Viajar en tren a Sevilla y la reivindicación recurrente

Antonio Lao | 3 de mayo de 2016 a las 17:39

No voy a ser yo quien critique o trate de deslegitimar la reivindicación político-asociativo-sindical que hace unos días protagonizaron los almerienses con el viaje en tren a Sevilla, tratando de hacer ruido sobre las carencias de un servicio arcaico, trasnochado y decimonónico. Claro que no. Al contrario, entiendo como positivas acciones de este tipo, capaces de remover conciencias y crear en la sociedad y en aquellos que nos gobiernan la necesidad de una realidad que padecemos desde tiempos inmemoriales y, mucho me temo, que así va a seguir siendo todavía durante muchos años. Lo que si pongo en duda y me cuestiono es este Guadiana permanente en el que nos movemos en materia de protesta ferroviaria. Lo digo porque, lamentablemente, pasamos de la ebullición y la efervescencia que nos provocan a todos acciones de este tipo, al más profundo de los olvidos y hasta la próxima. Lamento que padezcamos del “síndrome de la arrancada de caballo y parada de burro” en un tema tan principal como son las comunicaciones para la provincia de Almería. Echo la vista atrás y paso las hojas de la hemeroteca, miro las portadas de los periódicos de los años ochenta y me encuentro, ¡sorpresa! las mismas necesidades, las mismas reivindicaciones y los mismos titulares de forma recurrente, cada cierto tiempo, tal que el río Guadiana aparece y desaparece en su discurrir hacia el Oceano Atlántico. Echo de menos un planteamiento serio, eficaz, contundente, global y aglutinador de todos, sin excepciones, para mantener en el tiempo la fuerza de la reivindicación, la constancia de la crítica, el llanto dolorido de la necesidad y la lucha de aquellos a los que la razón les asiste.
¿Qué logramos con el viaje festivo a Sevilla? ¿Qué nos aporta la visita al Parlamento de Andalucía? ¿Que nos puede ofrecer la mano tendida de la presidenta de la Junta a sus cargos de Almería, mientras la veneran con la admiración de un súbdito a su Rey? ¿Dónde está la acción hacia aquel que tiene que resolver el problema?, el Gobierno de España. Preguntas sin respuesta o si la tienen tibias y descafeinadas, pues el síndrome de esquina que siempre nos ha consumido no nos deja desperezarnos, levantarnos y mirar de frente a aquellos que permiten que hoy, en mayo de 2016, todavía se tarden siete horas en viajar a Madrid y otras tantas a Sevilla. No me extraña, por tanto, que la ocupación de los trenes sea tan escasa como el alpiste en una jaula de jilgueros hambrientos. Con la indignación de una situación irresponsable y con la serenidad que la distancia debe provocar en el análisis, dejar claro que el hecho de trasbordar por las obras del AVE en Granada no es más que un hecho coyuntural, que finalizará con la llegada de la alta velocidad a la capital de la Alhambra. No nos quejemos por todo, que no es caso.


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