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Tótem Eiffel

Ulyfox | 17 de julio de 2010 a las 1:10

Grupos de gente 'adorando' la Torre Eiffel.

Grupos de gente 'adorando' la Torre Eiffel.

 

Alguien me ha comentado hoy algo sobre la Torre Eiffel. Definitivamente, es lo que más me gusta de París. Con gustarme mucho el Louvre, el barrio Latino, el Sena, Notre Dame, Montmartre, el barrio del Marais… no hay nada como la Torre. Con ese punto turistoide, su presencia es apabullante, su tamaño nos empequeñece pero, oh milagro, nos alegra de ser tan pequeños. Nos colocamos debajo, miramos hacia arriba y sonreímos con una especie de felicidad absurda. ¡Es la Torre Eiffel! gritamos para adentro, y estamos aquí. Como si hubiéramos cumplido una misión dictada por alguien desde chicos ¡lo hemos hecho!

La primera vez que estuvimos en París no pudimos visitarla. Toda la semana hizo una niebla espesa que no dejaba ver la parte superior. Quizá si hubiésemos subido habríamos visto un mar de nubes, pero desde luego no París desde la altura. Llegamos bajo sus patas y nos conformamos con reducir nuestro tamaño mentalmente hasta la talla de un guisante enano, y con las primeras sonrisas al cobijo del soberbio entramado de hierro y tornillos.

La segunda vez pudimos cumplir, y… fue maravilloso. Esperamos casi al atardecer y una vez arriba, las luces de la Ciudad Luz se fueron encendiendo por barrios, trescientos metros por debajo de nuestras miradas. Disfrutamos como niños ante el más hermoso anochecer, pensamos en nuestros sobrinos, yo diría que nos sentimos como toda la infancia de la tierra asombrada ante la obra de los mayores. Es grande el hombre, que con un trabajo de ingeniería es capaz de alumbrar los corazones y las almas de millones de visitantes. Fue una de esas veces en las que nos reconciliamos con nuestra especie mamífera simia primate homo ¡SAPIENS!

DSC_0241La tercera vez, esperemos que no última, cumplimos con nuestra bendita obligación de visitarla. Claro que seguía allí, como el enhiesto surtidor de sombra y sueño que hubiera cantado Gerardo Diego. Fue el año pasado en primavera. Hicimos una larga caminata para llegar hasta ella y luego nos tumbamos en los largos jardines que conectan el Campo de Marte con los Inválidos. Allí los jóvenes se concentraban bebiendo vino sobre el césped, charlando sentados, algunos con guitarras, mucha gente simplemente acostada al cálido sol de la tarde de mayo. Y lo mismo hicimos nosotros. Casi nos dormimos. Y veíamos la escena como la de una gran tribu reunida para adorar a su tótem sagrado, la representación de un dios protector y vertical. Y deseé que fuera así, y no quise cerrar los ojos por no dejar de contemplar esa especie de pirámide afilada, a lo mejor para conectarme con esa deidad escondida, madre y salvadora. Casi lo conseguí. Al menos, comprendí donde puede estar dios. Digo puede.

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  • Naira

    Uly,

    mi regalo de cumple de este año, bueno del pasado ya, fue un viaje a París en Semana Santa, que yo no lo conocía. Al día siguiente de haber llegado nos fuimos corriendo a ver la Torre Eiffel, que junto con Notre Dame y el Louvre eran mis obligatorios en París. Y había gente y más gente… y mi moreno no puede con las largas esperas, porque si yo poco paciente, no te voy a contar como es él.
    Así que esperamos un par de días, y de repente, tras un chaparrón… nos fuimos corriendo para poder subir. Y sí, en 10′ estábamos en lo alto.
    AysS!! y como me gusta a mi verlo todo desde arriba, desde lo más alto, sentir un segundo algo a mis pies. Y tan bonito París.
    Beso!

  • alaire

    La última vez, los termómetros marcaban 5º bajo cero. Paralizada por el frío y por la belleza, volví a recrearme en lo que ofrece la torre. Ya, de vuelta al interior, un misterioso brebaje que se anunciaba como sopa de verduras de color y sabor indescriptible, nos ayudó a entrar en calor. Pero no se llevó el regusto de haber vuelto a la torre. Comparto contigo toda la reflexión.

  • Ulyfox

    Beso también para ti, Naira. Y tan bonito París, claro, la capital del mundo. Una ciudad donde parece que la elegancia es asignatura obligatoria en las escuelas… según como se mire. Pero yo siempre la he mirado con buenos ojos. De verdad que la Torre te deja en un punto cateto que te hace disfrutar como un niño, tanto goce por la simple razón de subir, de estar más alto. Si hubiera que buscar una sola razón para ir a París, sería la Torre Eiffel.

