Trnes del siglo XXI, vías del XIX

Antonio Lao | 5 de agosto de 2013 a las 11:20

Una respuesta parlamentaria ofrecida por el Gobierno a un senador socialista asegura que los trenes que circulan por las vías de la provincia, hasta Sevilla, Madrid o Barcelona, pueden alcanzar los 160 kilómetros por hora.
Desconozco si el que la firma estaba actuando en un monólogo y buscaba provocar la risa de la platea osi, por el contrario, lo dice convencido de sus palabras y con datos que lo corroboren. Si se trataba del primer caso, podíamos seguir con la guasa, tomarnos unas copas en una terraza de verano, al fresco y con la brisa del Mediterráneo, rasgando nuestros cuerpos y dejarlo como una anécdota estival o, como si dice por aquí, una coña marinera. Si por el contrario, el autor de la respuesta, cree en lo que dice es para echarse las manos a la cabeza y pedir que su superior, a no tardar mucho, firme su inmediato cese. No se puede jugar con las palabras y los argumentos para componer una media verdad que, al final, se convierte en una mentira.
A saber: los trenes que recorren las vías de la provincia, los que nos unen con Sevilla y Madrid, es cierto que pueden alcanzar la velocidad que se afirma en la respuesta. Pero, todos sabemos y el que redacta también, que las vías que tiene esta provincia son del siglo XIX, railes asentados en bases anticuadas, curvas con más grados que un güisqui escocés y pendientes de hasta el 12%, que impiden a cualquier máquina de tren, por moderna que sea, ir en muchos de los tramos a más de 50 kilómetros por hora. Esa es la realidad con la que nos encontramos los que todavía usamos el tren para viajar y los que somos capaces de aguantar siete horas a Madrid mirando el paisaje, a la par que lees un libro o caminas por uno de los pasillos del Talgo a la búsqueda de un conocido para hacer más llevadero el interminable trayecto.
Y mientras, las obras del AVE, cuyo ritmo nos había sorprendido en la anterior legislatura por rápido, incluso a los que seguimos los trabajos día a día, van ahora a un ralentí imperceptible y ya duermen el sueño de los justos, provocando miedo y preocupación en los ciudadanos.
Mintras tanto, claro, el lumbrers de turno sigue dándole a la pluma para responder preguntas de la oposición, con la sana idea de dilatar los tiempos y esperar que las polémicas no perduren más allá de lo que “duran dos piezas de hielo en un güisqui on the rocks”, que diría Sabina.
Una pena que sigamos enfrascados en absurdas respuestas, en intentos vanos y baldíos por distraer la atención, con lo fácil que sería decir la verdad y buscar fórmulas para no dilatar en exceso plazos, a sabiendas de la crisis que nos atenaza es la que marca los tiempos, queramos o no.


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