Los límites de la paciencia y la comprensión

Antonio Lao | 22 de abril de 2019 a las 17:43

No voy a ser yo el que le exija al Gobierno de la Junta de Andalucía -cuatro meses ejerciendo- que resuelva todos los problemas que tiene la provincia en este período breve de tiempo. Sería más que osado por mi parte verter una crítica hacia un ejecutivo que bastante tiene, por ahora, con taponar todos y cada uno de los frentes que tiene abiertos.
Quizá por ello comprendo a la consejera de Fomento de la Junta, Marifran Carazo, cuando el jueves cuatro de abril, en el Parlamento regional, pedía “confianza” para finalizar una obra que se ha convertido en el “cuento de nunca acabar”: la autovía del Almanzora. La máxima responsable recordaba que el Gobierno andaluz está pendiente de resolver la licitación de las obras del tramo Cucador-La Concepción, que salió a concurso en noviembre de 2018 con un presupuesto base de 39,5 millones y al que se han presentado 21 empresas. Con todo, no debemos olvidar que en la etapa anterior la oposición popular no cejó un solo día en pedir el inicio de los trabajos, denunciar los constantes retrasos y lamentar el abandono secular al que, una vez sí y otra también, estaba siendo sometida la provincia. Por tanto, paciencia sí, comprensión también, pero todo tiene un límite. Un límite que no debe pasar de recoger la inversión en los presupuestos, aún sin aprobar, y que las obras puedan estar en marcha antes de que finalice el año. Veremos.
En parecidos términos nos encontramos con el AVE que algún día -sin fecha definida por más que unos y otros nos traten de inocular 2023 como el año mágico- nos debe unir con Murcia. Cierto es que el Gobierno de Pedro Sánchez y su ministro Ábalos tan sólo lleva en el poder nueve meses. Por tanto la exigencia con aquellos que tienen tan escaso bagaje de gobierno debe ser siempre elástico, con cierta plasticidad. La comprensión y la paciencia que solicitaba Marifrán Carazo también debe ser aplicada en este caso, con la misma naturalidad de la solicitada con la autovía del Almanzora, pero con la firmeza de aquellos que hacen anuncios de licitaciones y adjudicaciones y luego, puede, sólo digo puede, que se olviden de que las empresas deben iniciar los trabajos cuanto antes, cumpliendo plazos y requisitos legales.
Paciencia sí. Mucha paciencia es la que llevamos soportando los que aquí vivimos a lo largo de la historia. Paciencia y olvido. Un cóctel difícil de digerir por más tiempo, por aquello de las promesas incumplidas, de las declaraciones vacías, de los intentos una y otra vez de capitalizar los posibles votos que puedan ofrecer las infraestructuras y luego si te vi no me acuerdo.
Paciencia, por supuesto que sí, pero con garantías, con plazos de obras, con fecha de inicio de los trabajos y con la responsabilidad que cabe o se supone que deben tener aquellos que rigen nuestros destinos desde hace demasiadas décadas.

Pueblos vacíos, donde habita el silencio

Antonio Lao | 10 de abril de 2019 a las 19:27

Miles de personas, convocadas por La Revuelta de la España Vaciada de 90 plataformas y 23 provincias se manifestaban la semana pasada en Madrid para reivindicar soluciones urgentes para que el medio rural “no agonice”. Este fin de semana en Serón se celebran unas jornadas con la misma intención: un intento más por alzar la voz en defensa de una forma de vida, lamentablemente, en retroceso.
El problema viene de lejos, no es nuevo. Las soluciones, complejas, han entrado de lleno en la campaña electoral, en un intento de llamar la atención y encontrar alternativas al deterioro progresivo de la vida rural, la pérdida de población y todo lo que ello conlleva: menos servicios, carencia de infraestructuras, cierre de tiendas y comercios, ausencia de niños, población envejecida y un largo etcétera, capaz de generar la más profunda de las tristezas y desolación. Ver como el lugar donde naciste, donde formaste una vida, se apaga es la mayor de las angustias y pesar. En Almería más 70 pueblos, de los 103 que la conforman, corren serio riesgo de despoblación. Algunos, a la vuelta de una década pueden ser localidades fantasmas o sólo habitadas los fines de semana con suerte. Entre las iniciativas para tratar de mitigar esta ruina, la Diputación de Almería ha puesto en marcha un programa de ayuda a autónomos que quieran mantener sus empresas en alguna de estas localidades. Con ser importante, mucho me temo que no es suficiente. Hace falta algo más que esto para tratar de fijar la población a lugares en los que no ha nacido un niño en décadas, donde los jóvenes emigran en busca de trabajo y el paisaje diario no va más allá del bar abierto sólo algunos días de la semana y la soledad y el silencio lo inundan todo.
En alguna ocasión ya he escrito que casa en la que un mayor se muere es una casa que se cierra. Este es el aterrador panorama que se dibuja en el interior de una tierra hermosa como es Almería y que hoy, en su interior, es pasto de las bolinas en días de viento, del deterioro de las viviendas cerradas a cal y canto y la maleza adueñándose de los campos que un día fueron fértiles y que hoy son tomados por las alimañas. Caminar por cualquiera de ellos tiene ese sabor agridulce que produce el desgaste, mezclado con el regreso de la naturaleza en toda su extensión. La amalgama de ambos elementos conjuga sensaciones contrapuestas, plagadas de recuerdos, inundadas de almas serenas y rabia contenida por no haber sido capaces de taponar el sangrado permanente de vida, que se desgaja a jirones camino de la civilización que hoy nos atenaza, nos inunda y nos incita a dejar el pasado para vivir en el paisaje urbano en el que encuentras todo a solo un clic o a la vuelta de la esquina. Es la sociedad que nos toca y posiblemente en la que nos gusta vivir, distante de aquella en la que ya habita el olvido.

