Dije una vez que era el puerto más bonito del mundo

Ulyfox | 3 de agosto de 2010 a las 1:31

El puerto de Symi, por la mañana

El puerto de Symi, por la mañana

 

Es muy posible que la isla de Symi, en el Dodecaneso (Doce Islas),  tenga el puerto más bonito del mundo, como dije una vez. Luego conocí muchos más, y habrá quien tenga otros criterios: los del marinero, los del comensal, los del turista. Pero Symi, a poco más de una hora de navegación de Rodas y a menos aún de la ciudad turca de Datça, es muy difícil de igualar. Por sus casitas neoclásicas de colores, muchas de ellas auténticas mansiones de viejos navieros o mercaderes de esponjas, otras muchas en penosa ruina y abandono, circundando la forma perfecta de U que tiene la rada, trepando por la montaña desde Gyalos, el puerto, hasta Horio, considerado el pueblo como tal; por la ingente cantidad de veleros que amarran en sus apretados muelles (qué hermosura las goletas turcas que vienen en excursión desde la península); por el aire mezclado del perfume de distinción que emana de esos barcos de recreo y del aroma a parrilla de las tabernas de pescado; porque tiene (tenía la última vez que fuimos) tres taxis y un pequeño microbús que recorre los pocos kilómetros de carretera hasta la aldea de Pedi, donde seguramente se inventó la palabra remanso, con su hotel, sus apartamentos tradicionales y sus barcas amarradas a la puerta de la calle.

Un velero en el puerto de Gyalos

Un velero en el puerto de Gyalos

La primera vez que ves Symi desde la borda echas mano a la cámara y te hartas de disparar: colores, luces, formas, sombras, todo creado por la mano del hombre. Si te sientas al atardecer en el puerto ante los yates, forzosamente tendrás que pedir un martini dry y esperar a que aparezca el mismísimo James Bond, o tal vez una extraviada Audrey Hepburn. Tal nivel de sofisticación ha alcanzado este lugar, en el que sin embargo las alternativas económicas son también estupendas y posibles. La mejor opción, a nuestro entender, es alojarse en la cercana Pedi, que dispone de una bahía de aguas calmas y transparentes y de una pequeña oferta de tabernas tradicionales para almorzar. Poco más que una docena de casas neoclásicas y un embarcadero desde donde coger las barcas a las playas cercanas, eso es Pedi.  Nosotros nos quedamos la primera vez en el Hotel Pedi, pegado a la playa, estupendo, y la segunda en los apartamentos Blue House, de deliciosa vista.

En la terraza de los apartamentos Blue House, sobre Pedi

En la terraza de los apartamentos Blue House, sobre Pedi. Al fondo en la montaña se adivina Horio

 

Instrucciones de uso: luego de la jornada de playa (una buena lectura es muy recomendable), al atardecer se coge el microbús, se saluda amablemente al conductor (‘kalyspera’, buenas tardes) y en diez minutos de curvas se está en el puerto principal, a la hora ideal para el paseo, el aperitivo y la cena a elegir entre los numerosos restaurantes. La vuelta, en bus de nuevo y no se olviden de despedirse del conductor: ‘kalynikta’, buenas noches.

Gyalos, desde la altura de Horio

Gyalos, desde la altura de Horio

Otra opción, enormemente agradable, para ir a Gyalos desde Pedi es hacerlo andando, saliendo más temprano, atravesando las huertas y olivares, ascender hasta Horio, recorrer sus calles de pueblo-pueblo, llorar ante las pétreas mansiones abandonadas, soñar con comprar una, tomar un café frappé en la terraza del ‘kafeneion’, contemplar el puerto más bonito del mundo desde esa altura y luego descender cómodamente hasta la dársena, a tiempo de todo lo anterior.

Concentración de veleros en Gyalos, el puerto de Symi

Concentración de veleros en Gyalos, el puerto de Symi

 

NO ES DIFÍCIL llegar a Symi si uno se lo propone. La base de movimientos está en Rodas, a la que es fácil acceder desde Atenas en un vuelo de una hora. Como la capital de los caballeros de San Juan es un sitio tan especial, bien haría uno en quedarse al menos una noche y, lo mejor, apuntarse en uno de los numerosos barcos que salen cada día de excursión desde el puerto donde una vez estuvo el Coloso hasta la pequeña isla vecina. Naturalmente también hay ferries, pero son mucho menos frecuentes, y las excursiones tienen la opción de dejar la vuelta abierta, y así prolongar los días de estancia en Symi hasta que queramos. Además, estos viajes de un día suelen incluir una parada en el Monasterio Mihail Panormitis, curioso ejemplo de vida monacal ortodoxa, en un bello emplazamiento.

No es difícil llegar, lo duro es despedirse de Symi:

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  • Batuka salada

    Kalimera! Que bonito y que buen paseito nos has dado por Symi.

  • ana

    “Donde seguramente se inventó la palabra remanso”… viendo a Pe en esa terraza no me cabe la menor duda!
    Qué preciosidad! La foto del puerto desde la calleja es de lagrimón. Muchas gracias Uly por darnos este paseo!

    Besines.

  • Pepequeño Saltamontes

    Y creo que dijiste bien.

    Qué paseo más hermoso, calmante, además a la hora del desayuno me lo he dado. Coincido con Pe en que, en vacaciones, es el mejor momento del día interminable, reposado, anárquico, tranquilo…

  • Ulyfox

    Batuka, para que veáis los sitios que os quedan pendientes en Grecia. Yo también lo repetiría en cualquier momento. Siempre nos falta tiempo. Pero Symi… es de esos sitios irrepetibles. Tampoco hace falta que lo conozca todo el mundo. De día se llena por los excursionistas que vienen de Rodas, y de noche se queda para sus amantes, que no son pocos.

  • Ulyfox

    La bahía y el valle de Pedi, sí señor, Ana. Cuatro días con sus noches sería lo ideal, para no tener prisa, para acabarse unos cuantos libros…

  • Ulyfox

    Pepequeño, tú sí que sabes. Un desayuno tranquilo, y luego un paseo. Tú te los has dado los dos a la vez: plan perfecto sólo posible en vacaciones, tan cortas por otro lado. Otra cosa, me encantaría llevaros a todos a sitios como Symi, y pegarnos un desayuno de dos horas contemplando el mar…

  • Pepequeño Saltamontes

    Joé, Uly, me ze saltan las lágrimas de imaginarlo nada más.

    Me encantó lo que dijiste de Pe y los desayunos porque yo, en silencio, lo pensaba hace años. En vacaciones, de viaje, ese despertar lento se mezcla con el mediodía, de repente hay horas, se improvisa, todo se alarga, se hace pausa, da tiempo para todo sin bullas, se pasea, te bañas, se lee…

    Y deja que MariFó WiFi vea esta preciosidad de entrada, que se quedará embobada con lo que pones (y esas fotos!!), con cara de niña chica mirando la pantalla como si fuera el horizonte en septiembre. Suspirando con media mardalena abandonada en la mesa del ordenador.

  • Ulyfox

    Pepe… tengo fotos de Pe con esa cara que dices, mirando al mar de verdad o al infinito. Supongo que yo también la pongo, pero en feo. Es fácil poner esas caras en determinados sitios. Si no puedo llevaros, al menos virtualmente lo consigo con las entraditas que pongo en el espacio virtual. Mucha gente lo ha conseguido con sus libros. Por cierto, que tengo que escribir algo sobre el último que he leído, de un inglés despreocupado y sonriente navegando por esos mares de Zeus y Odín.