Una calle de Santillana

Ulyfox | 9 de enero de 2011 a las 19:06

 

La calle del Cantón, con la colegiata al fondo

La calle del Cantón, con la colegiata al fondo

Es casi la única calle, la del Cantón, la más fotografiada, la más caminada. Al fondo, imponente la colegiata. Empedrada de redondos adoquines siempre húmedos, y flanqueada por casonas de piedra y aleros sobresalientes de tejas, es una calle hermosísima. Una de sus esquinas lleva a la evocadora Plaza Mayor, que demuestra con sus hechuras que Cantabria era efectivamente Castilla asomándose al mar. No tiene mucho más Santillana y, desde luego, no le hace falta más. La calle del Cantón tiene un montón de tiendas, restaurantes y hoteles pero nosotros, en estos días, los hemos encontrado casi todos cerrados por el final de temporada. Y sin embargo, siempre tiene turistas, sobre todo a mediodía. Varias veces la hemos fotografiado, porque se veía guapa el día que llegamos, con un sol inesperado y luminoso, y después gris y casi monocroma, a la salida del Hotel Altamira, donde nos hemos alojado en esta semana calma. Un hotel precioso, situado en una casa antigua, muy antigua, con más de 400 años de edad, con un personal amable y unas instalaciones acogedoras. Tomad nota: Hotel Altamira, inmejorablemente situado. Debe de ser difícil encontrar habitación en temporada alta. ( http://www.hotelaltamira.com/ ) Allí hemos disfrutado de unos bien surtidos desayunos, una grata atención y unas largas tardes sesteando, leyendo o intentando conectar con internet. Bien por el Altamira.

La colegiata, vista desde la calle del Cantón.

La colegiata, vista desde la calle del Cantón.

Ábside de la colegiata de Santillana.

Ábside de la colegiata de Santillana.

La escalera del Hotel Altamira

La escalera del Hotel Altamira de Santillana

La plaza Mayor de Santillana, al atardecer del primer día.

La plaza Mayor de Santillana, al atardecer del primer día.

La calle del Cantón, ya está dicho, desciende suavemente hasta la colegiata del siglo XI, pasando por una fuente antigua y que mana siempre agua de derroche. Es una fuente rara, con un solo caño, claro que luego me enteré de que allí le llaman el Bebedero. Vamos, que es un abrevadero de animales. Poco más allá de esta, unos metros, está Casa Cossío, el restaurante que ha sido nuestro salón de cenar casi todas las noches, menos una que era la de su cierre por descanso y la noche de fin de año, que cenamos de manera excelente en el propio Altamira. Gente colorada y atenta son las que atienden el Cossío. Riquísima sopa de cocido, sabrosas costillas de cerdo y chuletillas de lechazo a la parrilla. Anchoas jugosas, carnosas en aceite. Bodega cortita, pero el último día descubrimos un sorprendente solera de la casa, una especie de mosto blanco, para acompañarlas. Cocina tradicional y de resultado seguro, estupendo final de cada una de nuestras jornadas de merodeo por los pueblos y paisajes vecinos.

Una ventana de la Plaza Mayor.

Una ventana de la Plaza Mayor.

La calle de las Lindas, justo al lado del Hotel Altamira, y al fondo la Plaza Mayor.

La calle de las Lindas, justo al lado del Hotel Altamira, y al fondo la Plaza Mayor.

Esta calle es también la más transitada por la singular Cabalgata de Reyes Magos de Santillana, declarada de interés turístico nacional. Y es ciertamente un espectáculo peculiar, puesto que además es un auto sacramental representado por buena parte de sus habitantes que durante cinco horas scenifican la llegada de un resignado José y una preñadísima María a Belén, cumpliendo la orden imperial de empadronarse, su búsqueda infructuosa de posada en una ciudad atestada, el alumbramiento en una triste cueva-establo del Niño Redentor (tanto para nada), la llegada de los Reyes Magos, la Anunciación de la buena nueva a los pastores por parte del Ángel y la adoración conjunta de todos ante el portal. Una historia preciosa, tan emocionante como frustrante si miramos el presente, dos mil y pico años después.

San José y la Virgen María, en busca de posada por las calles de Belén-Santillana

San José y la Virgen María, en busca de posada por las calles de Belén-Santillana

Toda la representación resulta demasiado larga, con familias enteras yendo calle arriba y abajo para presenciar las diferentes escenas, pero el pueblo se llena de gentes venidas de toda España y del extranjero y niños y mayores aguantan el tirón e incluso parecen disfrutar.

Melchor recorre las calles de Santillana en su camello, el 5 de enero

Melchor recorre las calles de Santillana en su camello, el 5 de enero

Gran caja para la hostelería, el día que más gente visita Santillana, que, la verdad, resulta bonita con su entramado medieval y su piedra en esa noche de vestuario un tanto exagerado y pasado de brillo, pero con el regustillo de lo popular. Que dure, hombre. Estamos contentos de haber coincidido, casi sin saberlo, con esta fiesta. Y de haber pasado una semana en este pueblo precioso, de buena gente y buen comer, una manera estupenda de empezar el año en que a Pe le prohibieron fumar en todos sitios.

Penélope, en la calle del Cantón, junto al Hotel Altamira.

Penélope, en la calle del Cantón, junto al Hotel Altamira, cigarro en mano.

  • Paco Piniella

    Preciosas las fotos.

  • Ulyfox

    Precioso el pueblo, Paco. Tenemos que quedar para intercambiar experiencias pueblerinas, después de vuestra excursiön por las Batuecas. Hoy he estado viendo otras fotos antiguas, que recordarás, hechas en la Almoraima.