Luz de Cobre

Almería, provincia de cuneros

Antonio Lao | 16 de mayo de 2016 a las 19:08

La nula fuerza que los órganos provinciales de los distintos partidos políticos tienen en esta provincia la ha hecho vulnerable al aterrizaje frecuente de candidatos cuneros. La llegada del exgeneral Julio Rodríguez, como cabeza de cartel de Podemos por esta tierra, nos es más que un punto y seguido en una larga lista que comenzara allá por la primera legislatura y que se ha ido repitiendo, sin pausa, en cada una de las elecciones que se han celebrado, ya sean al Congreso, Senado e, incluso, al Parlamento de Andalucía. Y es que, tal que al perro flaco todo se le vuelven pulgas, a los organigramas de los partidos provinciales, débiles, conniventes y en muchos casos acongojados, cuando suena el teléfono y los llaman de sus direcciones nacionales bajan la cabeza, miran para otro lado y “tragan” con lo que les dictan sus superiores sin rechistar. Pocos han tenido la valentía de la coordinadora provincial de Izquierda Unida, Rosalía Martín, capaz de decir lo que piensa, sin subterfugios ni palabras huecas, sobre el aterrizaje del exgeneral. De nada le va a servir en la política de hechos consumados que practica el partido de Pablo Iglesias, pero ahí queda. No entraré en su comparación con el entrañable mono Amedio de Marco, -original, distinta, y viral, (objetivo logrado)-, aunque tiene más razón que una santa en todas y cada una de sus apreciaciones. Pero hasta ahora nunca ha habido una contestación y un rechazo tan claro a la llegada de cuneros como candidatos por esta provincia. Se calló, por ejemplo, el secretario general de los socialistas almerienses, José Antonio Amate, cuando el PSOE decidió que Juan de Dios Ramírez Heredia debía ir por esta tierra. Tampoco dijo nada cuando le colocaron a la que luego fue ministra, Cristina Narbona, y le introdujeron con el mismo calzador en la candidatura de las andaluzas al que fuera consejero de Agricultura, Miguel Manaute.
En el PP también callan y otorgan. No tienen más remedio. Y a las pruebas me remito. El actual cabeza de lista al Congreso y portavoz del grupo parlamentario, ya integrado en el paisaje y almeriense de adopción, Rafael Hernando, llegó rebotado de Guadalajara donde le enseñaron la puerta de salida. Y lo mismo ocurrió con Javier Arenas, en las últimas legislaturas andaluzas, en las que encabezó o fue número dos de la lista, con el beneplácito y el aplauso de la dirección provincial. Y es que no hay nada como el aterrizaje de un cunero para hacer méritos ante el órgano superior del partido, en la creencia de que alcanzarán prebendas que nunca llegan. Lo de las candidaturas en listas cerradas, con dedazo o con nombramiento revestido de democracia en esta provincia, es una constante tan habitual y se hace con tanto descaro, que pocos se sorprenden. Pero el 26J, con los ojos más abiertos, los votantes tendrán la última palabra. ¿Los cuneros nos aportan algo? Creo, con sinceridad, que nada.

La vieja estación de Renfe

Antonio Lao | 9 de mayo de 2016 a las 13:55

La estación de Renfe se deteriora al mismo ritmo que el tren, como medio de transporte en esta provincia, tiene fecha de caducidad o en la misma medida que las palomas colonizan el cuerpo central en el que se vendían los billetes y hacía de sala de espera. El edificio, Bien de Interés Cultural, representó el orgullo de la Compañía de los Caminos de Hierro del Sur de España, según se recoge en Ferropedia, que abanderaba su estación como símbolo de modernidad de finales del siglo XIX en el que, por fin, contemplarían la llegada de este novedoso transporte conocido por “ferrocarril”. La compañía francesa “Compagnie de Fives-Lille”, diseñó, en 1892, el cuerpo central de estructura de hierro y amplias cristaleras de vidrio en el que destaca el carácter representativo y moderno del edificio, cuyas proporciones arquitectónicas, así como la combinación del hierro y de los ladrillos decorativos, recuerdan mucho los hermosos modelos admirados en Francia en la Exposición Universal de 1889 y cuyo arco monumental dota a esta estación de un sello digno de la importancia del camino de hierro de Linares a Almería. En la fachada principal, una placa deja constancia del arquitecto autor del proyecto, el francés L. Farge, vinculado a la citada compañía.
No es posible catalogar esta estación con un único estilo:historicista en cuanto a la decoración en algunas partes del cuerpo central, ecléctico historicista más o menos barroquizante en los cuerpos laterales y mudejarista por sus ladrillos vistos y barandillas. Los elementos decorativos, se multiplican tanto en el interior como en el exterior. En la fachada principal se repite en azulejos la “A” de Almería con el grafismo típico vasco de txapela, como aporte de los artesanos que participaron. Un reloj en labor de hierro destaca sobre la cristalera central y, dentro, se eleva el mural cerámico de Francisco Cañadas (Almería 1928) que refleja el presente (primer término), pasado (plano intermedio) y futuro (convoy sobre el viaducto en el fondo) del ferrocarril en Almería, mediante escenas vinculadas a los viajeros y paisajes ferroviarios típicamente almerienses, todo ello adornado por piedras naturales y vidrios pintados en teselas irregulares para dar movilidad a la obra. El edificio fue concluido en 1893, pero no entraría en uso hasta la inauguración del tramo Almería-Guadix, el 23 de julio de 1895. La estación se vio afectada por la Guerra Civil, la balaustrada de ladrillos que contornea el remate superior debió ser reconstruida tras el bombardeo de la aviación alemana. Debajo de la estación se improvisaron dos refugios antiaéreos, quedando al descubierto sus entradas durante la remodelación de 1988 – 1991. Con cargo al Plan de Modernización y Equipamiento de Estaciones, se consiguieron restaurar estos casi 600 m² de superficie construida. Todo ello ahora está cerrado y abandonado. Una pena.

