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Los precios agrícolas al ‘merme’

Antonio Lao | 11 de octubre de 2021 a las 18:02

El agro almeriense puso el viernes sus reales en la capital en forma de manifestación, huelga y protesta para hacerse oír por los precios a la baja con los que ha comenzado la campaña agrícola.
La convocatoria, apoyada por los sindicatos ASAJA, COAG y UPA, es una más de las que se producen cada año por esta época. Y es que la competencia exterior en un mundo global, la presión de las grandes comercializadoras y la climatología, se funden para formar un conglomerado de magma y lava en forma precios a la baja difíciles de soportar por un sector siempre castigado por estas fechas.
No es esta la primera ocasión en la que escribo sobre las razones que están llevando a la agricultura de invernadero de la provincia a una lucha sin cuartel por no perder cuota de mercado, poder adquisitivo y rendimiento de las explotaciones. Estamos en una batalla endiablada, que se me antoja perdida de antemano, a no ser que se arbitren las medidas necesarias que confluyan en marcar territorio, buscar el apoyo de las administraciones y, lo que es más importante, la necesidad, cada día más imperiosa, de diseñar un plan que permita cultivar con criterio, según necesidades y nunca al libre albedrío a ver si suena la flauta. No es fácil salir del bucle en el que un sector que aún sigue facturando o se acerca a los dos mil millones de euros se encuentra. Mientras cada uno siga haciendo la guerra por su cuenta, mucho me temo que el problema irá a peor. Organizaciones hay para lidiar un miura complejo, astifino y difícil de reconvertir. Aquí no se trata de derrotar por todas las partes, sino por aunar esfuerzos, criterios y programas. El camino pasa por comercializar más unidos, -a lo que aspiramos desde hace muchos años y que se va logrando con cuentagotas-, ejercer un liderazgo único o hablar con una sola voz, incrementar rendimientos y avanzar en calidad, casi gourmet, y ofertar a nuestros mercados una producción sostenible, ecológica y exquisita. Aún así el problema no queda resuelto. También hay que equilibrar la producción. No todos deben plantar tomate, pimiento, pepino o berenjena porque la campaña anterior han tenido precios razonables. Esa es una tarea ardua, que pasa por trabajar en educar a aquellos que producen, aquellos que cultivan. Los agricultores tienen que convencerse de la necesidad de buscar el asesoramiento de aquellos que tienen en sus manos un análisis exhaustivo de los mercados y por donde caminan.
Está muy bien protestar, mostrar músculo ante las administraciones. Pero no va más allá del impacto mediático de unos segundos en televisión o unos clics de internet. El trabajo es otro y está por hacer. O lo afrontamos de verdad, con sentido de provincia y criterios de unidad, o se avecinan tiempos difíciles, en los que mejor no pensar por el momento.

PSOE de Almería: todos a una al Congreso Federal

Antonio Lao | 27 de septiembre de 2021 a las 13:59

La evolución del socialismo almeriense en los dos últimos meses discurre hacia una normalidad nunca vista en las prietas filas del partido en la provincia. Atrás parece, sólo parece, que quedan los tiempos en los que el refrán “cuerpo a tierra que vienen los míos” cobraba sentido un día sí, otro también y el de en medio.
La integración y lista cremallera de los delegados que este otoño acudirán a Valencia a participar en el Congreso Federal, el más tranquilo que el partido que fundara Pablo Iglesias vivirá en muchos años, muestra una tendencia al equilibrio que tiene despistados a muchos militantes amigos del hacha y cuchillo entre los dientes de esta fuerza política, sobre todo en procesos congresuales.
O los hombres de José Luis Sánchez Teruel y Fernando Martínez, (secretario provincial y secretario de la agrupación local) están jugando al despiste, o podemos estar viviendo un cambio de tendencia, en el que todos tienen o se les busca un hueco, que redunda en mejorar una imagen maltrecha y herida por las continuas peleas a las que nos tienen acostumbrados.
Es posible, sólo posible, que el sabor de la oposición, no ya en los municipios importantes, sino también en Andalucía, y con unas perspectivas complicadas, esté ejerciendo de efecto balsámico para calmar liderazgos, deseos personales y compromisos complejos de satisfacer a corto plazo.
Es esta la opción razonable, la que muchos de los militantes y simpatizantes quieren encontrar en los últimos movimientos de la cúpula socialista almeriense. Luego está la otra, la de toda la existencia del partido, la que una y otra vez se abre paso a fuerza de filtraciones, juego sucio y lucha de poder a brazo partido.
Aunque está por aflorar, cuando hablas con militantes piden el sosiego necesario y la espera pertinente a que el Congreso Provincial se acerque. Será entonces cuando toda la mansedumbre y el equilibrio que hoy se vive en el viaje de delegados al Federal de Valencia saltará por los aires como los cristales de una luna de un automóvil golpeada por un mazo.
Planteadas las dos opciones expongo mis dudas sobre la que pueda imponerse en las próximas semanas o meses. Hasta hoy ninguna decepción electoral ha ejercido como bálsamo de Fierabrás para ninguno de los militantes que optan a cambiar de líderes, liderazgos y políticas. Al contrario. La batalla ha sido, si cabe, más cruenta que en otras ocasiones, porque las perdidas son escasas o ninguna. Aunque siempre hay oportunidad de cambiar, modificar comportamientos y pensar en aquellos que todavía, y con la que está cayendo, mantienen intactas sus tendencias y creencias en un partido con más de 150 años de historia. Pero como el objetivo es que les sea sincero, mucho me temo que volverán a la andadas.

La secretaria de Estado y las obras del AVE

Antonio Lao | 20 de septiembre de 2021 a las 12:24

“En el plazo de una semanas se espera normalidad en el ritmo de las obras”. La afirmación de la secretaria de Estado de Transportes, Isabel Pardo de Vera en Almería el viernes pasado en Almería es toda una declaración de intenciones sobre lo que quiere el Gobierno que sean las obras del AVE. Unas obras que un día, no sabemos cuando, nos deben unir con Madrid. Si analizamos las palabras de la dirigente gubernamental con optimismo, sólo un poco, se asienta en todos nosotros un poso de positividad que nos puede llevar, si no a lanzar las campanas al vuelo, si a mantener el ánimo por encima de la media de la certidumbre. Imagino que esa era la intención de la señora Pardo de Vera unas horas antes de acudir al acto de reivindicación del AVE, organizado por la Cámara de Comercio. Por más que analizo no hallo respuesta coherente a cómo es posible que un secretario de Estado participe en un acto reivindicativo, de protesta, por los retrasos y parones que acumula la obra que tú, gobierno, has provocado.

Pero en el mundo que nos ha tocado vivir cualquiera es capaz de hacer una cosa y la contraria al mismo tiempo. Sin el más mínimo pudor se enfrentan a la sociedad que demanda soluciones y se suman  a la riada de protestas con la misma efusividad que aquellos que defienden una reivindicación justa, coherente y razonable, mostrando ante el mundo el hartazgo por promesas incumplidas, palabras y declaraciones vacías y proyectos huecos y carentes de contenido. Es lo que en mi pueblo llaman de forma coloquial “estar en el plato y en las tajas”. Quiero creer que las obras del AVE, paralizadas en la actualidad, adquirirán velocidad de crucero en semanas como dice la secretaria de Estado, no tanto porque su palabra se cumpla, sino porque los beneficiados serán los almerienses. Los ciudadanos, tan acostumbrados a las mentiras y a las medias verdades, por una vez parece que han dicho basta a tanta ignominia como se ha acumulado en esta obra en los últimos 30 años por los sucesivos gobiernos que este país ha tenido. Pero la realidad es tozuda.

