Luz de Cobre

Marihuana y enganches ilegales

Antonio Lao | 2 de septiembre de 2019 a las 18:57

Primer paso serio para luchar contra los enganches ilegales de luz para el cultivo de marihuana. Gobierno, Junta, Ayuntamiento de la capital, compañía suministradora y policía nacional y local se sentaban a finales de julio en la misma mesa para tratar de poner freno a un problema que viene de lejos y al que, hasta ahora, nadie ha querido o ha podido poner coto.
Sonroja leer titulares como el que publicábamos el 31 de julio, en el que se asegura que el 80% del consumo eléctrico que se produce en barrios como Los Almendros o El Puche es fraudulento. El dato es de la propia compañía Endesa. Para evitar cortes sólo pueden aumentar la potencia en la red para minimizar daños a aquellos vecinos que pagan de forma religiosa sus recibos cada mes y padecen de forma continuada apagones en sus domicilios.
No seré yo el que cuestione esta reunión y los resultados que sobre el papel salían de ella. Al contrario, aplaudo que por una vez las administraciones, junto con las fuerzas de seguridad y la empresa, sean capaces de poner negro sobre blanco la situación que se vive en estas zonas de la capital. Por poner un ejemplo: de las 2.900 viviendas que hay en Pescadería tan sólo 1.780 tienen contrato de suministro. Una situación, a todas luces insostenible por más tiempo, que deja en no muy buen lugar a aquellos que deben velar por el respeto y el cumplimiento de la ley.
Como les decía trato de no cuestionar el primer paso que se ha dado para poner freno a un problema que va a más. Sin embargo, me van a permitir que deje sobre el papel algunas de las preguntas que, leyendo la información de Victoria Revilla, me quedan sin respuesta. La primera, y creo que es la base sobre la que se debe asentar el resto, son los motivos por los que hasta ahora las partes implicadas no han puesto todos los medios necesarios para atajar de raíz la gangrena que desangra al herido. Ha debido ser la presión popular, la de los propios vecinos hartos de cortes de suministro, los que han hecho para todos los implicados insoportable la situación. Tengo la sensación de que durante demasiado tiempo se ha mirado para otro lado. La segunda es una duda. Y es de dónde se va a sacar más dinero y más fuerzas de seguridad, promesa salida de la reunión y los motivos por los que hasta ahora eso no se ha hecho. Y a partir de aquí la conclusión a la que llego, y que me cuesta asumir como cierta. Y es el temor, serio temor, a que las cosas sigan igual que hasta ahora, con cambios mínimos. Sería triste que la única pretensión haya sido buscar un titular más o menos llamativo para tratar de tranquilizar a los afectados y poco más. Si hay resultados seré el primero en felicitar a las partes, a aquellos que tienen la obligación de acabar con el problema. Caso contrario, seguiré aquí para recordar cada día los enganches ilegales, los cortes de luz y el sufrimiento de los vecinos.

El futuro de la Feria

Antonio Lao | 2 de septiembre de 2019 a las 18:55

La Feria concluye hoy con la procesión de la Patrona. Un año más, y van muchos, la decadencia de la fiesta mayor de la capital es evidente. En los próximos días asistiremos, como en otras ocasiones, a debates en la mayoría de ocasiones estériles, porque las decisiones se posponen, llega el mes de agosto, y recuperamos el rasgado de vestiduras y las soluciones apresuradas, sin final concreto y óptimo.
Y no es que el Ayuntamiento y el gobierno de turno no ponga toda la carne en el asador, que la pone. Incluso la mejor de las voluntades y dinero, si no en abundancia, si suficiente. Pero la realidad es que tal y como está concebida la Feria de Almería tiene fecha de caducidad. Con ambigús del mediodía estancados y la noche alejada de las familias y tomada sólo por las atracciones a media tarde y las casetas-discoteca en la madrugada, estamos abocados a un triste final y a dejar el evento en manos de aquellos que nunca quisiéramos que se hicieran cargo de la celebración.
Atrás han quedado los tiempos en los que acudir a la Feria de Almería era una actividad familiar, un ritual, un escenario deseado y esperado. Hoy, para nuestra tristeza, ir al recinto se ha convertido casi en un engorro, en el que la apatía y la falta de atractivo ocupa la mayor parte del espacio. No me atrevería nunca a avanzar soluciones. Además de no ser mi cometido, entiendo que para ello están los sesudos pensadores municipales. Pero si me atrevo a apuntar algunas de las causas en las que yo percibo agotamiento o decadencia. En la Feria del Mediodía nos empeñamos en acabar con el botellón callejero controlado, cuando era uno de los elementos de animación de la fiesta. Y si no que se lo pregunten a los pamplonicas y a San Fermín. Allí nunca tratarían de evitar que los locales del centro no apostaran por el ambiente para animar la fiesta. Aquí, de tanto control y costes, hemos acabado con aquellos que querían arriesgar sus euros en montar ambigús. Este año ha sido triste encontrar menos de media docena y con unas características bastante limitadas.
De la noche se puede decir poco más de lo ya apuntado. Un recinto óptimo, pero muy alejado del centro de la ciudad, junto con los precios desorbitados que tiene montar una caseta, ha terminado con la esencia de una fiesta abierta, almeriense, cercana y animosa como pocas en Andalucía. Recorrer las calles este año sólo me transmitía tristeza, decadencia, desgana y olvido. Una tristeza contagiosa que debe hacer reflexionar a los organizadores, con cuatro años de gobierno por delante, para buscar alternativas capaces de revitalizar unas fiestas que eran la envidia de sus homónimas andaluzas. Una Feria del Mediterráneo que alcanzó cotas de éxito inesperadas y que, probablemente, murió por elevarse como una montaña rusa y descender a velocidades de vértigo y sin solución de continuidad.

