En barco a no hacer nada

Ulyfox | 12 de agosto de 2012 a las 21:35

Hora Sfakion, desde el barco que lleva a Loutro

 

Los que han viajado a las islas griegas lo saben. Hay lugares a los que solo se puede llegar en barco: calas, pueblecitos, playas de privilegio con alguna taberna en la orilla. Suelen ser lugares apartados y que se venden en las guías como solitarios y maravillosos. No siempre es así. Para mí, por ejemplo, un sitio sin huella humana ninguna no es atractivo. No, porque necesitamos ese mostrador al menos con bebidas, y si puede ser con unas mesas donde comer. Lo contrario es tener que llevar bocadillos, o botellas o las dos cosas. Demasiado mayores. Hasta Robinson necesitó a su Viernes.

Bajo la pared rocosa, una playa solitaria

Pero hay lugares intermedios. Sitios en los que sabes que todo el mundo está disfrutando o trabajando para el que disfruta. Si la cosa funciona, ambas partes pueden pasarlo bien. Y de esos lugares, las islas griegas andan sobradas. El ultimo que hemos conocido está, naturalmente, en Creta. En una región llamada Sfakia, nombre que en Grecia es sinónimo de lucha y rebeldía. Una región de difícil acceso. Los sfakiotas matuvieron durante siglos el estandarte de la resistencia contra el invasor turco y es incontable el número de héroes a los que la tradición venera. Sfakia, en ese sur cretense indómito, tiene una costa escarpada como pocas, tanto que si queremos llegar a los pueblos que dan al mar en coche, habremos de sufrir decenas de curvas cerradas hacia arriba y aún más hacia abajo. Es el caso de Hora Sfakion, Sougia o Agia Roumeli.

 

Tres imágenes de la llegada a Loutro

Pero aún es más difícil con Loutro: no hay carretera, y solo se puede salir o entrar en barco. O andando a través de empinados y hermosos senderos.

En la terraza del Hotel Sifis de Loutro

Como corresponde a un lugar así, Loutro tiene muy pocos habitantes, no llegan a cien. En verano, la población puede triplicarse, lo cual tampoco constituye una multitud precisamente. Sus edificios, la mayoría pequeños hoteles familiares y tabernas de muy buena calidad,  forman una media luna blanca en el estrecho espacio que cabe entre una franja de guijarros y la montaña que sube a cientos de metros. Sin embargo, la estancia allí es cualquier cosa menos asfixiante.

La vida, versión Loutro.

Cuando estuvimos el pasado junio, la mitad de la gente se dedicaba a bañarse en una honda bahía de agua de cristal, tomar el sol y pasar horas en las terrazas. La otra mitad se dedicaba a servir comidas y bebidas a los primeros, arreglarles las hamacas o prepararles las habitaciones, atender los dos minimarkets, y llevarlos a las calas vecinas en barco. O en barca. Y todos, con la vista frontal del mar, en el puerto natural que forma la pequeña, acogedora rada.

Nada más que nada.

Para llegar a Loutro hay que hacer una hora y media de carretera, la mitad plagada de curvas montañosas, desde La Canea hasta Hora Sfakion, y después coger el transbordador en un trayecto de un cuarto de hora. El ‘Daskalogiani’ sigue luego su rumbo por esta asombrosa costa, marrón al amanecer violeta y cuando cae el sol, navegando lentamente y parando en Agia Roumeli, Sougia y al final en Paleohora, antaño paraíso de los hippies.

 

El camino de ida y vuelta de Loutro a Finikas.

