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Un vicio: volver a Óbidos

Ulyfox | 5 de marzo de 2014 a las 12:34

Mujer vendiendo encajes en la Porta da Vila de Óbidos.

Mujer vendiendo bordados en la Porta da Vila de Óbidos.

 

Tiene razón Rafa: somos unos viciosos ¿Qué o quién nos manda emplear el Puente del Día de Andalucía en hacernos ocho horas de coche, entrar en Portugal y subir más allá de Lisboa, más al norte, para almorzar, pasar una tarde, cenar y dormir en Óbidos, donde ya habíamos estado dos veces más? No tiene fácil respuesta esta pregunta, como no sea la evidente y ya sugerida antes: somos unos viciosos del viaje. Asumida pues esta condición, nos pusimos en marcha el pasado viernes, muy de mañana, y a la hora de almorzar estábamos en este maravilloso pueblo, soltábamos la maleta en el Hotel Real, donde nos recibió un hombre vestido a la que se supone era la usanza medieval, y nos sentábamos en la Adega de Ramada. Doy fe de que el bacalao a la brasa que nos tomamos era exquisito, y vino blanco de la casa bastante apreciable.

Color medieval.

Color medieval.

Óbidos es de hecho un ejemplo perfecto, bellísimo y casi tópico de casco medieval, rodeado de murallas que se conservan en su integridad, con sus puertas, sus torreones y su castillo en uno de los extremos. Es de una hermosura deslumbrante, por más que esta última visita las nubes y una ligera lluvia se empeñaron en quitar luz al paisaje. Se nota que el invierno está siendo duro porque las paredes blancas con sus ribetes y remates de colores azul o amarillo se están destiñendo. Estoy casi seguro de que en esta ya próxima primavera la gente se aplicará a pintar sus casas. ¿Por qué volvemos a Óbidos? Será porque siempre esperamos reencontrar algo y descubrir algo.

Vista de Óbidos desde el Hotel Real.

Vista de Óbidos desde el Hotel Real.

Entonces, el objetivo era sólo volver. Y eso significaba pasear de nuevo la Rúa Direita desde la Porta da Vila hasta el Castelo, subir y bajar por las calles perpendiculares, parar en la iglesia de Santa María para descubrir sus azulejos antiguos y las hermosas pinturas de Josefa de Óbidos, extremeña y portuguesa, detenerse y caer en la tentación de degustar en algún puesto callejero un chupito de ginjinha de Óbidos, y luego comerse el vasito (copo) de chocolate, descubrir la cantidad de tiendas bien puestas que han ido surgiendo desde nuestra última visita, para turistas, para coleccionistas, y los acogedores bares con terraza para soñar el buen tiempo, dejar que se te escape la sonrisa y el beso a quien te acompaña en este vicio.

DSC_5179Es verdad que a Portugal le casa bien este tono gris y lluvioso en la atmósfera. Deseamos siempre el sol espléndido, pero cuando viajamos al tópicamente llamado país hermano, ya sabemos que nos recibirá casi siempre el nublado y la amenaza de agua. También sabemos que nos sorprenderá la caída de la tarde paseando por pueblos durmientes, recogidos muy de temprano, sabemos que nos gustaría un poco más de animación, pero no sería Portugal. Y ese idioma que es como un castellano con muchas eses silbantes y hablado con acelerador a tope, salpicado de palabras que sólo nos suenan como cultismos o como vocablos españoles casi en desuso, y adornado con numerosas fórmulas de cortesía y constantes apelaciones al permiso (licença) del interlocutor. Cuando oigo el portugués, siempre recuerdo esa escena de la delirante comedia Cuatro corazones con freno y marcha atrás, de Enrique Jardiel Poncela, en la que los protagonistas se encontraban con un náufrago en una isla desierta, y como no sabían su origen comenzaban a preguntarle en varios idiomas ¿do you speak english?, ¿sprechen sie deutsch?, ¿parlez vous français?, y en llegando al portugués le espetan al pobre: fala sua excelença a formosa lingua de Camoes?.