Sevilla en tren, una viaje para no hacer

Antonio Lao | 1 de abril de 2019 a las 12:56

Cuatro transbordos en tren y autobús y más de siete horas de viaje agotan al espíritu más aventurero. Un trayecto sólo para los arriesgados y aquellos que no tienen otra opción. Una aventura para contar, pero si es posible se evita. Un camino de raíles y ruedas interminables que el martes hicieron algunos de los componentes de la Mesa del Ferrocarril, acompañados por gestores de la administración municipal y regional, en un intento vano y baldío por acelerar unas obras y mejorar una línea anclada en el siglo XIX y con escasas posibilidades de avanzar en el tiempo en los próximos meses o años.
Mientras el avión, con un precio coherente y asequible a casi todos los bolsillos te traslada desde Almería a la capital hispalense en menos de 40 minutos, la ruta en tren es para masoquistas o similares, para amantes del sufrimiento, maquinistas de la tristeza y despistados.
La reivindicación promovida por la Mesa del Ferrocarril, uno de los pocos entes que todavía mantiene viva la llama de la crítica, del inconformismo, mucho me temo que caerá el saco roto del olvido de quienes nos gobiernan. Que se quedará en el lenguaje de los gestos, en el baúl de los papeles de la pequeña historia provincial y poco más.
Da igual quien gobierne. Desde que la crisis nos abrazó a todos con su manto de recortes, se apoderó de la provincia el negro de las obras paradas, el gris de aquellos que mentían una y otra vez y el blanco de los optimistas “ponefechas” para luego no cumplir.
Transcurrido el tiempo, compruebas como aquellos que habían puesto un contador de días sin obras hoy salen corriendo cuando escuchan la reivindicación y viceversa. No atisbo lo que puede pensar, por ejemplo, un votante socialista cuando en el Gobierno de Rajoy cada día había una moción en la que se preguntaba por el inicio de los trabajos y hoy, cuando son ellos los inquilinos de la Moncloa no acuden a uno sólo de los actos que se organizan para presionar en la adjudicación de tramos, mejora de las vías y reducción del tiempo de viaje con Madrid y Sevilla.
En la misma línea imagino a aquellos votantes del PP agazapados en su cubil, esperando a que escampara durante sus años de gobierno, alzando ahora la mano de la reivindicación, con la bandera y el mástil asido y cosido a sus manos, apostando por unas obras que, por mucho que nos cuenten unos y otros no van a tener visos de realidad hasta que exista un gobierno fuerte, un gobierno capaz de avanzar en propuestas reales, sin imagenería semanasantera y alejada del trilerismo que tanto daño está haciendo a este país y a aquellos que una vez y otra también insisten en vendernos la burra vieja, desdentada y de culo. No se la compramos por los defectos, y encima se molestan cuando son objeto de rechazo.

Lo importante y lo accesorio

Antonio Lao | 25 de marzo de 2019 a las 11:49

Cuando faltan tan sólo 35 días para las elecciones generales aún no he escuchado una sola propuesta de aquellos que pretenden renovar sus cargos y gobernarnos acerca del futuro de este país. Y si bajamos algunos peldaños, ni les cuento sobre las pretensiones que tienen para esta tierra, y miren que allá por donde se mire sólo encontramos problemas por resolver.
Desde la disolución de las cámaras hasta hoy unos y otros se han dedicado a depuraciones varias, pasar a cuchillo (políticamente hablando) al adversario y conspirar en todos y cada uno de los foros para tratar de mantener prebendas, algún que otro cargo e influencia.
Nadie tiene, y si lo estiman no lo han hecho público, ni el más mínimo interés en sentarse un minuto, pararse a pensar y aportar algo más por el bien de todos, que no sea salvar su culo, perdón sillón. Otra cosa está tan alejada de la realidad y tan distante que no tienen el más mínimo interés por lo verdaderamente importante.
Y en esta vorágine en la que vivimos entono el mea culpa por preocuparme en más ocasiones de las que debiera en mostrar a los lectores, a aquellos que cada día nos leen, todos y cada uno de los detalles de estas guerras internas y cainitas en las que se convierten las semanas previas a las elecciones entre aquellos que sólo buscan, o al menos lo parece, mantener la poltrona a costa de lo que sea, de quien sea y como sea.
Y lo más triste de todo es que cuando ves el seguimiento que tienen este tipo de cuitas por parte de ustedes compruebas una y otra vez que es pequeño, mínimo. Mientras que los problemas cotidianos, aquellos que si tienen que ver con lo que yo llamo de forma coloquial “las cosas de comer” inflan y disparan las estadísticas de lectores, elevando la curva diaria hacia la cima. Por contra, asuntos como primarias amañadas, dedazos en la elección de candidatos u olvido de aquellos que en su día cortaron el bacalao y que hoy son poco menos que apestados para sus partidos, no pasan de la miseria y del círculo íntimo que todo este tipo de apaños, cambalaches y acuerdos, revestido de democracia, traen aparejados.
Ahora, que ya todo esto ha pasado, no estaría demás que quienes han logrado su objetivo aparquen por un tiempo las batallas personales y se dediquen de una vez a tratar de presentarnos programas y propuestas. Desconozco, por poner algunos ejemplos, que intenciones tienen con el AVE, con el déficit hídrico, con nuestra relación con el resto de España y cómo afrontar los problemas que afectan nuestros dos sectores básicos para nuestro desarrollo, como son el turismo y la agricultura. Y luego, si quieren podemos hablar de déficit, economía, pensiones, independentismo, relaciones entre comunidades, salud, sanidad, educación y un largo etcétera prolijo e interminable.

Generalidades y paracaidistas

Antonio Lao | 18 de marzo de 2019 a las 12:55

Los partidos políticos cocinan en las últimas horas sus candidaturas con la mirada puesta en el 28 de abril. Y digo cocinan, porque creo que ningún verbo se puede asemejar más a lo que sucede realmente en el interior de cada fuerza política, cuando de presentar a los electores una lista se trata.
En este proceso, elaborado a fuego lento y en el que muchos acaban abrasados en su mismo jugo, sorprende una elección más el escaso o nulo poder que los militantes y dirigentes de la provincia tienen a la hora de elegir a quiénes nos representarán en el Congreso y en el Senado. Muy a nuestro pesar a los próceres provinciales les pintan la cara proceso tras proceso, en la misma medida que miran sonrojados como aquí se instalan paracaidistas llegados de otros lares y nos inundan de palabrería vana, hueca y generalista, de la cual no se puede obtener ninguna conclusión. En Ciudadanos han celebrado unas primarias que el candidato impuesto por Albert Rivera ha ganado de calle, (no podía ser de otra manera), con el apoyo de unos militantes dóciles y sumisos, cantando la música con los arreglos que otros preparan. No tengo nada contra el señor Villegas, que al parecer proviene de una familia originaria de Dalías, pero escuchándolo hablar se comprueba su total desconocimiento de los problemas que afectan a esta tierra. Generalidad tras generalidad y así hasta el infinito.


No lo ha hecho mucho mejor el Partido Socialista. Enfrascados en la batalla susanistas-pedristas, los militantes han decidido con sus apoyos una candidatura, que luego fue modificada por el Comité Provincial y que, a su vez, será intervenida por el Comité Federal de Listas. Lo único seguro es que el ministro José Guirao la encabezará. Aquí no hablamos de paracaidista, pues parte de su carrera política la ha hecho en esta tierra. Pero no es menos cierto que llevaba años alejado de lo que aquí sucede, más allá de venir varias veces al año a su Pulpí natal a ver y a compartir con su familia. Aquí llueve sobre mojado. Sólo cabe recordar a los Ramírez Heredia, Cristina Narbona…. El PP aún deshoja la margarita. A la espera de conocer lo que pasa con Rafael Hernando, un paracaidista adoptado ya (no en vano lleva 25 años de diputado por Almería), en esta fuerza política tampoco son un ejemplo a la hora de contar con lo autóctono. En Podemos se espera cualquier cosa. Ya tuvimos la experiencia del ex-jemad y mucho me temo que si las cosas no cambian, y no lo parece, recalará en esta tierra otro impuesto por la dirección, con el silencio cómplice de aquellos que aquí conforman la formación. No debe extrañar que les vaya como les va. Todas las esperanzas que generaron se han diluido como un azucarillo en un café. Para no cansarles, el capital de dirigentes políticos de esta provincia carece de cualquier peso, no da ni para un postre en casa de familia humilde.

