El agua, un arma de solidaridad

Antonio Lao | 25 de junio de 2013 a las 11:39

No vale todo con tal de arañar un puñado de votos. Si rompemos las reglas de juego, la situación de normalidad, sin excesos, en la que nos movemos, se puede tornar en desagradable, preocupante y, me atrevería a decir, que peligrosa.
La caja de los truenos la ha abierto el alcalde de Vícar y presidente del PSOE, Antonio Bonilla, pidiendo como secretario general de su partido en su pueblo, que la capital deje de esquilmar los acuíferos del Poniente, lo que equivale en la práctica a dejar de bombear agua de esta zona la ciudad. Abierta la veda, como abejas, que no ovejas, han seguido a su reina los secretarios generales de La Mojonera, Roquetas y también ha intervenido el PSOE de la capital.
Parece como si el tiempo no hubise transcurrido. No puedo creer que aquellos que hace dos días estaban pidiendo trasvases de otras cuencas, ahora se atrevan a poner en entredicho una labor de solidaridad entre pueblos, que lleva vigente decenios y de la que hasta ahora ha habido pocas quejas y ha sido satisfactoria.
Almería y sus gentes son solidarias. Saben del valor de una sola gota de agua y de su rentabilidad. Los que aquí habitamos conocemos, mejor que nadie, que el agua es un tema muy delicado y complejo.Una vez que se prende la mecha, es imposible de apagar. Pues aún así, desconozco al lumbrera que se le ha ocurrido, desde el PSOE del Poniente se ha comenzado a agitar la pólvora de los Pozos de Bernal, creyendo que puede ser un granero de votos no explotado. En materia de agua bien podrían todos los partidos políticos, y los socialistas en particular -ahí está la herencia de la ministra Narbona, con desaladoras costosísimas de hacer y con un agua a precios de oro-, tratar de hacer política con otros problemas, que sin duda los ha, y no este incendiario.
Esta provincia no necesita agitadores del agua, al igual que tampoco salvapueblos o iluminados que hacen de la necesidad de mantenerse o de recuperar lo perdido una virtud a lograr, al precio que sea.
No es el camino y los ciudadanos no deben caer en el error del cortoplacismo y la escasez de miras, que no van más allá de las fronteras del término municipal, para seguir pensando, como lo han hecho hasta ahora, en ayudar a aquellas localidades que lo necesiten, sin colores políticos, y si preñados de solidaridad.
Esto no significa, claro está, que el agua no se pague a un precio justo y que revierta en mejoras para aquellos lugares de los que se extrae. A partir de aquí, insistir en criticar todo acto que conlleve incendiar el agua y abanderar una guerra política que no nos conduce a nada, a los socialistas, muy perdidos, tampoco.


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