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Credibilidad en política

Antonio Lao | 18 de febrero de 2019 a las 11:04

Las promesas vacías y las palabras huecas se han convertido en el libro de cabecera de muchos de los políticos que nos gobiernan. Siempre está la excepción que confirma la regla pero, por lo general, vivimos en una época en la que lo banal lo trivializa todo, con capacidad de emponzoñar aquello que nos rodea con la facilidad que un tsunami arrasa cuanto encuentra a su paso.
Vivimos tiempos en los que la inmediatez prima sobre todas las cosas, las redes sociales se han convertido en las nuevas esclavas del siglo XXI y en el que el valor de una frase, creen algunos, es capaz a poco que nos apuren de ganar unas elecciones. ¡Que gran error!
La realidad es más cruel de lo que aparenta. Nadie en su sano juicio puede creer a estas alturas de la película, con el cuento ya avanzado y la trama desvelada, que la palabrería derivada de aquellos que pueden llamarse charlatanes, tiene el potencial necesario del convencimiento, de la credibilidad, de la responsabilidad y del criterio y coherencia que es exigible en aquellos que nos gobiernan.
Con más frecuencia de la debida escucho en las últimas semanas promesas tan falsas como una moneda de latón, tan poco creíbles que no entiendo como aquellos que las pronuncian no se sonrojan y sienten vergüenza cuando lo hacen. Aún siendo así, los escucho hablar y no les tiembla la voz. Se acurrucan en el sonido de sus propias palabras y tratan de caminar por la senda de Ramonet, en el intento de vendernos por mil pesetas (seis euros de los de ahora) desde una hasta cinco mantas y los crédulos, en la confianza de creer que engañan al charlatán, aflojan el bolsillo, se las llevan para casa y cuando las abren y tratan de ver su calidad caen en la cuenta de que han sido timados. Pero entonces ya no hay solución.
Miren, en los últimos tiempos asisto atónito a la cuadratura del círculo. A poco que nos descuidemos, en un abrir y cerrar de ojos la Junta de Andalucía habrá resuelto, y con nota, todas las carencias que aún tiene esta tierra. Pero ahí no queda la cosa. El Gobierno de Pedro Sánchez va a gastarse la friolera de 358 millones de euros en el AVE, aunque no se vayan a aprobar los presupuestos, los problemas del agua resueltos en un pis-pás con encuentros promovidos con nuestros vecinos de Murcia y Valencia, las lista de espera pasarán a la historia y así hasta el infinito y más allá.
Después de tanto bombardeo palabreril me quedan muchas dudas por resolver, aunque la más importante tiene que ver con la capacidad de absorción que los ciudadanos de a pie, aquellos que cada día con su trabajo tratan de sumar en la economía de esta tierra, esta comunidad o este país, tienen para creer lo que se les cuenta o, por contra (me inclino más por esto último) lamentan la escasa o nula capacidad de convencer, acostumbrados a que las promesas se las lleve el viento.


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