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Los rebrotes

Antonio Lao | 13 de julio de 2020 a las 18:32

Los rebrotes por la COVID-19 se han convertido en el coco de la nueva normalidad. El miedo a volver al pasado se ha incrustado en nuestro ADN y no hay forma de sacarlo. Claro que siempre los hay valientes, insensatos y escasamente precavidos. Mientras que la gran mayoría cumplimos normas y nos alejamos del riesgo, entendiendo que la vida nos puede ir en ello, y nos va, los hay que han asimilado el regreso a la normalidad como un ‘despiporre’, en el que todo vale, para tratar de recuperar lo perdido en tiempos de confinamiento.
No crean que se toman todas las precauciones, ni se cumplen las normas. Si bien es cierto que, por ejemplo, cuando acudes a un bar a tapear te encuentras las mesas separadas. Pero en esto que te llega el camarero con la mascarilla, poco menos que en el cuello, haciendo de fular y respirándote en el cogote.
Bayeta en mano y en la otra una especie de líquido amarillo, se supone que para desinfectar. Y lo hace. Trata de espolvorearlo un poco, pero apenas caen unas gotas. Es el momento de la aljofifa, que la observes como la observes parece que de tantas bacterias como acumula va a echar a andar de un momento a otro. Comienza la tarea, limpia la mesa, retira la consumición anterior y con las mismas inicia el trabajo en las sillas. Y es entonces cuando el cuerpo se te revuelve, comienzas a regurgitar y tratas de serenarte para evitar el vómito. Miras a tus acompañantes y dudas si sentarte y que Dios reparta suerte o sales huyendo despavorido para que no te alcance ni uno solo de los virus y bacterias que haya por allí. Decides quedarte. Todo sea por echar un rato con los amigos, que hace mucho que no has visto. Claro está que la consumición no permites que la vacíen en ninguno de los vasos y sólo te falta desinfectar con gel hasta el cuello de la botella. De las  tapas ni les hablo. Saben bien, llegan bien presentadas porque has visto que las cocinan separados de la barra por un cristal. Aún así no las tienes todas consigo. Pagas  con tarjeta y sin rozar la máquina y sales casi corriendo a tu casa, a tu cabaña, a ese remanso de paz y seguridad que te ofrece el hogar.
Miedo a los rebrotes existe, algunos lo pregonan y aplican todos los protocolos de seguridad y otros añadidos que se inventan para alejar un posible contagio, pero la realidad es que la “nueva normalidad” es la normalidad de siempre, los mismos bares y restaurantes de siempre, las fiestas de siempre, los besos y los abrazos de siempre. Y es que la mayoría ha perdido el miedo al contagio. Ya no es una prioridad.  Ha pasado a un segundo plano. Creemos que no va a volver a golpear y buscamos argumentos, todos los habidos y por haber, para convencernos de que si no somos inmunes poco nos falta. Y mientras cada día aparecen nuevos casos y el riesgo de confinamiento se acerca de forma real y peligrosa. Tengan cuidado.


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