Imagina el Centro Andaluz de la Fotografía

Antonio Lao | 2 de septiembre de 2019 a las 18:53

Triste el espectáculo que hemos vivido estos días con el futuro del Centro Andaluz de la Fotografía (CAF) en entredicho. El cese de su director, Rafael Doctor, ha derivado en una sucesión encadenada de declaraciones, afirmaciones, desmentidos y errores varios, en torno a este emblemático centro, que me dejan un enorme poso de dudas e incertidumbres, que aquellos con los que he hablado no han sido capaces de despejar, o no han querido.
Sea como fuere, lo único claro que me ha quedado, por el momento, es que no va a cambiar de nombre, aunque pasa a depender de la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales. El futuro que le espera creo que es una incógnita, incluso para los nuevos gestores de la administración andaluza. Hagamos un poco de historia para comprender de qué hablamos y su significado para esta provincia. En el reparto de la tarta de organismos de la Junta de Andalucía, Almería, como casi siempre, recibió poco menos que la pedrea. Mientras Granada, por ejemplo, se quedaba con el TSJA, aquí nos obligaron a conformarnos con un pequeño “chiringuito” cultural, que quienes lo han dirigido a lo largo de su historia lo han prestigiado  a nivel nacional e internacional, pese a que los fondos de los que ha dispuesto han sido siempre escasos.
Aquí han expuesto los mejores de la fotografía nacional e internacional. Memorable fue en su día el proyecto Imagina. Una  apuesta que dejó un poso con excelente sabor, que luego no se supo aprovechar en toda su extensión. Aún así, la voluntad de los dirigentes del CAF ha mantenido con vida un organismo, seamos claros, que no es un centro de grandes visitas ni de exposiciones multitudinarias.
Pero es nuestro CAF, muestro referente, nuestro asidero para hacer nuestra la Junta y el de la administración autonómica para aseverar, qué paradoja, que Almería es algo más que la provincia más alejada de la sala de mandos de San Telmo.
Y en esas estamos cuando llega el cese de un director a mitad de su mandato, que acaba de traer a Almería una exposición en la que participa Pedro Almodóvar y viene a inaugurarla.
Desde Cultura han tomado la decisión de prescindir de él en este momento. Desconozco quien asesora a estos insignes gestores andaluces, porque no se puede hacer tan mal. En los hechos y en las formas, lo cual no quiere decir que no estén en su derecho de rodearse de cargos de confianza en los que crean. Pero entiendo que en materia de Cultura, además de confianza , hay que apostar por la sabiduría, por la proyección, por el buen hacer y por la ayuda económica. Ninguno de estos elementos, por desgracia, ha sido tenidos en cuenta por quienes llegan, dicen, para cambiar las cosas a mejor. Eso esperamos, aunque mal empezamos si se usa la guillotina a destiempo.

La carga de hierro de Alquife

Antonio Lao | 2 de septiembre de 2019 a las 18:50

La mina de Alquife está más cerca hoy que ayer de volver a ser explotada. Una posibilidad cierta que nos debe satisfacer, pues significará revitalizar una de las comarcas más deprimidas de nuestra vecina Granada como es el Marquesado de Zenete. Almería, en este proceso tiene mucho que decir. Sin la colaboración de los puertos de la provincia, para exportar el mineral de hierro, la vuelta al trabajo de los mineros se dificulta en extremo.  Analizado el proyecto y viendo su desarrollo, entiendo que se cumplen con todas las garantías medioambientales, para que los trabajos se desarrollen sin influir, en nada, en la cotidianidad del puerto, -Carboneras-, desde el que el hierro se cargará en buques hasta su lugar de destino. Con todos los parabienes administrativos, desde la Autoridad Portuaria no se puede hacer otra cosa que dar el okey. Pero las cosas no son tan fáciles. En Carboneras entienden que los permisos ambientales no recogen todas las garantías, por lo que en los últimos meses asistimos a una movilización, sin precedentes, para evitar que el puerto sea el lugar desde el que se carguen en buques los miles de camiones que, con toda probabilidad, van a comenzar a llegar desde la mina granadina.
Entiendo la postura de la asociación, aunque no comparto como se han cerrado en banda a que la localidad sea el lugar desde el que se produzca el embarque. El puerto de Carboneras le ha dado y le está dando mucho al pueblo. Es posible que sin él, la localidad no fuera tal y como lo conocemos hoy.  No se puede, ni se debe, tratar de evitar este tráfico marítimo terrestre porque sí. Aquí lo importante, y el papel de la asociación es básico, es que se respeten todas las medidas, que se esté vigilante para que, ante cualquier problema, se atienda y solucione con eficacia. Pero de ahí a impedir que el candado del desarrollo se cierre tercia un abismo. Claro que vistos algunos precedentes, como la negativa de la capital a que sea el puerto local el que desarrolle la actividad, se puede pensar, no sin cierta razón, que los “parias” deben ser otros más solícitos y hasta más acostumbrados a convivir con el transporte de mercancías problemáticas por el puerto. Ahora, cuando todo apunta a que la apertura de la mina no es una quimera, sino un hecho constatable, todos, sin excepción, deben poner de su parte para no cercenar un proyecto que apunta en la buena dirección para la vecina comarca granadina y Almería en materia de empleo, del que no estamos sobrados. Eso sí, desde la administración hay que ser inflexible en el cumplimiento de la normativa española y europea en materia de medio ambiente y que las empresas que desarrollarán los trabajos se crean, de verdad y por escrito, que nadie va a bajar la guardia o va a ser laxo en su control diario y permanente. Con estos mimbres hay que seguir trabajando.

Medio año de capitalidad gastronómica

Antonio Lao | 29 de julio de 2019 a las 16:54

He sido un firme defensor de que Almería fuera capital gastronómica en 2019. Lo seré hasta el final del “reinado”, en la creencia, mientras no me convenzan de lo contrario, de lo mucho que está aportando la nominación a la consolidación de la marca Almería como destino turístico gastronómico. Cierto es que escuchas hablar a quienes en teoría son los beneficiarios de la propuesta -hosteleros y restauradores- y parece que el adjetivo satisfecho aún no forma parte de su lenguaje cotidiano y sí atisban la queja y el lloriqueo lastimero como parte de su jerga habitual. En el fondo los puedo entender, pero muy en el fondo.
Me explico. Quienes pensasen que la Capitalidad Gastronómica iba a ser la panacea para la restauración de la capital  y la provincia debían estar soñando. Aquellos que la esperaban como un maná salvador, sin duda estaban errados.
En gastronomía y turismo, que es de lo que hablamos, como en otras tantas cosas, los logros y las metas se consiguen por el esfuerzo y el trabajo. Claro que la ayuda es necesaria, fundamental diría yo, pero ella por si misma ni es suficiente, ni nunca bastará. El Ayuntamiento hizo durante la precandidatura un enorme esfuerzo por lograr el distintivo y está haciendo este año, ya se ha cumplido la mitad, todo lo que está a su alcance para promocionar nuestros productos, no ya entre los que aquí habitamos, sino a nivel nacional e incluso europeo. Una promoción en la que la Diputación, a través de la marca Sabores de Almería, ha ayudado y mucho.
Bajo estas premisas y con datos en la mano, entiendo que la candidatura está revertiendo a la capital y a la provincia mucho más de lo que cabría esperar. La inversión no ha sido extraordinaria y lo que ha repercutido para los que aquí habitamos supera con creces lo gastado.
La ciudad necesitaba de una larga y prolongada campaña exterior que relanzase su imagen turística como capital acogedora, con excelentes playas y una gastronomía muy a tener en cuenta. Y el objetivo se ha conseguido. Otra cosa es que creamos que todo ya está hecho. Muy al contrario. Es el momento de iniciar una travesía, que ya hemos comenzado con un motor fuera borda de gran cilindrada como es la capitalidad, pero el devenir futuro pasa por no cejar en el empeño de la promoción y en seguir invirtiendo en darnos a conocer. Y el sector de la restauración y hostelería tiene que entender que la mejora y el futuro se gana insistiendo en perfeccionar lo que tenemos. No es una tarea fácil, lo reconozco, y entiendo que tampoco barata, pero es la única opción. No hay otras posibles, para alcanzar el objetivo marcado en rojo en el calendario, que no es otro que la capital y la provincia sean reconocidas en el exterior como marcas consolidadas en todo lo que tiene que ver con la gastronomía y restauración. Venir a Almería a comer debe ser un placer, no una exigencia.