Proyecto de provincia y ciudad

Antonio Lao | 11 de marzo de 2019 a las 18:28

Llega la hora de los balances. Con el fin de la legislatura aquellos que nos gobiernan o los que aspiran a hacerlo se afanan en mostrar, negro sobre blanco, la idea que tienen para la provincia o la ciudad en los próximos cuatro años.
Una exigencia por la que todos deben caminar, aunque algunos tratan de hacerlo más de puntillas que otros -ahora no importa quienes- desviando la atención, tratando de desvirtuar el debate o, lo que es lo más común, haciendo de la elaboración de las candidaturas el elemento más importante y primordial, por encima de ideas y proyecto. Así nos va.
Digo esto porque asisto atónito a lo poco que se está hablando en las últimas semanas de la provincia, de sus problemas, de sus soluciones y el excesivo tiempo que se dedica a las peleas de compañeros por abrirse un hueco en tal o cual candidatura. Para olvidar.
Pero no queda ahí, ni muchos menos, el cambalache que se montan a escasas semanas de que los ciudadanos votemos. Sin empacho, y con seguridad sin vergüenza política, vemos como aquellos que ayer defendían con uñas y dientes su pueblo o su ciudad, tratando de hacernos ver que en ello les iba poco menos de la vida, cambian de chip con la misma celeridad que se cambian de bragas o calzoncillos, y asumen un nuevo rol de liderazgo en las alturas de la parra, creyendo que no hay otra cosa más importante que la jaula de oro en la que en pocos meses quedarán encerrados y de la que saldrán a poco que la puerta se abra o se la abran para no volver nunca. La tierra que habitamos, con una historia milenaria, con un presente óptimo y un futuro por llegar más que prometedor, no necesita de la mediocridad instalada y sí de la excelencia de aquellos que se alejan de los focos. El camino a emprender nadie cree que pueda ser fácil ni cómodo. Pero la senda no está hecha para forjarla con aquellos que buscan el triunfo personal frente al colectivo, sin importar cuántos puedan ser los heridos o muertos que quedan en el camino.
Es la hora de los valientes y los preparados, de aquellos que sean capaces de tener un proyecto de provincia, ciudad o pueblo con la mirada puesta en lontananza y no en la pared de enfrente. De estos quedan pocos y si hallamos, a poco que levantemos cualquier piedra o abramos compartimentos, una pléyade de soldadesca aleccionada bajo batutas de directores ausentes que, si me permiten, me provoca desconfianza, cierto miedo y, si me apuran terror por poner en sus manos el futuro de una tierra ambiciosa, plagada de bonhomes, a los que les cuesta salir de su cubil y poner encima de la mesa carencias, necesidades y soluciones y que se afronten de una vez por todas, sin miedo a represalias o a situarte en el punto de mira de críticas o represalias mal entendidas, en un mundo acogotado y encorsetado.

En modo precampaña

Antonio Lao | 4 de marzo de 2019 a las 19:14

Si cada día aquellos que tratan, con más o menos acierto, de regir nuestros destinos tienen en su hoja de ruta el rédito electoral, ni se imaginan lo que sucede cuando tenemos por delante, en algo más de dos meses, unas elecciones generales y treinta días después las municipales y las europeas.
Todos, sin excepción, incluso aquellos que a lo largo de los últimos cuatro años ni han aparecido, ni estaban, ni se les esperaba, han comenzado a florecer como las rosas primaverales, multiplicando presencias, saturando redes sociales, en la búsqueda de un hueco que les permita fijarse a una lista, abrirse un espacio o permanecer una legislatura más.
El modo precampaña se ha instalado, y de qué forma, en la cotidianidad. El bombardeo informativo es permanente, las convocatorias no cesan y la sonrisa profiden convive con los problemas diarios, tratando de alejarlos con una patada hacia adelante, porque ahora de lo que se trata es de vestir el muñeco con las mejores galas y sacarlo a pasear a la búsqueda de comprador.
Es lo que toca. Los ciudadanos de a pie comprenden, aceptan de más o menos buen grado, la lluvia fina y permanente que les cae encima, aunque en los momentos de chaparrón, que alguno llega, marcan distancia y tratan de resguardarse porque son demasiados días expuestos a mil y un mensajes que casi nadie o muy pocos asimilan.
Si la situación nacional es difícil, tensa, de ambiente irrespirable en muchas ocasiones, en el que de una u otra forma se busca un posicionamiento claro y definido de los electores, a nivel local las municipales son otro mundo. Es aquí en donde de verdad se hace política con mayúsculas, política con los problemas cotidianos a los que nos enfrentamos en nuestros pueblos y en nuestras ciudades, política en la búsqueda del crecimiento, del desarrollo, de cerrar heridas sociales abiertas y acercarnos, en la medida de lo posible a las sociedades más avanzadas y dejar atrás aquellas que están en nuestro sur.
¿Cuál será el gran eje de la campaña de las municipales? No les quepa duda que la inmigración. La irrupción de VOX en los municipios más poblados obligará a quienes pretendan revalidar el cargo o llegar a él por primera vez a definirse en esta materia. Qué políticas van a llevar a cabo desde los ayuntamientos, con la colaboración de las administraciones autonómicas y estatal para afrontar soluciones coherentes, hábiles y sociales a la infravivienda, a los ilegales, contratos en origen, ayudas, atención médica, reagrupamiento familiar. Cada una de estas cuestiones está sobre la mesa en todos los pueblos de la costa almeriense desde Carboneras hasta Adra. De cómo se afronte y de las soluciones más arriesgadas dependerán los gobiernos de los municipios más importantes de la provincia y Diputación.

Credibilidad en política

Antonio Lao | 18 de febrero de 2019 a las 11:04

Las promesas vacías y las palabras huecas se han convertido en el libro de cabecera de muchos de los políticos que nos gobiernan. Siempre está la excepción que confirma la regla pero, por lo general, vivimos en una época en la que lo banal lo trivializa todo, con capacidad de emponzoñar aquello que nos rodea con la facilidad que un tsunami arrasa cuanto encuentra a su paso.
Vivimos tiempos en los que la inmediatez prima sobre todas las cosas, las redes sociales se han convertido en las nuevas esclavas del siglo XXI y en el que el valor de una frase, creen algunos, es capaz a poco que nos apuren de ganar unas elecciones. ¡Que gran error!
La realidad es más cruel de lo que aparenta. Nadie en su sano juicio puede creer a estas alturas de la película, con el cuento ya avanzado y la trama desvelada, que la palabrería derivada de aquellos que pueden llamarse charlatanes, tiene el potencial necesario del convencimiento, de la credibilidad, de la responsabilidad y del criterio y coherencia que es exigible en aquellos que nos gobiernan.
Con más frecuencia de la debida escucho en las últimas semanas promesas tan falsas como una moneda de latón, tan poco creíbles que no entiendo como aquellos que las pronuncian no se sonrojan y sienten vergüenza cuando lo hacen. Aún siendo así, los escucho hablar y no les tiembla la voz. Se acurrucan en el sonido de sus propias palabras y tratan de caminar por la senda de Ramonet, en el intento de vendernos por mil pesetas (seis euros de los de ahora) desde una hasta cinco mantas y los crédulos, en la confianza de creer que engañan al charlatán, aflojan el bolsillo, se las llevan para casa y cuando las abren y tratan de ver su calidad caen en la cuenta de que han sido timados. Pero entonces ya no hay solución.
Miren, en los últimos tiempos asisto atónito a la cuadratura del círculo. A poco que nos descuidemos, en un abrir y cerrar de ojos la Junta de Andalucía habrá resuelto, y con nota, todas las carencias que aún tiene esta tierra. Pero ahí no queda la cosa. El Gobierno de Pedro Sánchez va a gastarse la friolera de 358 millones de euros en el AVE, aunque no se vayan a aprobar los presupuestos, los problemas del agua resueltos en un pis-pás con encuentros promovidos con nuestros vecinos de Murcia y Valencia, las lista de espera pasarán a la historia y así hasta el infinito y más allá.
Después de tanto bombardeo palabreril me quedan muchas dudas por resolver, aunque la más importante tiene que ver con la capacidad de absorción que los ciudadanos de a pie, aquellos que cada día con su trabajo tratan de sumar en la economía de esta tierra, esta comunidad o este país, tienen para creer lo que se les cuenta o, por contra (me inclino más por esto último) lamentan la escasa o nula capacidad de convencer, acostumbrados a que las promesas se las lleve el viento.

