Una cueva cálida

Ulyfox | 6 de diciembre de 2010 a las 23:29

La fortuna ha guiado nuestros pasos mejor de lo que acertáramos a desear, como le dijo Don Quijote a Sancho. He descubierto una cueva en San Fernando, y no os puedo decir dónde está ni enseñaros fotos. Es una doble cúpula de ladrillo dieciochesco, soportada por ocho pilares que a la vez aguantan todo el peso de una casa de aquella época. Sus propietarios la descubrieron en el subsuelo cuando compraron la finca y empezaron las obras de arreglo: toparon con la cúpula. Era un aljibe, es decir un depósito de agua recogida de la lluvia. Surtía del necesario elemento a la casa, y ahora, tras el arreglo, es una estancia amplia, a la que se accede desde el patio por una moderna escalera. Conserva los ladrillos originales, con una fecha que tal vez escribieron con lápiz los albañiles que lo hicieron en el año que la acabaron: 1789, el año de la Revolución francesa, y que encierra un espacio mágico, propicio para bodega, salón de tertulia y hasta de conspiraciones. La fecha dejada para la posteridad da para pensar, imaginar y evocar cómo sería la vida en la Isla en aquella época de la que ahora andamos celebrando efemérides.

Sensibles como son, los dueños decidieron pasar al estado de felices poseedores de una joya heredera de la cisterna romana y el aljibe árabe. Y decidieron conservarlo y restaurarlo. El espacio era único, pero el vino, el picoteo, la charla amistosa y tolerante, a ratos indignada, a muchos ratos divertida, bajo la cúpula de ladrillo, como a salvo del exterior, lo dotó la otra noche de una intimidad inesperada entre quienes entramos a esa cápsula poco más que conocidos y colaboradores, y salimos amigos. Nos pusimos estupendos, hay que reconocerlo, y corrió un estupendo oloroso, seguido por un vino nobile de Montepulciano y un Bergerac. Daba gusto oír comentarios inteligentes y cultos, chistes divertidos y risas desinhibidas. Y no todo era atribuible al vino.

No os puedo decir dónde está, lo siento, y tengo fotos pero no las puedo mostrar. Sólo desearos que tengáis una suerte parecida a la que tuvimos nosotros la otra noche. Y os mostraréis agradecidos como nosotros.

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