Turismo de los astros

Antonio Lao | 22 de julio de 2019 a las 12:16

No nos cansamos de repetir el enorme potencial que tiene la provincia de Almería en materia turística. Lo que puede ser una obviedad y que pueden compartir multitud de destinos como el nuestro, incluso mejores, cobra mayor verosimilitud cuando las cifras y los hechos confirman tal aseveración.
Que más de trece mil personas hayan visitado en los últimos meses el observatorio astronómico de Calar Alto confirma lo que muchos vaticinaban y lo que sólo unos pocos no creían: el centro de la Sierra de Los Filabres tiene por delante, no sólo un futuro esperanzador como centro de investigación, líder en su género, sino que una de sus fuentes de financiación, ahora que los alemanes de Max Planck han cerrado el grifo, puede venir por aquí.
El turismo de las estrellas se ha destapado como una posibilidad cierta, con el control necesario, de ofrecer a aquellos que nos visitan una alternativa a lo habitual, a lo común. Una alternativa que los va a sacar del letargo en el que muchas veces caen quienes alcanzan la provincia, embelesados en el sol y la playa, sin buscar otras necesidades.
Casi de puntillas, sin alterar el karma, los amantes de las estrellas las pueden hallar a golpe de telescopio, en visitas que se alargan hasta entrada la noche. La posibilidad de mirar al cielo despejado de Los Filabres, en la oscuridad de la sierra y en el silencio del Calar es un lujo que está al alcance de casi todos, por un precio más que razonable.
No se trata de convertir el observatorio en el Everest de Almería, con largas colas en los accesos. Ni mucho menos. Pero si puede ser, a poco que se promocione, una alternativa más que óptima de las nuevas formas de entender el asueto vacacional.
Regreso al inicio. Destinos turísticos para disfrutar hay muchos, la mayoría excelentes en cualquier parte del mundo. Hoy lo que buscan aquellos que tienen la oportunidad de irse de vacaciones son elementos que los diferencien. Y ahí es donde encontramos el observatorio astronómico de Calar Alto. Una posibilidad que sólo la van a encontrar aquí y en otros centros de investigación similares al de la sierra almeriense, pero que se pueden contar con los dedos de una mano en el globo terráqueo.
La exclusividad, la diferenciación, el magnetismo de un lugar como observatorio almeriense se me antoja un aspecto a considerar por aquellos que gestionan el turismo en la provincia, para sumarlo como percha imprescindible en el chaqué o traje de fiesta que cada año confeccionamos para vendernos al mundo en multitud de ferias. Y a buen seguro que a la vuelta de unos años el potencial del que disponemos se verá recompensando con la llegada de muchos viajeros  ávidos de experiencias nuevas, que sólo pueden encontrar aquí, en la costa más desértica y exclusiva de Europa.

Precios de saldo para viajar en Talgo

Antonio Lao | 16 de julio de 2019 a las 9:35

Soy optimista por naturaleza. De ahí que valide el dicho de que “no hay mal que por bien no venga”. Viene esto a cuento de la agresiva política de la compañía Renfe con los precios del Talgo que nos une dos veces al día, en ambos sentidos, con la capital del reino. La presión mediática, reconozco que ha debido ser insoportable en determinadas ocasiones, ha llevado a la compañía ferroviaria a actuar de oficio y tratar de recuperar algo del prestigio perdido bajando precios y duplicando cabezas tractoras en el tren Talgo que nos acerca a Madrid cada día en tan sólo, y remarco el adverbio, siete horas. ¡Ahí es nada!
Aquellos en los que el tren forma parte de nuestro ADN, que lo hemos vivido como forma de transporte desde que tenemos uso de razón, nos duele al extremo la permanente dejadez a la que nos han sometido aquellos que nos gobiernan desde tiempos inmemoriales. Con la excusa de un AVE que sigue siendo una ilusión, dejaron hace ya muchos lustros de inyectar fondos en la línea hasta Linares, convirtiéndola más en una reliquia de bajo coste que en el símbolo de la modernidad y desarrollo de una provincia como la nuestra, innovadora, creadora de riqueza y emprendedora.
Ahora, cuando el número de pasajeros se ha reducido a la mitad en pocos años y cuando todos los usuarios abominan de la lentitud, las averías y la desidia hecha convoy, llega la compañía prestadora del servicio y nos va a permitir viajar hasta Madrid por el módico precio de 25 euros. La medida no es que llega tarde, es que llega a destiempo. No aporta mucho a un panorama desolador y de abandono, a veces pienso que premeditado por aquellos que ejercen el gobierno, para dejar morir de inanición lo que en su día, y tan sólo ha pasado algo más de un siglo, fue un símbolo de modernidad y compromiso. Un símbolo que hoy aquellos que ejercen el gobierno permiten con nocturnidad y alevosía dejarlo morir como si de un paciente terminal se tratase. Y es que no hay nada peor que tener soluciones y no aplicarlas. Engañar al paciente con falsas promesas que nunca llegan, para que el paso del tiempo sea el juez guillotinador, que sólo deja caer la cuchilla sin remedio de continuidad.
Y es ahí donde nos movemos, entre el quiero y no puedo infinito, que como el hampster gira en la rueda buscando una salida imposible. Y mientras permanecemos instalados en la sospecha de qué tren nos pueden quitar con la llegada del AVE a Granada o cómo presionamos para que el tiempo de viaje se reduzca en unos minutos que no van más allá de un titular de periódico. Porque al final, por mucho que nos duela, la realidad es tozuda, inflexible y rotunda: un tren del siglo XIX, para una sociedad avanzada del XXI, con infraestructuras obsoletas y material casi de desecho.

Agencia de asesores y colocación

Antonio Lao | 8 de julio de 2019 a las 11:16

Jamás pondré en duda el trabajo que realizan los asesores de los partidos políticos en las administraciones. Una ocupación, callada, silenciosa en todas las ocasiones y básica para el cometido de proyección, mantenimiento, corte y confección de las fuerzas políticas que nos representan. Algunos, sin embargo, se han empeñado en poner en duda la labor, bien remunerada por cierto, de aquellos que se pegan como lapas a alcaldes, concejales, diputados y demás fauna política. Un caso reciente lo tenemos en el primer edil de Albox. El sólo, con un concejal y los funcionarios, han sacado adelante el Ayuntamiento, dejando en evidencia a los anteriores gestores, hasta el punto de que los ciudadanos lo han premiado con una holgada mayoría absoluta en las urnas.

Todo un toque de atención para aquellos que osan buscar en la política el lugar perfecto para medrar y vivir una legislatura con menos sobresaltos que una tapa de panceta en una barbacoa. Recuerdo hace unos años como un diputado provincial del PP dejó su puesto a otro compañero tras las elecciones. No le importó mucho el relevo, pues tenía asegurado un puesto de asesor. Cuatro legislaturas después lo dejaba por jubilación. Algún dirigente del partido ironizaba con el caso, asegurando que no entendía como este hombre, gris y plano donde los hubiera, sin jamás elevar el tono de voz, callado, casi escondido entre bambalinas, había logrado sobrevivir y mantener el sueldo durante tantos años sin que nadie, ninguno de sus compañeros, reparara en él. Por lo visto cobraba cada mes de forma religiosa, sin fallo, aunque nunca se le vio en acto del partido, trabajo en una campaña y, lo que es más importante, en tarea alguna que tuviera que ver con el área a la que estaba adscrito. Vamos, un profesional del escaqueo.