Berlín, capital Almería

Antonio Lao | 11 de febrero de 2019 a las 18:23

EL viernes concluyó en Berlín Fruit Logistica. La cita berlinesa no ha defraudado a nadie. La provincia, como cada año, ha mostrado en La Messe lo mejor de nosotros. Y aunque pudiera perecer petulante por nuestra parte, lo cierto es que perpetuamos en un escenario, siempre exigente y complejo, nuestro buen hacer, alejados del conformismo y con el reto de la calidad y la exigencia como norma básica de nuestro quehacer diario. Berlín es como el gran hermano que todo lo ve, que todo lo ausculta y al que no se le pueden esconder carencias o necesidades. Aquí, en la capital europea, nadie regala nada y menos en un mundo global, en el que a poco que te descuidas pierdes comba y, con seguridad, te la pegas.
Ante un mercado tan exigente, en el que tus productos son minuciosamente observados, las empresas de Almería han pasado una vez más con nota. Y esto no quiere decir, ni mucho menos, que el trabajo esté hecho. Al contrario. A poco que te des una vuelta por los pabellones que conforman Fruit Logistica percibes cuan largo es el camino que aún nos resta por recorrer. Aunque no trato de ser modesto, ni quiero parecerlo, lo cierto es que viendo el sector con visión global nosotros aún estamos empezando. La tarea no es fácil y tampoco lo va a ser en adelante. Un mercado tan competitivo en un mundo global es complejo, pero a la vez es todo un reto para aquellos que cada mañana se acercan al invernadero para tratar de sacar de cada metro cuadrado, de cada hectárea, lo mejor de nosotros mismos.
Berlín, que en unos días también se convierte en la capital del cine es, en definitiva, un escaparate en el que se proyecta el mundo agrícola ante los ojos de los paladares más exquisitos y exigentes. Y la provincia de Almería, los hombres y mujeres que en ella habitan, hace más de medio siglo que vieron las posibilidades que había es esa proyección y cuál era el camino para sacarle todo el partido posible. Y a fe que lo hemos logrado, aunque es a partir de ahora cuando las dificultades se multiplican, cuando hay que insistir en regular, modernizar, innovar y buscar mantener la fórmula del éxito, perfeccionada, para seguir mirando desde arriba a quienes optan a nuestra plaza privilegiada, que mantenemos por méritos propios. Y en ese camino estamos. Con competidores que nos pisan los talones, con producciones cada vez más variadas en calidad y cantidad y con unos consumidores que ya no perdonan nada. Y es ahí donde nuestro buen hacer debe hacerse notar. El conformismo o la creencia de que todo está hecho se convierte en nuestro enemigo desde el momento que entendemos que somos superiores o lo hacemos mejor que los demás. Un riesgo al que cada día nos enfrentamos, la autocomplacencia, que ferias como la que ahora acaba en la capital de Europa debe servir para alejar y mantenernos vivos, innovadores, inconformistas.

La hora de cumplir

Antonio Lao | 4 de febrero de 2019 a las 12:02

Nadie en su sano juicio puede pensar que la llegada al Gobierno de la Junta de PP y Ciudadanos va a ser como una especie de Bálsamo de Fierabrás, una cura milagrosa para que todas las carencias que la administración andaluza tiene con esta provincia se realicen. No, no se trata de eso, ni mucho menos. Pero si se hacen necesarios gestos, pequeños detalles, que los ciudadanos de esta provincia perciban que el tiempo de las promesas ha pasado y llega el de los hechos, el de cumplir con tantas y tantas propuestas que, de llegar al Gobierno, los populares y Ciudadanos, tratarían de cumplir.
Este periódico publicaba el pasado domingo el decálogo de incumplimientos que la anterior administración tenía pendientes con esta tierra y que los actuales gobernantes reclamaron una y otra vez en la oposición. No pretendo que la autovía del Almanzora o el Hospital de Roquetas de Mar, por poner dos ejemplos, vayan a estar ejecutados en menos que el Mago Pop realiza uno de sus trucos de magia. Pero ahora no hay excusa. PP y Cs gobiernan y se enfrentan a la realidad de las cifras, de los números y de las propuestas. Cifras como el plan de 1.000 millones de euros que aseguraban que era la deuda de la Junta con Almería o hacer el mayor centro de investigación agro industrial de España en la provincia. Todos ellos proyectos coherentes que, de alguna manera, pueden cambiar la fisonomía de esta tierra, a la vez que alejar el famoso síndrome de esquina que padecemos tanto con el Gobierno Central como con el Autonómico.
Es la hora de elaborar una presupuestos en los que se visualice, de verdad, el compromiso de los nuevos gobernantes con la provincia. Un compromiso que va a ser mirado con lupa por todos aquellos que entiendan que el tiempo de las palabras ha pasado y llega el de los hechos.
Darte de bruces con la realidad es uno de los mayores choques al que un político se enfrenta. Y ese es al que en estos momentos se enfrenta el Partido Popular de Andalucía y Almería con esta provincia.
Si se mira con distancia, lo cierto es que a poco que entiendan las necesidades pueden meterse a los ciudadanos en el bolsillo. Pero el riesgo es elevado. Porque igual que la ilusión ha prendido en los andaluces, la decepción se adueña de éstos en menos que una obra se pospone con una justificación baladí. Y es ahí donde tiene que estar muy presente la segunda línea de cargos que en breve se nombrarán en la provincia. No pueden, si quieren de verdad cambiar las cosas, convertirse en corre, ve y diles de los dictados de Sevilla. Al contrario, su papel va más en la línea de Pepito Grillo, de recordadores de necesidades y de promesas que hay que cumplir para avanzar en la senda de lo que todos queremos, que no es otra cosa que el crecimiento y el desarrollo de Almería, aún más si cabe.

