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Carretera y manta

Ulyfox | 5 de enero de 2014 a las 0:31

Pe, esta noche en la Plaza Mayor de Salamanca.

Pepa, esta noche en la Plaza Mayor de Salamanca.

Pe, nuestra conductora.

Pe, nuestra conductora.

Lo hemos hecho. Estamos en Salamanca. Siete horas de viaje tranquilo, aunque al final muy entorpecido por el temporal de lluvia y viento que nos cayó cuando casi entrábamos en la provincia de Cáceres. A lomos del Kia Rio los tres, Pe, Pepa y yo mismo, desde las cinco y media de la mañana. No se nos ha hecho muy pesado, porque hemos desayunado hasta tres veces, todas las que hemos parado, pasando Sevilla, pasando Mérida y poco antes de llegar a Salamanca. Nada más llegar a la capital charra, hemos vuelto a comer, esta vez ya en el almuerzo oficial, aunque en realidad ha sido un tapeo con vino cerca del hotel. Muy buenas las tapas en La Cata de Vino, uno de los muchos lugares de restauración que hay alrededor de la calle Van Dyck.

Frío, mucho frío, incluso cayeron algunos copos de nieve a mediodía. Para desgracia de nuestra curiosidad de gente del Sur, fueron muy pocos, sólo llegó para hacernos la ilusión de una nevada. No desesperamos, quedan unos cuantos días de viaje. Aún quizá nos dé tiempo a ver Valladolid, Medina del Campo o la misma Ávila cubiertas de blanco.

Después de una siesta reparadora del cansancio al que el viaje sometió a nuestros ya maduros cuerpos, nos lanzamos al frío de la noche salmantina, a una primera aproximación al plateresco y el barroco de la Plaza Mayor, la Catedral y la Casa de las Conchas. Fueron sólo atisbos a la luz artificial. Esperamos que el domingo el sol salga un ratito e ilumine las centenarias e históricas fachadas. Por cierto, cenamos en el Bambú, un lugar del que el recepcionista del Hotel Aragón (apañao, bien situado y baratito) nos dijo que era el preferido de la gente del Sur. Os digo que estaba todo realmente bueno, excepto el surtido de croquetas, con demasiada bechamel para nuestro gusto. Y con la moderna barra llena de público. Un sitio muy recomendable. Excepcional el carpaccio de presa ibérica y muy curiosa la torrija de foie.

Ahora, a dormir, que queda un domingo de exploración de la ciudad del Tormes.

  • antoniodlr

    Bonito sitio Salamanca. Este verano he vuelto a ir, a saludar a un viejo amigo de la mili que todavía conservo, como el conserva su “pelo pincho”. Maldita sea la envidia.
    En realidad es una excusa para desayunar en Monesterio. Que no se entere Julio, mi amigo salmantino. Café con leche y un generoso bocadillo de jamón ibérico. Cada vez que subo (y bajo) por esa Vía de la Plata, es parada obligada.
    En el bar “Mallorca” a los pies de la antigua Nacional (Paseo de Extremadura, 276), ahora hay que desviarse de la autovía, pero la recompensa es grande.
    Y si el bolsillo te lo permite, frente por frente del bar hay un pequeño despacho de productos ibéricos. ¿Qué tal una paletilla, si para el jamón no alcanza?
    Que no se diga que no te lo tengo avisado.

  • Ulyfox

    Antonio, en otros tiempos, antes de la autovía, también parábamos nosotros en Monesterio, y cumplíamos con el ritual del bocadillo de jamón. Podemos decir que en nuestro caso la autovía mató al bocadillo. En esta ocasión, pasamos demasiado temprano o demasiado tarde, no sé. Era aún de noche. Pero ahora que estamos acabando el viajecito (mañana volvemos) quizá nos llegue para el desvío y sea un almuerzo o una merienda. Ya veremos. De momento, hoy, última etapa, estamos en Ávila.
    Salamanca, como siempre, impresionante. Gran ciudad llena de Historia y de historias.
    Y muchas gracias por el recordatorio ibérico de bellota!