Ahora nos encontramos con el anuncio del Partido Socialista de llevar a los tribunales la designación de asesores del Ayuntamiento. De los 27 que la ley permite, a los hombres y mujeres de Adriana Valverde el Partido Popular los ha “chuleado”, permítanme la expresión, al dejarlos sólo con tres. La respuesta ha sido inmediata: Grito en el cielo y denuncia al canto, a la espera de que se corrija el desaguisado, que los deja a ellos con escaso margen de maniobra, no sólo para el trabajo diario, sino para situar a aquellos peones que han quedado fuera del juego tras las municipales. Desconozco quién o quiénes han asesorado al alcalde en esta cuestión. Pero se ha equivocado. Del Ayuntamiento nunca debe hablarse por el reparto de cargos. Son cosas internas de las que el ciudadano toma nota y luego suele pasar factura. Bien haría en buscar cuanto antes un acuerdo, cerrar el caso y gobernar la ciudad. Los problemas que padecen los almerienses son mucho más importantes y nos acucian más que el futuro de unos asesores, ahora en paro, que presionan, un día sí y otro también con el conocido qué ¿qué hay de lo mío?

AVE a Granada, envidiamos mal

Antonio Lao | 1 de julio de 2019 a las 12:00

Un buen amigo, de esos que puedes contar con los dedos de una mano, dice que “envidia muy mal”. Desconozco realmente si cuando lo apunta en alguna conversación distendida, de las que tenemos de forma habitual, lo dice serio o si, por el contrario, no deja de ser una coletilla. Mis sensaciones me apuntan a que cuando lo afirma lo siente de verdad. Viene esta introducción inicial a la “envidia sana” que debemos sentir los almerienses al ver como nuestros vecinos granadinos disponen desde esta semana de un AVE que los une en poco más de tres horas con Madrid. Un AVE que también los trasladará en seis horas con Barcelona y antes del otoño en un suspiro con Málaga y Sevilla. Todo esto de forma directa, sin cambiar de convoy. Si el cambio se produce, las posibilidades se incrementan a Castilla y León y casi hasta Galicia. ¿Cómo lo ven ustedes? Como una envidia sana o debemos, como mi buen amigo, envidiar mal.
Sea una cosa u otra, lo cierto es que la pesadilla ha terminado para los granadinos, que de pronto se abren al mundo con un medio de transporte moderno, eficaz, limpio y, sobre todo, competitivo con el avión. Las posibilidades para Granada se multiplican de forma exponencial. La ciudad de la Alhambra disponía ya de un potencial turístico inmenso con la Alhambra o Sierra Nevada. Ahora el abanico se abre hasta el infinito. A la vuelta de unos meses, y no les quiero contar de unos años, la riqueza de nuestros vecinos y su entorno crecerá de forma exponencial, así como su PIB. Son tantas las posibilidades que sería prolijo enumerarlas todas.
En el contrapunto nos encontramos con Almería y unos trabajos que el Gobierno de Rajoy paralizó durante seis años y que el de Pedro Sánchez desbloqueó sobre el papel. Pero no nos engañemos, la realidad es tozuda. Tanto, que sería el primero en cantar las alabanzas de unos trabajos comenzados y unas máquinas en el tajo. Pero no es así. El presupuesto de 2019 no se ha aprobado y dudo mucho que se vaya a hacer. Luego está el de 2020, con un parlamento tan fragmentado que cada uno va a solicitar ‘lo suyo’ para sacarlos adelante. De tal manera que la cuerda volverá a romperse por el lado más débil, por el cabo más frágil, en la creencia de que una provincia como la nuestra puede aguantar aún unos años más sin el preciado medio de transporte. Y es que la fecha de 2023, que ya dije hace muchos meses que era una quimera, ahora se convierte en un imposible. Incluso la previsión más benigna, 2025, se me antoja difícil de cumplir tal y como están las cosas. Ojalá me equivoque y mañana deba desdecirme de lo escrito. Lo haría con todo el gusto del mundo, porque los almerienses, los que habitamos en esta esquina de España, serían los beneficiados. Aquellos que llevan más de un siglo esperando un maná en forma de buenas comunicaciones que no llegan.

Culpar al otro

Antonio Lao | 25 de junio de 2019 a las 11:38

Asumir errores en política no es un verbo que se conjugue con facilidad en los tiempos que corren. Aquí lo fácil es culpar al otro, echar balones fuera, esperar a que escampe y a otra cosa, en la esperanza de que el tiempo lo sana todo y ya vendrán nuevas oportunidades. Las elecciones municipales y las recientes tomas de posesión de alcaldes y concejales ha puesto a cada uno en su sitio, ha sacado lo peor y lo mejor de aquellos que forman nuestra cotidiana fauna política y ha vuelto a poner de manifiesto la incapacidad absoluta de entonar el mea culpa por parte de nadie. Vayamos por partes con algunos ejemplos que confirman la aseveración inicial. En Vélez Blanco la incapacidad de los socialistas para ponerse de acuerdo los llevó a una escisión que les ha costado la alcaldía. No sólo han antepuesto sus intereses particulares por encima de los de sus vecinos, sino que luego los odios personales han puesto al frente de la alcaldía al único concejal de Ciudadanos, que con 200 votos tiene ante sí el sueño y el reto de su vida. A poco que lo haga bien puede, como ha ocurrido en Albox, demostrar que la política va más allá de personalismos y está más cerca de la iniciativa, el criterio y la capacidad de trabajo y sacrificio. Y lo más preocupante es que los responsables provinciales, viendo lo que sucedía, han sido incapaces de retomar el diálogo y acabar con tan enorme disparate.
Culpar al otro como criterio de trabajo tiene en la capital el segundo ejemplo. Las tibias palabras del secretario de Organización local, Indalecio Gutiérrez, sobre los resultados de la capital, reflejan en toda su extensión la capacidad que tiene el ser humano para descargar en los demás y alejarse de cualquier asunción de culpabilidad. Escucharlo balbucear justificaciones debe ser motivo de estudio para los estudiantes de Política de cualquier universidad sobre lo que no se debe hacer si se pretende tener éxito en aquello que nos ocupa, que no es otra cosa que buscar la credibilidad ante aquellos a los que nos dirigimos, los que comulgan con su ideología y los que no. Y el tercero, y podríamos escribir un tratado sobre ello, lo encontramos en los dirigentes provinciales del Partido Socialista. Unos dirigentes que han ahuecado el ala desde las municipales, que ni están ni se les espera, más allá de felicitarse por los 100.000 votos alcanzados en la provincia. Cien mil votos ¿para qué?, me pregunto. No serán para gobernar la Diputación o cualquiera de los pueblos importantes de esta tierra. Porque si no recuerdo mal, y es una ironía, sólo disponen de Níjar y Vícar como grandes bastiones, Huércal Overa les ha tocado en la lotería por los enfrentamientos personales entre los dirigentes populares y de Ciudadanos y un puñado de pueblos pequeños, en los que sus alcaldes, esos sí, saben hacer política y de la buena. De la cercana, sin postureos y apariencias falsas.

