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Nosotros como destino

Ulyfox | 20 de noviembre de 2011 a las 3:08

Un puñado de atractivos turísticos, poco antes de ser comidos.

Claro, claro, no sólo los demás son dignos de conocer. No sólo lo forastero es atractivo. Estamos nosotros, esta tierra, como destino. Sostengo desde hace tiempo que cultivar lo más nuestro, lo más inimitable, lo más íntimo de nuestro ser es lo único que nos puede hacer universales. A través de las costumbres, de la cultura más propia, de los productos más personales nos conectamos con los otros. No sé, un ejemplo, o varios: lo exclusivamente norteamericano del jazz  y el rock es lo que los hace compartibles por todos; la gitanidad irrebatablemente andaluza del flamenco lo hace entendible por un japonés; el carácter mediterráneamente griego de la filosofía la convierte en la base de la cultura occidental y, si me apuran, mundial. Porque cuando los de fuera vengan a visitarnos buscarán lo que no puedan encontrar en ningún otro lugar, y, al disfrutarlo, se sentirán partícipes de una sola humanidad. Así de sencillo. Y si no lo parece, es porque yo no he sabido explicarlo.

Vale, viene todo esto a cuento de una mañana de mercado que he podido tener, y de las que tanto disfruto. En realidad, una horita de puestos y compras en la Plaza Central de San Fernando, sólo un rato para apreciar lo bueno que puede tener esta tierra, y lo poco que lo aprovechamos, si es que no estamos dejando que definitivamente se pierda. Comprar ese exquisito pescado de estero: lenguados sucu-lentamente grasos y anguilas (me gusta más la variación lingüística isleña: anguilla) sabrosas. Caer en el anzuelo del grito oído al pasar: “¡Chicharrones de Chiclana, calentitos, que acaban de llegar!” Pan de Benalup, tagarninas… dejarse llevar por la temporada otoñal. ¡Aceitunas del tiempo, apenas abiertas y aliñadas, brillantes! ¡Aceitunas verdiales, afrutadas!

Lenguados y anguillas de los esteros de La Isla, salados con su sal.

Me imaginé todo esto como un atractivo turístico extraordinario, recordé cuántos mercados de productos hemos visto en España y el extranjero en nuestros viajes, mercados callejeros que no sienten la necesidad de disfrazarse de andalusíes o de doceañistas, mercados semanales pulcros y artesanos, tradicionales y civilizados. Y las plazas, aquí, se mueren, devoradas por el centro comercial y por las prisas sin destino de la comida precocinada. Cercadas por la comodidad del alimento envasado, se asfixian. Hagámosle el boca a boca, sigamos el ejemplo de fuera, de donde nos han venido tantas cosas buenas.

Por nuestra parte, hemos dispuesto en la cocina casi como un ritual los mandados adquiridos en nuestra querida plaza de la infancia, esa de allí arriba de la cuestecilla de la Cárcel, tras el Ayuntamiento, y los hemos adorado como conviene. El pescado de los esteros envolventes de la Isla, apropiadamente sazonado con la sal de nuestras salinas (sal de hielo para pescados, aromatizada con salicornia y vino fino, producto exquisito de la Salina SanVicente de mi pueblo) y posteriormente enharinado, las aceitunas de acompañamiento, los chicharrones de aperitivo. Todos nosotros felices, incluido Aquiles, nervioso por los olores y desmintiendo a todos los veterinarios, dispuesto a demostrarles con sus peticionarios ladridos que, se pongan como se pongan, no es lo mismo el pienso para perros que un chicharrón de Chiclana.

  • ana

    Qué me gusta a mí un mercado (de abastos. De los otros prefiero ni hablar)! La pena es no poder ir más, pero algún que otro sábado hacemos excursión al del centro (el que tenemos al lado de casa lo dejamos más para diario), ese que han dejado tan bonito, aunque parece ser que no es tan práctico como debiera. Allí me embobo con los puestos de pescado sobre todo (no se me ocurre comprarlo en un super, por ejemplo. Me da mucha más confianza el de la plaza).
    Y luego, como bien dices, el ritual de disponer todas las viandas (en mi caso no es Aquiles, pero imagina cómo se ponen los tres gatos oliendo un cargamento de pescado), el prepararlo todo. Disfrute de principio a fin!

  • Ulyfox

    A nosotros también nos encantan los mercados. Es obvio. Y los cafés de antes y después. Pero me temo que estén muriendo poco a poco cuando en otros lugares están reverdeciendo. A lo mejor, paradojas de la vida, con esta crisis, la gente deja de desplazarse a los centros comerciales y vuelve su vista y su bolsillo a la oportunidad y los precios de las plazas. Que en otoño están para comérselas, ahora que vienen los chicharrones, y los chícharos y los alcauciles. Y ese pescado de estero…

  • Cristina Cercas(la melliza de la fotógrafa ciega)

    ¡¡genial,genial,genial!,me ha “encantao” Ulyfox. Sobre todo el final con tu perro Aquiles. A mi con los mios me pasa lo mismo.

  • Ulyfox

    Hola, Cristina!! Ya veo que los que tenemos perro caemos todos en el mismo pecado de quererlos demasiado. Al fin y al cabo son animales, pero…
    Por cierto, que recibí tu mensaje y tengo que echarle un vistazo a tu blog. Pero es que estábamos de viaje.
    Muchos besos!