de Restauración, allá por 2015, se contabilizaba en unos 18 millones de euros el coste y se determinaba un coeficiente en función de las toneladas de mármol extraídas por parte de las empresas. El objetivo no era otro que recuperar la sierra y devolverle su estado original, tanto de las canteras afectadas por la explotación como las agotadas en años anteriores.
La administración autonómica no es de la misma opinión. El delegado restó alarmismo a la situación descrita por los empresarios y negó que se pueda poner en riesgo la supervivencia del sector del mármol como tal y los más de 1.200 empleos que el sector aseguran están en serio riesgo. La intención de la delegación de Conocimiento no es otra, según explica Miguel Ángel Tortosa de que “haya fondos suficientes para acometer la restauración de la sierra de Macael cuando cesan las explotaciones de mármol”. Un planteamiento, parece, tan coherente como el expresado por los empresarios.
Vistos y analizados ambos, aquí se ha producido, para empezar, una falta de comunicación que raya o bordea lo tolerable en estos casos. No parece coherente que el sector, cuando observa lo que está sucediendo, no busque reuniones con Minas para eliminar de un plumazo los problemas suscitados. No le anda a la zaga la Junta de Andalucía, que consciente del riesgo en el que se pone la incipiente recuperación de un sector empresarial clave para esta provincia, no urda y establezca las condiciones necesarias para restablecer la confianza empresarial y evitar riesgos y tensiones innecesarias.
El mármol y su industria son vitales para la economía de esta provincia. Poner en riesgo al sector debe ser el último argumento al que se debe aferrar la administración para cumplir sus compromisos. Y estos deben entender, y debe quedar claro, que la restauración medioambiental de la sierra no es un capricho o una cabezonería de la Junta. En las sociedades modernas y avanzadas compaginar el medio ambiente con el desarrollo industrial no solo es necesario y aconsejable, sino exigible. Atrás, por fortuna, quedaron los tiempos en los que el rompía no pagaba y además acababa dejando esparcidos los tiestos.

La fortaleza del campo

Antonio Lao | 23 de julio de 2018 a las 11:04

La superficie de producción, invernada y al aire libre, en la campaña agrícola 2017-2018 ha sido de 54.899 hectáreas, un 1% menos. El volumen de producto producido suma 3.602.253 toneladas, con un descenso prácticamente inapreciable del 0,5%, debido a las condiciones climáticas. Las cotizaciones han evolucionado con ciertos altibajos, aunque la media ha estado en los 0,60 céntimos de euro por kilo, en torno a un 12% menos que en la campaña precedente. Aunque si se toman como referencia las tres últimas se observa que los precios se mantienen estables. El valor de la comercialización, sin contar con los flecos que supone la sandía y el melón, se ha situado en los 2.800 millones de euros. Aunque las exportaciones también muestran una tendencia descendente, en torno al 11%, lo cierto es que se viene de un año excepcional en cuanto a precios, por lo que parece complejo que se mantuvieran en este nivel.
Estas son las frías cifras. Un conglomerado de números que al lector le pueden llevar a mirarlas con optimismo, atendiendo a la capacidad que tiene nuestro agro de mantenerse en la cima, liderando la producción de hortalizas de este país con destino a Europa. También habrá aquellos que miren los datos y les quede un regustillo amargo, sobre todo, si son los que en la campaña anterior vieron como sus arcas se llenaban con unas cotizaciones récord.
La realidad es que ni una cosa ni la otra. Aquí debemos ser tan fríos como uno de los primeros alcaldes de nuestra vecina Lorca, cuando inauguraba la Feria del Porcino de la comarca. Al ser interrogado por el número de cabezas de cerdos que había en la zona respondía con un lacónico depende.
– ¿Cómo que de depende?, insistieron los periodistas.
-Sencillo, argumentó el primer edil. Si es para obtener ayudas de Europa, un millón. Si es para pagar a Hacienda, 200.000 y la realidad es que habrá en torno a las 500.000. En el caso que nos ocupa ocurre algo similar. El agro almeriense disfruta de buena salud, aunque las cosas se puede y se deben de hacer mejor. Pero la realidad, siempre tozuda, muestra que mantenemos intacta nuestra capacidad de producción y que somos los únicos capaces de producir con garantías de nuestro entorno. Nos hemos adaptado, con éxito, a todos y cada uno de los retos que se nos han planteado y se trabaja en superar las dificultades derivadas de la escasez de agua y de nuestros competidores. La fuerza del campo almeriense es incuestionable, pese a los agoreros y aquellos que parece que sólo tienen en la vida la misión de hacer de plañideras, en la idea de que es la fórmula para atraer ayudas o inversiones. Error. Aquí se trata de ir por delante de los demás, aplicar las nuevas técnicas de cultivo y competir para permanecer en la cima. Lo demás es una pérdida de tiempo.