Viajar en tren a Sevilla y la reivindicación recurrente

Antonio Lao | 3 de mayo de 2016 a las 17:39

No voy a ser yo quien critique o trate de deslegitimar la reivindicación político-asociativo-sindical que hace unos días protagonizaron los almerienses con el viaje en tren a Sevilla, tratando de hacer ruido sobre las carencias de un servicio arcaico, trasnochado y decimonónico. Claro que no. Al contrario, entiendo como positivas acciones de este tipo, capaces de remover conciencias y crear en la sociedad y en aquellos que nos gobiernan la necesidad de una realidad que padecemos desde tiempos inmemoriales y, mucho me temo, que así va a seguir siendo todavía durante muchos años. Lo que si pongo en duda y me cuestiono es este Guadiana permanente en el que nos movemos en materia de protesta ferroviaria. Lo digo porque, lamentablemente, pasamos de la ebullición y la efervescencia que nos provocan a todos acciones de este tipo, al más profundo de los olvidos y hasta la próxima. Lamento que padezcamos del “síndrome de la arrancada de caballo y parada de burro” en un tema tan principal como son las comunicaciones para la provincia de Almería. Echo la vista atrás y paso las hojas de la hemeroteca, miro las portadas de los periódicos de los años ochenta y me encuentro, ¡sorpresa! las mismas necesidades, las mismas reivindicaciones y los mismos titulares de forma recurrente, cada cierto tiempo, tal que el río Guadiana aparece y desaparece en su discurrir hacia el Oceano Atlántico. Echo de menos un planteamiento serio, eficaz, contundente, global y aglutinador de todos, sin excepciones, para mantener en el tiempo la fuerza de la reivindicación, la constancia de la crítica, el llanto dolorido de la necesidad y la lucha de aquellos a los que la razón les asiste.
¿Qué logramos con el viaje festivo a Sevilla? ¿Qué nos aporta la visita al Parlamento de Andalucía? ¿Que nos puede ofrecer la mano tendida de la presidenta de la Junta a sus cargos de Almería, mientras la veneran con la admiración de un súbdito a su Rey? ¿Dónde está la acción hacia aquel que tiene que resolver el problema?, el Gobierno de España. Preguntas sin respuesta o si la tienen tibias y descafeinadas, pues el síndrome de esquina que siempre nos ha consumido no nos deja desperezarnos, levantarnos y mirar de frente a aquellos que permiten que hoy, en mayo de 2016, todavía se tarden siete horas en viajar a Madrid y otras tantas a Sevilla. No me extraña, por tanto, que la ocupación de los trenes sea tan escasa como el alpiste en una jaula de jilgueros hambrientos. Con la indignación de una situación irresponsable y con la serenidad que la distancia debe provocar en el análisis, dejar claro que el hecho de trasbordar por las obras del AVE en Granada no es más que un hecho coyuntural, que finalizará con la llegada de la alta velocidad a la capital de la Alhambra. No nos quejemos por todo, que no es caso.

Uso y abuso del agua

Antonio Lao | 25 de abril de 2016 a las 12:14

No es la primera vez y seguro que no será la última. Los regantes de la Comarca de Los Vélez y los del Bajo Andarax, denuncian las prácticas no habituales, -desconozco si ilícitas o no-, que vienen padeciendo en los últimos años y que llevan a la esquilmación de los recursos y a un reparto del líquido elemento que no contenta a nadie y disgusta a casi todos.
Vayamos por partes. En la comarca de Los Vélez, la puesta en regadío de 500 hectáreas en la zona alta del término de Vélez Blanco se ha notado y mucho en el caudal habitual de los barrancos que surten de agua a esta localidad y a sus vecinos de Vélez Rubio. Tanto es así que se ha pasado de más de 130 litros por segundo a unos pírricos 35. Incluso, algunas de las fuentes habituales del pueblo han dejado de manar.
Sabemos, nadie lo pone en duda, que la última década no ha sido especialmente lluviosa. Al contrario, la sequía atenaza cultivos y pone en riesgo la supervivencia de muchos pueblos como tales, si nadie lo remedia. Pero eso no es obvice para confirmar que los acuíferos se están sobreexplotando con cultivos intensivos y que nadie parece hacer nada por conjugar desarrollo con preservación de la naturaleza.
En el Bajo Andarax la guerra por el agua es similar. Falta líquido elemento para riego y ha sido el propio alcalde el que ha levantando la voz de alarma ante el riesgo, cierto, de que el bosque de naranjos que hace de barrera del desierto de Tabernas se seque si no hay agua para regarlos y ya empieza a escasear
La política de la administración en cuanto a la concesión de sondeos para riego se me antoja en los últimos años arbitraria y poco exigente. Han sido tantos los que se han realizado y tanta el agua que se extrae de ellos, tratando de resolver un problema cierto de escasez, que parece volverse en contra. Fuentes, barrancos y canales han visto como su caudal disminuía en muchos casos y en otros tantos, incluso, se han secado. El abandono de tierras y la despoblación de muchos núcleos urbanos ha sido tan elevada en este tiempo, que son pocos los que han alzado la voz para denunciarlo. Pero si es patente que la sequía extrema se desplaza y se distribuye por la geografía provincial de manera evidente, alterando habitats y poblaciones arbóreas y faunísticas, que jamás volverán a ser las mismas.
Gran parte, dicen los expertos, achacable al cambio climático y a la disminución de precipitaciones que se ha padecido desde hace medio siglo. Razón no les falta. Pero estarán ustedes conmigo en que la mano del hombre no ha sido todo lo “pulcra”, por poner un calificativo, que cabría esperar. Creemos que la naturaleza al final acaba reparando cualquier daño y mucho me temo que en casos flagrantes no va a ser posible. El problema está en manos de la administración. Hagan algo, antes de que sea tarde.

La guerra de los mosquitos

Antonio Lao | 18 de abril de 2016 a las 11:55

Años  llevan las aguas residuales bajando por el Río Andarax, casi desde Santa Fe, sin que la administración andaluza haya sido capaz de solucionar el problema. Años los vecinos de los pueblos de la ribera del Andarax soportan los malos olores, acrecentados cuando el viento sopla en una u otra dirección. Años han discurrido las aguas fecales por el cauce, contaminando cualquier acuífero que exista por la zona, sin que se hayan puesto, de verdad, medidas serias para acabar con un problema que va más allá de la mera disputa política, para acercarse y bordear el problema sanitario. Pero a nadie parece importarle más allá de lo que viene siendo un titular de periódico, para tratar de desgastar al contrario o una riña de partidos, en la convicción de que se hace daño al oponente sin más. Las aguas residuales mantienen su fluir todo el año, aunque es en verano cuando el problema se vuelve más acuciante, porque trae como añadido los molestos mosquitos. Y es aquí donde la capital ha encontrado un filón contra la Junta de Andalucía, no sin razón, abriendo una brecha que va a tardar, si siguen así las cosas, mucho en cerrarse. Ya ni me acuerdo de las decenas de promesas, visitas, propuestas, declaraciones de intenciones y otras zarandajas que he escuchado de unos y de otros, todas cortoplacistas, algunas con buenas intenciones y la mayoría buscando sólo el intento de apagar un fuego que quema en exceso en las manos de los que nos gobiernan, ora porque no disponen de los medios para solucionar el problema, ora porque su propia incapacidad en la gestión los lleva a dilatar la solución sine die. Y así nos encontramos. Denuncias en la fiscalía, mociones en los plenos, buenas palabras y hasta que ese Guadiana de la polémica, -nunca mejor usado el término- regrese a primea línea, a la espera de un solución real para todos los que habitan en esta zona del Andarax, que son miles de personas. Y es que sólo hay que preguntar a los vecinos de la ribera su opinión sobre el desaguisado, para que el malestar y hasta la ira carguen contra aquellos que, un día si y otro también, basan su quehacer diario en la promesa incumplida. Los mosquitos, si nadie los remedia, volverán a campar esta primavera-verano por el Andarax, con especial incidencia en las áreas habitadas y cercanas al río. Los que los sufren sólo les quedará, como en otras temporadas, acercarse a la farmacia para buscar el repelente para untarse, tal que una crema para el sol, las fumigaciones espontáneas y recurrentes, que sólo tienen algún efecto de forma puntual y encomendarse a los hados para esquivar las picaduras de estos molestos insectos, compañeros del estío, que ya afilan “picos” para chupar la sangre de los incautos vecinos que esperan las buenas temperaturas para disfrutar y que, al final, acaban con sus cuerpos convertidos en un campo de minas.