348 millones de esperanza o de humo

Antonio Lao | 28 de enero de 2019 a las 11:44

Cuando se habla de cifras tendemos, y más si son importantes, a no ir más allá de los números. Los que habitamos en esta esquina de la piel de toro, bañados por la calma del Mar Mediterráneo, estamos tan acostumbrados a que nos defrauden y nos mientan, que se nos hace difícil creer. El Gobierno de Pedro Sánchez ha presentado las cuentas de 2019 en el Congreso, con la intención de sacarlas adelante. Un presupuesto que recoge 348 millones de euros para el AVE que un día debe unirnos con Madrid, aunque por más vueltas que le doy no veo ninguna posibilidad de que en 2023 podamos subir a uno de los convoyes y bajarnos en Chamartin después de algo más de tres horas. Usted, querido lector, me podrá argumentar, no sin cierta razón, que cómo soy capaz de aventurarme a ello cuando sólo en 2019 se va a poder contar con una cifra casi mareante de millones.
La primera razón de mi incredulidad es que el papel lo aguanta todo. No es la primera vez, ni será la última, en la que tratan de regarnos con millones de euros para afrontar nuestras múltiples carencias y no se invierten. ¿Porqué está vez va a ser diferente? La segunda, y no menos importante, es que el Partido Socialista en el Gobierno no cuenta con los apoyos necesarios para sacar las cuentas de 2019 adelante. Así que, entiendo, parece fácil situar en el pendrive todo aquello que se crea conveniente, a sabiendas de que quedará en papel mojado. La tercera, y esta ya me parece irrefutable, es que es materialmente imposible, y eso que estamos en enero, que el Ministerio de Fomento sea capaz de invertir este año en los trabajos del AVE lo que ha fijado en los PGE. La administración, todos sabemos como trabaja. Y a pesar de que tenemos por delante casi doce meses, lo cierto es que en licitaciones, adjudicaciones y comienzo de obras podemos situarnos en diciembre y no haber sido capaces ni de ver un rastrillo en los túneles tapiados desde la época de Miranda Hita. Y a pesar de tantos argumentos que me invitan al pesimismo, quiero pensar en positivo. Quiero razonar que desde el Ministerio de José Luis Ábalos de verdad se trata de cumplir con la provincia de Almería porque entienden que nuestra marginación secular no aguanta ni un minuto más sin repararse.

Pero con los mismos argumentos están en Extremadura o Teruel y ahí siguen sus promesas, durmiendo el sueño de los justos. Pero es que 348 millones son muchos millones para invitarme a dejar volar mi imaginación. Y ya me veo en uno de los convoys camino de la capital, cabalgando a casi 300 kilómetros por hora, serpenteando Murcia y Castilla la Mancha y adentrándome en la capital del reino con la cabeza alta y la vergüenza del olvido desterrada. Pero mucho me temo que es solo imaginación, capacidad onírica en positivo que me va a costar ver hecha realidad en mi jubilación. Y aún, créanme, queda mucho para eso.

Turismo del paladar

Antonio Lao | 21 de enero de 2019 a las 12:26

Almería llega a Fitur el miércoles con la vitola de capital española de la gastronomía durante 2019. Una oportunidad inmejorable para avanzar un paso más en la especialización que vive el sector turístico. Nosotros presentamos candidatura a competir, sin complejos, en lo que quiero denominar “Turismo del Paladar”. No, no se trata de desdeñar o infravalorar el sol y la playa, señas de identidad indiscutibles de la costa de Almería y sus pueblos. La intención es avanzar en proyectos que se sumen a lo que demandan, demandamos, aquellos que viajamos. No son tiempos en los que conformarse con encerrarse en un hotel de playa durante dos semanas o un mes y no ir más allá de los cien pasos que separan las instalaciones de la playa. Todavía, claro está, hay quienes optan por esta opción, cómoda y saludable para descargar estrés y lograr el moreno caribe que, si se cuida, perdura hasta Navidad.
Pero lo cierto es que hoy los turistas son más exigentes. Tratan de avanzar un paso más a la hora de vivir sus vacaciones. Y la gastronomía, el buen yantar, es una de las opciones prioritarias. Confirmo, no se lo que pensarán ustedes, que tras recorrer una playa o una ciudad y conocer toda su oferta, la posibilidad de volver, de que te vuelva a conquistar, tiene como casi única opción el estómago.
Y es aquí donde Almería tiene a lo largo de 2019 una oportunidad excepcional para darse a conocer al resto de España y a los países de nuestro entorno. Contamos con una gastronomía excepcional, ni mejor ni peor que en otros lugares, pero con matices que nos diferencian del resto. Productos de primera calidad y una elaboración diferente, con sabores únicos, que es preciso explotar en toda su extensión.
Unos gurullos con liebre, unos fideos con pintarroja, la olla de trigo o una berza, por poner ejemplos tradicionales, son argumentos más que suficientes para afrontar con garantía de éxito el año que tenemos por delante. Fitur, por tanto, debe ser el escaparate primero en el que pongamos a la vista de todos nuestro potencial. Y luego incrementar los esfuerzos, sin desdeñar ni uno sólo, para caminar en la senda que se abre ante nosotros como nuestra particular “Ruta 66”, con una meta plagada de éxitos si sabemos aprovecharlo. Y en esas estaremos a partir del miércoles en Madrid, en el mayor escaparate mundial del turismo, en el que la provincia ocupará un pequeño espacio desde el que tratará de poner sobre los fogones todas nuestras capacidades. Para lograrlo se hace necesario el concurso de todos, no ya de nuestros chefs y embajadores como Bisbal y similares, sino de todos cuantos creemos que este pequeño lugar del sur, en una de las esquinas del país, tiene argumentos suficientes como para convencer al jurado más exigente de un hipotético concurso de gastronomía y ganarlo, si no de calle, si con solvencia.

