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Almería, para gozarla

Antonio Lao | 20 de enero de 2020 a las 13:34

FITUR (Feria Internacional de Turismo de Madrid) es el mayor escaparate para proyectar al mundo un destino. Quizá, junto con Londres y Berlín, la muestra capitalina reúne en IFEMA a todos los que son, con novedades, propuestas y eventos, además de ser el termómetro perfecto para calibrar como va a ser el año , en un sector básico para el país y principal para una tierra como la nuestra. Almería acude, un año más, junto con el resto de provincias andaluzas, arropada en el paraguas de la Junta de Andalucía. Aunque se corre el riesgo de ser uno más, lo cierto es que, a poco que seamos capaces de diferenciarnos, el objetivo se cumplirá con creces.
El sol y la playa siguen siendo nuestros argumentos principales. Argumentos nada desdeñables para una tierra que tiene 217 kilómetros de costa y 13 municipios bañados por el Mar Mediterráneo. Entendida como cierta esta primera premisa, lo indiscutible es que de forma paralela y gracias al trabajo que durante muchos años han hecho organismos tan serios y comprometidos como el Patronato Provincial de Turismo o los propios empresarios hoteleros, se han abierto nuevos caminos, nuevos senderos a explorar, que ofrecen un complemento perfecto a lo tradicional, a lo común, a una Almería en la que el sol pasa el invierno y mucho más.

A lo largo del año, mes a mes, esta provincia ofrece pruebas sólidas que permiten afirmar que aquellos que un día decidieron pasar sus vacaciones en la provincia repiten.
Gastronomía, turismo de las estrellas, turismo industrial y agrario, rutas por el desierto o nieve en lugares emblemáticos como el Puerto de la Ragua o Calar Alto, son señales suficientes para entender que cada uno de los meses esta tierra es capaz de proponernos razones suficientes como para gozarla. Lo que puede parecer una obviedad, porque lo vivimos estación a estación, mes a mes o día a día, resulta ser una delicia para aquellos que nos visitan. Hace unos años, un conocido empresario hotelero de esta tierra, creía que la provincia no lograría ser un destino pleno los doce meses del, año porque le faltaban dos grados de temperatura más. El tiempo ha transcurrido, y con esto del cambio climático, tan preocupante para algunas cosas, al final está permitiendo a esta esquina del país disponer de un verano no tórrido y de un invierno suave, que permite a los más intrépidos y a los que no lo son tanto, aventurarse en las azules aguas del Mediterráneo por la mañana y subir al frío soportable de La Ragua por la tarde. Si a ello le sumas una de las gastronomías más variadas del país, con platos para chuparse los dedos, no nos debe extrañar que en algunos momentos de temporada alta lleguemos a pensar que ya nos visitan demasiados. Aunque lo cierto, es que aún tenemos posibilidades, sobre todo en los meses valle.


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