La tortuga mora y el AVE

Antonio Lao | 11 de abril de 2016 a las 12:20

Cuando de confundir se trata, no hay nada como unas declaraciones del político de turno, en las que se pongan en valor premisas falsas, tratando de lograr que la conclusión sea verdadera. Nada más lejos de la realidad. Hace unos días el portavoz del PP en el Congreso y diputado por Almería, Rafael Hernando, en un intento de echar balones fuera y alejar responsabilidades, se descolgó con unas afirmaciones en torno al reinicio de las obras del AVE entre Almería y Murcia que hicieron temblar todos los cimientos de la lógica para acercarse al esperpento informativo y al postureo político. Sin mediar anestesia previa, el diputado Hernando pedía a la Junta de Andalucía que retire las tortugas moras de la zona de Cuevas y Pulpí, en la que los trabajos deben desarrollarse, para que las obras puedan comenzar.
Recordar que llevan seis meses adjudicadas y que, pese a contar con 100 millones de euros consignados en los Presupuestos Generales del Estado, ni la empresa adjudicataria ni el albañil de Los Herrerías por hablar de una pequeña pedanía de la provincia, ha aparecido por el trazado para nada. Al contrario, todos creen, creemos que la adjudicación de los trabajos tenía un claro tinte electoralista, sabiendo el Gobierno entonces que las elecciones eran en diciembre y que la promesa de unos y de otros, incluida la ministra, era reiniciar la construcción del trazado antes de que finalizase el año 2016.
Lo cierto es que han pasado tres meses de 2016 y todo sigue igual. Y ante la posibilidad, más que probable, de que en junio vuelva a haber elecciones, nada mejor que sacar un conejo de la chistera y culpar al otro de los errores que no ha cometido para tú quedar ante la opinión pública libre de cualquier sospecha.
Lo de las obras del AVE en Almería ha pasado por múltiples vicisitudes en la legislatura pasada. Se paralizaron con la crisis y nunca más se supo. Lo único cierto, y es una realidad constatable, es que se han perdido cuatro años, pese a que en cada uno de ellos se ha destinado una partida a retomar los trabajos. Una partida que suma 400 millones de euros que la provincia ha perdido, ante la indiferencia de quienes nos gobernaban, la desidia de aquellos que no han pasado de un leve crítica por miedo a represalias y ante la pasividad de los ciudadanos que habían depositado grandes esperanzas en un medio de transporte rápido, eficaz y limpio y que siguen soportando las siete horas de rigor a Madrid, en un Talgo trasnochado y en unas vías tan lentas como “el caballo del malo”.
Claro que siempre nos quedará un diputado como Rafael Hernando, tan eficaz entantas cosas, y tan “Ramonet” en otras cuando de salvar la cara del Gobierno se trata. Entiendo que defienda el trabajo de su gobierno, aunque no me explico que no haga lo mismo con los ciudadanos de la provincia que les ha votado.

El Plan General se ahoga en los Pozos de Bernal

Antonio Lao | 5 de abril de 2016 a las 12:45

El Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de la capital se ahoga en los pozos de Bernal. La Consejería de Medio Ambiente ha tumbado el proyecto redactado y aprobado por el Ayuntamiento. El informe medioambiental, en el que se asegura que no se garantiza el agua para los nuevos desarrollos urbanos, ha sido un escollo insalvable y la causa por la que la Junta de Andalucía ha optado por suspender el Plan.
Una decisión que ha levantado ampollas en el actual equipo de gobierno, comprensión entre los socialistas y una de cal y otra de arena en Ciudadanos, -la muleta actual del gobierno municipal-, aunque en permanente observación y control de gestión. Con ser grave la suspensión, y pese a los intentos conciliadores de la Junta, dando un plazo de un año para subsanar errores y aprobarlo, lo cierto es que desde el Ayuntamiento no se ha buscado nunca de forma clara la complicidad y el acuerdo con la la administración andaluza. Al contrario, desde el inicio de la tramitación, aprobación y remisión a la administración autonómica (mirar hemeroteca) se ha puesto en duda siempre el compromiso y el deseo de Medio Ambiente por sacarlo adelante. Incluso, en alguna ocasión, se ha hablado de intereses ocultos e intentos de torpedear el proyecto, con argumentos tan peregrinos como la ideología diferente de aquellos que rigen los destinos de Andalucía y los que lo hacen en la capital.
Sea como fuere, lo cierto es que desde el principio las cartas se pusieron sobre la mesa, se advirtió de los problemas de agua que los nuevos crecimientos iban a generar,sin garantías de abastecimiento y, aún así, desde el Ayuntamiento se ha esperado hasta el último momento para tratar de buscar una salida que permitiera sacarlo adelante. Se ha trabajado tarde y mal, por lo que no es de extrañar que dos semanas antes de conocerse una decisión anunciada y pregonada por todos, se acudiera a Sevilla para buscar una solución de compromiso que no ha llegado. Una solución que hubiera “lavado la cara” de aquellos que no han hecho de forma correcta su trabajo durante años y que ahora, cuando las prisas obligan, han tratado de culpar al contrario de sus errores.
Así no se va a ninguna parte. Ahora no valen lamentos, llantos o críticas hacia el contrario, tratando de ahuecar el ala, esperar a que escampe y mojarse lo menos posible. Gran error. En un proyecto de vital importancia para el desarrollo futuro de la ciudad; no se pueden ni se deben dar palos de ciego o gestionar al albur del viento que sople, porque al final el tornado acaba por cogerte y luego, por más que lo intentes, no saldrás de su núcleo. Hay tiempo. La Junta da un año para subsanar errores. Háganse, dejemos a un lado la confrontación y las cartas que de nada sirven y afrontemos la realidad. Criterio, coherencia, trabajo y buen gobierno.