Falcones en Diario de los Libros

Antonio Lao | 16 de julio de 2018 a las 11:42

Ildefonso Falcones, autor de La Catedral del Mar y Los Herederos de la Tierra, entre otros aclamados títulos, ha pasado esta semana por Diario de Los Libros, la apuesta de Diario de Almería con la que pretendemos cada trimestre, cada dos meses si fuera posible, traer a esta provincia a los mejores escritores del panorama nacional e internacional para que nos presenten sus obras y nos hablen de Literatura. Una posibilidad, pienso que única, para intercambiar ideas, en la que conozcamos de primera mano a aquellos que nos sumergen y nos trasladan a otros mundos, a otros escenarios, a otras épocas. Queremos aportar a la ciudad, y esperamos conseguirlo con su apoyo, un foro literario, un espacio en el que la cultura de los libros lo inunde todo.
La presencia de Falcones ha supuesto un paso más en esa apuesta de la que en alguna ocasión les he hablado. Un periódico, además de poner en la calle cada día los hechos que acontecen en la ciudad, la provincia, la región o el país, es un intento por participar en la vida de aquellos a los que se dirige. El autor de La Catedral del Mar no defraudó a sus seguidores, que son legión. Con el libro llevado a la pequeña pantalla en ocho capítulos, fueron muchos los que acudieron a la cita en el Teatro Apolo para deleitarse de una obra que ya leyeron y que ahora, en Los Herederos de la Tierra, tratan de buscar la misma complicidad. Una continuación con matices del primero. Pero incluye sólo algunos guiños e inserta nuevos personajes y se sumerge en el mundo del vino, sin olvidar el ansia de libertad, el sufrimiento que la vida siempre lleva aparejado y el triunfo de la razón, de la constancia y del trabajo. Sueños que cualquiera de nosotros hoy, siete siglos después, mantenemos como prioritarios y vivos, en la construcción de nosotros como personas y de las ciudades y sus pueblos como forma perdurable de vida.
Las novelas de Falcones logran sumergirte en la historia. Te trasladan a mundos que desconocemos, pero en los que la lucha por la supervivencia, como en la actualidad, es el eje sobre el que se mueve la vida.
Leyendo sus libros cada día entiendo más a Don quijote de la Mancha y su locura sobrevenida por la constante lectura de ejemplares de caballería, tan habituales en el siglo XVI. Cuando te zambulles de lleno en sus obras hay algo que te impide cesar en la lectura. El afán de continuar para conocer el desenlace de la historia es como un imán que te atrapa. Un lazo que te une a los protagonistas y llegas a sufrir las desdichas, a ser feliz con sus alegrías o a temer lo peor en caso de desenlaces, digamos que no deseados. Y es ahí donde, bajo mi punto de vista, radica el éxito de un libro: en la capacidad que tiene de seducirte hasta extremos quijotescos, en los que si te descuidas caminas al excelso abismo de confundir la realidad con la ficción.