Los compromisos de Ramón

Antonio Lao | 17 de junio de 2019 a las 12:06

Ramón Fernández Pacheco ha hecho méritos más que suficientes para ser alcalde de Almería y gobernar la legislatura con cierta holgura. Aunque deberá apoyarse en Ciudadanos o en Vox para sacar adelante los presupuestos, en el resto de propuestas para la ciudad no tendrá problema alguno para lograr, sino la unanimidad, si cómodas mayorías. Porque al final se trata de trabajar por el bien de la ciudad, por el crecimiento, el desarrollo y la proyección de una capital que tiene mucho camino recorrido, pero a la que aún le esperan tantos retos como necesidades. Complementos ambos que nos deben situar en lugar prominente a nivel andaluz y nacional en dos aspectos fundamentales: turismo y agricultura.
En una campaña casi perfecta, con diseño americano y compromiso con la ciudad, Ramón dejó en un segundo plano al partido y asumió el reto personal de dar la vuelta a unas encuestas en las que pintaban bastos. Mantener los resultados de su predecesor en el cargo lo consagra como uno de los valores en alza dentro del partido y le da derecho a un voto de confianza de la ciudad y  el PP para tratar de conducir, con riesgo calculado, los destinos de Almería los próximos cuatro años.
Pero la confianza también debe servir para mantener una gobernanza con criterio, alejada de sectarismos, cercana con los vecinos y comprensible con la oposición. Lo cual no significa que se sea tibio, pacato o excesivamente blando. Al contrario. El ejercicio del gobierno requiere de altura de miras, alejada del boato, el amansamiento y los pelotas de turno, pero sí firmeza en las decisiones. Contentar a todos es sinónimo de fracaso. Se trata, en definitiva, de buscar la eficiencia, la transparencia, la rendición de cuentas, la participación de la sociedad civil y el estado de derecho, que revelará la determinación del gobierno que conforme la semana próxima de utilizar los recursos disponibles a favor del desarrollo económico y social de la ciudad. La confianza no sólo debe quedar en un lema que ha calado en la ciudadanía, sino en la necesidad de avanzar en los grandes problemas que aún tiene la ciudad pendientes como son el desarrollo puerto-ciudad, la mejora de los accesos ferroviarios, la recuperación del casco histórico y la prestación de unos servicios acorde con los impuestos que se pagan. Y de la oposición se espera la coherencia y la visión de ciudad que corresponde con el lugar donde los han situado las urnas. Firmeza y flexibilidad, en paralelo con tratar de evitar las tentaciones de bloqueo que de forma permanente rondan por las cabezas pensantes y sesudas de aquellos que creen, de forma errónea, que cuanto peor mejor. Otra forma de hacer política es posible y los resultados de las municipales así lo avalan. Ramón, por su carácter, tiene la posibilidad de lograrlo. Que tenga le mejor de las suertes.

El tren averías

Antonio Lao | 11 de junio de 2019 a las 19:39

Parececlaro que desde el Ministerio de Fomento nos quieren tomar el pelo a los almerienses cuando de política ferroviaria se trata. Me explico. Comparto la valentía del subdelegado del Gobierno, Manuel de la Fuente,  al decir públicamente que las continuas averías del Talgo que nos une con Madrid son “intolerables”. Es posible que hasta lo hayan  reprendido o llamado la atención por la sinceridad con la que habla. Pero al final no dejan de ser unas afirmaciones que llegan por la presión, debe ser insoportable, de la sociedad y los medios de comunicación cuando un día sí y otro también conocemos nuevas averías de los convoyes que nos unen con Madrid. Cuando hechos similares han sucedido en Extremadura, por poner un ejemplo, desde el Ministerio que dirige José Luis Ábalos se han abierto investigaciones, que al final no conducen prácticamente a nada, pero de alguna manera calma los corazones soliviantados de miles de usuarios que se sienten ninguneados y pateados por un Gobierno que parece dar por bueno la existencia de ciudadanos de primera, los que tienen AVE y los otros.
Con ser denigrante la situación, se convierte en esperpéntica cuando técnicos de Renfe se reúnen con la Mesa del Ferrocarril y, sin anestesia previa, nos avanzan como gran solución la búsqueda, vamos a ver si la encuentran o no, de una locomotora de reserva que pueda aliviar, en parte, el triste espectáculo que aquellos que rigen nuestros destinos están ofreciendo a los que aquí habitamos. No queda ahí la incongruencia. A las muchas oídas se suma la posibilidad de hacer un estudio para conocer la posibilidad de reducir el viaje con Madrid algunos minutos. Un hecho que ya conocemos que es poco menos que imposible por el estado de la vía. Paños calientes y declaraciones vanas y huecas en un intento, como otras veces he explicado, de ganar tiempo en este Guadiana de las comunicaciones ferroviarias que nos preocupa y ocupa cada cierto tiempo.
La realidad, por más que nos duela y nos pese, y a ellos desconozco si les ocupa y les preocupa, es que estamos echando a los viajeros de un medio de transporte seguro, con más de un siglo de historia, en el que la evolución ha sido escasa, la inversión ínfima y el trato con Almería discriminatorio y vejante. Claro que siempre nos queda Granada. A finales de mes verá, por fin y me congratulo, su alta velocidad y nosotros, almeriensitos de a pie,  tendremos la oportunidad de viaje casi dos horas hasta la ciudad de la Alhambra y desde allí coger un AVE que en tres nos lleve hasta Madrid. Es posible que mientras nos toca la lotería de las obras ya adjudicadas y veremos a ver cuando comienzan, logremos reducir algo nuestro viaje con la capital del reino. Pero para ello primero han de ajustarse los horarios de los trenes que de aquí parten con los que salen de Granada. Si hay que esperar mucho, nuestro gozo en un pozo.