La Feria que viene

Antonio Lao | 28 de marzo de 2016 a las 11:01

La Feria de la capital es el evento más importante que celebra la ciudad a lo largo del año. Tradición, participación y devoción se unen en unas fiestas tan arraigadas como las migas los días de lluvia o las tapas en los bares. Es tan almeriense que cada cambio o modificación, por pequeña que sea, va a contar con el apoyo o la crítica de los ciudadanos que, a partes iguales, son capaces de encontrar los matices más pequeños que pueden dar al traste con aquellos que han osado modificarlos. Y es que como en el fútbol, -todos llevamos un seleccionador dentro- en lo que a la Feria se refiere cada uno la haríamos a nuestra manera y, posiblemente, todas serían válidas.
En septiembre, cuando la procesión de la Virgen del Mar se encierra, desde el Ayuntamiento se hace balance de un evento que en los últimos años ha venido a menos, en la misma medida que las actividades se repiten y se confunden con el paisaje, alejadas de lo actual y ancladas en un pasado que dispersa la participación. Si a ello se suma lo alejado del recinto ferial, aunque coqueto y multiusos, el cóctel que encontramos no aspira a que lo saboreemos con gusto.
Bajo estas premisas, no es extraño que se busque, desde todos los ámbitos, la cuadratura del círculo de una fiesta que nos atañe a todos por lo que representa. He escrito en más de una ocasión que fue un error bajar el número de días, en aras a no se que concepto y en la búsqueda de ahorro en tiempos de crisis. Se pueden cambiar muchas cosas del contenido, pero nunca se deben tocar aquellos elementos que suponen una seña de identidad para los almerienses y, las jornadas festivas, es una de ellas.
Tampoco es asumible que la Feria del mediodía esté en manos de unos pocos hosteleros, vetando la entrada de otros nuevos. Si de diversión hablamos Almería, desde el centro a la periferia, debe ser una fiesta durante las fiestas. En Pamplona los sanfermines son un gran botellón y nadie protesta más de lo deseado. Con control, limpieza y mesura todo es soportable si de generar buen ambiente, tradición y distinción frente al resto hablamos. Aquí, siendo más papistas que el Papa, nos hemos rasgado las vestiduras por pequeñeces, por miedo a perder unos votos o, simplemente, por el ansia de protagonismo de algunos, empeñados en dejar huella o rastro por su paso por el Ayuntamiento. Otro error.
Mi propuesta. Devolver a la feria todos sus días, potenciar el recinto ferial, abrirla a todos los colectivos, multiplicar los eventos lúdico festivos, buscar la participación de los almerienses, proyectarla en el exterior y, muy importante, buscar que los precios no se disparen. Con ello el gasto, al final, crecerá, en la misma medida que las salidas se multiplicarán en nuestra fiesta por antonomasia.

Diputaciones, la administración de los pueblos pequeños

Antonio Lao | 21 de marzo de 2016 a las 17:15

Irreparable. Si finalmente las diputaciones desaparecen, quienes más lo van a sentir son los pueblos pequeños. Muchos de ellos no superan los mil habitantes y no tienen ni medios materiales, ni presupuestarios para sacar adelante proyectos esenciales para su desarrollo futuro y su existencia como villa. Son las grandes desconocidas para muchos ciudadanos, sobre todo para aquellos que viven en comunidades uniprovinciales, donde ni siquiera existe ese órgano administrativo. Entre sus funciones, si se pregunta en la calle, la mayoría dirá que sirven para auxiliar a los municipios pequeños. Sus competencias se vieron reducidas según fueron ganando terreno las comunidades autónomas. Desde que estalló la crisis han estado en el punto de mira, no solo por su presupuesto y su deuda creciente, sino por la necesidad de simplificar los niveles administrativos en España. Entre los partidarios de su supresión se encuentra Ciudadanos, pero también el PSOE de Rubalcaba, y ahora el de Pedro Sánchez. El PP, en cambio, se ha opuesto a su eliminación, ya que entiende que prestan unos servicios insustituibles en muchas localidades pequeñas. Ya en 2011, Pérez Rubalcaba propuso sustituir las por Consejos de Alcaldes. Sostenía que no hacía faltar cambiar la Constitución, ya que esta dice que el gobierno y la administración autónoma de las provincias estarán encomendados a Diputaciones u otras Corporaciones de carácter representativo. Por tanto, los Consejos de Alcaldes sustituirían sin más a las diputaciones. El líder socialista encontró entonces una fuerte resistencia interna, sobre todo en Andalucía y Extremadura, y la propuesta se metió en un cajón. Entre los detractores, se sostiene que son instituciones perfectas para tejer redes clientelares, y se insiste que la opacidad de muchas de sus actuaciones y subvenciones son otro argumento para su reforma o desaparición. Entre sus defensores se pone el acento en el auxilio a miles de municipios, que sin ellas no tendrían capacidad de prestar muchos servicios.
En España desde 1836 son, según la Constitución (artículo 141.2), el órgano de gobierno y de administración de las provincias. Entre sus competencias está la coordinación de servicios municipales, la asistencia y cooperación jurídica, económica y técnica de los municipios, la prestación de servicios de carácter supramunicipal, el fomento del desarrollo económico y social, recaudación tributaria, la administración electrónica, el desarrollo de infraestructuras y actividades culturales y de ocio. Un notable conjunto de competencias que muchas localidades, la mayoría sin recursos administrativos, no podrían prestar. Si finalmente desaparecen, todas ellas deben ser asumidas por la Comunidad Autónoma, incluidos los trabajadores. No veo, por tanto, donde está la ventaja de su supresión.

Tengo un plan para Carboneras

Antonio Lao | 14 de marzo de 2016 a las 18:39

Todos, sin excepción, se han apresurado nada más conocer la sentencia del Tribunal Supremo sobre El Algarrobico a anunciar un plan de dinamización económica para Carboneras. Una actitud que muestra a las claras el interés de las administraciones y de la clase política en general por esta localidad del levante almeriense. La propuesta debe ser y entenderse como notable y saludada con aplausos, si no fuera porque, como siempre, es poco creíble.
El papel lo aguanta todo y las palabras se las lleva el viento. Son tantos los años que escucho promesas huecas y proyectos vacíos, que necesito de hechos para creer lo que oigo. La boca se les ha llenado a todos, desde la presidenta de a la Junta, la vicepresidenta del gobierno, el secretario general de los socialistas y la portavoz del PP en el Parlamento Andaluz, al hablar de la necesidad de responder al derribo del hotel, tal y como exige el Tribunal Supremo, con una propuesta para fomentar el empleo y buscar alternativas a lo que hubiera significado este proyecto para la localidad.
Palabras y palabras, sin concretar nada, a la espera de que el tiempo transcurra y caer en el olvido informativo, hasta que las máquinas y las palas regresen para derribar lo que nunca debió comenzar a construirse sí, realmente, estaba en suelo no urbanizable como confirma el alto tribunal.
Pero que no es así. Desde el Ayuntamiento, hasta el Gobierno, pasando por la Junta de Andalucía creyeron y apostaron por la construcción del hotel. Lo aplaudieron y se fotografiaron con primeras piedras y campañas de publicidad, argumentando las posibilidades turísticas que se abrían para un pueblo que había quedado al margen del desarrollo del turismo del sol y playa hasta ahora.
Con tanto para bien y todos encantados, llega la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona. Asidua visitante a la provincia y hasta diputada por esta tierra, para dar carnaza a los ecologistas y no se le ocurre otra cosa que paralizar los trabajos. Portada de todos los medios nacionales e internacionales y se convierte, de la noche a la mañana, en el adalid y gran defensora de la construcción sostenible y del medio ambiente por encima de la cultura del ladrillo.
Un cóctel perfecto, que la aúpan como gran defensora de las nuevas formas de entender la vida, la construcción y el turismo en este país. Pero sólo era postureo, fachada y deseos de votos. Salió por patas del Ministerio de Medio Ambiente y nunca más se supo, nunca más se preocupó y nos dejó un legado que, diez años después, los habitantes de Carboneras y la provincia padecen. Marcados por la infame construcción, lo peor de todos es que usted lector, y yo, quien escribe, junto al resto de ciudadanos pagaremos euro a euros, hasta cien millones, el desaguisado.