Tanto que sólo con darse una vuelta por los trabajos se comprueba que las máquinas no han regresado y parece que es complicado que en semanas trabajen al ritmo que la inversión requiere. Pero como todo parece ir tan bien, según la señora Pardo De Vera, desde el Gobierno se nos confirma la licitación por 239 millones de uno de los tramos básicos para el proyecto, que no es otro que el que une Lorca con el límite de provincias en Pulpí. Millones a gogó para envolver corazones crédulos, mentes abiertas y escasamente críticas, capaces de imaginar el mejor de los escenarios y un idilio de Almería con su AVE. Puede que hasta sea saludable pensar así, aunque  les ruego mesura, prudencia, mente abierta y crítica y, sobre todo, insistencia y permanencia en el tiempo en la reivindicación. Es la única manera de que cumplan.

AVE, de las palabras a los hechos

Antonio Lao | 13 de septiembre de 2021 a las 17:34

EL viernes Almería dijo basta al “ninguneo” de años de los distintos gobiernos con el AVE que algún día, no sabemos cuando, surcará la provincia desde Murcia hasta la capital. Son tantos los agravios que se han tenido con esta tierra, que sería casi imposible enumerarlos con una cronología certera, que fuera capaz de sonrojar al primer ministro que avanzó alguna propuesta falsa allá por los años noventa, me refiero a Francisco Álvarez Cascos, hasta la actual responsable, Raquel Sánchez. Esta última, nada más llegar tuvo a bien “poner la primera piedra” de la ampliación del aeropuerto de El Prat (ahora paralizado), por algo es catalana, apartando a un lado la minucia que puede ser unir esta provincia por alta velocidad con la capital del reino o con Barcelona.

Pequeños detalles en los que la señora Sánchez no ha reparado y mucho me temo que no lo va a hacer en los próximos años, pese a las promesas de inversiones y a la tranquilidad que pregonan allá donde los escuchan los voceros del argumentario, los amigos del titular fácil y aquellos que abundan en la “patada y hacia adelante”, a la espera de que el tiempo amanse aguas, serene ánimos y trabaje en el olvido. De ahí la importancia del acto del viernes organizado por la Cámara de Comercio de Almería, con el criterio que da la razón, con el alma que aporta el convencimiento de que la reivindicación es justa y con el corazón enarbolando la bandera de la provincia. No han faltado, claro está, aquellos que decidían no participar en un acto justo, coherente y cargado de argumentos. Ellos sabrán. No creo que sientan que las obras van con la celeridad que todos deseamos, ni que las inversiones prometidas se estén gastando. ¡Ojalá!. Al contrario. Al acabar el año llegará el momento de los balances. Será entonces cuando pongamos negro sobre blanco lo prometido y lo ejecutado, lo vendido y lo realizado, dónde está la propaganda y cuál es la realidad. Insisto, allá cada cual con su conciencia de provincia, con sus deseos para esta tierra y los compromisos, imagino que ineludibles, para con el partido que te ha puesto donde estás. Quedará en el debe de cada uno.

El acto del viernes y su éxito, quiero creer que supondrá un antes y un después en el espíritu reivindicativo de esta tierra, a veces demasiado laxo. Pero no debe quedar ahí. Tiene que ser la semilla que impregne actividades futuras en el tiempo, con la cadencia necesaria, para que aquellos que toman las decisiones, antes de mantener en el ostracismo nuestras necesidades, atendiendo a nuestro síndrome de esquina y alguna que otra zarandaja absurda e incomprensiva que he escuchado en estos meses, se lo piensen antes decidir. Lo cierto es que no albergo mucha fe en que nos escuchen. De ahí que anime desde ya a los organizadores a mantener la presión. La razón está de nuestra parte y debemos hacerla prevalecer. Almería sabrá recompensarlos.

Nuevo curso político, mismos problemas

Antonio Lao | 6 de septiembre de 2021 a las 19:01

En Almería termina el verano cuando la Feria da sus ultimas bocanadas. En este año de pandemia, con las actividades limitadas, lo cierto es que la cotidianidad se instala de forma definitiva cuando los niños se preparan para ir al colegio o, al menos, los padres se afanan por cerrar las compras de última hora para que el día “D” esté todo en orden de revista.
Tras un extraño verano, con la quinta ola de covid dando aún sus coletazos y acercándonos a la ansiada inmunidad de grupo, lo cierto es que regresamos de las vacaciones, aquellos que las hayan tenido, con la misma sensación que nos fuimos. El sabor amargo de la tristeza y el dolor por las pérdidas que la enfermedad mantiene en los corazones de cada uno de nosotros.
En ese ambiente enrarecido por la pena, sumamos la sinrazón de aquellos que han creído que esto era poco menos que el ‘jauja’ de la diversión y el ‘despiporre’ y no han dejado nada para cuando, de verdad, la normalidad se instale entre nosotros. Y eso, tal y como se van desarrollando los acontecimientos, tengo la sensación de que no va a ocurrir al menos hasta bien avanzado el próximo año.
Al margen de la pandemia, que sigue copando y ocupando casi todo, el nuevo curso no tiene más novedades que enfrentar los problemas que para esta tierra son endémicos, como son las infraestructuras y el agua. Si de lo primero hablamos, creo que es justo que los presupuestos generales del Estado, que estarán al caer, consoliden -pero en serio- partidas para el tren de velocidad alta que un día , no sabemos aún cuando, nos debe unir con Murcia y, desde allí hasta Madrid y al resto de Europa.
La deuda de la administración estatal es tan grande con esta provincia que mucho me temo que, por mucho que nos puedan dar a partir de ahora (que lo dudo) no van a ser capaz de pagarla en décadas. Para empezar sería bueno que la nueva ministra de Transportes se diera una vuelta por Almería, recorriera las obras del AVE, le pudiéramos preguntar y, como fin último, que las respuestas fueran creíbles.
En agua seguimos igual. Las carencias de siempre, esperando las lluvias que sean capaces de permitir los trasvases del Tajo y Negratín, y se alivie en parte la sed que padecemos. De desaladoras mejor hablar lo justo. Las ampliaciones prometidas en Carboneras o recuperar la anegada de Villaricos, no dejan de ser una quimera que sólo existe en la nube de aquellos que tratan un día sí y otro también de repartirnos migajas en forma de convenios, redacción de proyectos y otras zarandajas, en la creencia de que así contentan al burgo. Desconocen que el pueblo está tan harto de falsas promesas que ya es difícil que caiga en la red del argumentario, la oratoria fácil y los discursos preparados para la ocasión, pero sólo para crédulos.

