Mil sitios tan bonitos como Cádiz » Archivo » La belleza del desierto

La belleza del desierto

Ulyfox | 12 de abril de 2014 a las 1:27

Penélope, en el Sáhara marroquí en 1988.

Penélope, en el Sáhara marroquí en 1988.

Era la primera vez que veíamos el desierto, pero el desierto de las películas, el de verdad, con sus altas dunas de color amarillo rojizo, su horizonte infinito y agobiante porque inmediatamente se te venía a la cabeza la maldición que supondría perderse en él, andar a trompicones por la arena, mirar hacia el sol abrasador, apurar las últimas gotas de la cantimplora seca, caer finalmente de bruces y perecer abandonado, o quizá no, quizá de pronto abrirías los ojos en un último esfuerzo y verías una figura bamboleante y extraña, desenfocada, que poco a poco se iría aclarando a la vez que se acercaba y verías ¡oh, sí, gracias a dios! que era un hombre a camello, tu salvación. Como en las películas.

Viendo el amanecer en el desierto marroquí.

Viendo el amanecer en el desierto marroquí.

Pero no, no era una película de aventuras, sino una excursión domesticada que nos levantó a las cuatro de la madrugada en aquel hotel también de película, en Tinerghir, a las puertas del Sáhara marroquí, en una habitación calurosa, refrescada (es un decir) sólo por un ventilador de pie de los que tenían una luz difuminada azul en el centro. Y Penélope además se despertó mal, porque llevaba un día arrastrando una infección estomacal que le provocaba fiebre y otras molestias. Pero en una decisión fruto de su arrojo y de sus 28 años, se puso en pie, se tomó una culdina y se subió al jeep con todos los excursionistas. No se arrepintió, aunque antes de llegar a las dunas hubo que hacer un camino de más de una hora por unas pistas pedregosas, con unos conductores que se empeñaron en hacer carreras entre ellos. Muy divertido, lo juro, a esa edad, todos con el pañuelo tuareg en dos tonos de azul, anudado con maestría para evitar el polvo. Creo que aún podría ponérmelo correctamente, tras aquellas lecciones improvisadas.

Pose fílmica en las arenas.

Pose fílmica en las arenas.

La excursión, dentro de aquel inolvidable circuito en 1988 con Unijoven por todo Marruecos, con paliza de autobús y hoteles a tono con el precio tan económico, resultaba imprescindible. Su objetivo era ver el amanecer en el desierto, contemplar la salida del sol desde lo alto de una duna. Y sí, fue impresionante, porque el sol emergió como de una niebla roja, lentamente allí enfrente, mientras que detrás de la duna aún era noche cerrada y…  no habíamos visto nada igual antes.

Luego, más tarde, tras volver al hotel, el grupo siguió el camino, y seguimos viendo otro tipo de desierto, de montañas amarillas y tierras yermas. Y muy de vez en cuando, un oasis. Oasis enormes, extensos palmerales junto a los cuales crecían verdes huertas gracias al agua de esos wadi o ríos subterráneos que cruzan los desiertos.

Luego hemos estado en el también espectacular Wadi Rum, en Jordania, con sus piedras sabias y el recuerdo de Lawrence de Arabia el el aire. No es fácil apreciar la belleza del desierto, pero yo lo tuve más sencillo, porque la llevaba de compañera, como podéis ver en la primera foto que ilustra esta entrada.

Este es un verdadero oasis.

Este es un verdadero oasis.

 

  • Avenger

    Salaam amigos. Es cierto no es fácil para muchos apreciar la belleza del desierto. Aunque si es verdad que cuando te cautiva lo hace para siempre, y también es cierto(viendo las fotos)que para tí era más fácil, pues que la belleza la tenías bien cerca.

    Para mí el desierto estará, está, siempre unido al recuerdo de mi abuelo, a sus historias. Mi primera visión del desierto no fué hace unos años (2003) cuando visité Marruecos llegando hasta Erfoud, Rissani, Merzouga…. cuando cenamos cordero al horno en el restaurante del albergue Dar al Janoub entre Erfoud y Rissani, allá en la puerta del Desierto, cercano a la frontera con Argelia; y vimos la noche en la gran duna de Erg Chebbi, y a la mañana siguiente como amanece y los imponentes colores del cielo y la arena. Como digo mi primera visión del desierto, es con pocos años escuchando a mi abuelo contar sus historias de nomadeos, vivacs, patrullas en “Jeep” y “Land Rover”, unidas a nombres como Cabo Jubi, Villa Cisneros, El Aaiun, Ifni, Cabo Bojador…. Recuerdo vívidamente sus descripciones de los colores, las noches imposibles de ver en estas latitudes. Todo unido con historias de encuentros con nómadas, luchas sangrientas casi desconocidas y olvidadas hoy en día, circunstancias vitales extrañas y excepcionales de hombres que decidieron en un momento de su vida, esconderse tras tres, cinco o quince años de olvido y arena; españoles y algunos extranjeros que allá por los últimos años cincuenta y primeros sesenta componían La Legión, donde mi abuelo permaneció como oficial hasta el año 67. Como dígo, mi primera experiencia del desierto va unida a todas esas historias y recuerdos, tanto que muchos años después cuando yo mismo me encontré con el desierto, otro desierto claro está ; me decepcionó de inicio, no era lo mismo que había escuchado. Pero bastarón dos días de camino, en pistas y dos puestas de sol y sus respectivos amaneceres, y ya me pudo. Los oasis, el gran palmeral de Erfoud. Luego vinieron nombres también míticos como Marraquech, Fez y su Medina, Xauen…. Es otra realidad. Un fuerte abrazo.

  • Ulyfox

    Joé, Avenger, qué buenas historias del desierto tienes,y supongo que con un montón de vivencias. Y además, vividas con la imaginación, que es la mejor forma de que nunca se olviden. A mí, las dos veces que he estado en el desierto se me ha hecho muy corto. Creo que hay que pasar al menos una noche, ver anocher y amanecer en el desierto para comprender su grandeza. En la última ocasión, en el Wadi Rum jordano, me quedé con las ganas, porque me impresionó. Pero bueno, nunca se sabe si será posible algún día… Un fuerte abrazo

  • Carmen

    Yo estuve en los años 80 en Constantina, Argelia. De allí pasamos la frontera hasta Marruecos y de ahí a Cádiz. La verdad es que fue un viaje que no recuerdo especialmente bien. Me gustó mucho los restos aqrqueológicos romanos, los callejones estrechos y coloristas y los oasis en el desierto. Pero nos robaron la ropa y los pasaportes y estuvimos vagando, sin saber què hacer, porque el consulado en Orán (no recuerdo bien, si fue en Orán o en Argel) estaba decrépito y cerrado…
    Eramos unos críos y pasamos miedo.

  • Ulyfox

    Vaya, Carmen! Pues no es una experiencia para recordar con agrado, claro. Nosotros, las veces que hemos estado en países árabes o musulmanes hemos tenido buenas sensaciones y experiencias. Si acaso, en Marruecos, son bastante pesados con los turistas, pero si te acostumbras y pasas de ellos puedes soportarlo. Tampoco es igual en todas las ciudades. Bueno, con tal de que esas cosas no nos quiten las ganas de viajar… y creo que no hay peligro de eso.

  • Carmen

    ¡Seguro!

  • Paco Piniella

    Estas hecho un Bowles de la vida !!!
    Muy guapa doña Carmen

  • Ulyfox

    Paco ¡hace tanto tiempo! Pero doña Carmen sigue siendo muy guapa.