El Algarrobico, suma y sigue

Antonio Lao | 7 de marzo de 2016 a las 10:56

El Tribunal Supremo ha dejado al hotel del paraje de El Algarrobico, uno de los símbolos de la destrucción del litoral, al borde de su desaparición. Los magistrados han fallado sobre dos asuntos clave de la maraña de recursos judiciales que envuelven a este hotel, cuyas obras están paralizadas desde hace diez años, cuando era ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona. El Supremo establece que los suelos en los que se levantó no son urbanizables. Además, fija que los terrenos en los que está la edificación son propiedad de la Junta, que tras la polémica levantada hace una década ejerció el derecho de retracto. El hotel, que comenzó a construirse en 2003, se hizo dentro del parque natural de Cabo de Gata. Pero en el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) los jueces discrepan sobre si los suelos en los que está son urbanizables o no. Una sección de la sala de lo contencioso de Granada sentenció en 2012 que en ese terreno no se podía construir. Pero, dos años después, otra sección de la misma sala del TSJA falló lo contrario, que los suelos eran urbanizables. El Supremo ha zanjado este asunto al señalar que esos terrenos están en “área ambientalmente protegida y no en un área urbanizable”. Estas sentencias se suman a una cadena de fallos contrarios al hotel. En estos momentos, según esos pronunciamientos judiciales, el edificio está en una zona donde no se podía construir e invade la zona de dominio público, como estableció también el Supremo en 2012. Además, los terrenos sobre los que se levanta son ahora de la Junta. No así el hotel, que seguiría siendo de la promotora.
¿Qué espera ahora? La respuesta es compleja. Aunque el Supremo deja claro que su misión no es entrar en “la responsabilidad patrimonial” que puedan tener las Administraciones implicadas, ya que en la Audiencia Nacional hay un pleito abierto sobre este asunto. La promotora del hotel, Azata, reclama 70 millones de euros al Ayuntamiento de Carboneras, a la Junta y al Gobierno central. Antes de que se desatara la polémica por la construcción del hotel, las Administraciones concedieron los permisos para que el edificio se levantara. La principal baza con las que cuenta la promotora ahora en su reclamación es la licencia de obras. Esta fue anulada en primera instancia, pero la misma sección del TSJA que ha sido corregida por el Supremo en el asunto de los suelos, falló en 2014 que la licencia que se le concedió es legal. Esa sentencia es firme, con lo que no cabe la posibilidad de ser anulada como ha ocurrido con el asunto de los terrenos. Por tanto, se me antoja un paso más hacia el derribo del hotel, aunque la cantidad a indemnizar a la promotra es tan cuantiosa que aún no se ha dicho la última palabra. El tiempo sigue corriendo y el mamotreto sigue ahí

Procesionaria y cochinilla del carmín

Antonio Lao | 1 de marzo de 2016 a las 18:39

Inanición, dejadez o simplemente desconocen lo que tienen entre manos. En la provincia más seca de la península, en las tierras en las que se han invertido millones y millones de euros en repoblación, en los paisajes en los que lograr que una planta crezca sin ayuda de agua o cuido casi es un milagro, nos empeñamos en mirar para otro lado cuando de buscar soluciones se trata.
Hace una semana Diario de Almería mostraba en un notable reportaje del periodista Rafael Espino como la procesionaria del pino se adueña de hectáreas y hectáreas repobladas hace más de tres décadas, algunas incluso más, sin que desde la administración autonómica se haga nada por evitarlo. Todo lo que hemos conseguido que declaren los responsables es que está prohibido por la Unión Europea la fumigación aérea. No comparto tanta pasividad. Las leyes y las normas están ahí para cambiarlas, si se demuestra con ello que el beneficio es mayor que el daño. Entiendo que una fumigación sin sentido puede perjudicar a las aves y otra fauna habitual de estas zonas. Pero mucho me temo que si seguimos empecinados en situaciones de este tipo, al final no vamos a tener fauna porque todo va a ser del desierto.
Ocurre con la cochinilla del carmín y las paletas. La excusa de que es una planta invasora ha acabado con un paisaje tan típico de Almería como las migas o el potaje de gurullos. Una nueva inanición de la administración, que ni tan siquiera ha apostado por una alternativa viable a conservar, si no toda la población, si una buena parte. Ahora, a poco que viajes por los pueblos te encuentras zonas paleteras por excelencia muertas, que producen desolación y tristeza. Una indecencia supina ver como se busca el paso del tiempo, a la espera de que las críticas escampen, sin soluciones coherentes, acertadas y que , de verdad, busquen la defensa de nuestros paisajes.
Pero aún hay más. En comarcas como el Nacimiento, La Alpujarra, parte del Almanzora y Los Vélez, se acabó la aceituna negra para consumo. Y es que la mosca mediterránea, esa que pudre toda fruta que se produce campa a sus anchas. Aquí nos topamos otra vez con la prohibición europea. ¿Que se ha conseguido?, pues que los sufridos agricultores de interior, aquellos que subsisten con mil difucultades, pierdan parte de sus ingresos vendiendo la oliva sólo para aceite, que se paga casi a la mitad de lo que se obtenía hace unos años por la de consumo. Las normas, no discuto, están para cumplirlas. Pero la flexibilidad y la coherencia debe imponerse por encima de aquellos sesudos que las dictan, que jamás han estado aquí. Y la administración, en este caso la andaluza, debe estar para hacerles entender la situación y no limitarse a verlas venir, sin importarles poco o nada el mundo en el que nos movemos. Una pena.