El contador del AVE

Antonio Lao | 9 de julio de 2018 a las 18:06

Las hemerotecas desnudan a los políticos. Son el mejor de los argumentos para desvelar las “mentirijillas” de aquellos que un día sí y otro también quieren hacernos comulgar (a los ciudadanos) con ruedas de molino. Todos, sin excepción de partidos, han sido cazados por sus frágiles argumentos y sus críticas de conveniencia. Entienden que es necesario de forma permanente mover el árbol, en la creencia de que aquellos que los escuchan asienten con sus veleidades, su inconstancia y sus ligerezas. Tres términos para definir lo mismo: la nada. Dentro de la veleidad de la que hablo nos encontramos como el Gobierno de Pedro Sánchez tardó un suspiro en aceptar como propios los presupuestos del Estado que unos días antes había rechazado a Mariano Rajoy sin ruborizarse lo más mínimo. Pues bien, en esta dinámica nos encontramos con la información que desvelaba el redactor jefe de Diario de Almería, Iván Gómez, el pasado martes, en la que daba cuenta de la “avería” que había sufrido el reloj que los socialistas habían instalado en su web, en la que daban cuenta de los días que esta provincia lleva sin obras del AVE. Una excelente idea para el desgaste del adversario cuando estás en la oposición y un hierro candente cuando gobiernas. Sólo la permanencia del concepto achicharra al más pintado y lo deja a los pies de los caballos entre los suyos. Y hete aquí que aquellos que tanto han peleado, y con razón, porque las obras del AVE que un día nos debe unir con Murcia, se han visto atrapados en su crítica, sin saber como salir con dignidad de ella. Digo yo que el famoso reloj era tan válido cuando gobernaba el PP que ahora que gobierna el Partido Socialista. Al final los días siguen pasando y las obras de esta necesaria infraestructura permanecen durmiendo el sueño de los justos, con la fecha de 2023 ofrecida por el ministro De la Serna y que casi todos dieron por buena. Y ahora, lamentablemente, nos movemos en la indefinición de un ministro que tiene tantos frentes abiertos que todavía desconocemos sus intenciones para con esta provincia. La reivindicación de esta tierra sigue siendo la misma. En los tiempos de De la Serna y en los tiempos de José Luis Ábalos. La única diferencia es quien gestiona los fondos. A nosotros como almerienses eso debe ser lo que menos nos importe. Ya echo de menos a aquellos dirigentes del PSOE de Almería que antes se les llenaba la boca pidiendo doble vía y celeridad en los trabajos haciendo lo mismo con sus compañeros de gobierno. Se trata de credibilidad, de coherencia, de un argumentario sólido. Otra cosa, y tengo serias dudas, es que nos vamos a encontrar con lo de siempre. Cambios de opinión, vestidos con las mejores galas, para intentar convencernos de la nada. No lo admitimos con el gobierno del PP y tampoco lo haremos con el Gobierno del PSOE. El AVE con Murcia es una necesidad por encima de las ideologías.

Las primarias de Pérez Navas

Antonio Lao | 2 de julio de 2018 a las 12:23

Adriana Valverde ganó con holgura las primarias del PSOE de la capital y será la candidata a la alcaldía de esta fuerza política. El hombre del aparato provincial, Juan Carlos Pérez Navas, ya no es, ni siquiera, concejal y se dedicará lo que le queda a la legislatura al Senado. Después, ya veremos.
Esta es la incuestionable realidad. Pero en todo el convulso proceso que ha vivido el socialismo almeriense en los últimos meses, las primarias por la alcaldía de la capital han sido la culminación de una serie de despropósitos, de una lucha cainita por el poder y, lo que es más triste, una batalla del susanismo y el sanchismo por el control de la capital, ahora más acentuada y más cruel, cuando unos gobiernan la Junta y los otros el país. En todo este proceso Juan Carlos Pérez Navas, hasta ahora el gran superviviente del socialismo provincial desde los tiempos de José Antonio Amate y Tomás Azorín, ha sido el gran perdedor. Esto no significa que todavía, hasta las elecciones generales, no mantenga cierta chance para permanecer dentro del núcleo de los elegidos, pero debe ser muy fino en su devenir futuro si, de verdad, pretende mantener alguna aspiración dentro de la estructura provincial. Y es que confiado en el triunfo de Susana Díaz en las primarias socialistas y cercano a dirigentes de la federación andaluza, el que siempre fue uno de los hombres de Amate, Azorín y Fernando Martínez en la provincia, apostó por la presidenta de la Junta y perdió. Nunca querido por los susanistas de esta tierra, sabedores de su cercanía con el sanchismo, se encontró en tierra de nadie. Trató de nadar sólo, con apoyos de toda la vida como Níjar o Vícar y afrontó lo que nunca había hecho: ir a por la secretaría general del partido. Error de incalculables consecuencias, pues frente al aparato y frente a los “guerristas” de toda la vida era una batalla perdida. El lo supo después de dar el paso. Quien controla el poder de la administración controla el partido y quienes viven para derrocarlo son capaces de sacar al día 48 horas para lograr sus objetivos. La batalla por la agrupación local, un premio menor, fue igualmente desigual. El sanchismo rearmado con Pedro Sánchez en Ferraz, conocedores de todos los resortes, no dieron opción a un candidato arropado por el provincial, que era sólo eso un candidato, no su candidato. Y volvió perder.
Y la última y más dura derrota ha sido el proceso de primarias de la capital. Antes de encabezar la lista del susanismo sabía que perdería y así se lo dijo a muchos de sus íntimos. Aquellos que decían que lo apoyaban hicieron lo justo en una campaña sucia, de las más enfangadas que se recuerdan, en la que poco tenía que hacer. Muchos a los que creía que representaba no lo querían, vamos que ni le hablaban. Y sus contrincantes, cosas de la vida, eran sus amigos de siempre, los que lo han mantenido casi dos décadas.