Nuevo fracaso socialista

Antonio Lao | 3 de junio de 2019 a las 17:52

Escuchaba el lunes al secretario general de los socialistas, José Luis Sánchez Teruel, analizar los resultados de las elecciones locales y no daba crédito. Ni la más mínima autocrítica salió de su boca. Muy al contrario. Se jactaba de haber superado los 100.000 votos en la provincia, cifra que le llevaba a asegurar que estaban en el buen camino. En el buen camino ¿de qué?, me pregunto. Mantienen como grandes resortes Vícar y Níjar y algunos pueblos de menor entidad. El peso político que les queda, después de perder la Junta de Andalucía es poco menos que testimonial y no va más allá de la fuerza que Esperanza Pérez Felices y Antonio Bonilla ejerzan. Ambos han logrado arrancar triunfos de mérito que entiendo que tienen que ver más con la capacidad de liderazgo que ellos ejercen en sus municipios que en las siglas. Y eso que el PSOE está en línea ascendente desde las generales del 28 de abril. En la capital, los resultados de Adriana Valverde no han llegado a ser ni siquiera aseados. Viniendo de un triunfo hace un mes, no tiene explicación que mantenga los nueve concejales y no hayan sido capaces de arrancar ni un edil más. Y es que las cosas ya se torcieron en unas primarias que fracturaron el partido, un poco más de lo que ya estaba, y de una campaña que ha puesto de manifiesto cómo no se deben hacer las cosas. Ha sido un tiempo en el que veías una candidata y una lista que transmitía hastío, desencanto, tristeza. Era una comitiva en procesión de Viernes Santo, cuando sus contrincantes levitaban por las calles como si de la Feria de Agosto se tratase y acompañaran la caravana anunciadora del circo, equilibristas incluidos. Y luego está la división. La división que corroe las entrañas de un partido centenario. División que siempre ha convivido en el seno de una fuerza política acostumbrada a todo, pero que muestra en exceso a sus potenciales votantes las batallas que se libran en el interior. La imagen de la presentación de Adriana Valverde en el Gran Hotel, en la que no estaba el secretario general es de traca. Y luego la elección de candidatos. ¿De quién fue la feliz idea de recuperar a Rogelio Mena en Albox y ponerlo de cabeza de lista? ¿Cómo es posible que en El Ejido se mantenga de cabeza de cartel a quien hace sólo unos meses fue abandonado por parte de sus concejales? ¿Quién entiende que desde los años noventa no hayan sido capaces de pulir un candidato con carisma y liderazgo en Roquetas? ¿Nadie vio la que se avecinaba en Vera con la marcha de Félix López? ¿Quién permitió que el partido se troceara en dos en Vélez Blanco para también perder la alcaldía? Preguntas y más preguntas que me llevan a una sola respuesta: la necesidad de acometer una profunda renovación de cargos, de sanchistas y susanistas, de teruelistas, de nonistas, fernandistas y todos los istas que quieran y acabar con un enfermo terminal que necesita extirpar, con urgencia, todo lo gangrenado.

El color del mapa provincial

Antonio Lao | 27 de mayo de 2019 a las 13:29

Los almerienses están llamados hoy a las urnas para renovar los gobiernos de los 103 ayuntamientos de la provincia. También votarán en las elecciones europeas. Una cita no menos importante, pero que se observa desde la distancia. Aún no somos conscientes de la importancia que tienen para esta tierra las decisiones que se aprueban en Bruselas y su influencia real en la economía doméstica de los que aquí habitamos.
Pero volvamos a lo que de verdad provoca un enorme derroche de emoción, tensión sin límites y pasión desbordada, como si de una final de la Champion League se tratase y tu equipo tuviera al alcance de la mano la copa de campeón.
Almería decide hoy quiénes serán los alcaldes de nuestros pueblos los próximos cuatro años. Aquellos que tendrán la vara de mando para optar por una política u otra, aunque todos, sin excepción, tengan como norma fundamental la defensa de sus municipios y como objetivo mantener el estatus actual y, si es posible su crecimiento.
Si hace cuatro años la mayoría de las localidades se tiñó de azul, incluida la Diputación. Esta vez parece, sólo parece, que la batalla está más reñida y el rojo puede desbancar a quienes han tenido en sus manos los gobiernos de la mayoría de las localidades de Almería, en especial las de mayor población. A la fiesta se suman otros colores como el naranja, el morado y el verde, tratando de ser decisivos en muchos ayuntamientos, con lo que ello conlleva de diversidad, pero con riesgos serios de hacer ingobernables muchos de los municipios de esta provincia.
No es baladí lo mucho que se juega Almería en estas elecciones. Si miramos a Europa nos observan con lupa. El ascenso de Vox y sus políticas nos sitúa en el vórtice de un huracán que aumenta en peligrosidad en el misma medida que los votantes, en especial los de zonas agrarias, apuestan por el verde. Salvado este posible escollo, el resto de colores, con sus manifiestas diferencias nos sitúan en la normalidad democrática habitual, sin sobresaltos y sin miedos al “qué dirán”. La cuestión va a estar en las fórmulas que permitan gobiernos más o menos estables, en los que los presupuestos se apliquen, los proyectos salgan adelante y la convivencia entre los vecinos no se vea alterada por las batallas permanentes de aquellos que se sientan en los sillones municipales.
La decisión última la tienen ustedes, la tenemos nosotros, aquellos que hoy nos acercamos a las urnas tratando de buscar lo mejor para nuestros pueblos y ciudades. Sea cual sea el resultado final, si es importante votar, la mejor forma de expresar nuestra opinión. Nos la piden cada cuatro años y no es cuestión de dejarla pasar. La voz del pueblo, de los ciudadanos, debe quedar patente y clara. Y a partir de ahí conformar mayorías de gobierno.

26M, un resultado imprevisible

Antonio Lao | 20 de mayo de 2019 a las 12:32

Los hay quienes se frotan las manos, al entender que los resultados de las elecciones generales del 28 de abril se trasladarán casi de forma mimética al 26 de mayo. Error. Luego están los que caminan con la cabeza gacha, al entender que la época de vino y rosas en la que se han desenvuelto en los últimos años toca a su fin. Inexacto.
El 26M cada pueblo vuelve a votar para elegir a los concejales y alcaldes que regirán sus destinos los próximos cuatro años. Lo que ocurra ese día es posible que se calque de forma exacta en algunas localidades, pero les puedo asegurar que en la gran mayoría los datos no van a tener nada que ver con lo ocurrido hace un mes. Y es que hablamos de hechos distintos, de conceptos que se parecen como un huevo a una castaña.
Cuando falta todavía una semana para que las urnas se pronuncien, las municipales han entrado en ebullición, un hervor a muchos grados en los que no se juega un puesto en Madrid, con lo lejos que está, sino quién o quienes regirán el destino de tu ciudad, de tu pueblo, de tu entidad menor, de tu provincia en la próxima legislatura. Y lo que hace esta llamada a las urnas única, diferente y tensa es que vamos a situar al frente de nuestro ayuntamiento a nuestro vecino, a nuestro amigo, a un conocido, al compañero de partida con el que hace unos días jugabas al dominó en la mesa de un bar en la plaza del pueblo y ahora puede ser el que defina el destino de tu hábitat más cercano en los próximos cuatro años. Y es ahí donde entra el componente de la excepcionalidad del que hablaba al inicio, el componente de la dificultad de mimetizar unos resultados con otros, el componente de tener que decidir, en muchas ocasiones, entre tus ideas o el corazón. Por tanto, no les extrañe que aquellos que hace unos días se frotaban los ojos por unos resultados negativos respiren y cobren vida del 26 de mayo y aquellos que celebraron a lo grande un pírrico triunfo, pero victoria al fin y al cabo la noche del 28 de abril, tengan que mirar los datos que vomitarán los ordenadores a partir de las diez de la noche y no darán crédito a lo sucedido.
Es tiempo pues de meditar, de pensar muy bien el voto, de participar en masa en unos comicios en los que se decide el futuro de tu pueblo, de tu ciudad, en los que se decide si la calle se asfalta cuando se rompe o se prioriza el centro social; en los que se establecen otras prioridades que nada tienen que ver con las que ocupan la vida nacional un día sí y otro también. El 26 de mayo se trata de decidir el futuro de tu ciudad y tu pueblo, el futuro más mundano y el que se otea en la segunda década de este siglo; el futuro de un tiempo que deseamos sea mejor, pero cada opción propone y trabaja sobre unas premisas que no siempre son las adecuadas y las más convenientes para el tiempo actual. La decisión última, importante, es de usted.