El tren regresa al Almanzora, sólo para crédulos

Antonio Lao | 26 de julio de 2021 a las 17:42

El Ministerio de Fomento ha sacado a licitación el contrato de servicios para la redacción del estudio informativo del corredor Lorca-Guadix. Sólo el rimbombante nombre que le han puesto al “muñeco” ya es para salir corriendo, ahuecar el ala, no dar mayor credibilidad que la que tiene y arrojar a la basura o al bolsillo de quien lo ejecute 1,6 millones de euros.
Esta es, con seguridad y miren que ha habido muchas, la propuesta menos creíble que el Ministerio que dirigía José Luis Ábalos ha hecho para Almería. La prueba del algodón es que el plazo de ejecución es nada más y nada menos que dos años. Justo el tiempo que le queda a la legislatura, siendo benévolos. A saber quién gana las elecciones y donde va a quedar esta descojonante apuesta de un Gobierno que es capaz de presupuestar casi 600 millones para el AVE entre Almería y Murcia en 2021, venderlo como si del maná se tratase, y cuando han pasado seis meses del compromiso, comprobamos que las obras, como ya he escrito en este mismo espacio son de palustre y talocha, por no avanzar en la ironía y mirar a ellas recordando a Benito y Manolo de aquella mítica serie de Antena 3, “Manos a la obra”.
No creo que se deba jugar con los sentimientos de los almerienses como lo intenta hacer el Ministerio de Fomento desde el primer día que accedieron al cargo. Un juego que ya venía de largo, pues el Gobierno de Rajoy hizo tres cuartos de lo mismo nada más llegar al poder, taponando los túneles del AVE y de la obra nunca más se supo.
Estando como estamos, en medio de una crisis provocada por la pandemia de coronavirus, sería de agradecer que aquellos que ejercen el poder, los que tienen la potestad de poner o quitar obras en una provincia o en otra, traten, en la medida de lo posible de no generar expectativas que no se van a cumplir, gastar dinero innecesario, cuando hace falta taponar mil y una vías de agua y, sobre todo, evitar, en lo posible tomaduras de pelo. El tren que unía Guadix con Almendricos, cerrado el 31 de diciembre de 1984, es muy difícil, por no decir imposible, que vuelva a surcar los caminos del Levante y Almanzora.
Hoy por hoy no se dan las condiciones de tráfico de pasajeros ni de mercancías que lo hagan factible y viable. Incluso tampoco es una necesidad social, pues la autovía -aún sin terminar- que serpentea la zona se confirma como el argumento perfecto de unión de comunidades y junta de voluntades de la zona.
Lo demás son puras maniobras de distracción de aquellos que creen que sostienen los palos de la marioneta, para tratar de que cobre vida o bailar al son que pretenda su urdidor. Pero la realidad es tozuda, pues el títere, como Pinocho, tiene vida y ya no soporta más mentiras que le hagan crecer la nariz. ¡En manos de quien estamos!

El legado que el ministro Ábalos no dejó a Almería

Antonio Lao | 19 de julio de 2021 a las 13:20

La salida del ministro José Luis Ábalos de Transportes (antes Fomento) debe de suponer un alivio para los almerienses. Si lográramos poner en una balanza a todos los que han sido los últimos 30 años y el legado que han dejado en la provincia de Almería, el fiel se inclinaría al precipicio con el valenciano.
Y no es que sus predecesores hayan merecido un trato preferencial, una alfombra roja cuando nos han visitado, -las pocas veces que lo han hecho-, o el descubrimiento de una placa por su contribución a mejorar las comunicaciones de la provincia, que no. Pero la palma se la lleva el señor Ábalos por su displicencia, su altanería , su dejadez continuada y por sus visitas a la provincia, escasas y casi a palos, para nunca decir nada.
En su haber sólo está desbloquear el AVE con Murcia. Pero a partir de ahí nos hemos encontrado retrasos continuos, inversiones que no llegan, presupuestos incumplidos y, lo que es más grave de todo, el jugar de forma permanente con la ambigüedad, rozando la mentira, en cuanto a fechas se refiere.
Su última visita, en la que apenas se le pudieron hacer un par de preguntas, pasará a la historia como la del quiero y no puedo, la del escaqueo, la de la tensión con aquellos que queríamos saber el estado de las obras del AVE y las del juego de palabras permanente para insinuar sin decir, vestir bien cuando al final llevas el “traje del rey” y, lo que es más triste, conocer que no hay dinero para invertir en poner las obras en vía rápida, cuando la realidad es que están en vía muerta.
El legado del responsable de Transportes es tan triste, que a poco que la nueva responsable, Raquel Sánchez, se interese por las trabajos, la sacamos a hombros y por la Puerta Grande del coso de la Avenida Vilches si fuese necesario. Reconozco que tengo cierta curiosidad por conocer los pasos que  va a dar en una obra de esta inversión y que sigue ahí, esperando los euros como las cigarras el calor para batir las alas. Aunque el optimismo está en mi ADN, con lo que cabe esperar de la señora Sánchez me van a permitir que sea más que prudente. Un buen detalle, para ir abriendo boca, sería que aquellos que aún tienen ascendencia con el Gobierno de Madrid, en un intento de retomar los trabajos y la imagen, se esfuercen porque visite Almería hoy mejor que mañana.
Todo lo que no sea empezar de cero, sin mentiras, sin medias tintas, sin juegos des escapismo, será bienvenido por los almerienses. Otra cosa será más de lo mismo, beber de la botella que ya está vacía y a la que sólo le queda el poso de una gestión triste y poco decente con quienes aquí habitamos. Merecemos plazos, inversiones, verdades, creer en aquello que nos digan porque hay sustento para ello y alejar la política de baja estopa para recuperar compostura, la credibilidad y la fortaleza.

Aprender a convivir con el virus

Antonio Lao | 12 de julio de 2021 a las 17:48

Saturados y agotados, tras más de un año de pandemia y restricciones, y con la ventana que las vacunas han abierto de par en par, los conceptos y percepciones de los ciudadanos en este julio caluroso poco o nada tienen que ver con los de hace un año. Tanto es así que la espita la acaba de abrir el ministro de Sanidad del Reino Unido.  Sajid Javid indicó el domingo pasado que el Gobierno conservador se propone levantar las últimas restricciones vigentes por la covid, al advertir de que el país debe “aprender a convivir” con la enfermedad.
Un cambio radical que ya se percibe en nuestra Europa, alentados por el importante número de inmunizados, el descenso de la presión en los hospitales, las ganas de soltar amarras, cerrar un año aciago y vivir. Vivir con los riesgos, más o menos controlados, pero vivir al fin y al cabo.
La situación, pese a la amenaza latente de una nueva ola, ha cambiado de forma radical. Las muertes se reducen en la misma medida en la que los inmunizados crecen. Los hospitales mantienen un nivel de ocupación soportable y los ingresos, que siguen produciéndose, están más controlados.
Son los jóvenes, aquellos que desde el principio se sintieron invencibles, los que han dado paso a una nueva ola de contagios que, aunque controlada por ahora, desconocemos hasta donde nos va a llevar. Quiénes respetaron a regañadientes las restricciones durante los días más duros de la pandemia son los que ahora han roto cualquier armisticio y se han lanzado, como posesos, a vivir como si no hubiera un mañana.
Las fiestas multitudinarias de Mallorca, los macrobotellones consentidos en aras a  recuperar la economía, se han convertido en argumentario perfecto para dar alas a quienes desde el inicio de esta tortura han abogado por política de puertas abiertas, al más puro estilo Bolsonaro o Trump cuando gobernaba Estados Unidos, en la creencia de que el control del virus debemos tenerlo en nuestras manos. Nunca en aquellos que, se supone, tienen más conocimientos y experiencia que nosotros.
Tan es así que no se entiende, y vuelvo a Almería, como se permitió en Tíjola una fiesta de fin de curso (no valoro cómo se produjo y quiénes lo aceptaron) que ha disparado la tasa de contagios en la provincia a niveles preocupantes. No les extrañe, por tanto, que pese a que el virus sigue ahí, amenazante, en las próximas semanas aquellos que tienen interés en el consumo, en la mejora de la economía y otras zarandajas, por encima de la salud, nos bombardeen con nuevos argumentarios en los que la COVID-19 pase de ser una pandemia, que en este provincia ha provocado mil muertos, a convertirse poco menos que en una gripe, soportable, sin más trascendencia. No se fíen. El riesgo es extremo. Sean responsables. No olviden tomar todas las medidas de prevención.