Nos toman el pelo

Antonio Lao | 22 de febrero de 2016 a las 12:31

A los incumplimientos varios a los que nos tienen acostumbrados los sucesivos gobiernos de España en esta provincia, se suma ahora el presunto choriceo, cuarto y mitad, destapado en ACUAMED (Aguas del Mediterráneo) con el que el Partido Popular ha culminado una legislatura memorable, con todas las connotaciones negativas, para la tierra noble que habitamos. Lamentable y triste es conocer el tejemaneje que se traían los altos cargos de la sociedad que ha gestionado en esta provincia cientos de millones de euros para obras de desalación de agua, tanto para abastecimiento, como para riego. Pero lo es aún más saber que después de tres años, caso de la desaladora del Levante, ubicada en Villaricos, nadie ha sido capaz de solucionar los problemas generados por las inundaciones, mientras la planta sigue ahí, deteriorándose y a la espera de soluciones, mientras la escasez de agua se agrava cada día en una zona que puede, si la dejan, convertirse en un referente de la agricultura europea.
Pero aún hay más. La ministra del ramo, conocedora de lo que se jugaba en regiones como Murcia, no tuvo empacho alguno en rebajar el precio del metro cúbico de agua, tratando de atraer votos y voluntades, en un esfuerzo electoral final que fue vano y baldío. Mientras, los regantes almerienses se desgañitan un día sí y otro también reclamando igualdad de trato y similitud de precios que aún no han llegado. Pero viendo lo sucedido, uno tiene la sensación que la preocupación de aquellos que gestionan el dinero público nada tiene que ver con la defensa del bien común, la mejora de las estructuras o el bienestar de los ciudadanos, sino más bien con el intento, desconozco si logrado o no -es algo que dirimirán los tribunales- de acrecentar el trinque con el que nos hemos venido desayunando un día si y otro también a lo largo de los últimos cuatro años.
Qué profunda es la fractura que han provocado entre los ciudadanos y sus gobernantes, hasta el extremo de que ya nadie cree nada de lo que le dicen, y tan sólo esperan que el agujero que al final se encuentren sea lo más leve posible.
La regeneración que se necesita es tan grande que van a tener que temblar muchas de las columnas sobre las que se asienta el sistema, si no para derribarlas y partir de cero, sí para levantar uno a uno los ladrillos y las alfombras para que no quede nada debajo. Y para ello lo mejor es un tiempo de oposición, que permita reflexionar de forma profunda, padecer el frío que hace fuera y atender, de verdad, los problemas de la gente. A esto se llega a servir y no a servirse, cuestión esta última tan extendida en aquellos que nos gobiernan, que sacarla de sus cerebros necesita del mejor cirujano para que la extirpación sea tan limpia como el agua cristalina de una playa virgen, jamas visitada por los humanos.

La trastienda del PP

Antonio Lao | 15 de febrero de 2016 a las 17:38

El Partido Popular de Almería se aferra a los resultados electorales de las municipales, andaluzas y nacionales para mantener la cabeza fría. Son conscientes de las dificultades que se avecinan a nivel nacional, las viven a nivel regional y pretenden que la provincia se mantenga como referente dentro del panorama estatal por “liderazgo, resultados y mantenimiento de poder”. Las palabras de un destacado dirigente provincial confirman la serenidad con la que afrontan el futuro, sabedores de que vienen curvas. Con las principales alcaldías en su poder, más la Diputación, entienden que mantienen un parapeto en el que cobijarse a la espera de que escampe y lleguen tiempos mejores.
Ahora, subrayan, “debemos saber manejar lo que tenemos, si realmente pensamos en el futuro recuperar lo perdido”. Esa dinámica pasa por alejar todo lo posible los contubernios, evitar la división interna y, sobre todo, las aventuras “que no conducen a ninguna parte” de aquellos que creen que a río revuelto ganancia de pescadores.
Esa normalidad la encarna el actual presidente, Gabriel Amat, quien pese a las presiones que recibe de todo tipo no ha pensado en dejar la presidencia del partido e, incluso, se plantea seguir al frente de la formación, no sólo este mandato, sino optar a la reelección de sus compañeros. El “viejo zorro”, es muy consciente de que lo esperan desde todos los frentes, incluso internos. Conoce con detalle los movimientos de sus correlegionarios, los que almuerzan en restaurantes apartados y los que se cobijan a la luz de las velas a la espera del codiciado botín. Pero no se arredra. Al contrario, maneja los tiempos como pocos, sitúa a sus peones en puestos claves y se deshace de aquellos que pueden ser un estorbo, -no lo tomen al pie de la letra- en la misma medida que un azucarillo se diluye en agua hirviendo.
Y es que la experiencia es un grado. Un grado tan enorme que le hace ver las jugadas con mucha antelación. Cuando aquellos/as que dibujan un escenario sin Amat, el veterano presidente, que no cansado, ya ha pintado la cara de los que tratan de difuminar su imagen y los ha alejado de la cocina en la que se elaboran los menús.
Aún así hay que estar atentos las próximas semanas, los próximos meses, a los gestos, a los movimientos de ficha de los peones para tener una imagen real de la partida de ajedrez que se está jugando. No valen triunfos efímeros, apuestas de escasa consistencia, sino jaques mates concluyentes, en los que el rey no tenga ni una sola opción de triunfo, a pesar de la fuerza de la ayuda de alguna que otra pieza del tablero, incluida la reina, que muestra y expresa toda la contundencia de su valor, en un juego tan interesante por su despliegue de estrategia, poderío y crueldad en el resultado: victoria o derrota, no hay más opciones.

Líderes en exportación, precios por el suelo

Antonio Lao | 9 de febrero de 2016 a las 11:58

EL viernes concluía en Berlín Fruit Logistica. La feria agrícola más importante del mundo en la que, una vez más, la provincia ha destacado por su capacidad de producción, su fuerza exportadora, el anhelo innovador y su liderazgo camaleónico para adaptarse a los nuevos tiempos, a los nuevos gustos del consumidor y, lo que es más importante, a las exigencias de un mercado cada vez más globalizado y gourmet.
En el otro lado, y mientras casi un millar de empresarios y comerciales trataban de abrir aún más el mercado europeo y mundial de hortalizas, los productores, los agricultores y las familias, vivían el primer paro del año y se manifestaban por las calles de la capital, en demanda de unos precios acordes con el esfuerzo, el gasto y el trabajo que cada día ponen para satisfacer los paladares más exquisitos de 500 millones de europeos.
Un contrapunto que pone de manifiesto la enorme distancia que existe entre aquellos que producen y el consumidor final. Un contrapunto que eleva aún más la tensión entre dos actores que representan la misma función. Unos muy mal pagados y escasamente reconocidos y otros bien remunerados a costa de los primeros.
Algo hay que hacer y pronto. La brecha que separa a un mismo mundo crece, mientras que lo que se ha venido en llamar el sector no encuentra la fórmula para alejarse de los vaivenes que producen las temperaturas y la capacidad de control de las grandes superficies para instaurar y pactar precios, sabedores de la caducidad de un producto que “sí o sí” debe estar en el mercado cuando está maduro. Mucho se ha escrito y dicho sobre la necesidad de unión que la industria agroalimentaria urge. Pero tanto o más se ha hecho por evitarla. Lo poco que conocemos se ha realizado a regañadientes y sólo porque los protagonistas han visto como la única salida a sus déficits pasaba por la conciliación de intereses para sobrevivir con garantías, en un mundo tan global y tan competitivo que el pez grande en Almería no deja de ser un simple huevo de esturión en el mercado mundial de las hortalizas.
Tenemos el clima, contamos con los agricultores más experimentados y preparados, somos -y es un tópico- la despensa de Europa. Nuestra capacidad es tal que pese a no creérnoslo tenemos la sartén por el mago. Otra cosa es que aquellos que tienen capacidad de liderazgo y fuerza para unir voluntades, de verdad se sienten y busquen soluciones coherentes, respetadas y de futuro para que el sector, ese del que eufemísticamente nos vanagloriamos para mayor loa de unos cuantos, sufra lo menos posible y tenga, de verdad, capacidad de decisión, no ya para enriquecerse, que también, sino para, mínimamente, obtener una renta básica que permita un crecimiento sostenido, variado y alejado de las turbulencias a las que está sometido de forma permanente.