Ahora llegan las prisas y seis años de espera

Antonio Lao | 26 de junio de 2018 a las 12:50

ASEMPAL, la patronal de los empresarios de Almería ha tardado menos de 24 horas en urgir al nuevo Gobierno socialista, y en particular al ministro de Fomento, José Luis Ábalos y a la ministra de Medio Ambiente, Teresa Ribera, a que cumplan los compromisos adquiridos con anterioridad por el ejecutivo de Mariano Rajoy con esta provincia, en especial en lo relativo al AVE que nos debe unir con Murcia, a la rehabilitación de la estación de Renfe, paso a nivel de El Puche y la innegociable necesidad de que esta tierra acabe, de una vez y para siempre, con la endémica escasez de agua. No han sido los empresarios los únicos en meter presión al nuevo ejecutivo de Pedro Sánchez para que se pronuncie sobre los problemas hídricos y de infraestructuras de esta tierra.

El lunes 11 de enero el alcalde de la ciudad, Ramón Fernández Pacheco, remitía sendas misivas a los ministros que tienen capacidad para resolver las carencias que aún hoy padecemos. Les insta el primer edil a que lo reciba, con la intención de que le expliquen qué va a pasar con los proyectos que la ciudad tiene pendientes y que, tras el cambio de gobierno, han quedado, digamos que en el limbo.
Desde aquí me gustaría hacer algunas acotaciones o apuntes a ambas peticiones. Como primera premisa, y creo que no soy sospechoso de no defender con uñas y dientes la necesidad de dotar a esta tierra de las infraestructuras de las que aún hoy carecemos, quiero decir que los planteamientos de ambos dirigentes, empresarial y alcalde, son de lo más coherentes y los suscribo. Si hasta ahora he defendido la necesidad de alejar de esta provincia el fantasma del olvido, de la lejanía y de la distancia, un síndrome que nos atenaza desde tiempo inmemorial, no seré yo quien ponga una sola traba a la reivindicación. Muy al contrario, me sumo a ellas con vigor, con responsabilidad y con un grado de coherencia en la persistencia, del que me siento especialmente orgulloso. Aquí lo importante no es quien gobierne, sino que se asuman las necesidades de Almería.

Dicho esto, si quiero hacer una pequeña glosa. Y es la celeridad con la que ambas organizaciones, patronal y ayuntamiento, han salido a los medios pidiendo que el nuevo gobierno cumpla con Almería. Comprendo y hasta puedo compartir que estamos otra vez con serio riesgo de comenzar de nuevo en la reivindicación, pero no logro entender, y miren que he tratado de buscar una explicación, cómo sin que ninguno de los ministros haya tenido la oportunidad todavía de calentar la silla, -aún no han nombrado ni secretarios de Estado- ya tienen sobre la mesa la reivindicación. La prudencia, la finezza, me dice que habría que haber dado algunos días, semanas, cien días quizá, para iniciar la ofensiva. Una ofensiva, y lo he escrito en otras ocasiones, que he echado en falta en otros momentos.