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Las cloacas de las redes

Antonio Lao | 19 de marzo de 2018 a las 11:35

Los trece días que ha durado la búsqueda del pequeño Gabriel Cruz han confirmado lo peor y lo mejor que las redes sociales (Facebook, Twitter, Instagran..) tienen. Han logrado mantenernos interconectados de forma instantánea y trabajar como una sola voz en la búsqueda del niño, pero son capaces también de sacar lo peor de nosotros mismos. En el caso que nos ocupa tenemos un inocente asesinado, que no tiene culpa de nada. Una madre que lo parió, rota por el dolor de la búsqueda y su muerte.Un padre que ha soportado, él sabrá como, compartir y dormir con la asesina confesa y Ana Julia Quezada, una mujer que rompe, destroza, hace añicos lo mejor de la condición humana: la solidaridad, la bondad, lo que conocemos de forma coloquial como “buenas personas”. Planteada la premisa y si usted ha logrado leer hasta aquí, creo que no hace falta adivinar de qué lado estamos usted y yo. En el último cuarto del siglo XX un periódico de sucesos, El Caso, logró abrirse un hueco en el mercado gracias a contar, publicitar y sacar lo peor de las personas, jugando con el morbo. Luego fueron las televisiones. El caso de las Niñas de Alcasser situó en el centro de nuestras vidas a las reinonas catódicas de las mañanas. El alimento de estos buitres revoloteadores han sido todos y cada uno de los siguientes casos mediáticos, dolorosos, terribles, inhumanos a veces que han sacudido este país. Ahí siguen y nunca les ha importado hacer “negocio”, “caja” y “audiencia” con lo peor de nosotros mismos. Y es ahora, con las redes sociales, cuando los catedráticos del terror y del horror han salido de la pequeña pantalla para abofetearnos una y otra vez, no sólo con abrir la pantalla del ordenador. Te ametrallan en los teléfonos inteligentes con miles de mensajes, que casi nunca puedes evitar. Siempre hay un conocido, una ‘amigo’ de la red que ni sabes quien es, pero que un día añadiste para engordar tu ego, que tiene un tuit a punto, una foto dispuesta, un comentario preparado. Carroñeros de las redes que, amparados en el mundo de internet, dando la cara o de forma anónima, se muestran orgullosos y hambrientos de despedazar lo que se les ponga por delante. Si es negra, inmigrante y mujer, para que les cuento. Cada día que transcurre, como bien describe Susana Cuadrado en La Vanguardia, argumento que comparto, “la red me produce arcadas. Una especie de sensacionalismo casero, obsceno, que confunde duelo y venganza. Y lo peor de todo es que parece ser aceptado por las élites cultas, y no tan cultas, porque hay palmeros jaleando a los tuiteros de día y de noche”. Y contra todo este mundo putrefacto se ha revelado hasta la propia madre del pequeño Gabriel, quien siempre ha reclamado que la gente no se deje llevar por la rabia. No agita a nadie, tampoco pide venganza, sólo que se deje trabajar a la justicia. “Mi hijo ya está jugando con los peces y la bruja ya no existe”. Menuda lección de sensatez.


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