Mil sitios tan bonitos como Cádiz » Archivo » De nuevo París (un encargo de Rocío)

De nuevo París (un encargo de Rocío)

Ulyfox | 19 de diciembre de 2010 a las 17:35

Año 1989. En el Campo de Marte, paseo junto a la Torre Eiffel.

Año 1989. En el gélido Campo de Marte, paseo junto a la Torre Eiffel.

Querido Lope, Fénix de los Ingenios, disculpa el atrevimiento que sigue, pero es por una mujer. Tú lo entenderás. Ahí va:

Una entrada me manda hacer Rocío/

y en mi vida me hallé en encrucijada/

tan gozosa como es la desta entrada/

que viene a enriquecer este blog mío/

París es Villa  Luz, por medio un río/

por millones de seres adorada/

difícil para ser bien explicada/

mas tengo que intentarlo por Rocío./

Torre Eiffel, Barrio Latino y Notre Dame/

el Louvre de los persas y los griegos/

y en Orsay tienes las chicas de Renoir./

Gastaría sin pena largos pliegos/

por contarte lo que debes visitar:/

tú misma usa tus ojos, no están ciegos.

Esta tontería ripiada al modo de Lope que figura arriba, por la que ya estoy pidiendo disculpas (habráse visto tamaña osadía: un soneto) y que explica por qué no me he dedicado a la poesía, viene a cuento porque esa sonrisa franca que es Rocío, ese rostro de ojos grandes sin desmayo, me pidió el otro día, de sopetón en una fiesta de hermandad, que hiciera una entrada sobre París porque se va allí a pasar la Nochevieja. Ya he hablado varias veces de la capital de Francia en este blog, pero este encargo es especial, porque la primera de las tres veces que hemos estado en París fue precisamente para pasar el fin de año, ¡¡del año 1989!! Es decir, que probablemente Rocío casi acababa de nacer. Y no he pasado más frío en los días de mi vida. Pero si se quieren ver otro par de entradas sobre la ‘ville lumiére’, sólo hay que pinchar en las etiquetas de esta página. Este será un post más subjetivo.

Desde la plaza del Trocadero

Desde la plaza del Trocadero

París es una de esas ciudades en las que cumplir el tópico es signo de distinción: subir a la Torre Eiffel es totalmente imprescindible. Sentir la brisa alta, compartir la bella locura del ingeniero que la creó, dejar que la risa nerviosa te nazca desde el estómago y decir ¡qué cosa más bonita, estoy aquí! Aunque aquella primera vez no pudimos subir, y no por falta de ganas sino porque la fría y espesa niebla no dejaba ver nada. Tuvimos que esperar a varios años después, cuando la visitamos en verano, y entonces sí, ese atardecer desde la Torre, la ciudad dorada allá abajo, las luces prendiéndose a poquitos y el repaso mental que hicimos de a cuánta gente quisiéramos tener a nuestro lado conviritieron a ese instante para siempre en uno de los MOMENTOS.

En el porche del café Au Lapin Agile, uno de los mitos de Montmartre

En el porche del café Au Lapin Agile, uno de los mitos de Montmartre

Es así. Sobre París hay miles de guías. Hay que seguir sus indicaciones. Si hablas francés, lo mejor es la Guide de Routard, que en España es la Trotamundos, pero aquí están muy poco actualizadas mientras que en Francia sacan ediciones anuales. Las Lonely Planet también están bien, y más al día. Pero salga en las guías o no (que sí que sale) a nosotros nos seduce el barrio del Marais, también llamado Barrio Judío, aunque ahora sus habitantes son todo tipo de intelectuales. Está lleno de restaurantes de comida greco-judía y de todas las demás, bistrots y brasseries, y de tiendas, y siempre está animado. El Louvre es demasiado grande y masificado, pero una parte menos concurrida que las inaccesibles Venus de Milo y Monna Lisa es la dedicada a la antigua Mesopotamia y a Persia. Lo he dicho más de una vez: lloramos de verdad frente a los azulejos milenarios del palacio de Darío, ante esos leones y guerreros de colores vivos y brillantes. Para evitar las largas colas en la entrada, hay un truco: acceder desde el Metro en la parada Palais Royal-Musée du Louvre siguiendo las indicaciones para el Museo. Y si compráis los pases de uno, dos o tres días para todos los monumentos que venden en la FNAC de la Bastilla, además de saliros mucho más barato, no tendréis que hacer colas.

DSC00227

No conviene saturarse de museos, pero hay que ir al de Orsay a ver el impresionante impresionismo francés, y gastar una media hora en el mucho más tranquilo Musée de l’Orangerie, en las Tullerías, para ‘nadar’ entre los Nenúfares que pintó Monet: dos salas ovaladas cuyas paredes son precisamente esta gigantesca y personal obra maestra de la pintura.

Renoir, para quererlo en el Museo de Orsay

Renoir, para quererlo en el Museo de Orsay

Y Monet...

Y Monet...

