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Campanadas del Canalillo y políticos de medio pelo

Antonio Lao | 19 de enero de 2015 a las 12:29

Transcurrido casi un mes de las fallidas campanadas de fin de año de Canal Sur, y con la serenidad que da el poso del tiempo, quiero reconocer el trabajo de los profesionales de esa casa, lamentar el error y criticar el trato, casi vejatorio, que una pléllade de políticos de medio pelo han dado a la cadena pública, por lo que fue un lamentable fallo.

Vamos por partes. Cualquiera que conozca un poco los medios de comunicación, y la televisión en particular, sabe que no hay nada más doloroso para un profesional que equivocarse. Estamos expuestos al juicio y al escarnio público y, lamentablemente, el trabajo, el éxito y el prestigio ganado durante años es capaz de esfumarse, como un azucarrillo, por el hecho más nimio.
Y no digo yo que el fallo en las campanadas fuera una cosa pequeña. Ni mucho menos. Fue un error imperdonable, que dejó a casi medio millón de andaluces con cara de pocos amigos, en lo que es el evento familiar y festivo por excelencia de la Navidad. Pero de ahí a “pasarlos a cuchillo”, como se ha hecho en las últimas semanas, media un abismo.
La reacción del ente público ha sido la correcta: apertura de una investigación, perdón por el error, volver a ofrecer a la ciudad la retransmisión del evento en 2016 y un anuncio, con el gracejo que nos caracteriza, en el que se reconoce lo sucedido, se lamenta y se promete tratar de enmendarlo. La verdad, es que no se puede pedir mucho más. Lo hecho, hecho está. Es inamovible. De lo que se trata es de no volver a repetirlo.
Pues a pesar de todo, los almerienses y los andaluces hemos asistido a una sarta de improperios, de críticas y de criminalización del Canal sin precedentes. Políticos de alcantarilla han tratado, sin escrúpulos de ningún tipo, de sacar rédito electoral en la crítica fácil, en el chiste sopero y en la irracionalidad que en muchas ocasiones ofrece el poder, en la creencia de que al herido no se le puede dejar con vida y hay que rematarlo a la primera oportunidad que se tiene. Lamentable.
Y una conclusión final. Aquellos que han pensado que la imagen de Almería ha salido perjudicada están errados. Al contrario. Nunca pudo la provincia tener una publicidad más grande y gratuita a nivel nacional e internacional, como la ha tenido con el “fiasco”, si “fiasco”, de las campanadas. Creo que en inngún caso Almería ha salido mal parada. Si la imagen de una televisión, que ha quedado tocada por la complacencia que pueden dar los años de trabajo, las pocas ganas en cumplir con lo exigido y, en cierto modo, por la desidia que acompaña a aquellos que creen que una vez logrado el puesto hay que sestear, ir de ronquido en ronquido y esperar a que pase el mes para que te ingresen la nómina. Faltó tensión laboral, sin duda, pero Almería no se perjudicó.


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