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¿Por qué no a Itaca en moto?

Ulyfox | 8 de junio de 2011 a las 13:44

Tengo una antigua, lejana y poco glamourosa experiencia con las motos. No creo que me pueda considerar motero porque una mobylette de 49 centímetros fuera mi primer vehículo de trabajo, precisamente en los tiempos en que, en este país, estaba comenzando a ser sustituida en tal cometido por los utilitarios. Fue en mi primer trabajo en el Diario. Mi madre me prestó el dinero necesario para adquirirla, y por supuesto que se la pagué con mi escueto pero honrado salario mensual. La mobylette me llevó y me trajo durante esos meses de verano de San Fernando a Cádiz seis días a la semana, con el fresco en la cara. La llegada del invierno fue más dura, y la ligereza de mi indumentaria tuvo que incrementarse con guantes, chaquetones y hasta un impermeable de pescador para los días más duros y los regresos nocturnos más desapacibles. A la moto la equipé con un aparatoso parabrisas. Nada de eso evitó grandes caladas y algunas tiritonas cuando llegó diciembre. Supongo que era joven y por eso aguanté, porque yo seguí viviendo en San Fernando y el trabajo siguió en Cádiz durante años, y los desplazamientos sobre esas dos sencillas ruedas también. Los tiempos cambiaron y la moto quedó aparcada junto a la pared de mi casa paterna hasta que la malvendí a un familiar. Quizá tendría que haberla conservado. Ahí acabó mi vida como motero.

Viene toda historia de abuelo cebolleta a cuento de un libro a cuyo autor acabo de entrevistar. Se llama España en moto 2011 y está escrito por Pedro Pardo, un inquieto bilbaíno que dirige la editorial líder en el sector de guías de viaje, Anaya Touring, pero que además es propietario del restaurante Trafalgar en Vejer de la Frontera. Naturalmente, él sí que es un experto motero, y no hay rincón de la Península al que uno se pueda acercar sobre dos ruedas que le sea desconocido. Hablando con él parece ser una de esas personas que han encontrado la fórmula mágica de la felicidad dividida en tres tercios: en su caso, motos, libros y restaurante. Cualquier norte que nos ayude en esa difícil tarea debe ser bienvenido.

Así que, por si a alguno os interesa, aquí va a esta recomendación, que busca llegar a los sitios por el camino más complicado y más hermoso. Por si tenéis moto, por si tenéis ganas, por si aún sois jóvenes, por si os gusta explorar, y por si como el mismo Pedro Pardo dice, sois de los que pensáis como Kavafis que el camino es más importante que el destino: “Cuando emprendáis el camino hacia Itaca/debéis rogar por que el camino sea largo/lleno de aventuras y descubrimientos/Que sean muchos los amaneceres/en los que amarréis en un puerto/que vuestros ojos desconocían… ” y, por supuesto, que durante el viaje “encontréis placer en los cuerpos más amorosos”, y que el dios del viento os sea propicio.

Así sea.

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  • Bala de Plata

    A mí me gusta pensar que por tener Vespa soy motero. Y que podría llegar a cualquier parte con ella, que me ayudaría a disfrutar el camino ralentizándolo con su inmenso culo de maggioratta. Aunque lo más lejos que he ido con ella ha sido a San Fernando, a un apasionante debate. Por lo demás, es urbana y convierte cada pequeño desplazamiento en un paseo, dicho en el mejor sentido posible del término.

    ¿Director de Amaya Touring, líder en el sector de guías? ¿No tendrías que mandarle un par de enlaces? ¿Le has hablado de lo nuestro? ¿Y a Falsarius? ¿Y a los dos? ¿Sabes lo malísima que está la cosa? ¿Ignoras que serías un magnífico autor de guías? ¿Existe trabajo que me hiciera más feliz? ¿Estás tardando?

  • Ulyfox

    Su Vespa, señor Bala de Plata, es preciosa y doy fe de su estupendo culo (el de la Vespa). Le aseguro que en verano la autovía a San Fernando, si no hay levante, es muy bonita para hacerla en moto, aunque no figure en la guía de Pedro Pardo. Y no se preocupes, que lo he hablado de lo nuestro, y que hay una posibilidad, aunque sea mínima, de colaboración. Seguiremos informando.

  • ana

    Yo fui motera. De paquete. En moto recorrí toda la provincia, parte de las de Málaga y Córdoba e hice un viaje a Lisboa. Hasta allí del tirón. Desde entonces, tengo una rodilla de madera. Pero valió la pena, sólo por cruzar el puente 25 de mayo viendo el Tajo bajo nosotros, pasando a toda velocidad.
    Interesante guía. Estaré atenta a las novedades.

  • Ulyfox

    Veo, Ana, que todos tenemos más o menos un pasado motero. Los moteros tienen, inevitablemente, un aura romántica de aventurero, como si la moto fuera un trasunto del caballo. Yo me conformaba con la mobylette, pero nunca se sabe en el futuro.