El chiringuito de Mónsul

Antonio Lao | 1 de febrero de 2016 a las 12:30

La pretensión de la Consejería de Medio Ambiente de instalar un chiringuito en la playa de Mónsul es un error de graves consecuencias para el entorno privilegiado del Parque Natural de Cabo de Gata y la proyección nacional e internacional de la provincia. Si finalmente el proyecto sale adelante, no lo duden, habrá un antes y un después de estas calas vírgenes, uno de los últimos paraísos de la costa española preservado. Urge, por tanto, que la administración andaluza se piense la propuesta y, más pronto que tarde, retire el proyecto de forma definitiva y devuelva la serenidad y la tranquilidad a una zona que no necesita un bar de playa para modificar la estructura de privilegio en la que se ha desenvuelto hasta ahora.
No entiendo la defensa que hace el delegado de Medio Ambiente del proyecto, tampoco las justificaciones y, ni mucho menos, el argumento de los precios de los productos o la pequeñez de la cocina, para tratar de sacar adelante una idea que ya nace muerta. La administración andaluza se ha caracterizado desde que se aprobó la ley que declaraba toda la zona Parque Natural, por su defensa de un paraje único, con endemismos autóctonos y alejado del mundanal bullicio que es la playa tradicional que todos conocemos. No comprendo el intento ahora de sacar adelante una propuesta que no aporta nada y si puede provocar daños irreparables en la idea que tenemos de las calas de Cabo de Gata y de la proyección mundial que se ha logrado a base de exportar naturaleza virgen, desierto y dunas, alejado de todo lo que pueda parecer o se acerque al ladrillo.
Dicho esto, dejar claro que los municipios que conforman el Parque Natural de Cabo de Gata no deben pagar las consecuencias de la defensa de la naturaleza. Así pues, se hace imprescindible un plan de desarrollo del entorno, con especial incidencia en el turismo. No es de recibo que uno de los municipios, Níjar, que más aporta en imagen a esta tierra y a su proyección en el exterior no disponga de la infraestructura hotelera que permita dejar todo el valor añadido en los hombres y mujeres que allí habitan. Eso significa que los núcleos urbanos o sus aledaños se desarrollen, pero nunca tratar de matar la gallina de los huevos de oro que es Cabo de Gata y lo que engloba.
El chiringuito de Mónsul proyectado, de forma inocente y todos aquellos calificativos cariñosos que ustedes quieran ponerle, es el germen de lo que no se debe hacer y de lo que se puede avecinar en el futuro. Sólo faltaría que para más comodidad, la carretera de las calas que une San José con Las Salinas se abra, se asfalte y se hagan aparcamientos a tutiplen para mayor gloria de los defensores del asfalto y del desarrollismo brutal y sin control. Es un riesgo que la administración andaluza no debe correr, por el bien de una provincia diferente. No lo malogremos.

Almería turismo ¿Qué vendemos?

Antonio Lao | 25 de enero de 2016 a las 11:25

Concluye  FITUR, una de las ferias de turismo más importantes del mundo, con la presencia -y es una tradición- de un trocito de Almería en los pabellones del recinto ferial de IFEMA en Madrid. Llevo acudiendo a este evento treinta años y pocas cosas han cambiado desde entonces, no ya en la promoción que hace la provincia, sino en el formato de una feria que parece vintage, aunque plena de vigencia y con más negocio que nunca.
Un evento de este tipo es el mejor de los escaparates posibles para proyectar o dar un empujón a la provincia. No me cabe la menor duda de que esa es la intención tanto de la Diputación de Almería como de la Junta de Andalucía, apoyando un sector que ha sido y es el motor de desarrollo de la Comunidad Autónoma.
Pero todos vendemos lo mismo o parecido. Es muy difícil abstraerse de los folletos, las presentaciones rápidas y de los minutos de gloria, en la idea de que algo permanecerá en la retina de los que acuden. Y debe ser así, porque en las últimas tres décadas el salto cualitativo que ha dado esta tierra en materia turística es innegable. Sin embargo, no acaba de cristalizar con la fuerza que otros destinos cercanos poseen. La prueba del algodón de esta afirmación la encontramos en el aeropuerto, que ha concluido el año con un decrecimiento de un 7,2% en pasajeros, cuando los de su entorno han sumado al calor del fin de la crisis y de los riesgos que la primavera árabe dejó en nuestros principales competidores.
No seré yo quien escriba una línea en contra del sol y la playa como nuestro principal atractivo, que lo es. Pero hoy, en 2016, a aquellos que nos visitan hay que darles algo más. Pasaron los tiempos en los que una familia se pasaba un mes en un hotel de playa o en un apartamento de la costa. En la actualidad las vacaciones se parten, se trocean, se planifican, se buscan varios destinos y se pretende, además del sol, sumar con gastronomía, cine, cultura, y otros condimentos para dar sentido a las jornadas de absueto.
Nosotros, como Costa de Almería, tenemos todo este aderezo y, además, sumamos el cine como gran atractivo de aquellos que nos ven como lugar de descanso. Tras la conclusión de Fitur y de lo que Almería ha hecho en su periplo por Madrdi me quedan dudas sobre nuestra capacidad para sumar en turismo de película o es que mantenemos nuestra habitual “desgana” tratando de cubrir el expediente y a la espera de que aquellos que han visto una serie como Mar de Plástico o Juego de Tronos hayan tomado nota y se interesen por nuestros paisajes, nuestra gastronomía o nuestras costumbres.
Es, pienso, una asignatura pendiente, que requiere de un trato más cercano, más planificado, con más cariño y con una intensa campaña de promoción. Bisbal suma, no lo dudo, pero el cine más.

Palomares,, 50 años después

Antonio Lao | 18 de enero de 2016 a las 13:53

Conmemorar una efeméride como el aniversario de las bombas de Palomares siempre me ha parecido extraño, insólito. Claro, que si de lo que se trata es de que la memoria colectiva esté siempre fresca y no olvide ya es harina de otro costal. Pero sí de lo que hablamos es de la desfachatez del gobierno americano para con los habitantes de ésta pedanía de Cuevas del Almanzora, la situación tiene otros mimbres y otros tintes.


No parece razonable y no cabe en cabeza humana que 50 años después del triste suceso, del que esta zona salió casi indemne por pura suerte o azar, la tierra contaminada siga ahí y prosigamos en una reivindicación de David contra Goliat permanente y, por lo que parece, sin un final previsible, óptimo y pronto.


A lo largo de este tiempo, medio siglo, se ha escrito y dicho casi todo. Lo conocido y lo desconocido, se han desclasificado papeles, se han enmascarado datos, se ha mentido y se han dicho verdades a partes iguales. Sólo que los perjudicados en esta partida de ajedrez interminable siempre son los mimos. El Jaque pende de forma permanente sobre las cabezas de los vecinos de Palomares, que han sabido como pocos, tratar de olvidar lo sucedido, hacer vida normal y labrarse un futuro bajo el paraguas de la agricultura, con la amenaza de la contaminación siempre sobre sus cabezas.