El control del agua

Antonio Lao | 5 de julio de 2021 a las 17:24

La guerra, porque no tiene otro nombre, vivida en la asamblea por el control de la Comunidad de Usuarios de la Comarca de Níjar (CUNC) el sábado de la semana pasada, sólo es un eslabón de las futuras confrontaciones que se avecinan en la provincia por el control del agua. No es baladí que aquellos que pretenden dominar un mercado al alza pongan toda la carne en el asador para desplazar, si es posible, a quienes durante años han distribuido el líquido elemento entre los comuneros. La CUCN sólo me sirve de ejemplo, de punto de partida, para alertar de la que se nos viene encima en los próximos años, si no somos capaces de poner coto a intereses desmedidos, a controles políticos y al poder, con mayúsculas, de aquellos que han visto, y con razón, que quienes dominan, entre comillas, este complejo mundo, son capaces de cara al futuro, sí no de cambiar voluntades, porque al final es un hombre un voto, sí de modificar o planificar el futuro, con una base sólida en la que sustentarse.
Recuerdo, con tristeza, como la primera información que publiqué en un periódico, hace… demasiados años, fue un suceso relacionado con el agua. Un agricultor fue capaz de clavar una horca a su vecino porque había osado “meter la compuerta (argot agrícola) dos minutos antes que concluyera el tiempo que tenía asignado. El resultado fue triste, desolador, lamentable, doloroso. Murió en el acto, con lo que el hecho supuso de indignación y tristeza, no sólo para los familiares cercanos, sino para los vecinos del pueblo en cuestión, que no viene el caso. ¿Qué es lo que pretendo recuperando este detalle informativo muchos años después?. Muy simple. Estamos apostando con un elemento vital para nuestro desarrollo presente y futuro como especie, no ya a nivel económico, que también, sino a nivel evolutivo. Es un bien esencial en el que nos jugamos todo a una carta. La moraleja, con la sinceridad que trato de imprimir a todo aquello que escribo, es muy sencilla: estamos actuando con fuego, con un fuego que es capaz de no solo quemar, sino de abrasar a poco que prendamos la cerilla, mucho más allá de lo que podemos pensar.
El poder calorífico del agua, por mucho que les extrañe, es difícil de sofocar por los bomberos o por todo el equipo del Plan Infoca, si llega a prender. Creo que es urgente que se establezcan los cauces necesarios para que un bien tan preciado no sea capaz de prender más allá del fogón de una barbacoa. Un bien en que todos los implicados sean capaces de celebrar un reparto justo, equitativo y económicamente viable de un sector, como el agrícola, del que depende de forma tan directa y tangencial el éxito o el fracaso de que abrir el grifo o la pará y tengas al otro lado un bien tan preciado como el agua, permita que la plantación, sea de lo que sea, crezca, dé frutos y genere riqueza.

El triunfo de Juan Espadas y Almería

Antonio Lao | 28 de junio de 2021 a las 12:25

Con la calma, la mesura y la distancia que el transcurrir del tiempo permite podemos analizar las consecuencias que para Almería tendrá el triunfo de Juan Espadas en las primarias socialistas andaluzas. Un triunfo que lo convierte en candidato a la presidencia de la Comunidad autónoma por el PSOE. No es baladí afirmar que el terremoto político que se avecina en las estructuras del PSOE  provincial se producirá de forma lenta, pero inexorable o puede tener carácter de tsunami.
A pesar de que una buena parte de los militantes optaron por la expresidenta Susana Díaz, lo cierto es que su derrota, sin paliativos, moverá todo el castillo de naipes, o de piedra, construido en torno a su figura y que ahora deja huérfanos a quienes la apoyaban.
El trasvase de votos, no les quepan dudan, se visualizará en los próximos meses, como si de uno de agua se tratase. Con amplio caudal o por goteo, en la misma medida en que las ofertas y los candidatos a presidir la secretaría general de Almería vayan tomando cuerpo. No se trata, por ahora, de hablar de personas. Habrá tiempo para hacerlo. Lo que busco es visualizar hasta que punto el proyecto liderado por la expresidenta se ha quedado huérfano en la provincia, cómo se trasvasan las afinidades hacia los nuevos dirigentes y qué papel van a jugar en el proceso los líderes que desde el inicio del sanchismo han trabajado y trabajan por abrir vías de agua en el liderazgo provincial, asentado y esculpido a sangre y fuego en los últimos años. El tiempo, medio año, será el que defina las estrategias y las rutas a seguir en una batalla que se presupone dura, larga y con algún que otro cadáver político en el camino. No va a ser tan fácil para unos mantenerse, ni para los que llegan ocupar el espacio que se abre frente a ellos. Mientras que a nivel regional se trata de lealtades, siempre susceptibles de cambiar, a nivel provincial son los alcaldes y los líderes de los pueblos, muchos de ellos asentados en el poder local, los que tendrán en sus manos sostener, con las variaciones que se consideren necesarias lo establecido o, por el contrario, apostar por aquellos que en los últimos tiempos han mantenido un porcentaje en torno al 30% de apoyos críticos con la dirección provincial.
Como ya sucedió en el anterior congreso, serán los militantes quienes elijan con sus votos al secretario general, no los delegados. Y es aquí donde cualquier cábala que se pueda hacer a priori corre el riesgo de saltar por los aires, porque el control de la militancia es más volátil y menos contundente.
Sin olvidar, claro está, que en ese juego de voluntades y adhesiones tiene mucho que decir el futuro más próximo, que no es otro que las elecciones andaluzas y las candidaturas a las alcaldías de 2023. Cualquier conjetura o pronóstico, ya les digo, tiene un serio margen de error.