Reindustrializar, el arte de lo posible

Antonio Lao | 14 de enero de 2019 a las 12:20

E Ministerio de Industria, la Junta de Andalucía y Cemex, la multinacional mexicana del cemento, firmaban el martes una declaración conjunta para reindustrializar la comarca de Gádor, toda vez que la cementera tiene fecha de caducidad, tras el Expediente de Regulación de Empleo (ERE) anunciado en el otoño de 2018.
Vayan por delante dos consideraciones previas a todo lo que acontece en torno a es grave problema, no ya para los trabajadores que se van a quedar en el paro, que también, si no por lo que supone para la provincia y su inexorable avance como desierto industrial. La primera tiene que ver con la multinacional mejicana. No ha debido ser nada sencillo tomar una decisión de este calibre, sobre todo cuando hasta hace bien poco la planta de Gádor era clave en su posicionamiento en España y de cara al norte de África. Con la guillotina del ERE pendiendo sobre las cabezas de los empleados, Cemex ha estado siempre abierta a buscar soluciones que acaben o, cuanto menos, minimicen el impacto del cierre de la planta de Gádor. Tanto es así que es una de las tres patas implicadas en la búsqueda de nuevos proyectos para la comarca, además de participar de forma activa en ellos. Nada que objetar.
La segunda tiene que ver con el papel que tanto la Junta de Andalucía como el Gobierno de la nación han desempeñado y están desempeñando en todo este proceso. Quiero creer a la ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, cuando habla de la disponibilidad de algunos millones de euros recogidos en el Plan Reindus, para abrazar con ayudas todas o algunas de las propuestas que se han puesto encima de la mesa para salvar Gádor. No desdeño, ni mucho menos, la implicación de la Consejería de Empleo de la Junta, con su incondicional apoyo y defensa de los puestos de trabajo.
Pero las cosas y las circunstancias, mal que nos pese, no son tan fáciles como llegar, firmar un protocolo de intenciones y coger el avión de vuelta a Madrid. Ya he vivido situaciones similares, por ejemplo en Carboneras, toda vez que la ministra de Medio Ambiente de entonces, Cristina Narbona, decidió paralizar las obras del hotel del Algarrobico. Como contraprestación hubo un tiempo en que una semana sí y otra también se desplazaron a la localidad ministros y consejeros, se firmaron declaraciones y planes de reindustrialización y, corríjanme si me equivoco. Pero hasta hoy, el hotel sigue paralizado y medio derruido, los puestos de trabajo que se avecinaban nunca se crearon y las empresas prometidas a bombo y platillo aún se esperan en el pueblo. Cuando llegue la primera estoy dispuesto a sumarme a la caravana de bienvenida, como si de un “Bienvenido Mister Marshal” se tratase. Pero mucho me temo que hay que trabajar mucho y duro para sustituir una industria generadora de empleo por otra similar.

Carta a los Reyes Magos (en su día)

Antonio Lao | 8 de enero de 2019 a las 18:31

La fascinación de los Reyes Magos debe permanecer siempre. La ilusión con la que reciben los regalos los más pequeños o admiran las cabalgatas es sinónimo de ingenuidad, sí, pero también de creer en lo posible. Esta carta se publica justo en el día de su llegada. Y es que cualquiera de las peticiones que contiene son ya un clásico para esta provincia y vienen con espera de años, en ocasiones demasiados, para los que aquí habitamos. Ya puestos y con la desbordante felicidad que traen los Reyes Magos, parece más que razonable que la primera petición que haga la dirija a Melchor. Por aquello de encabezar la Cabalgata y ser de lo más serio y responsable, podría tener a bien mediar, en la medida de sus posibilidades, para que el Ministerio de Fomento, adelante plazos en la llegada del AVE a esta provincia. La fecha de 2023, a la que nos lo fiaba Íñigo de la Serna y que ha corroborado su sucesor, José Luis Ábalos, está tan lejana en el tiempo que cualquiera sabe lo que puede ocurrir hasta entonces. Soy consciente de la dificultad que entraña la obra, de que no hay un euro consignado para tal efecto en el año que comienza y, para colmo de desdichas, no tenemos ni presupuestos para este ejercicio. De ahí la dificultad del reto que tiene por delante Melchor. Pero, si por algo se caracteriza es por ser mago, con lo que ello supone de posibilidad real de lograrlo.
Mi segundo anhelo es para Gaspar. Todavía enmarcado en el corsé de responsable, aunque con un punto más de pícaro popular. El encargo para él es avanzar en calmar la sed de la provincia. Consciente de la dificultad, me conformaría con desbloquear los trabajos en la desaladora de Villaricos, anegados desde hace siete años por las inundaciones que entonces se produjeron. La tarea, majestad, no es fácil. Soy consciente. Aquí cada uno cuenta una película de los acontecimientos y lo cierto es que ya no se a quien creer. Aunque lo único constatable es que el proyecto que debía haber saciado la sed del Levante y parte del Almanzora sigue enlodado en el armario de la burocracia y las declaraciones para salir del paso de unos y de otros.
La tercera aspiración va dirigida a Baltasar. Último en la cabalgata, pero de lo más admirado por su simpatía, tendría a bien avanzar algunos pasos en la culminación de la autovía del mármol y en el proyecto Puerto-Ciudad. Es probable que sea uno de los regalos más fáciles de cumplir y que serían bien recibidos por los almerienses. Aunque, una vez más, me permito remitir mi epístola para que tenga a bien influir, en la medida de lo posible, ante aquellos que tienen en sus manos la posibilidad de cumplirlo, para que el año próximo, cuando otra vez nos carteemos, pueda decir orgulloso, con cierto júbilo y la admiración que merece, que su aportación ha ayudado a cumplir una promesa largamente demandada, olvidada en el cajón de lo posible y altamente improbable.

Un apretón de manos y todos contentos

Antonio Lao | 26 de diciembre de 2018 a las 12:19

Expreso mi más profunda decepción por los resultados del encuentro que mantuvieron el 10 de diciembre el ministro de Fomento del Gobierno de España, José Luis Ábalos y el alcalde de Almería, Ramón Fernández Pacheco. Se ha llevado el primer edil capitalino varios meses carteándose con el responsable ministerial para pedirle una entrevista y cuando lo logra no sacamos en claro más allá de un apretón de manos y buena sintonía. Desconozco a quien satisfizo más la reunión, si al ministro porque no fue un paso más allá de la burra que nos han ido vendiendo en los últimos años o si el alcalde, que ve cumplido su deseo de ser recibido y haberle podido explicar, de primera mano, las necesidades de esta ciudad y, ya que estaba, de la provincia. Pues muy bien.
Entiendo que ese nunca debe ser el objetivo, aunque comprendo que el señor Fernández Pacheco no puede ir más allá de lo que ya prometía para la capital el anterior ministro, Íñigo de la Serna. Con la seguridad que ofrece dilatar las fechas cuatro años, el ministro nos hizo a todos los almerienses una nueva larga cambiada, manteniendo una promesa tan etérea como irreal, aunque en la seguridad de que no se le iba a exigir más de lo que ya se conocía.
El alcalde se trajo la confirmación de las obras que ya tiene en marcha del paso a nivel de El Puche y la restauración, también haciéndose, de la estación de Renfe.Poco más se puede añadir, pues hasta una posible cesión de este edificio al Ayuntamiento se ha pospuesto para mejor ocasión.
Hay quien puede ver la botella medio llena, pues se ha alcanzado una confirmación que hasta ahora no quedaba del todo clara con la llegada del nuevo gobierno. Y hasta puede que sea así. Pero a estas alturas del partido y cuando la provincia sale una y otra vez derrotada por aquellos que llegan al Ministerio, he de mostrar mi más profunda decepción porque ni uno ni el otro hayan sido capaces de ofrecernos hechos y, por una vez alejarse de las declaraciones de intenciones, tan bonitas y bien vestidas de cara a la pasarela de exhibición meditática, pero tan huecas y vacías si de realidad hablamos.
Lo cierto es que el año concluye sin los presupuestos del Estado aprobados, por lo que la posibilidad de que en 2019 se adjudiquen obras del AVE que un día -desconozco cuando al margen de la promesa de 2023- pueda estar terminado. Quedamos, como en otras muchas ocasiones, a la espera de la voluntad política de aquellos que ejercen el gobierno y del dinero necesario para su ejecución. Y por más que pretendamos avanzar en una línea de positivismo inmaduro, la realidad acaba cubriendo con su manto todo aquello que de ficción tiene esta película de secundarios y dejando dosis tras dosis o fotograma tras fotograma, un poso irredento de frustración que no podemos sacudirnos.

