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Territorio húmedo de la infancia

Ulyfox | 30 de noviembre de 2010 a las 2:58

El caño del Zaporito, marea baja

El caño del Zaporito, marea baja

Es el caño del Zaporito. Nombre mítico de mi infancia, caminos húmedos por los esteros de la Isla. Cueto un paseo reciente, inesperado, inopinado, después de años y años. Y años. Tenía un rato largo de espera para una gestión y nada mejor que hacer. Y llevaba el móvil con su cámara. Decidí acercarme a los territorios de mi infancia. Si están ahí mismo. Casi nada queda pero queda todo. Desaparecieron tragados por el tiempo los barcos de madera pintados de negro que traían arena y sal a este muelle recorriendo las calles de agua verde y turbia, con la marea alta y apenas a cien metros de distancia del Ayuntamiento isleño. El fango engulló los esqueletos de las barcazas, abandonadas. La inconsciencia de generaciones sepultó el muelle de piedra ostionera, ocultó los arcos del molino de mareas, que ahora se están intentando recuperar. La sitirilla (¿qué palabra era esta que usábamos de niños para designar el estrecho pasadizo sobre el molino, junto al agua? Quizá fuera citarilla) era salvada con miedo cuando éramos chicos, al otro lado estaban los esteros de muros anchos y por donde corretear, al fondo las pirámides de sal que se perdían hasta Chiclana. Ya no.

Limo y fango en el caño prohibido de mi infancia

Limo y fango en el caño prohibido de mi infancia

En esos lugares me hundí un día muerto de miedo en el fango, en el mismo Zaporito se cayó otro día mi hermano, en el caño de La Baera (supongamos que se escribe así, quizá fuera Vadera) me amenazaba en broma pero en serio mi padre con vencer mi miedo a nadar arrojándome al agua sin contemplaciones amarrado a una soga. Trepando a una barcaza corroída y anclada en el fango me corté con algo y sangré por un dedo hasta desmayarme. Y alguna vez intenté coger camarones o cangrejos con la camaronera. Era un negado. En el recuerdo engrandecí este lugar. Seguramente no jugué tanto entre sus piezas de agua, ni salté tantas veces las compuertas como aquellos otros niños más heroicos y gamberros. Las advertencias de mi padre eran muy severas, y una de esas veces nos sorprendió andando sobre tubos de desagües muy poco recomendables. El castigo fue ejemplar. Era un lugar que fue grandioso y luego asqueroso. Ahora está donde estaba, y San Fernando ni lo reconoce, por más que junto a él se hayan construido hermosos e invitantes senderos. Pero yo fui ese día, gris y levemente lluvioso, me adentré sólo un poco y respiré a la vez que me lamenté. Tanto pasado y tanto futuro para un presente incierto, tanta belleza reconocible.

El Zaporito está bajando la calle Dolores frente al Ayuntamiento de San Fernando. La conozco bien. De vez en cuando me paseo por ella, y creo que aún queda gente de cuando vivíamos entre un patio de esa calle y una accesoria en el callejón de Lista. El paseo del que hablo tiene un nombre oficial. Se llama Sendero del Carrascón, y en esta dirección podéis encontrar más información:

 http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=546193

Lo que no hallaréis será la crónica sentimental que yo llevo.

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  • ana

    Qué bonito lo escribes, Uly, y qué preciosos son también esos viajes al pasado, a las infancias felices, a los años inocentes, a nosotros cuando éramos solo el principio de lo que somos!

  • Ulyfox

    De verdad, Ana, que la infancia es el lugar de nuestro recuerdo. Yo no lo pasé mal, aunque me queda un punto de pena de que debería haber sido más gamberro. Pero qué le vamos a hacer, cada uno es como es. Y esos lugares que describo son de una gran belleza, eso seguro.

  • Pedro

    Cuarta mas, cuarta menos, es el paisaje de mi niñez. Hace poco he vuelto a pasar por los laberintos de “las piezas” entre esteros, compuertas, caños y salinas. Está y no está. Pero de alguna manera permanece el escenario de aventuras de pantalón corto.
    Por cierto, ¿cuándo se perdieron las camaroneras de tela de saco?

  • Ulyfox

    Pedro, bienvenido y que sean más veces. En cierta forma, reencontrarte es parecido al reencuentro con esos caños, aunque no hace tanto. Las camaroneras se perdieron en un tiempo tan lejano, supongo, que yo ni siquiera recordaba que eran de tela de saco. Yo nunca cogí un camarón con eso, aunque alguna vez lo intentaba, pero en realidad queríamos coger cangrejos. Al levantarlas con esa caña y tirando del hilo salían despavoridos para caer por el borde de la rudimentaria trampa hasta el agua. Pero echábamos ratos largos, eso sí. Camarones se siguen cogiendo, pero ¿cómo? Por cierto, ¿cuál es tu blog?

  • Pedro

    Pues siempre fui exagerado y no tengo ya edad de perder las costumbres. Llevo el blog de mi trabajo http://colegiodelajara.blogspot.com/, uno de la clase http://lajaramedio6.blogspot.com/, mi libro d recetas online http://loquepuedopreparar.blogspot.com/ y otros mas… Nos vemos aunque no sea en carnaval

  • Ulyfox

    Pues, Pedro reencontrado, igual nos podemos ver también en Carnaval, quién sabe. Ya veo que tienes ganas y tiempo de llevar varios blogs (luego me paso a verlos). A mí con uno, y con mis horarios, me sobra. Y ni aun así puedo atenderlo como me gustaría. Ahora estamos en la dura labor de escanear los miles de fotos antiguas (en realidad, es Penélope la que se está hartando) para meter también viajes de hace miles de años. Pero me gusta. Cada uno tiene sus pasiones y sus debilidades. La nuestra es el viaje, y el Mediterráneo en especial.
    Abrazos.