El estado de la ciudad

Antonio Lao | 21 de junio de 2021 a las 19:42

Los concejales de la capital volvían  el día 11 de forma presencial al salón de plenos del Ayuntamiento para debatir sobre “El Estado de la Ciudad”. Una sesión que debe servir para testar el potencial y las debilidades de la capital año tras año, a la vez que permite al equipo de gobierno hacer una loa de su trabajo y a la oposición incidir en aquellos aspectos en los que las cosas se pueden hacer mejor o, simplemente, no se están haciendo con la celeridad, la coherencia, el equilibrio y la capacidad que se requiere en estos casos.
Es bueno y saludable escuchar a unos, quienes gobiernan, relatar el camino triunfal por el que serpentean y a aquellos que hacen oposición dibujar una ciudad, dependiendo a quien escuches, en la que el Apocalipsis está a punto de producirse. Ya les digo que ni una cosa ni la otra.
Cualquiera que analice con la cordura, la lucidez, la sensatez y la mesura necesarias, advertirá que la capital ha vivido, como el resto del mundo, uno de sus peores años por la incidencia del coronavirus entre quienes la habitan. Una incidencia, que ha tenido sus altibajos, y en la que el Ayuntamiento ha tratado, como el resto de administraciones, de paliar en la medida de lo posible las dificultades por las que muchos de los colectivos han pasado. No se trata, creo que no es el camino, de ensalzar los aciertos, que han sido muchos, ni los errores, que también se pueden encontrar a poco que escarbes.
La capital está inmersa en la salida de la crisis del coronavirus. Una salida que requiere del trabajo de todos, sin excepción, sumando ideas, proyectos y apuestas que se orienten a lograr la ciudad que queremos, conocedores de las potencialidades de las que disponemos. A partir de ahí trabajar en resolver aquellos endemismos enquistados y que tanto nos cuesta voltear. A saber. No es razonable que el tren lleve dos años sin entrar a la ciudad, como tampoco lo son los retrasos del AVE. Disponer unas comunicaciones modernas es un reto que todos pueden asumir, da igual la ideología, con la mirada puesta en el futuro de esta tierra. El agua quizá es nuestro principal problema. De cómo se garantice el suministro urbano y el de riego para crecer en agricultura depende una buena parte de nuestro futuro. No entiendo como se pone en duda poner la desaladora en plena producción, con garantías claro está, de que no afecta a los acuíferos de la parte baja de la vega. El agua desalada es futuro, es crecimiento, es sostenibilidad y es independencia de nuestros vecinos. Aquí todos, sin excepción, han de poner en práctica sus artes pactistas para caminar en una sola dirección. Y llegados a ese punto, continuar en la senda de prestar los mejores servicios, que vayan desde el centro a los barrios, como una onda expansiva. Si se logra será un trabajo de muchos. Carácter y capacidad tenemos para ello. No nos diluyamos en pequeñeces.

AVE de palustre y talocha

Antonio Lao | 14 de junio de 2021 a las 11:40

Casi 590 millones de euros contemplan los Presupuestos Generales del Estado de 2021 para las obras del AVE que algún día nos conectará con Murcia. Para alguien que desconozca el “martirio” que esta obra está suponiendo para los que aquí habitamos y acabe de subirse al carro de la información, se puede creer que la cifra se ajusta al compromiso del Gobierno con esta tierra y que se cumplirá a rajatabla lo pactado.
Nada más lejos de la realidad. Ha transcurrido ya medio año y sólo con dar una vuelta por los distintos tramos adjudicados o licitados por el ejecutivo de Pedro Sánchez, lo que se percibe es la soledad de cuatro albañiles con palustre y talocha, tratando de hacer algunos pasos de agua en pequeños barrancos y alguna máquina niveladora, que ha sido capaz de pasar por donde un día irán las vías para limpiar el trazado de matas y malas hierbas. Pero como ha habido un buen año de lluvias, o al menos han llegado en los meses adecuados, la vegetación de temporada ha tardado poco en volver a forestar el camino despejado por los amigos de la propaganda, para desmentirlos una vez más.
No les quiero cansar con cifras y datos de cada uno de los tramos adjudicados, el coste y el grado de ejecución. Dos detalles para que usted, que esta mañana está leyendo este artículo, sea capaz de estructurar una opinión coherente,con contenido y ajustada a la realidad: el primero hace referencia a las expropiaciones. Hace unos días el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicaba las relativas a uno de los trechos, una situación que ya se daba hace unos años cuando el Gobierno era de signo contrario al actual. Volvemos a incidir en un capítulo del libro ya sabido, parece que con la única intención de mantener el pulso de cara a la opinión pública y la tensión de los aduladores de turno, en la creencia de que las obras siguen su curso. No real. El segundo elemento de juicio se manifiesta en la irrelevancia de unos trabajos en los que los gastos son ínfimos, con la sola idea de evitar la crítica de un nuevo parón de las obras.
La conclusión es sencilla. Aquellos que nos vendieron a bombo y platillo la inversión, les faltó la banda de tambores y cornetas en el anuncio, nos han vuelto a mentir. Otra paparrucha que sumar a las trolas que cada año se incorporan a un proyecto que Rodrigo Rato, -miren ustedes donde está- ya nos vendía en los últimos años del siglo XX como una realidad para los Juegos Mediterráneos de 2005.
La farsa continúa en una obra de teatro,  en la que el público -todos los almerienses- y algunos de los actores -aquellos que dicen defender una y otra vez su tierra-, junto con el aderezo y palmeros (clá), persisten en mantener vivo un cuento para incautos, en el que la bola cada vez se hace más grande, a la espera de que llegue el maná en forma de euros de la Unión Europea. Hasta entonces, sólo superchería.

Los escalones de la crisis de la Diócesis

Antonio Lao | 7 de junio de 2021 a las 12:20

“Los mortales, a lo largo de su vida, terminamos haciendo honor a nuestra imperfección, sobre todo cuando se trata de los asuntos de poder”, le dijo Alvar. Le daba la sensación de que muchos en vez de esforzarse en acercarse al modelo de Cristo, se dedicaban a recorrer el camino contrario. No era extraño que el prior Don Leandro pudiera haber caído en semejante trampa. Su carácter siempre lo había inclinado en esa dirección y no parecía haberle puesto contención alguna. “La fe en el Señor y la ambición personal no conjugan bien”, se lamentó Alvar. Este es un pasaje del último libro de Fernando J. Múñez, “Los Diez Escalones”. Un thriller de época que se desarrolla en una abadía ficticia, en la que los personajes se enfrentan a los demonios más antiguos que aún perviven entre nosotros: los prejuicios, las ideas más o menos racionales y los dogmas inamovibles.
La crisis de la Diócesis de Almería, que aún da sus últimas bocanadas y de la que desconocemos el final, tiene un poco de todo ello. Hasta es posible que, con el paso de los años, un buen escritor sea capaz de documentar lo acontecido en estos meses, aunque ya viene de largo, y  pueda esbozar un bestseller de intrigas que haga las delicias de millones de lectores.
La realidad siempre supera la ficción. Y el “Juego de Tronos” que nos han brindado estos días el todavía obispo, casi sin funciones y el obispo coadjutor, con mando en plaza, tiene mucho de lucha descarnada por el poder, sin contemplaciones y  de caiga quien caiga, y poco de cualquier cultivo y propagación de la fe que predica Jesús. Aireadas  y expuestas han quedado todas las “vergüenzas” de aquellos pastores de la Iglesia, salvadores de almas y de caminos, a la búsqueda de aplicar el modelo de Cristo, que han dado paso a una lucha sin cuartel, con peones de brega, soldados de a pie y muñidores cercanos al poder, -toda una legión-, que han susurrado al oído de unos y de otros, a conveniencia, para hacerse con el ‘báculo obispal’ sin importar el precio. Puedo entender que esos escalones que han debido subir,  peldaño a peldaño hasta la cima, forman parte de las debilidades humanas. Lo que me decepciona como cristiano es la paupérrima imagen que han ofrecido a todos sus fieles, que somos casi todos, el escaso pudor y el menor recato en ventilar todos los trapos sucios acumulados durante años, arrumbados  en lugares   recónditos   y escondidos de la memoria o la diócesis, -elijan ustedes- y a partir de ahí, a embarrar.
Y ya puestos,  y  proyectadas al exterior todas las debilidades humanas, no estaría demás que se hicieran públicas, para conocimiento de los fieles, las causas del cambio de obispo a cinco meses de su jubilación, abriendo de par en par la puerta de atrás para su salida. Triste. Conociendo el mundo en el nos movemos, siempre en silencio y con las manos escondidas en las  mangas de la casulla, un error de incalculables consecuencias.

