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Morir en el centro de salud

Antonio Lao | 13 de enero de 2020 a las 12:58

EL viernes 27 de diciembre  fallecía en el Centro de Salud de Olula del Río un hombre de 76 años, al que llegó en estado de “inconsciencia” y con dificultades para respirar acompañado de su hijo, después de haber esperado unos veinte minutos a ser atendido por un médico. La tardanza en auscultarlo no tuvo nada que ver con una negligencia, ni mucho menos. Simplemente en el centro sanitario en ese momento no había ningún facultativo, al estar atendiendo a otro paciente en uno de los pueblos de la comarca. La familia, como no podía ser de otra manera, presentó la correspondiente reclamación ante el Servicio Andaluz de Salud. La administración autónoma, como corresponde en estos casos, lamentó el suceso y anunció la apertura de una investigación para conocer lo ocurrido.
Ansiosos estamos por conocer los resultados, que esperemos no se demoren mucho tiempo en hacerlos públicos. Pero por lo que vienen denunciado los sindicatos, los propios facultativos y trabajadores de la salud, todo tiene su origen en la falta de personal. Es verdad, que para que una situación como la ocurrida en el Centro de Salud de Olula del Río se produzca tienen que unirse y conjurarse todos los elementos negativos posibles, para hacer coincidir la salida del único médico a otra la localidad con la llegada de un paciente de extrema gravedad.
Lo acontecido en la localidad del mármol igual podría haber tenido lugar en cualquiera de los otros centros sanitarios repartidos por las comarcas almerienses y que, a poco que nos demos una vuelta, hacen una extraordinaria labor, digna de encomio y aplauso. Pero, lamentablemente, lo que no pueden es multiplicarse, como los panes y los peces, para atender los casos que se suceden cada minuto. Si a eso le sumas una población envejecida y período de alta frecuentación, el cóctel que nos encontramos es explosivo.
Un médico de uno de estos centros me confesaba hace unos días la impotencia que sentían ante la acuciante falta de personal, no ya sólo de facultativos y enfermeros, sino de otros trabajadores como celadores, o conductores de ambulancia. Era tal su desesperación, que aseguraba que le habían mandado un celador sustituto para la Navidad que era la primera vez que era contratado y no sabía ni encender el ordenador y, ni mucho menos, conocer el programa informático de trabajo. “Lo cierto -se lamentaba- es que a veces nos dan más tareas de los que tenemos”.
Esta es la situación. Un problema que viene de largo, en el que las carencias se acumulan, las contrariedades se tratan de subsanar en la medida de lo posible, las plantillas no se aumentan todo lo necesario y, en medio, nos encontramos con una desgraciada muerte que ha venido a emborronar un trabajo impecable, en situaciones laborales donde las condiciones no siempre son las óptimas.


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