Ramón, Adriana, Miguel, Amalia, Joaquín…

Antonio Lao | 13 de mayo de 2019 a las 12:12

De todas las batallas políticas que se dirimen el 26 de mayo en la provincia, la de Almería será, junto con El Ejido y Roquetas, de las de mayor calado por su trascendencia posterior tanto a nivel andaluz como nacional.
Ramón Fernández Pacheco (PP), Adriana Valverde (PSOE), Miguel Cazorla (Cs), Amalia Román (IU) y Joaquín Pérez de la Blanca (VOX) son los hombres y mujeres que se disputan la vara de mando municipal. De una u otra forma, como primeros espadas o como muletas de gobierno, los cinco salen al ruedo con la intención de hacerse con las riendas de la capital los próximos cuatro años.
Si nos atenemos a los resultados de las elecciones generales de hace dos semanas, todo indica que la gobernabilidad va a ser complicada. Una tarea ardua, sólo para valientes. La negociación va a ser la base sobre la que asentar el futuro de la ciudad y eso, según como se mire, puede tener efectos beneficiosos o perniciosos para los que aquí habitamos.
Siempre he creído que aquellos que nos gobiernan deben estar avalados por una mayoría sólida para llevar adelante su programa de gobierno. Si en cuatro años no han cumplido, entonces es el momento de sacarlos del poder y buscar recambio. Luego están quienes entienden el ejercicio del gobierno y la política como el arte de la negociación. Un arte encaminado a suavizar las aristas de los gobiernos monocolor.
Sea como fuere, lo cierto es que todo indica que llega el momento de los pactos, el momento de hacer política con mayúsculas y el momento de tener la cintura suficiente para proyectar, avanzar y driblar, en la creencia de que el resultado final es lo que más conviene a la ciudad.
Lo que si parece claro es que hay que evitar por todos los medios que los intereses de unos y otros nos lleven a una paralización de la capital. Es importante que los presupuestos se sigan aprobando regularmente y que los proyectos que nos deben llevar a la ciudad del futuro, a aquella que pretendemos dejar a nuestros hijos no sufran lo más mínimo por las cuitas personales o políticas que se otean en el horizonte.
Bajo estas premisas son ustedes, somos nosotros, los ciudadanos que aquí habitamos los que tenemos en nuestras manos decidir qué tipo de gobierno municipal nos damos para los próximos cuatro años. No piensen ni por un momento que la decisión no es importante. Lo es tanto o más que la de gobernar un país. De ahí que la participación en los comicios, por muy cansados que podamos estar de llamadas a las urnas, se me antoja clave para lo que tenemos por delante. Es el mejor antídoto contra el conformismo o contra la queja permanente que, a toro pasado, todos solemos poner por delante cuando las cosas no se hacen como hemos querido o como pretendemos que sean. En sus manos, en la de los almerienses, está el futuro.

El fracaso de la derecha

Antonio Lao | 6 de mayo de 2019 a las 12:33

Mucho se ha escrito esta semana de los motivos por los que la derecha ha fracasado en las elecciones generales del domingo, tanto a nivel nacional como provincial. Tres, al menos, son las razones por las que ha hincado la rodilla. La primera tiene que ver con la dispersión. Han concurrido a las elecciones dividida en tres partidos de ámbito nacional: Vox, PP y Cs. La segunda, clamorosa bajo mi punto de vista, tiene que ver con el abandono del centro. No se puede pretender imitar o asumir los postulados de la extrema derecha cuando ya existe un partido que los asume como propios y los representa mejor que tú. Las fotocopias siempre tienen más calidad que los originales. La tercera, por el olvido y la moderación que caracteriza a los españoles cuando de política hablamos. El Partido Popular nunca ha ganado unas elecciones generales, autonómicas o locales, sin atraer a la mayoría de los electores de centro y también a la mayoría de los que dicen no tener ideología, los llamados moderados.

La presencia de Ciudadanos y su acogida electoral entre 2014 y 2016 alejó a los populares del centro ideológico. El éxito de Vox en las autonómicas andaluzas de noviembre y el intento de evitar la pérdida de votos por ese flanco hicieron el resto para escorar al PP a la derecha. Y los hombres y mujeres de Albert Rivera, el partido que había logrado situarse en la posición más central del tablero, entre PSOE y PP, no solo se ladeó también hacia la derecha, sino que en las semanas previas a los comicios renunció a competir por buena parte de los votantes de centro, al asegurar que no pactaría con el PSOE de Pedro Sánchez. Un desvío que le puede servir para tratar de liderar la derecha desde posiciones centro-liberales, pero que a la larga le pueden acabar pasando factura. En todo caso, no todas las derechas han fracasado por igual, como es evidente.

El PP ha sufrido un durísimo revés y no va a tener tiempo de reaccionar de forma adecuada de aquí a las municipales y europeas del 26 de mayo. Mucho trabajo por delante y poco tiempo para que los mensajes, si los hubiera, calen en el electorado. Aún así una cosa son los comicios nacionales, en los que predominan los mensajes y las ideologías y otra los locales, en los que se añade además un tercer componente, que es el candidato a alcalde, el conocimiento que tienen sus vecinos de la persona y el trabajo que ha desarrollado en la sociedad grupal y cercana en la que se mueve. Sea como fuere, lo que parece evidente es que la derecha española ha caído en una trampa ya vivida en otros países europeos. A saber: radicalizar el discurso para competir con la extrema derecha no solo fertiliza el terreno para esta, sino que además deja huérfanos los votos del centro, donde se halla el grueso de la población. Y es ahí donde el otrora PSOE famélico y superado ha encontrado el granero de votos necesario para resucitar. Y a fe que lo ha conseguido.