Felicidad plena, llegan los turistas

Antonio Lao | 31 de mayo de 2021 a las 18:09

Cuánto hemos echado de menos a los turistas. Un año de pandemia ha dejado muy clara nuestra dependencia de un sector más volátil que la agricultura. Y miren que ésta lo es. Una granizada, una helada, una nevada, una calima a destiempo y así hasta el infinito y más allá pueden dar al traste con una cosecha. Pues en turismo, más.
Cuando vivíamos e n ese mundo parecido a jauja que era nuestra cotidianidad allá por 2019, -parece que ha pasado una eternidad-, llegamos a ser tan ilusos, casi iluminados diría yo, que la sociedad española o la italiana, por ejemplo, se planteaban reducir el número de turistas en sus calles, en sus plazas, en sus hoteles, en sus monumentos. Tan saciados estábamos de  egocentrismo, -posiblemente también nos sobraban los euros-, que quisimos poner coto a todo aquello que significara o significase la alteración de nuestra añorada normalidad. Nos molestaba casi todo lo que los turistas traían, excepto claro está, sus divisas.
A tal grado había llegado nuestra exclusividad que éramos capaces de distinguir por clases sociales los clientes que nos visitaban. Especímenes de escasa monta y menor cartera, empezaron a ser considerados casi non gratos, en ese mundo artificial alcanzado. En esa hipérbole, no es otra cosa, que dibujamos en papel inglés de diez libras el folio, casi albergábamos la esperanza de que quienes nos visitasen, a ser posible, sólo fuera un viaje mental, no salieran de sus países de origen, pero que la riqueza se quedase entre nosotros.
Pues bien, un año después nadie se acuerda del grado de idiotización que alcanzamos y ahora acudimos con fanfarria y alfombra roja a recibir el maná de los visitantes. Las puertas de los hoteles se abren, los aeropuertos cobran vida, los vuelos se multiplican y las terrazas de los bares sonríen en la misma medida que las cajas registradoras vuelven a sonar a música celestial con el efectivo y las propinas.
La felicidad de la normalidad se ha apoderado de todos nosotros. Parece, sólo parece, que el coronavirus forma parte del pasado y la inmunidad tan ansiada se adelanta días y días, en la misma medida que quienes nos gobiernan se frotan las manos buscando el rédito de lo conseguido.
Y debemos sentirnos bien por ello, ¡qué demonios!. Han sido tantos los meses de lágrimas agrias por el dolor; de abrazos a larga distancia por el miedo; de tristeza envuelta en el papel celofán del ‘ya queda menos’, que cualquier exceso que ahora se sucede ha de entenderse como la liberación de la fiera que llevamos dentro y que estuvo retenida y engordando más tiempo del que un ser humano es capaz de soportar.
Playas, sol, terrazas, monumentos, actividades para entretener hasta para los más recogidos y serios nos esperan por doquier. Aprovechémoslas porque no sabemos que sucederá mañana. Vivan.

Salud y política, incompatibles

Antonio Lao | 24 de mayo de 2021 a las 16:38

Tres semanas habrán transcurrido desde el fin del estado de alarma cuando usted lea este artículo. Tres semanas en las que cierta normalidad se ha instalado entre nosotros, los casos de coronavirus parecen controlados y a la baja, la vacunación suma y sigue de forma exponencial cada día que pasa y, lo que me parece fundamental, el número de fallecidos mengua en la misma medida en la que los colectivos más vulnerables se inmunizan.
Estamos en una fase crucial. De lo que ocurra en los próximos días va a depender, y mucho, el desarrollo del verano y la evolución de nuestras vidas en los próximos meses. Si, como parece, el control de la pandemia es un hecho propiciado por los millones de vacunas ya inoculadas, ante nuestros ojos tenemos un paraíso de sol, playa y normalidad económica, que debe llevarnos de la mano de forma paulatina a la añorada normalidad.
Si, por el contrario, aquellos que han puesto el grito en el cielo, llamando como cenizos al caos tienen razón, aún nos quedan por delante meses, tal vez años, de brega y de lucha titánica contra el coronavirus y sus variantes.
La realidad siempre es tozuda y se abre paso a golpe de coherencia, seriedad, trabajo y obras. En estos tiempos que nos han tocado vivir, se percibe más ostensible, y me preocupa, que la política va por un lado y la salud por otro. Cuando hemos sido capaces de poner los medios materiales y humanos, con sus carencias, en manos de aquellos que realmente saben lo que tenemos entre manos, la senda a recorrer se me antoja más liviana, aunque el dolor, la tristeza y el luto sigan presentes y persistan en muchas más unidades familiares de las que quisiéramos.
Un año después de que el virus se instalase para quedarse, por ahora entre nosotros, aún aquellos que nos gobiernan y los que ejercen la oposición, mantienen pulsos huecos, presiones vacías y palabras mudas. Cuando se decide llevar al Parlamento el estado de alarma, la oposición pone el grito en el cielo por la merma de libertades que supone, sin pensar en exceso en la salud y sí en el rédito político. Cuando concluye, y quienes gobiernan deciden no mantenerlo, de nuevo aquellos que hace unos meses se quejaban abiertamente y se rasgaban las vestiduras porque se coartaban nuestros derechos, mantienen de forma exacta y mimética la misma actitud, pero por lo contrario.
Es un poco aquello de forma coloquial se conoce como el “síndrome de la gata Flora” o el “ni comen ni dejan comer”. Regreso al inicio. La realidad, aquella que es siempre cristalina y sin aderezos culinarios para desviar el sabor, es que la salud y la política se repelen como el agua y el aceite. Y en el caso que nos ocupa, por fortuna, quienes han tenido el poder, todo el poder, para salvar vidas han sido los sanitarios, no la clase política.

