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Presupuestos, millones y el papel que lo aguanta todo

Antonio Lao | 30 de noviembre de 2020 a las 20:03

Nos las prometemos la mar de felices al comprobar como en los Presupuestos Generales del Estado para 2021, aún por aprobar, figura una partida casi estratosférica para continuar con las obras del AVE entre Murcia y Almería. La apuesta, cercana a los 700 millones de euros, debe congratularnos sobremanera, pues parece que de una vez y para siempre desde el Gobierno de la nación se apuesta de forma clara por la provincia y el por el desarrollo de una infraestructura prometida para el 2005 y que hoy, quince años después, avanza a paso de tortuga. Nos prometen que ese cansino caminar se volverá ágil y grácil como el de las liebres perseguidas por los galgos.
¿Debemos creer todo cuanto nos prometen, en una obra de vital importancia para las comunicaciones futuras de la provincia?. La respuesta es clara y no admite ambages: No. Con seguridad más de uno/a, al leer mi conclusión, pondrá el grito en el cielo. Y lo entiendo. Pero tengo mis razones para ser un incrédulo.
La primera es que aún los presupuestos no han sido refrendados en el Congreso, aunque parece que todo apunta a que pasarán el trámite con los votos necesarios. Aun siendo así, a nadie se le escapa, ni a los que tratan una y otra vez de meternos la “burra de culo” -los de ahora y los de antes- que es imposible invertir en un año esa cifra de dinero. Les remito a los murcianos, que esperan desde hace quizá más años que nosotros que el ansiado tren circule por las vías de la comunidad y todavía no hay fecha cierta para que las composiciones lleguen a la estación pimentonera.
No dudo de la buena intención de aquellos que apuestan de forma clara por el tren en Almería, pero son tantas y tantas las decepciones y las mentiras con las que me he encontrado en los últimos 20 años, que deben entender mis reticencias a asentir y sentarme a esperar que las obras fluyan desde el papel a la realidad como por arte de magia. Quien espere algo similar ya puede cerrar la carpeta y echarse una siesta casi eterna. No va a suceder.
Sólo con dar una vuelta por los trabajos comprobamos que, efectivamente, se está en el tajo. Pero aquellos que de verdad observen, comprobarán que la velocidad  no es de crucero. Al contrario. Las obras no están paradas, que no lo están, pero la percepción es que no hay prisa. Y es que las empresas concesionarias de los tramos, reciben el dinero con cuentagotas y en la misma medida avanzan en su desarrollo.
No es mi intención ser un aguafiestas, ni mucho menos. Tampoco chafar la esperanza de aquellos que ya se ven en los vagones y circulando a doscientos por hora. Pero, por ahora, va a ser que no. Y ese por ahora tiene, como mínimo, un horizonte, allá en lontananza, de al menos un lustro. Pero ya saben que el papel es capaz de aguantarlo todo. No le pesa la tinta en el blanco inmaculado.


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