Detalle de decoración en añil en un muro.

Detalle de decoración en añil en un muro.

Como recuerdos, nos trajimos de Óbidos algunos pequeños regalos y un delicado y suave disco de Mariza, la estrella del fado, y esto sólo porque su delicado sonido y su brillante voz ambientaba un pequeño rincón de la calle al salir de la pequeña tienda de música. Y porque el día lo requería y las ganas también. Después de tres visitas, no puedo ni quiero descartar volver de nuevo a este pueblo, tal vez con más tiempo, y parando de nuevo en Estremoz, en Évora, subiendo de una vez a Évoramonte, cuyo castillo imponente y redondeado nos saluda siempre desde su altura junto a la autopista, y siempre declinamos su invitación. Seguro.

Arcos y piedras.

Arcos y piedras.

Y para que comprendáis esta certeza, y para no cansaros más con palabras, os dejo con las fotos que quizá os ayuden a comprender de donde viene nuestro vicio:

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Tantos rincones en su interior...

Tantos rincones en su interior…

Una casa envidiable.

Una casa envidiable.

Aun con poca luz, Óbidos brilla.

Aun con poca luz, Óbidos brilla.

El castillo de öbidos.

El castillo de Óbidos.

A juego con el paisaje.

A juego con el paisaje.

La casa de Sao Thiago

La casa de Sao Thiago

Cerca del castillo.

Cerca del castillo.

Disfrutando Óbidos.

Disfrutando Óbidos.

La iglesia de Santa María.

La iglesia de Santa María.

Una puerta casi veneciana.

Una puerta casi veneciana.

Tejados y torres dentro de las murallas.

Tejados y torres dentro de las murallas.

Empedrado, blanco y colores.

Empedrado, blanco y colores.

 

 

  • antoniodlr

    El último viaje que hicimos la legítima y yo a Portugal (hizo 2 años en Octubre) es ese que estáis ahora haciendo “ustedes” (501 entradas merecen el tratamiento, además de un brandy). Nuestro centro de operaciones estuvo en Nazaré y desde allí fuimos visitando Óbidos, Batahla, Alcobaca, Tomar, y terminamos en Coimbra. Es una zona bastante monumental, recuerdo (además de Óbidos y su famoso licor de guindas)el Monasterio de Batahla, la Abadía de Alcobaca, el Convento de Cristo de Tomar y la Universidad de Coimbra. Sin embargo a nosotros nos tocó una calor asfixiante y pagament, pagament, pagament en cada autovía. Un abuso, la verdad. Pero casi no te queda alternativa, porque si vas por una nacional el trayecto se hace interminable. Es de las pocas cosas que no me gustan de Portugal; ésa, y que cenan muy temprano. Y lo que comen los lusos de su madre. !Que eché en falta unas tapitas para cenar!.

  • Ulyfox

    Antonio, entonces ya conoces la belleza de esos lugares. Nosotros no hemos ido nunca en verano por ahí, así que siempre tenemos el mismo recuerdo de tiempo más bien gris. Pero nos encanta. Esta vez fue un viaje relámpago, dos noches y vuelta. De todo lo que mencionas, no conocemos Tomar. Y ahora, al menos en Óbidos, hay un par de sitios o tres en los que se puede tapear. La verdad es que las raciones que suelen poner son enormes. Ja tenho saudade!

  • Paco Piniella

    Siempre es un vicio volver a Portugal, y a comer en Portugal, y a beber en Portugal y a pasar un rato entre sus gentes.

  • Avenger

    Yasas amigos, no importa repetir si el lugar lo merece, y éste sin duda. Nosotros pensamos como vosotros repetir Portugal en este puente, pero viendo el tiempo no nos decidimos. Vimos que las previsiones eran mejores en Roma, y… allá que fuimos, pero para encontrarnos días grises y lluvia, en algunos momentos bastante ingente. Pero la verdad, es que esta nuestra vuelta a Roma, no nos ha importado lo más mínimo. Hemos repetido como vosotros, y ha sido un verdadero gustazo el callejear por Trastévere tras la lluvia, ver los rayos de sol tímidos en el Gianícolo, esperar a escampar dentro del Castel Sant’Angelo, viendo su exposición. En definitiva, la Roma mundana, cristiana, pagana y bellísima que siempre recordábamos de anteriores visitas. Así que parece que repetir, en esto de los viajes no está del todo mal. En esto no me importa ser repetidor. Un fortísimo abrazo.