Salidas en tromba

Antonio Lao | 17 de mayo de 2021 a las 12:57

EL fin del estado de alarma no supone la derrota del virus. Puedo compartir los deseos, con seguridad irrefrenables, de cualquier ciudadano o ciudadana que haya estado confinado o perimetrado durante meses, de soltar amarras y dejar que la libertad fluya por las venas y los poros de la piel. Pero en ningún caso concibo que la manada salga en estampida, rompiendo normas, compromisos, seriedad y coherencia, para instalar entre nosotros de nuevo al bicho. Por mucho que nos empeñemos en deterrarlo, el único vencimiento llegará de la inmunidad de grupo provocada y alcanzada por las vacunas. Y ese día aún está lejos. En alguna ocasión he puesto en duda las medidas adoptadas por los distintos gobiernos confinando y coartando las libertades de  aquellos que, a lo largo de la pandemia, han sido menos vulnerables a la enfermedad. Tanto apretar el corpiño ha acabado por asfixiar todos los conductos que nos permitían respirar, aunque fuera de forma asistida.
Un análisis más sosegado, con seguridad, nos hubiera bridando otras oportunidades de gestión, otros planteamientos en los que ahora no hemos pensado, menos restrictivos, que hubieran sosegado a millones de almas jóvenes, ansiosas de romper cualquier cordón sanitario, entendiendo que no iba con ellos.
Pero visto con la perspectiva que el tiempo ya nos permite y la evolución que la enfermedad también nos da, creo  que la gestión de todos, casi sin excepción ha sido la correcta casi siempre. Con los errores provocados por lo desconocido a los que nos enfrentamos, a medida que el conocimiento del patógeno ha ido creciendo hemos ajustado el arnés, como si de un traje de seguridad se tratase. Ni el decreto del estado de alarma era la panacea, ni su eliminación va a ser el caos. En ambas situaciones aquellos que eran irresponsables van a seguir en sus trece y la mayoría de la ciudadanía mantendrá el equilibro para retomar la necesaria normalidad y compaginarla con las mínimas medidas, que eviten volver a aquello que ya hemos vivido y que tanto daño se ha cobrado, no ya en vidas humanas o afectados, que también, sino en estados de ánimo. Cien días se da el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez para lograr la inmunidad y es posible que hasta tenga razón. Entendiendo que la cuarta ola, que tanto temíamos, ha pasado con menos horror y dolor del previsto por los efectos de la vacunación. Quiero creer, y a eso me aferro,  que vamos a ser capaces de derrotar al virus con la fuerza de la ciencia y antes de que él nos saque de los bares, de las fiestas y de las reuniones en familia con el rostro de la muerte, con el tormento de la enfermedad o con la aflicción de aquellos que se marchan de forma inesperada. La batalla sigue en todo lo alto. No está ganada. Así que, una vez más, les pido prudencia y paciencia. Hemos remado hasta la orilla, no nos ahoguemos cuando la arena roza nuestras manos.

Los ‘niños’ del PP alcanzan el poder

Antonio Lao | 10 de mayo de 2021 a las 12:44

La proclamación de Javier Aureliano García a finales de junio como presidente provincial del Partido Popular de Almería supondrá, de facto, que quienes a finales de los años noventa y primeros del 2000 fueron bautizados como “los niños” alcancen todo el poder en esta fuerza política.
Ha sido una tarea ardua, cocida a fuego lento en todos los fogones. Pero aquel grupo que lideraba el propio Javier Aureliano, acompañado por Pablo Venzal, Francisco Amizián, Juanjo Alonso, Manolo Guzmán o Miguel Ángel Castellón y en menor medida otros como Ramón Fernández Pacheco o Carlos Sánchez, logrará el objetivo trazado hace tres décadas, en algunos casos dos, nunca sobre papel, pero si en los mapas virtuales de  sus cabezas, de un cuadro dirigente de “amigos”, que se fogó en Nuevas Generaciones y que ha estado en todas las batallas, ya sean grandes o pequeñas, que se han producido en el partido conservador en Almería. Todos, sin excepción, llevan  en sus alforjas experiencia suficiente. Curtidos como pocos han vivido por la política y de la política desde su época universitaria. Incluso algunos desde el mismo instituto. Tras ellos queda un reguero de trabajo, de despacho y de calle, de negociaciones y rupturas, de intrigas y mesas camilla, en el que el objetivo era la victoria o, como mal menor, sobrevivir  o quedar maltrecho o herido, aunque nunca muerto. Siempre, claro está, en términos políticos.
En ese trasiego han contado en los tiempos de Luis Rogelio Rodríguez, mentor de muchos de ellos y quien los catapultó a la cima haciéndolos concejales, diputados o asesores. Las dos décadas de Gabriel Amat han supuesto la consolidación del grupo como un todo, con alguna escisión y desacuerdos. Pero nunca el agua ha llegado al río.Y ahora, en junio de 2021, llega el momento de la verdad para todos ellos. El tiempo en el que llegados a la cima sólo queda permanecer en ella o comenzar la lenta pero inexorable decadencia que provoca el ejercicio del poder. No llegan tiempos fáciles. Al contrario. La fragmentación  de la derecha en tres partidos va a poner a prueba la capacidad de seducción, el compromiso con su electorado y la competencia de todos ellos para ejercer el liderazgo en tiempos de turbulencias. Los primeros pasos de Javier Aureliano han sido tan de tanteo como inteligentes. Nombrar a su “amigo”  Ramón Fernández Pacheco, alcalde también de la ciudad, su número dos supone el primer paso de la “pax romana”, en un PP en el que conviven desde el Congreso Nacional que elevó a Casado a la presidencia dos sensibilidades bien delimitadas. A partir de aquí definir el congreso, atraer voluntades y adhesiones y confirmar que la capacidad de ‘torear’ en plaza de primera no sólo era factible y ejecutable sobre el papel, sino que se traslada al ruedo con decisión, firmeza, mano izquierda y templanza, mucha templanza.