Almería y el 28-A

Antonio Lao | 29 de abril de 2019 a las 14:11

Los españoles están llamados hoy a las urnas para elegir a quienes nos gobernarán, si la normalidad se impone, durante los próximos cuatro años. La provincia elige seis diputados y cuatro senadores. Una cifra importante, aunque no trascendental, para exigir a aquellos que aspiran a sentarse en la hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo (Congreso de los Diputados) o en el edificio de la Plaza de la Marina (Senado),ser decisivos e imponer criterios en la legislatura. A lo largo de la campaña han desfilado por esta tierra numerosos cargos públicos de las distintas fuerzas políticas, además de los candidatos que aspiran a representarnos. El caso es que en este tiempo he tenido sensación de orfandad.
Me explico. Aquí nadie ha puesto negro sobre blanco cuáles son las propuestas para Almería. Y aquellos que lo han hecho casi han pasado de puntillas, como si no fuera con ellos. Entiendo que ante la realidad del país y los problemas, magnos, que deben afrontarse en los próximos meses, lo que aquí pueda suceder figure en un plano inferior o simplemente no figure. No comprendo, sin embargo, esta actitud alejada, cuando la provincia se está jugando en los próximos años tantas y tantas cosas, vitales para su supervivencia, su crecimiento sostenido y su aportación razonable al Producto Interior Bruto (PIB) andaluz y nacional. Nadie niega que el proceso catalán sea, posiblemente, el mayor reto al que se enfrentará el próximo presidente del gobierno. Como tampoco cómo y de qué manera se hace frente a la crisis económica que parece se otea ya en el horizonte. El futuro de las pensiones o la España vacía, a buen seguro, que ocuparán ríos de tinta, camino del mar de debates y tensiones que nos esperan en los próximos años. Pero creo que hay que ser localista dentro de la globalidad en la que nos movemos. Porque la provincia tiene ante sí retos de calado trascendentales para su futuro. El primero pasa por la solución de los problemas hídricos, claves para seguir siendo los abastecedores de hortalizas de Europa. Nuestro crecimiento va a depender, y mucho, de si somos capaces de acabar con el déficit de agua que nos atenaza.
Poco y hueco he escuchado también del problema de las comunicaciones. Los de antes y los de ahora o los que puedan venir sobrevenidos se enfrascan en mensajes manidos y en polémicas de escaso contenido y calado para dejar pasar el tiempo a la espera de que escampe. Por eso hoy es tan importante elegir con criterio, con coherencia, con la mirada alejada del cortoplacismo y en la búsqueda de quienes son capaces de acercarse más a la confirmación de los logros alcanzados hasta ahora en esta provincia y a los que están por llegar. Otra cosa sólo traerá decepciones, lamentos, chascos y fracasos que tan sólo se podrán corregir en unos nuevos comicios. Y esos llegarán dentro de cuatro años. Mucho tiempo.

Los límites de la paciencia y la comprensión

Antonio Lao | 22 de abril de 2019 a las 17:43

No voy a ser yo el que le exija al Gobierno de la Junta de Andalucía -cuatro meses ejerciendo- que resuelva todos los problemas que tiene la provincia en este período breve de tiempo. Sería más que osado por mi parte verter una crítica hacia un ejecutivo que bastante tiene, por ahora, con taponar todos y cada uno de los frentes que tiene abiertos.
Quizá por ello comprendo a la consejera de Fomento de la Junta, Marifran Carazo, cuando el jueves cuatro de abril, en el Parlamento regional, pedía “confianza” para finalizar una obra que se ha convertido en el “cuento de nunca acabar”: la autovía del Almanzora. La máxima responsable recordaba que el Gobierno andaluz está pendiente de resolver la licitación de las obras del tramo Cucador-La Concepción, que salió a concurso en noviembre de 2018 con un presupuesto base de 39,5 millones y al que se han presentado 21 empresas. Con todo, no debemos olvidar que en la etapa anterior la oposición popular no cejó un solo día en pedir el inicio de los trabajos, denunciar los constantes retrasos y lamentar el abandono secular al que, una vez sí y otra también, estaba siendo sometida la provincia. Por tanto, paciencia sí, comprensión también, pero todo tiene un límite. Un límite que no debe pasar de recoger la inversión en los presupuestos, aún sin aprobar, y que las obras puedan estar en marcha antes de que finalice el año. Veremos.
En parecidos términos nos encontramos con el AVE que algún día -sin fecha definida por más que unos y otros nos traten de inocular 2023 como el año mágico- nos debe unir con Murcia. Cierto es que el Gobierno de Pedro Sánchez y su ministro Ábalos tan sólo lleva en el poder nueve meses. Por tanto la exigencia con aquellos que tienen tan escaso bagaje de gobierno debe ser siempre elástico, con cierta plasticidad. La comprensión y la paciencia que solicitaba Marifrán Carazo también debe ser aplicada en este caso, con la misma naturalidad de la solicitada con la autovía del Almanzora, pero con la firmeza de aquellos que hacen anuncios de licitaciones y adjudicaciones y luego, puede, sólo digo puede, que se olviden de que las empresas deben iniciar los trabajos cuanto antes, cumpliendo plazos y requisitos legales.
Paciencia sí. Mucha paciencia es la que llevamos soportando los que aquí vivimos a lo largo de la historia. Paciencia y olvido. Un cóctel difícil de digerir por más tiempo, por aquello de las promesas incumplidas, de las declaraciones vacías, de los intentos una y otra vez de capitalizar los posibles votos que puedan ofrecer las infraestructuras y luego si te vi no me acuerdo.
Paciencia, por supuesto que sí, pero con garantías, con plazos de obras, con fecha de inicio de los trabajos y con la responsabilidad que cabe o se supone que deben tener aquellos que rigen nuestros destinos desde hace demasiadas décadas.

Pueblos vacíos, donde habita el silencio

Antonio Lao | 10 de abril de 2019 a las 19:27

Miles de personas, convocadas por La Revuelta de la España Vaciada de 90 plataformas y 23 provincias se manifestaban la semana pasada en Madrid para reivindicar soluciones urgentes para que el medio rural “no agonice”. Este fin de semana en Serón se celebran unas jornadas con la misma intención: un intento más por alzar la voz en defensa de una forma de vida, lamentablemente, en retroceso.
El problema viene de lejos, no es nuevo. Las soluciones, complejas, han entrado de lleno en la campaña electoral, en un intento de llamar la atención y encontrar alternativas al deterioro progresivo de la vida rural, la pérdida de población y todo lo que ello conlleva: menos servicios, carencia de infraestructuras, cierre de tiendas y comercios, ausencia de niños, población envejecida y un largo etcétera, capaz de generar la más profunda de las tristezas y desolación. Ver como el lugar donde naciste, donde formaste una vida, se apaga es la mayor de las angustias y pesar. En Almería más 70 pueblos, de los 103 que la conforman, corren serio riesgo de despoblación. Algunos, a la vuelta de una década pueden ser localidades fantasmas o sólo habitadas los fines de semana con suerte. Entre las iniciativas para tratar de mitigar esta ruina, la Diputación de Almería ha puesto en marcha un programa de ayuda a autónomos que quieran mantener sus empresas en alguna de estas localidades. Con ser importante, mucho me temo que no es suficiente. Hace falta algo más que esto para tratar de fijar la población a lugares en los que no ha nacido un niño en décadas, donde los jóvenes emigran en busca de trabajo y el paisaje diario no va más allá del bar abierto sólo algunos días de la semana y la soledad y el silencio lo inundan todo.
En alguna ocasión ya he escrito que casa en la que un mayor se muere es una casa que se cierra. Este es el aterrador panorama que se dibuja en el interior de una tierra hermosa como es Almería y que hoy, en su interior, es pasto de las bolinas en días de viento, del deterioro de las viviendas cerradas a cal y canto y la maleza adueñándose de los campos que un día fueron fértiles y que hoy son tomados por las alimañas. Caminar por cualquiera de ellos tiene ese sabor agridulce que produce el desgaste, mezclado con el regreso de la naturaleza en toda su extensión. La amalgama de ambos elementos conjuga sensaciones contrapuestas, plagadas de recuerdos, inundadas de almas serenas y rabia contenida por no haber sido capaces de taponar el sangrado permanente de vida, que se desgaja a jirones camino de la civilización que hoy nos atenaza, nos inunda y nos incita a dejar el pasado para vivir en el paisaje urbano en el que encuentras todo a solo un clic o a la vuelta de la esquina. Es la sociedad que nos toca y posiblemente en la que nos gusta vivir, distante de aquella en la que ya habita el olvido.