El coste del agua

Antonio Lao | 14 de abril de 2014 a las 11:46

La provincia, pionera en tantas y tantas cosas, también lo es en el aprovechamiento del agua. Aquí, en esta tierra, sabemos como nadie del valor de una sola gota y también, claro está, del rendimiento que se le puede sacar. No crean que ha sido fácil convencer a los que aquí habitamos, y a los que nos ven desde fuera, de nuestras capacidades y del trabajo realizado para lograr, con una pluviometría muy por debajo de la normal, acabar con la pertinaz sequía en la que vivimos instalados de forma permanente. Avanzado este preámbulo, quisiera recordar a aquellos que todavía creen que el abrir el grifo y ver que mana agua es gratis. Ni muchos menos. Muy al contrario, el coste por metro cúbico de agua, ya sea para abastecimiento humano, ya sea para riego, es en la provincia de Almería más elevado que en cualquier otra parte de España y si el consumo es de desalada, ya ni les cuento.
Por ello cabe aclarar que, por más que nos pese y nos rasquen el bolsillo, la posibilidad de disponer de agua potable en los grifos y de líquido elemento para riego en las miles de hectáreas de invernaderos de esta provincia, es un bien que hay que pagar, en su justa medida, evitando por todos los medios que el déficit sea capaz de devorar a lo que podíamos denominar, “la gallina de los huevos de oro”.
Cualquier comunidad de regantes o empresa de abastecimiento, pongamos por caso una de las más conocida, Galasa, ha tenido desde su nacimiento un papel clave para saciar la sed del Levante y ahora de todo el Almanzora. La gestión que se ha llevado a cabo, desde los tiempos de Tomás Azorín como presidente de la Diputación, hasta los de Juan Carlos Usero, digamos que no ha sido la más empresarial y sí la de “ancha es Castilla” con el déficit que, año tras año, se ha venido acumulando.
En tiempos de bonanza y a base de “trapiecheos” políticos, se han ido sorteando problemas, quitando de aquí y poniendo allá, para seguir adelante.
Pero la crisis y la cruda realidad ha hecho que nos demos de bruces con un morlaco que es complejo de lidiar. Aquí hay que tener claro que el agua, como bien social, debe tener un precio razonable, que permita a los menos pudientes disponer de él con cierta holgura. Pero no lo es menos que, como servicio que se presta, sea público o privado, lo que no es comprensible es que su coste y distribución sea superior a los ingresos. Una empresa, una sociedad, pública o privada, o la propia economía familiar, irá bien siempre que se produzca un equilibrio presupuestario. Lo contrario sólo conduce al fracaso, a las disputas y al cierre. Pensar de otra manera, créanme, es pura utopía.

 


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