El agua como motivo de confrontación

Antonio Lao | 3 de mayo de 2021 a las 17:41

Magnificar todo aquello que nos separa ha sido siempre rentable para quienes cuya mirada no va más allá de un palmo de su nariz. Los conflictos entre provincias aúnan intereses dispares y los convierten en confluentes, en la misma medida que te rascan el bolsillo o ves peligrar un supuesto bienestar que no existe, pero que de tanto como se pregona acaba calando como la lluvia fina: hasta los huesos.
Hace unos días se escenificó en la provincia de Almería una cumbre por el agua, en defensa del trasvase Tajo-Segura, a la que acudieron los presidentes de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla y el de Murcia, Fernando López Miras. A ella, supuestamente, también estaba invitado el de Valencia, Ximo Puig, que de forma amable declinó la llamada, hizo una larga cambiada, y salió como pudo de la embestida del morlaco, pidiendo no hacer del agua un motivo de confrontación política.
Y tiene razón, aunque el argumento no es tan simple como para limitarlo a una frase facilona, previsible y con la que todos, con seguridad sin excepción, podemos estar de acuerdo. Lo que ocurre es que detrás de las palabras nos encontramos con una serie de connotaciones más complejas, más tela de araña y más madeja difícil de hilar en un ovillo de lana fina o de hectómetros del Tajo al Segura para regar las vegas del levante y continuar con nuestro futuro y desarrollo.
Convertir el agua en motivo de enfrentamiento político, con la intención de ganar votos no renta. Y no lo hará al Partido Popular de Murcia y Almería defendiendo que el trasvase se mantenga tal cual y tampoco en el PSOE de Valencia, que gobierna la comunidad. Porque no se trata de conocer quién o quienes van más allá o están más cerca de los intereses de los agricultores. Lo que está por dilucidar es cómo se usa el agua de forma más racional; quién o quiénes han sido capaces de obtener el máximo rendimiento con el menor gasto posible y, sobre todo, de consensuar que los caudales sean repartidos acorde con las necesidades, sin ir más allá en conceptos que nos dividan como pueblo para rentar en beneficio de unos pocos.
Almería, Murcia y Valencia necesitan agua. Nadie lo duda. Pero del mismo modo hay que buscar las condiciones para que las comarcas más deprimidas de las que parte el trasvase tengan garantizado el caudal que les permita avanzar en un desarrollo que hasta ahora no ha sido posible. Y, claro está, siempre bajo el paraguas de la sostenibilidad ambiental. No creo que el camino o la solución vaya por crear tensiones innecesarias. Si abogo por aunar criterios y por avanzar en soluciones de consenso. Y dicho esto, caminemos en la senda de buscar alternativas propias, en las que no dependamos de otros. Y esas pasan por la desalación y por desbloquear proyectos como Villaricos, congelado.

Vacunarse, siempre sí

Antonio Lao | 26 de abril de 2021 a las 17:26

La  polémica en torno a alguna de las vacunas contra el coronavirus es una especie de Guadiana. Dependiendo de como se desarrolle el proceso y de la importancia de las noticias en torno a la COVID-19, ascienden al primer plano de la actualidad o se sumergen en las profundidades de las redacciones de los medios a la espera de mejor ocasión. El ejemplo que corrobora la tesis lo tenemos en cómo hace dos semanas se paralizó de forma cautelar la inmunización con AstraZéneca y como hoy, quince días después, el proceso continua con la normalidad que requieren situaciones de este tipo y que no es otra que el silencio del trabajo, la responsabilidad de los vacunadores y el alivio de quienes reciben la primera o segunda dosis.
¿Quiere ello decir que los casos de trombos han cesado por arte de magia? Rotundamente no. Siguen ahí, pero son tan contados que no pasan de un porcentaje ínfimo. Tanto como para considerarse uno más de los riesgos que entraña tomar cualquier otro medicamento. Algo similar ha ocurrido esta semana con la vacuna de Janssen. Tras la paralización cautelar que adoptó la Agencia del Medicamento de Estados Unidos, nos encontramos con la prudencia de la europea y, transcurridos los plazos prudenciales, se retoma la inmunización colectiva. No se puede, o mejor dicho, no se debe poner en tela de juicio el proceso. Sobre todo si los mensajes vienen dictados por aquellos que de medicina saben lo que un pastor de ovejas de energía atómica. En el caso que nos ocupa deben ser siempre, sin excepciones, los expertos los que tomen las decisiones. Caso contrario nos envolveremos en el paraguas de la polémica, tan vana, huera y vacía como lo son todas, aunque en casos como el de la pandemia de coronavirus, estemos jugando con vidas humanas. Lo peor de todo este complejo mundo de informaciones contradictorias, de bulos innecesarios y de noticias falsas, es la generación de miedos y dudas en los ciudadanos de la calle, en aquellos que simplemente están expuestos al virus y  que, con la vacuna, desaparecería de sus vidas para volver a la normalidad. Les cuento un caso de una familia tipo. Un matrimonio almeriense de entre 60 y 70 años. A él, vamos a llamarlo Juan, por poder identificarlo, lo llamaban esta semana para inocular la primera dosis de AstraZéneca. Acudió a la cita raudo y convencido. En él, tanto bombardeo informativo no ha dejado el menor poso de miedo o de duda. La mujer, María, aún no ha sido citada, pero tiene la posibilidad de usar el teléfono de citas que existe, y poder comenzar su inmunización. En ella, por contra, tanta saturación de noticias contradictorias han provocado un miedo atroz y escénico. No quiere ni oír hablar de vacunas. Los riesgos son muchos, pero ahí sigue. ¿Por cuánto tiempo? Lo desconozco. Pero si los llaman, ¡vacúnense!, siempre. No arriesguen su salud.

El mundo con el que soñamos

Antonio Lao | 19 de abril de 2021 a las 12:43

Sólo con echar la vista atrás somos capaces de imaginar el mundo con el que soñamos. ¡Qué paradoja! Aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor cobra en los tiempos que corren tanto significado y tan gratificante,  que con sólo cerrar los ojos y volver nuestros pensamientos a la Navidad de 2019, las lágrimas son capaces de aflorar en los ojos de los tipos más duros y fluir desperdigadas y como ríos en aquellos en los que la sensibilidad aparece en la epidermis.
Y es que todos, pienso que sin excepción, buscamos a estas alturas de la pandemia un minuto para tratar de huir de aquello que nos atenaza, que nos asfixia, sin que por medio podamos atisbar unas manos que nos impidan respirar o nos aprieten el cuello. Es tanta la necesidad, el calado del deseo de libertad no impostada, que miramos con ojos de envidia, ya dudo si sana o malsana, a aquellos países que empiezan a abrir tiendas y bares y retiran las vallas de las fronteras provinciales o locales, las que todos nos hemos autoimpuesto para tratar de vencer al virus.
Porque no me negarán que debe percibirse una sensación de placer inmensa cuando, tras algo más de sufrimiento, la vacuna está siendo capaz de darnos el triunfo frente al virus. Países como Israel o el propio Reino Unido caminan en la dirección de la apertura, de la normalidad, de aquellos tiempos en los que el cansancio por lo común nos hastiaba y ahora que no lo tenemos lo deseamos como si no hubiera un mañana.
No se ustedes, pero espero el momento de poder escaparme a un lugar libre de las maldiciones del virus en la misma medida que tu mascota, pongamos un gato, eleva el lomo cuando inicias una caricia desde la cabeza hasta el rabo. Este tiempo de dolor, de muerte y de luto también ha tenido sus momentos para la esperanza, para la superación, para la confianza en los hombres y mujeres que habitan el planeta tierra. Desconozco, y tampoco viene mucho al caso, quienes han salido triunfadores: si los imbéciles que han aprovechado este tiempo para hurgar en la herida de la insolidaridad, el racismo o la indecencia o aquellos que, quizá con una labor más callada, han sido capaces de poner en los mercados la vacuna salvadora o los que, sin ser científicos e investigadores de primera fila, han logrado evitar la soledad y la depresión de tantos y tantos. Ellos, unos y otros, son los que mantienen viva la fe y la esperanza en los humanos frente a la mezquindad y el balbuceo sonoro de los que  han dedicado este tiempo al interés propio y particular.
Y mientras llega el mundo con el que soñamos, les invito a recorrer los caminos de la provincia, las sierras con restos de nieve en el interior, o el manto verde que hoy, en primavera, es Cabo de Gata. Un anticipo del mundo que viene. Espero que mucho más feliz.