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Formas de ver las cosas

Ulyfox | 3 de febrero de 2012 a las 15:02

Una multitud ante la Monna Lisa en el Louvre

 

La noticia sobre el descubrimiento de una réplica valiosísima de la Monna Lisa en el Museo del Prado me ha hecho evocar un par (iba a escribir un mar, cosas del subconsciente ortográfico) de cosas: yo había visto esa obra, hace ya un porrón de años, en el maravilloso museo madrileño, cuando estudiaba en la capital y de vez en cuando me daba una vuelta por las salas del entonces no demasiado concurrido y gratuito Prado, cerca de donde yo vivía. La recordaba, es verdad, oscura y triste, tal vez junto a otros coloristas cuadros de Botticcelli, puede ser. Según me han dicho, ahora hay colas casi todos los días para entrar al palacio del Paseo del Prado.

Solos ante el Friso de los Arqueros persas en el Louvre.

Y otra ocasión, hace mucho menos tiempo, apenas tres años, en el mismo Louvre, y recuerdo la imposibilidad de acercarnos siquiera a la Gioconda original, rodeada de turistas armados con sus cámaras digitales de todos los tamaños. Como si el misterioso cuadro de Leonardo estuviera siendo sometido a una rueda de prensa de impertinentes paparazzi. Esa aglomeración tumultuosa ante un reclamo turístico de tal naturaleza contrastaba, no obstante, con la absoluta tranquilidad y casi soledad de las emocionantes salas dedicadas a la decoración en azulejos del palacio de Darío el Grande en Persépolis, con un surtido colorido de soldados, leones heridos y cabezas de toro, impecables, brillantes y desafiantes aún tras el paso de miles de años, desde que la gloriosa civilización persa desapareciera. Y ahí nos quedamos, con nuestra forma de ver las cosas.

Leones con miles de años de antigüedad, en el Louvre.

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  • Paco Piniella

    Pensaba que las fotos de abajo eran del Museo Arqueológico de Estambul donde hay unos frisos espectaculares.

  • Ulyfox

    Paco, pues no: están en la parte de Antigüedades del Louvre, junto a Mesopotamia y no demasiado lejos de los etruscos, los griegos y los romanos. Lo que me dices del Museo de Estambul es uno más de los miles de motivos que se me ocurren para volver a la antigua Constantinopla y a Turquía.