PSOE, las claves de una victoria amarga

Antonio Lao | 11 de diciembre de 2018 a las 12:06

Ninguna de las encuestas que conocimos hasta el día de las elecciones vaticinaba una victoria tan pírrica y amarga para los socialistas andaluces. A toro pasado es muy fácil argumentar los motivos de la derrota. Los analistas sesudos entretejen todo un rosario de causas, más o menos acertadas, en las que los cuarenta años de socialismo ininterrumpido en la Junta de Andalucía se sitúa a la cabeza.
A partir de aquí intuimos que las diferencias, evidentes, entre el socialismo que representa Pedro Sánchez y el que tutela Susana Díaz, han chocado como fosas tectónicas, dejando los primeros cocerse en su propia agua la indiferencia y hasta la soberbia que desde Andalucía se evidenciaba a todo lo que tuviera que ver más allá de Despeñaperros. Desconozco si de forma consciente o no, pero lo cierto es que la desmotivación de parte del electorado que apoyaba a esta fuerza política ha llevado a muchos, conozco algunos casos, a quedarse en su casa, a la espera de acontecimientos. Vamos, que el triunfo o en este caso la derrota, sólo hay que atribuírsela a una parte. Gran error.
Luego están las políticas que Pedro Sánchez ha aplicado en los meses que lleva al frente del Gobierno de la nación. El acercamiento a todo el entramado independentista, buscando su apoyo tanto en la investidura como a los presupuestos del próximo año, han significado una contrariedad evidente hacia aquellos socialdemócratas que no logran entender, aunque sea desde Andalucía y Cataluña les pille lejos, como se pone en evidencia o en riesgo la unión del Estado a cambio de prebendas.
Hay quienes creen, una causa más, que la campaña a VOX se la ha hecho el propio gobierno andaluz que todavía encabeza, aunque en funciones, Susana Díaz. La estrategia de buscar la división del voto en la derecha se ha demostrado errónea desde el minuto uno. Ver como una fuerza política de ultraderecha asciende de la nada a doce diputados ha roto todas las previsiones y puesto en el ojo del huracán a quienes los han jaleado. Pero no se rasguen las vestiduras. El caldo de cultivo de VOX lleva cociéndose a fuego lento años, en especial en aquellas poblaciones en las que la inmigración es una parte importante de su territorio. Si a eso le añadimos el panorama geopolítico que nos rodea (USA, Brasil, Italia, Hungría, Polonia, Alemania o Francia) lo sucedido en Andalucía sólo es la punta del iceberg de lo que nos espera y con lo que vamos a tener que convivir en los próximos años. No olviden, por último, como dice el escritor y columnista de este periódico, Guillermo de Jorge, que “en los últimos años, quienes gobiernan ha reducido al pueblo a un ente fácil de pastorear, ignorante y divino de influenciar. Todo estaba controlado”. Pero, por lo general, la ciudadanía es sabia, y más en el ejercicio democrático de su libertad. Una lección que a partir de ahora no deben olvidar.

No somos dignos señor Ábalos

Antonio Lao | 2 de diciembre de 2018 a las 19:43

Después de cultivar el alcalde durante meses el género epistolar con el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, a la caza de una reunión para poner negro sobre blanco las necesidades ferroviarias de la capital, el titular del Ministerio ha tenido a bien darle cita para el próximo 10 de diciembre. Podría pensarse que bien está lo que bien acaba, aunque en el caso que nos ocupan son muchos los flecos que hay por cerrar, demasiadas las cuentas pendientes y escasos los fondos a repartir. A una semana del encuentro deseado todo parece indicar que el alcalde de la capital se vendrá de Madrid con las manos vacías. No cabe duda que llenará las alforjas de promesas, de apuestas a largo plazo y de compromisos que, pasado el tiempo, se cumplirán o no.
En los últimos años he visto pasar por la cartera de Fomento, y para no alargarme mucho, a Elena Delgado, Ana Pastor e Íñigo de la Serna. Todos, sin excepción, ha visitado Almería cargados de buenas palabras, aunque desde el año 2000 en el que Rodrigo Rato avanzara la posibilidad de conectar Almería con Madrid por AVE, tan sólo hemos visto como en los tiempos de Jesús Miranda Hita, como secretario de Estado de Infraestructuras, las máquinas llegaron al tajo y hasta lograron construir algunos túneles y parte de la plataforma que algún día verá pasar los trenes.
Todo lo demás han sido palabras vacías, promesas incumplidas, anuncios de expropiaciones y poco más. Las obras llevan más de seis años paradas y no hay, ciertamente, visos que se vayan a iniciar de forma inminente.
Y no es porque el ministro José Luis Ábalos no quiera, que a buen seguro estaría encantado de venir a poner primeras piedras, visitar los trabajos e incluso inaugurar la línea. La realidad siempre es tozuda. El año 2018 está a punto de concluir. En el horizonte no se otea que vaya a haber presupuestos y sí elecciones anticipadas.
Bajo estas premisas, la realidad supera al Gobierno por todos los frentes. No se dispone de fondos, los famosos 443 millones anunciados y, lo que es más complicado, nadie conoce quienes van a gobernar el país en los próximos años.
Así que aplaudo el interés del alcalde en ser recibido por el ministro. Me consta que pondrá toda la buena voluntad que le caracteriza, pero a partir de ahí me temo que podemos esperar poco o nada. Ojalá me equivoque y no les quepan dudas que rectificaré, pero el día a día es tozudo y no hay un solo indicio que me haga ser optimista en un tiempo prudente y razonable.
Más allá de la foto y de los titulares, más o menos positivos que nos podamos encontrar, lo cierto es que el encuentro quedará para la historia como uno más de los muchos que se producen. Uno más de aquellos que pueden mostrar deseo y voluntad, pero que quedará cercenado a las primeras de cambio por una alta dosis de realismo y debilidad pecuniaria.

