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Las torres de San Gimignano (Toscana I)

| 23 de febrero de 2010 a las 0:40

Torres en San Gimignano

Torres en San Gimignano

No somos maestros. Quiero decir de los que dan clases. Por lo tanto no podremos disfrutar de cuatro días libres seguidos este fin de semana del Día de Andalucía. Envidia. Nosotros no podemos coger todos los puentes, pero eso no quiere decir que no aprovechemos los que caen en nuestras manos. No hace mucho estuvimos listos y, juntando días libres, por fin pudimos cumplir uno de nuestros planes viejos: recorrer la Toscana en coche. El tiempo no nos acompañó, pero a lo mejor la experiencia puede servirles de ayuda a los que quieran hacer lo mismo. Más bien, a los que ya han decidido hacer lo mismo, porque hace días que los vuelos baratos desde Sevilla a Pisa (Ryanair y Vueling) están completos. Cosas de la crisis. Nosotros estuvimos la semana siguiente a Navidades de este año, bueno, coincidiendo con el día de Reyes y los posteriores. Pero si decidís ir, antes de que llegue la temporada alta podéis encontrar buenas oportunidades.

Desde luego Pisa es la base ideal para ir y volver, y pasar cinco o seis días en una de las regiones más bonitas de Europa. Pero también se puede utilizar la opción de Bolonia, conectada igualmente por avión con Sevilla (Ryanair). En este caso hará falta algo más de tiempo, puesto que la bella y culta capital de Emilia-Romaña queda un poco a trasmano. De hecho, nosotros entramos en Toscana por Pisa y la vuelta la hicimos desde Bolonia. El plan resultó perfecto, aunque el tiempo de lluvia y nieve no era el más adecuado para recorrer las sinuosas y antiguas carreteras toscanas, ni para disfrutar con toda la intensidad de sus paisajes y pueblos.

Como ya habíamos estado en Pisa recientemente (ese capítulo también caerá) decidimos ir primero a San Gimignano, a una hora y media de coche, extraordinario pueblo rojizo, amurallado y de torres tan altas que no entran en las fotos. Pero no las torres de sus murallas de piedra y ladrillo, sino las torres de sus casas y palacios, que dejan enanas, enanísimas a las torres miradores de Cádiz. Sólo quedan 14 de las más de 70 que hubo en el pueblo en la Edad Media, pero su silueta impresiona en la lejanía, y aún más cuando estás bajo ellas, ya sea en la céntrica y hermosísima Plaza de la Cisterna o en la aledaña del Duomo. Piedra y ladrillo medievales y un castillo desde el que las cinematográficas vistas de los campos circundantes impresionan aun en un día plomizo y amenazante de lluvia. Habíamos reservado por internet en el hotel Leon Bianco, en un histórico edificio situado en la misma plaza de la Cisterna, frente al gran pozo. El albergho es hermoso y limpio. Ninguno es barato en Italia, pero en esa temporada baja y por una habitación doble con desayuno nos cobraron poco menos de 100 euros. Lo merecía, tanto el hotel como el pueblo.

Con lo que hay que lidiar es con los horarios. Como llegamos pasadas las cuatro ya no había ningún restaurante abierto, pero siguiendo las indicaciones de la bella recepcionista, y tras aparcar el coche en un caro aparcamiento fuera de los muros, entre montones aislados de nieve, dimos con la Trattoria Chiribiri. Un acierto: buen vino tinto de garrafa (cayó un litro), estupenda atención, chapurreo de italiano con la agradable encargada, carpaccio, gnocchi caseros… nos dieron las tantas, ya que habíamos empezado a comer cerca de las cinco. Por en medio, la demostración de que el mundo es pequeño y lleno de casualidades: entraron dos parejas de griegos y reconocimos el claro idioma del país de nuestros amores. Al cabo, y cuando ya los griegos se marchaban, la encargada preguntó muy extrañada en qué idioma estábamos hablando: “Greco”, le dije, y ella tiró de su reducido arsenal, “kalynikta” les habló para despedirlos. Kalynikta, buenas noches.

Como la lluvia no cesaba en la oscuridad del día, y San Gimignano estaba casi desierto, fuimos a reposar la comida al Leon Bianco. El reposo, profundo, duró hasta la hora en la que deben empezar a cenar los españoles pero que allí es la de cerrar. Una búsqueda rápida e infructuosa: todo cerrado. Entonces recordamos que Chiribiri tiene horario ininterrumpido hasta las once de la noche, algo extraordinario. De nuevo subimos la escalinata de la Piazzetta della Madonna para saludar riendo a la encargada, casi cumplido el horario:  “Si puó cenare ancora?” Por suerte, había bastante gente aún en el comedor. “Naturalmente”, respondió. Chiribiri nos salvó de nuevo y la carne poco hecha nos consoló del frío y la humedad.

La visita a San Gimignano y su impresionante casco medieval la hicimos a la mañana siguiente. La lluvia dio un respiro, las calles se animaron con la llegada de algunos grupos de turistas, la Edad Media te envolvía de piedra y arcos, algunos poquísimo rayos de sol daban verde a trocitos de los campos cercanos, las torres de San Gimignano crecían y crecían…

  • Antiderrotista

    Las torres serán más altas que las de mi Cádiz, pero la jartá de feas. Yo nunca he salido de Cortadura, como usted, que está muy viajado y muy crecidito, pero perdone que le diga que es un derrotistas de los miradores de mi tierra, que no admiten comparación posible con ninguna otra construcción del orbe, pirámides incluidas.

  • Ulyfox

    Antiderrotista, no estás contra mí. Te lo digo desde ya. Y te he calado con tantos pseudónimos. Las torres de San Gimi no son feas, sino bellas a su manera, y hay que tener un espíritu elevado como ellas para apreciarlo, señor Anti. No obstante, admito que las torres miradores son más bellas que las pirámides, pero también un poco más pequeñas y más jovencitas. Puede que alguna albergue más momias incluso. Ea! un saludo

  • Ana

    Me encantó alcanzar San Gimignano al atardecer y pasear de noche por sus calles medievales. Lo mejor: una copa de vino en la Plaza de la Cisterna.

  • Ulyfox

    En la plaza de la Cisterna estaba nuestro hotel. Bellísima, escenario de sueños, seguro. Fue nuestra entrada esta vez en Toscana, y el centro de la plaza estaba lleno de montones de nieve. Qué buena entrada. Hay que volver en primavera. ¿Tienes tú algún sitio especial, de esos a los que te gustaría volver constantemente?

  • macondo

    Aunque, como sabes, he estado este verano también vi nieve en la plaza de la Cisterna, nieve (y coca-cola y whisky) cayendo irremediablemente sobre mi espalda. Un camarero de un bar situado en la plaza me tiró un cubata enterito. Ese fue el principio de una gran noche…

  • Ulyfox

    Supongo, Macondo, que sería el mismo camarero que llamó la atención de Sin Rumbo. Pero naturalmente, no hace falta que me cuentes más: lo que pasa en San Gimignano se queda en San Gimignano… A la vuelta te sonsacaré