En Loutro, que precisamente significa ‘baño’, no se hace nada. Y se nada. Puedes variar entre las cinco tabernas de pescado fresco y erizos de mar. Puedes calzarte las botas, subir serpenteando por la pared rocosa a tus espaldas, saludando cabras y descender a otra bahía transparente, Finikas, donde tienes otra gran taberna con alojamiento aún más aislado. Puedes pasar largas horas leyendo, conversando de música con Cristina, la dueña del hotel, fan y amiga de Haris Alexiou, la gran estrella de la canción griega, que pasa aquí sus vacaciones todos los años. Puedes ver el atardecer más largo del mundo desde el balcón de tu habitación o en la idílica terraza del Hotel Sifis, encima de los peces. Puedes escribir, puedes enlazar las manos con tu pareja y cerrar los ojos. Puedes hacerte una foto con el móvil y enviarla a tus amigos para darle envidia. Puedes sentirte dueño del tiempo inmóvil, estirarlo y encogerlo, encarnar las mil formas del amor. Puedes descubrir lo que es un lugar sin más motores que los de los barcos, con silenciador de agua. Pero, desengáñate, no puedes hacer nada más.

Loutro en su bahía, desde las alturas

  • Manolo

    Querido Uly, tengo un problema. Como buen envidioso os seguí a ti y a Penelope al Perigord, donde conseguimos vivencias y plaquitas al menos tan buena como las vuestras. Acabo de preparar un viaje a Palermo donde ,si Dios quiere, pretendo superaros. Pero ahora me sales con estas referencias a Creta. ! Me rindo…¡¡¡ Me siento lo suficientemente recortado para no poder seguir esta carrera sin fin….
    Me guardo una pequeña venganza. En plan impertinente y presuntuoso me permito recomendarte dos novelas de Nikos Kazantzakis: “Libertad o Muerte” y “Cristo nuevamente crucificado”. Yo aprendí con ellos a amar al pueblo griego y su sacrificio por la libertad. Pero seguro que ya las habrás leido, con lo que me quedaré con dos palmos de narices.
    Te ruego que sigas mostrandonos ese mundo magico a traves de vuestro cerebro y vuestro corazón.
    Besos
    Manolo

  • Ulyfox

    Querido Manolo: Ignoro muchas más cosas de las que podrías pensar. Sé de esas dos novelas, pero no las he leído. Ahora mismo me estoy empapando de Creta, con Durrell, Galini y Beevor. Aunque hace muchos años leí la genial vida de Alexis Zorbas, no he vuelto a Kazantzakis, lo que para un cretense de adopción ya sé que es un pecado. Los conseguiré ipso facto.
    Disfruta en Palermo y deja la visita a Creta para cuando salga nuestra guía.
    Y mientras pueda y tenga tiempo seguiré escribiendo hasta que os hartéis.
    Besos

  • Paco Piniella

    Qué fotos mas bonitas, qué Mediterráneo!
    Bueno hasta la vuelta, que Shiva nos proteja, Paco & Paqui

  • Ulyfox

    Queridos Paco y Paqui, me sumo desde aquí al deseo de protección de Shiva (12 años, supongo), y si no, nos encomendaremos al Havana Club. Ya veo que insistís en ignorar los sabios consejos del ministro de Turismo de no salir de España. Bueno, bueno, luego no os quejéis de los mosquitos.
    Muchos besos y nos vemos a la vuelta.

  • ana

    Parece fácil, pero no lo es: también hay que saber estar sin hacer nada y disfrutarlo, aunque me da a mí que ese agua transparente y ese blanco recortado en el acantilado facilita bastante las cosas.. desde luego, a Pe y a ti se os ve con aptitudes!!

    Por cierto, sé de unas botellas en severo peligro de descorche inadecuado…

  • Ulyfox

    Oti,las botellas, Ana!! Llevamos un ritmo endiablado (de trabajo, para entendernos) desde que volvimos de Creta. Ya sé que no es excusa, pero… De todas formas me alegra saber que siguen incólumes y que seguramente estarán cogiendo su punto adecuado. Aguántalas, que puede (debe) que antes de volvernos nos dé tiempo de vernos un rato.
    Por cierto, que en Loutro deben de saber estupendamente esos cavas, con los pies en el agua…