La industria del mármol y su futuro

Antonio Lao | 26 de noviembre de 2018 a las 11:58

Llevo asistiendo a los premios del mármol casi desde que se crearon. Este año han celebrado su XXXII edición y creo sólo haber faltado en dos ediciones. Nacidos para destacar y visualizar la proyección de una industria emergente, han tenido a lo largo de las tres últimas décadas momentos de esplendor y otros de depresión, marcados por las sucesivas y cíclicas crisis que la industria ha padecido.
En 2018 la gala ha sido de las más reivindicativas que se recuerdan. El cambio de las reglas de juego en la restauración de la sierra, toda vez que las explotaciones se hayan agotado, ha abierto una brecha entre la administración andaluza y los empresarios que es preciso resolver cuanto antes por el bien de las partes. No se puede ni se debe poner en riesgo un sector que, después de una crisis muy dura y compleja, regresa a los niveles de empleo previos a ésta. Desde la atalaya de observador en la que llevo instalado tres décadas, los galardones sirven para proyectar en el mundo una industria milenaria, a la vez que los que allí trabajan reivindican y ponen negro sobre blanco las necesidades de las que todavía carecen. Las administraciones han hecho mucho y bien por una industria que ha sido capaz de sostener la población en una comarca como la del Almanzora, a la vez que ha alcanzado cotas de internacionalización jamás soñadas, aunque el objetivo desde siempre ha sido ese. Ver en el escenario arquitectos, diseñadores o propietarios de edificios premiados de los cinco continentes es una de las mayores satisfacciones a las que pueden aspirar aquellos que han convertido el oficio de tallar la piedra en un arte prestigiado.
Los reconocimientos hace mucho que dejaron atrás los compromisos para recorrer el camino de la proyección, la senda del valor añadido a un sector que va más allá de la industria y se adentran en el diseño, en la innovación, en la calidez de las formas de los edificios e interiores y casi, si me apuran, en el mundo de la moda e interiorismo. El mármol de los Filabres, aquel que un día embelleció el Patio de los Leones de la Alhambra de Granada, para hacerse inmortal, mantiene viva la misma idea con aquellos a los que hoy les ha tocado representar a los pioneros. Los Cosentino, Cuéllar, Gutiérrez Mena, por citar sólo a algunos, son dignos herederos de una estirpe empeñada en permanecer en la posteridad con obras novedosas, con proyectos innovadores, con diseños imposibles y con empresas a la vanguardia, en las que permanece el uso de la misma piedra sacada de las entrañas de la Sierra de los Filabres, pero vista y tratada desde los ojos del futuro. Piedra noble para embellecer obras en los cinco continentes, de la mano de artesanos enamorados de su trabajo como aquellos que, cincel el mano, tallaron un día el patio del castillo de Vélez Blanco.

Ferrocarril en Almería, final en Huércal

Antonio Lao | 19 de noviembre de 2018 a las 12:10

Desde el miércoles y hasta el final de las obras del paso a nivel de El Puche, Huércal de Almería se va a convertir en la estación término del ferrocarril en la provincia. Los trenes que nos unen con Madrid, Granada y Sevilla saldrán o concluirán su viaje desde una estación olvidada desde hace años y que ahora, con un pequeño lavado de cara, va a recuperar a lo largo de un año, plazo estimado de las obras ya comenzadas, el esplendor que antaño tuvo.
La apuesta de Renfe tiene sus partidarios y detractores. Entre los primeros se encuentran aquellos que entienden, entendemos, que para la realización de los trabajos con cierta normalidad, sin contratiempos y en evitación de riesgos, el planteamiento es correcto. Es verdad, nadie lo pone en duda, que las molestias ocasionadas a los viajeros serán notables. Incluso, hasta es posible, que el número de ciudadanos que decidan tomar el tren experimente un notable descenso. Bien es cierto que desde el administrador ferroviario se ha puesto un servicio de autobuses y taxis. Pero todos conocemos que todo aquello que suponga un esfuerzo extra, se entiende como un contratiempo, a veces difícil de superar.
En el lado contrario están los que, como es el caso de la Mesa del Ferrocarril, defienden que los trenes, pese a las obras del paso a nivel, sigan concluyendo e iniciando su trayecto en la estación como lo hacen desde hace más de cien años. Consideran que desde la empresa se debía haber contemplado un bypass que, de alguna manera, sorteara las obras y evite el desplazamiento hasta Huércal de Almería. Recuerdan los defensores de esta propuesta del tren hasta la capital el caso de Granada. Allí han estado cinco años sin que los convoyes lleguen a la estación, tiempo que han tardado en acondicionar el espacio para la llegada de un AVE, que aún se desconoce cuando surcará los railes de la ciudad de la Alhambra. Sea como fuere, lo cierto es que de una u otra manera cuando se comienza una obra todos debemos entender las molestias que ocasiona. Molestias que por fortuna acaban en el ostracismo cuando terminan, la normalidad se recupera y se perciben las mejoras que los trabajos han supuesto.
Tratar de contentar a todos siempre es complicado. Cuando se toman decisiones, cuando se opta por una solución frente a la contraria, el camino a recorrer en elogios y críticas es similar. Lo importante es buscar y optar por la alternativa que ocasione menos perjuicios y, sobre todo, tratar de que los tiempos de las obras se reduzcan a la mínima expresión y no se conviertan en la tumba de aquellos que, en la búsqueda de una solución razonable y coherente, vieron como el paso del tiempo y los incumplimientos ahondan en un velatorio que comenzará con música de réquiem y puede terminar como rosario de la Aurora.

Once años al servicio de Almería

Antonio Lao | 12 de noviembre de 2018 a las 11:26

Diario de Almería cumple hoy once años desde que llegara a los quioscos. No es muy habitual que les hable de nosotros, pero la ocasión lo merece. Nuestra historia existe y está ahí gracias a todos ustedes, a todos los que en su día creyeron en este proyecto y que hoy, once años después, lo confirman como una realidad plenamente consolidada.
Y es que el paso de los años nos ha dado la razón. Llegamos para proyectar una visión local de la provincia, pero a la vez global y cosmopolita de los nuevos problemas que afectan a la sociedad. Una prueba de ello es el seguimiento, por ejemplo, que hemos hecho de la crisis catalana, de la moción de censura al Gobierno de Rajoy, de la convocatoria de elecciones andaluzas o del caso del malogrado niño Gabriel. Aquel que ha querido estar informado no ha necesitado más que su periódico: Diario de Almería.
Queríamos ser el periódico de referencia de esta tierra. Transcurridos once años podemos afirmar, orgullosos, que estamos camino de cumplir nuestro objetivo. Ocupamos un hueco notable en el mercado y contamos con la credibilidad que da el trabajo; la confianza que ofrecen los lectores y el compromiso de los que hacemos Diario de Almería y nuestra web, diariodealmeria.es cada día.
En la era de la posverdad, el oficio de contar las cosas es más necesario que nunca; vital para que estemos a la altura de los cambios que se avecinan. Por eso nunca debemos olvidar nuestra esencia: contar lo que sucede de manera rigurosa, precisa y veraz. Es lo que yo llamo periodismo imprescindible. Necesitamos un periodismo competente, que no se limite a decidir qué es de interés público con el “me gusta” o el “no me gusta”. En este oficio, el pesimismo ha tenido buena prensa. Y eso ha sido muchas veces peor que las propias derrotas. Llevamos años rendidos. Pronosticando, nosotros mismos, el final del periodismo. Muerto por Internet. Por el derrumbe del papel. Por las redes sociales. Muerto por la inteligencia artificial. Por las falsas noticias virales.
Pero este oficioes de los optimistas. De aquellos que no le tenemos miedo al futuro porque depende de nosotros. Los que creemos que ese futuro del periodismo puede ser más brillante que su pasado. La verdad, como ven, es que el camino recorrido por Diario de Almería en estos once años no ha sido fácil. Pero ahí está el fruto de una labor periodística. Hoy existen numerosas e importantes razones para mirar atrás y mostrarnos satisfechos de nuestra trayectoria. No sabemos cómo será la forma de hacerlo en el futuro, el formato o el enfoque, pero lo que sí sabemos es que en el mundo digital que nos acecha hay algo que no desaparecerá: el interés de los ciudadanos por estar informados. Y ahí seguirá Diario de Almería, fiel a los intereses de ustedes, de los lectores.