 Y a andar: por el Marais y la bella plaza des Vosges, por el Boulevard Saint Germain, por la isla de San Luis, alrededor de Notre Dame,  y por supuesto ¡por supuesto! visitar la Sainte Chapelle ¡oh sus vidrieras flotantes! Comer una cazuela de mejillones en el Barrio Latino, probar la potente cocina tradicional, cruzar muchas veces el Sena, decir a cada momento ‘bonjour’, beber vino francés del que ponen por jarras en los bistrots, caminar de la Bastilla a la Madeleine y de la Ópera a la Place Vendôme, rodear el Arco del Triunfo y relajarse en el sencillo parque Monceau, admirarse con el atrevimiento aún hoy sorprendente del Centro Pompidou.

El restaurante Aux Petits Oignons, muy cerca del museo de Orsay

El restaurante Aux Petits Oignons, muy cerca del museo de Orsay

Y no olvidar una palabra: ‘au revoir’, es decir, hasta la vista, porque seguro que querréis volver. Tú también, Rocío

Contra el frío, el calor humano es lo mejor

Contra el frío, el calor humano es lo mejor

P.S.: Es evidentemente, por nuestros rostros, que todas las fotos son de época. Allá por el tránsito entre 1989-90. Fue un viaje con Paco y Mari Carmen. Al volver, la niebla cerró el aeropuerto de Orly y no podíamos volver a Sevilla. Yo, con mi cara de bueno, me acerqué al mostrador de Iberia: ¿No hay ninguna forma de salir? “Sólo puedo darle cuatro billetes, si quieren, en clase preferente, pero a Barcelona, y al día siguiente volarían a Sevilla”, me contestó el hombre. Bueno, le dije, y nos resignamos a buscar un hotel esa noche en Barcelona. Pero entonces comenzó a fraguarse el final perfecto. En el avión nos recibieron con champán rosa y paté de foie, entre otras delicias. Una vez llegados al Prat, pusieron a nuestra disposición un taxi que nos llevó al hotel Palace de Barcelona, y donde pasamos una noche de lujo. Nunca un problema en un aeropuerto se resolvió tan bien. Tal vez eran otros tiempos, pero no estuvo mal para acabar, si tenemos en cuenta que habíamos pedido un crédito para pagar a plazos ese viaje. ¡Vivan los inconvenientes!

Etiquetas: ,

  • ana

    Nunca me voy a cansar de decírtelo, el día que me ponga pesá me paras, pero lo seguiré pensando: vaya preciosidad de fotos!!! La del primer plano de Pe con la torre brumosa de fondo me ha llegado al alma. Dile a Pe, así bajito, que parece en ella una Madonna barroca. De hecho he estado buscando cual para enlazárosla, pero no la he encontrado.

    París bien vale una misa. Hasta una de esas cantadas que duran horas, y en latín si me apuras. Tengo pendiente volver, que la primera vez fue una estancia corta (tres días), de regreso de llevar a mi churumbela (cuando todavía lo era) a Eurodisney. París es grande, enorme, exagerada. Y bella, magníficamente bella. Sí, estoy deseando volver y descubrirla de nuevo.

  • Ulyfox

    ¡Una madonna barroca! Sí, sí, podría ser. Hace más de 20 años de las fotos. Bueno, ya hace más de 20 años de todo. REcuerdo que la primera vez, con tanto frío y humedad, París nos gustó pero no nos impresionó. La segunda vez volvimos en verano y fue una delicia subir a la Torre y dar laaaargos paseos. Y la tercera no hace casi nada, en primavera del año pasado, nos terminó de enamorar. Es grande, en todos los sentidos.

  • Rocío

    Con soneto incluido, ¡vaya honor!
    Muchísimas gracias Uly, un placer como siempre leer tu blog y en este caso con la ilusión renovada de la cercana partida…solo espero que la nive no me juegue una mala pasada y pueda llegar para luego contarte mi experiencia. Si tardo en volver no importa, solo pido poder llegar. Con las Vueling y Ryanairs de turno, con esa letra pequeña que nunca leo, tampoco aspiro a un final tan perfecto como el tuyo.

    Me tomaré un vino francés a tu salud y la de Pe brindando por el nuevo año que os auguro feliz y lleno de nuevos viajes.

    PD: cierto que contra el frío el calor humano es lo mejor, se lo recordaré a mi acompañante para que no lo olvide…jaja

  • Ulyfox

    El placer es mío, Rocío. Estoy seguro de que llegarás bien, y la vuelta, como bien dices, importa mucho menos. ¡No veas qué pena tener que quedarse un par de días más en París por culpa de la nieve!
    Y no te quepa duda, el calor humano es lo mejor, siempre.

  • Amaya

    ¿Dónde está aquí la tecla del ‘Me encanta y me he quedao loca con las fotos’?

  • Ulyfox

    Me parece, Amaya, que la tecla está en nosotros. Toca ponerse cursis. Y con París hay que ponerse sobre todo boquiabiertos, asombrados como los paletos que parecemos cuando vamos por ese pedazo de ciudad.