  • Ulyfox

    Alaire, alaire, cómo me gusta verte por aquí. Te echaba de menos. Ya ves que compartimos tantas cosas, pero sobre todo debemos compartir cada vez más confidencias y confianzas. París con frío y París con calor, los dos los he vivido. Y en primavera, con ropa de entretiempo (qué palabra más bonita). También hemos comido muy bien en la Ville Lumiére, algo más que brebajes. Alaire, nos debemos una velada.

  • ana

    Cuando fui la primera vez, mi hija tenía siete años. Habíamos estado en el parque Disney, claro, y luego pasamos unos días en París. El primero, visita obligada a la torre, claro. Maravilla, ver la torre, ver desde la torre, pero sobre todo, ver la cara de mi hija alli. Luego por la noche, se quedó prendada en la ventana del hotel desde la que se veía iluminada… Una de las mejores estampas de aquél viaje.

    Besines :)

  • Ulyfox

    Es que yo creo que es así, Ana. La Torre ejerce una especie de fascinación inexplicable, y es desde hace décadas, mucho más de cien años. Se hizo para conmemorar la modernidad, los nuevos materiales, las telecomunicaciones, pero en realidad se ha convertido en reclamo de lo antiguo, lo más ancestral y comprensible por todos: niños, adultos y mayores. Viva la Torre Eiffel.

  • Alcancero

    Yo estuve en París unas navidades y el día que fuimos a ver la Torre Eiffel estaba neblinoso. Era algo fantasmagórico verla entre las nubes bajas. De subir nada, no tenía sentido tal y como estaba el día. Tengo que volver a París, igual el año que viene con un poco de suerte tengo hasta casa donde apalancarme y todo.

  • Ulyfox

    Alcancero, tienes que volver aunque sólo sea para poder subir a la Torre, y dejarte llevar por el espíritu infantil. Yo sigo recomendando la última hora del día para hacerlo. Aparte, siempre hay que volver a París, y a Roma, y a Atenas, y a Praga, y a Venecia… ojalá pudiéramos estar la vida volviendo a esos sitios, aunque no tuviéramos casa. Hay tantos hoteles, y algunos tan recomendables…

  • Begoña

    Tengo la terrible suerte, bendita suerte, que “tengo” que pasar por Paris todos los años cuando voy de vacaciones…Y todos los años que vamos, con los niños desde bebés, es visita obligada la Tour Eiffel (además para mis hijos en español es la Tour Eiffel, no existe la palabra torre),visitamos la Tour, le Champs de Mars y jugamos siempre en los parques infantiles que hay allí, geniales para los peques. Nos sentimos parisinos integrados pues es muy curioso, es quizás la zona más turística de París pero en estos dos parques que están casi escondidos en el Champs de Mars no ves a ningún turista, estás con los auténticos parisinos de los del glamour (palabra que no se usa nunca en francés…) pues el barrio de la Tour es uno de los más caros de la ciudad. Si tenéis ocasión de ir con crios hacedlo y os encantará más la zona. Nosotros llevamos 5 años (Marie, la mayor tiene 6) haciéndolo y nos encanta repetir cada año. Este año iremos el viernes 3 de septiembre por la tarde, si alguno de vosotros estáis por allí, no dudéis en avisarme!!!

  • Ulyfox

    Realmente, siento envidia por tu ‘condena’ de tener que pasar por París cada año. Es una ciudad maravillosa, por urbanismo, por paisaje, por cultura, por la gente, por el idioma, por los barrios, por los museos, la comida, el vino… Siempre nos quedará París.

  • Begoña

    Je je, nosotros tenemos que pasar por París todos los años para nuestro destino final que es Nantes (chez mes beaux parents) y dado que es nuestro paso siempre nos quedamos 3 días en la ciudad de la lumière. También viví 3 meses allí para conocerla mejor y ahora estoy en pleno pressing sobre mi hermana pequeña que es casi arquitecta para que termine instalándose allá (ya estuvo un año y medio) y creo que está en sus planes… A ver si Dios termina por premiarme y tener medio pie fijo allí y gastarme los euros del hotel en mejores días parisinos.

  • Ulyfox

    Chez vos parents! Oh la, la! Paris, qué buen sitio para vivir… supongo. Hay lugares que nos enganchan. Supongo que eso es también lo que nos pasa a nosotros con Grecia. ¡El mundo es tan grande como para quedarse siempre en el mismo sitio! Yo también animo a tu hermana, y ya que nos conocemos también, podemos tener casa en París nosotros, je, je. Gorrones del mundo uníos, unité pour les gorrons du monde!