Pasar página, sin embargo, no es posible, cuando aún hoy algunos vecinos deben pasar controles periódicos para conocer su estado de salud, cuando desde el Ciemat se mantienen los análisis de la tierra y cuando las vallas que rodean el lugar están cerradas a cal y canto.


Cincuenta años dan para mucho y han sido bastantes los que han tratado de cerrar con “El Tío Sam” una herida abierta, siempre con la buena voluntad de ambas partes, pero sangrante para un solo paciente. La fecha que ahora se recuerda con libros muy interesantes, con recopilaciones e informes, debe volver a poner sobre la mesa la necesidad, perentoria, de que de una vez por todas los americanos se lleven la tierra contaminada y esta página de la historia que comenzó con el desgraciado accidente del B-52, la caída de las bombas, la historia de Paco, el pescador que las encontró, y el baño del entonces ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga, concluya para abrir nuevos capítulos en el devenir de una población que anhela ser dueña de su destino, sin la permanente Espada de Damocles del plutonio sobre sus cabezas.


Esa es la tarea pendiente, la tarea que los sucesivos gobiernos de este país han tratado y mirado de puntillas para no dañar relaciones, comprensible, pero con la necesidad de ofrecer mayor celeridad a los compromisos adquiridos. Cuando ocurra habremos alcanzado la cima de una meta que parecía imposible.

AVE, fuese y no hubo nada

Antonio Lao | 11 de enero de 2016 a las 11:52

Acaba el año y sigue sin saberse nada de los trabajos del AVE, tren de alta velocidad, que nos debe unir con Murcia. Ha transcurrido una legislatura entera, cuatro años -ahí es nada- y se ha pasado de las obras al tapiado del túneles; de la inyección de fondos públicos en los presupuestos, a las promesas huecas y vacías; de la licitación, adjudicación y comienzo de las obras, a toparse con medio ambiente y el control y preservación de la tortuga autóctona. Una suerte de lotería que el Gobierno ha esgrimido para no comenzar los trabajos este año y para que, una vez más, los cien millones consignados en las cuentas del estado pasen de largo por una tierra que necesita, por una vez y sin que sirva de precedente, contar con una infraestructura básica y clave para su desarrollo futuro. Mientras unos y otros, otros y unos, nos han engañado, cual viles trileros. Leo y no doy crédito a las inversiones millonarias que se han hecho, por ejemplo, en aeropuertos como el de León, Burgos o Salamanca, en los que en los últimos meses han pasado no menos de mil viajeros por cada uno de ellos. Por no hablar, claro está, del de Castellón o Ciudad Real, cada uno en su ciudad, durmiendo el sueño de los justos y como símbolos de una de las etapas más oscuras de este país, la de la crisis, la corrupción y el despilfarro. Por contra, una tierra como la nuestra, capaz de sobrevivir sin ayuda a los recortes, a la carencia de inversiones y al olvido, ha sabido mantener las exportaciones en cifras récords y sostenido del empleo y la innovación en niveles no alcanzados hasta ahora. Un año, el que acaba de terminar, se ha perdido para esta provincia en materia de infraestructuras. Eso sí, para la historia quedarán los lenguaraces o deslenguados, los oradores u oratorios, capaces de un día sí y otro también regalarnos un titular como ir a Madrid por Granada cuando la ciudad de la Alhambra logre el AVE, con un intercambiador y perlas similares. Ahí quedan para que aquellos que en los próximos años estudien lo que ha sido y como ha crecido esta tierra nuestra, la de más carencias del país, observen la retahíla de espabilados, lazarillos y amigos del verbo fácil con la que hemos contado y contamos aún en Almería. Al fin y al cabo, recopilando datos, poniendo negro sobre blanco y rebuscando en la hemeroteca, nos encontramos con 365 días en el que el Estado y la Junta han hecho mutis por el foro, aunque unos más que otros. Si bien es cierto, que en materia social nos dejan algunas pinceladas, escasas, que no han roto la normalidad y la convivencia de la provincia, pero que a punto han estado de conseguirlo.Ya lo decía en aquel famoso soneto con estrambote el gran Miguel de Cervantes:
“…Y luego, incontinente,
caló el chapeo, requirió la espada
miró al soslayo, fuese y no hubo nada…”.

Delincuencia, no xenofobia

Antonio Lao | 11 de enero de 2016 a las 11:49

La ignorancia o el desconocimiento es capaz de acabar con un proyecto largamente trabajado en menos que canta un gallo. Sucedió, de forma lamentable en El Ejido con los sucesos de infausto recuerdo, y se ha tratado de repetir, por fortuna no logrado, con la muerte de un guineano en Roquetas de Mar. Un suceso aislado, con tintes de delincuencia común y, en ningún caso de caracter racista o xenófobo. Si bien es cierto que las rencillas o roces entre etnias se producen en ocasiones, aunque siempre de forma aislada y nunca como algo habitual o común entre las más de cien nacionalidades que cohabitan en pueblos como Roquetas de Mar, El Ejido, La Mojonera, Vícar o Níjar, por mencionar algunos ejemplos.
El desconocimiento que los grandes medios nacionales, en especial las cadenas de televisión y sus tertulianos “sabenlotodo” muestran sobre lo que acontece fuera de la capital del reino es tan atroz como dañino. De forma lamentable, a veces con mezquindad y la mayoría por simple ignorancia, se tratan de incrementar las audiencias con programas que superan, no bordean, la basura con absoluta despreocupación y sin pensar en las consecuencias que este tipo de actos irresponsables conllevan.
No voy a desmentir, ni lo pretendo, que la convivencia siempre es compleja. Que se agrava cuando las dificultades económicas son grandes y que la lucha por subsistir a veces causa más fricciones de las soportables. Pero de ahí a tratar de condenar, de nuevo a un pueblo o a una provincia como xenófobo media un abismo tan enorme como el Cañón del Colorado.
Alarma, y no es sólo una palabra, comprobar cuántas cosas se pueden hacer por un puñado de telespectadores o por una nómina de opinador entendido de todo y desconocedor de la más mínima ética, formas de vida e identidad de aquellos que habitamos esta piel de toro que llamamos España. Me entristece, y mucho, comprobar como aquellos que se dicen en la posesión de la verdad no han visitado jamás esta provincia, no conocen a sus gentes y mucho menos cómo nos ganamos la vida. Saben, de oídas, que producimos hortalizas, que generamos riqueza, pero en lugar de ensalzar el laboro y la innovación, aprovechan cualquier resquicio, cual sabandijas, para tratar de abrir una herida que jamás ha estado abierta y, ni mucho menos, sangra como tratan de hacernos ver al más leve suceso. Lamento que no se defienda la grandeza de los que aquí viven y se busque de forma hiriente meternos en el saco a todos por unos hechos que han protagonizado dos, tres o cuatro personas. Y que una reacción de protesta, de indefensión, se trate de usar como argumento para dar alas a aquellos que sólo buscan pescar en río revuelto. A aquellos que saben que cuanto peor nos vaya, más tajada podrán sacar en el futuro. Una pena.