  • Ulyfox

    Ah, Roma, Avenger!! Roma eterna, por muchas veces que repitas siempre parecerá diferente y nueva. Así es desde hace miles de años. Has coincidido, según creo, con Ricardo y Encarna, que también han aprovechado el puente. Está visto que hay muchas más cosas que nos unen de las que nos imaginamos. Qué vamos a decir nosotros de las repeticiones, tan insistentes como somos con Grecia y el Mediterráneo. A los amores hay que cuidarlos. Y es verdad que el mal tiempo es un inconveniente, pero nunca es algo determinante, y el lugar que no gusta nunca nos defrauda. Estamos hablando de Trastévere, de Gianicolo… palabras mayores siempre acompañadas por una buena comida. Ah qué gustazo!
    Un abrazo y que no dejemos de viajar!

  • Ulyfox

    Paco, con lo bien que lo hemos pasado en Portugal! Además, teniéndolo tan a mano es una constante tentación. Creo que aún nos quedan muchas visitas al país hermano.

  • Avenger

    Ciao amici, pues si, Roma eterna y bellisima. Es Italia otra de nuestras debilidades, como yo digo sera que tira la sangre… Como dices nada mejor que revisar los lugares donde lo hemos pasado tan bien. Y nada mejor que con buena comida, buena bebida y una mejor compañia. Volvimos a nuestros lugares de siempre y no nos defraudaron: “il duca” y “cacio y peppe” en Trastevere y “il baffeto” cerca de Campo di Fiori. Tomar el aperitivo cerca de Piazza Navonna o en las callejuelas cercanas al Castel Sant’Angelo, han sido parte de nuestra rutina, y que bien que nos ha venido…. Un puente bien aprovechado. Abrazos.

  • Ulyfox

    Ciao cari amici. Qué bien suenan esos nombres, como bien dices, tan familiares aunque lejanos. Italia, Italia, nuestra gran amante, tan loca, tan canalla y tan bella. Efectivamente, otra de nuestras debilidades. Bienvenidas sean.

  • Ricardo y Caña

    Precioso,yo no he estado en Obido, y prometo que lo haré después de tu post,pero sí en todo el norte hasta Oporto. Entramos por Valenza do Miño en la frontera con Galicia, y me pareció precioso,reconocible y como si viajara por una España de unos primos lejanos.
    Me alegro que lo pasarais bien y estoy de acuerdo en que viajar es un vicio…..o más bien una droga, pues siempre se quiere más y más, no sabemos controlarnos y cuando no podemos nos entra una ansiedad o una sensación de monotonía vital insufrible. La cabeza ya sólo da vueltas en torno a itinerarios, guías, libros de viaje, vuelos, gastronomía, etc,etc……entonces hay que coger maleta, carretera y manta para calmar cuerpo y mente.
    Un abrazo fuerte a los dos.

  • Ulyfox

    En cuanto se te presente la oportunidad, para un ratito en Óbidos, Ricardo. A nosotros nos gusta volver irremediablemente a Portugal. Y ya no te hablo de ese gusanillo que empieza a removerse en cuanto el sol empieza a aparecer. Ayyy. Qué os voy a contar a vosotros.

  • Carmen

    Desde luego, por las fotos ya se ve lo bonito que es Óbidos. Espero poder ir algún día si la economía lo permite…
    Salu2

  • Ulyfox

    Carmen, esperemos que la economía (o mejor, los que la manejan) nos siga permitiendo hacer estos viajes. Óbidos, y toda esa zona centro oeste de Portugal, bien merecen el desplazamiento.