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De repente, una tarde

Ulyfox | 27 de marzo de 2011 a las 19:06

El antiguo y abandonado muelle de la Fábrica San Carlos, en La Casería

El antiguo y abandonado muelle de la Fábrica San Carlos, en La Casería

La belleza tiene vida, designios y voluntad propias. Debe de ser por eso por lo que aparece donde quiere y cuando quiere. La primavera se lo pone más fácil, de acuerdo. Por eso en esta época conviene andarse una mijita atentos en el camino hacia el trabajo, o en el trayecto a la compra, en la caminata matutina por la Ruta del Colesterol o en el que podría ser rutinario paseo al perro. La belleza espera agazapada en múltiples formas o te estalla ante los ojos, no se sabe.
A mí me pasó ayer, sí, paseando a Aquiles. Debéis saber que el nombre de nuestro perro se debe a una confusión de mi Pe, que en realidad quiso llamarle Ulises pero tuvo un lapsus que, de haberla tenido aquella Penélope de Itaca, habría dado lugar a unos capítulos muy diferentes en la Iliada y por supuesto en la Odisea. Se le quedó Aquiles, que resultó al final un nombre más apropiado para sus pies ligeros. Paseábamos, lo hacemos siempre, por el solar de la antigua Fábrica de San Carlos, un lamentable resto de lo que fue una factoría señera, ahora un abandonado campo de encuentros raros tal vez amorosos, paseantes de animales, vertedores ilegales de escombros y basuras, y cazadores furtivos de pajaritos. Pero ahora los olvidados árboles que antes cuidaba el jardinero recuerdan su vida propia, y florecen entre los escasos restos industriales que han dejado los chatarreros y las vallas caídas. Y los abejorros zumban, y los pájaros de decenas de especies insospechadas los persiguen, y las cigüeñas que anidan en las torretas eléctricas roban para sus nidos las ramas que el levante derribó.
No son nenúfares ni las Nimpheas de Monet, aparecieron en el paseo.

No son nenúfares ni las Nimpheas de Monet, aparecieron en el paseo.

Nuestro paseo humano-animal se alarga, en mis días libres, por más vestigios de lo que fue un San Fernando esplendoroso, y rodeo restos militares, instalaciones aún en uso pero descuidadas, herrumbrosas, ajadas por falta de atención. Enormes charcos a lo largo de la cerca no se han secado y de este caldo de cultivo han nacido plantas, hierbas, juncos y ¡milagro! flores acuáticas, sorpresitas blancas con el centro amarillo que me apresuro a captar con la cámara temblorosa de mi móvil y semejan en su detalle las Nimpheas de Monet. Al volver la esquina derruida del antiguo cementerio inglés, ya pisando suelo de margaritas entalladas, es el momento del estallido: el sol se pone sobre la Bahía recortando el contraluz de un desvencijado muelle me temo que condenado a morir, si este pueblo suicida no recupera la cordura.
De repente, una tarde, la belleza se apareció entre la ruina de un barrio. No hay pistas en esta entrada turística sobre cómo llegar, dónde pernoctar o dónde comer. Sólo recuerdos, y algo de rabia. Pero la belleza está, tal vez, esperando que alguien la rescate. 
  • antonio

    No se puede decir mejor, ni más bonito. !Que arte, coño!

  • Ulyfox

    Bueno, bueno, Antonio. Muchas gracias. En realidad hay un fondo de tristeza en el texto, porque estamos dejando que todas esas cosas se pierdan. Vale, por lo menos estamos avisados. Un abrazo.

  • Pedro

    Realmente da gusto leerte. ¿Se pueden encargar viajes? Manolo ¿qué recuerdas de un viaje estudiantil a Alicante? Tiempos caninos, pequeña gran excursión más allá de Andalucía. 16 años?

  • Ulyfox

    Pues sí, Pedro, alguna gente ya nos ha encargado viajes, y alguno hemos organizado para o con amigos. De hecho, Pe y yo hemos pensado que deberíamos dedicarnos a eso, y dejar estos trabajos que más que nada nos atan. Pero te advierto que no he estado en todo el mundo. Afortunadamente, nos queda mucho por ver.
    Recuerdo ese viaje que dices a Alicante. No es mal tema el recuerdo. A mí la nostalgia se me da bastante bien. A lo mejor por eso ‘En busca del tiempo perdido’ es uno de mis libros (libraco) favoritos. De Alicante recuerdo un grupo de imberbes bachilleres de provincias (nosotros) cantando una canción de Jacques Brel a unos belgas en un bar del casco antiguo en el colmo de la osadía artística; recuerdo algunas parejas que salieron de esa excursión; los primeros juegos entre habitaciones de niños y niñas; algún ligue frustrado con estudiantes de otras procedencias; una playa enorme con muchos carteles en inglés; ¿discotecas?; un viaje larguísimo en autobús y, sobre todo, mi temor de tímido irreductible ante el mundo. Sí, tenían que ser 16 años, puesto que estábamos en sexto del antiguo bachillerato. ¡Puufff! ¿Canino, dices? Creo que no tengo fotos de aquello porque yo no tenía ni cámara. Tal vez en alguna caja haya alguna en blanco y negro de alguno de los que iban con nosotros. Sí. sí, ahora recuerdo alguna en la playa en la que yo era auténticamente el Piraña. No creo que la ponga, la verdad. Perdería un montón de admiradoras.
    Pero no te recuerdo a ti en esos grupos.

  • ana

    Que se me amontonan los comentarios, Uly!!!

    Ea, y si ya me dabas envidia por esos viajes y las fotos que te traes de ellos, ahora me dices que te has leído “En busca…” y ya del verde clarito paso al verde cesped-casi-fosforito. ¡Que es mi libro eternamente pendiente! Y eso que tengo una edición magnífica en casa…

    Sí que se te dan bien los recuerdos, sí. Y sobre todo, lo bonito que los cuentas, aunque sean con ese poso de tristeza..

  • Ulyfox

    Y lo bien que suenan los títulos de los volúmenes en francés, Ana: A la recherche du temps perdu, De coté de chez Swann, Albertine disparue. Bueno, esto es sólo una chulería, puesto que yo lo leí en español, por supuesto, en una magnífica traducción de Pedro Salinas. Durante mucho tiempo estuvieron expuestos en un lugar señero de mi casa los siete volúmenes de Alianza Editorial, casi con veneración. No conozco a nadie que lo haya leído y sí a muchos que lo han dejado. Y no es que yo sea lector empedernido: no puedo con el Ulysses de Joyce, precisamente. Quién lo iba a decir, con ese título. Pero Proust me enganchó desde el primer párrafo. Raro que es uno.
    ¡¡Y muchas gracias por tus comentarios!!