Cómo peinar el viento

Ulyfox | 21 de mayo de 2014 a las 13:59

Peinando el viento en San Sebastián.

Peinando el viento en San Sebastián.

Si había alguna forma de peinar el viento, tuvo que ser Eduardo Chillida el que diera con ella. Supongo yo que este donostiarra universal conocía como todos los naturales de la bella San Sebastián la fuerza de los elementos. Tradicionalmente el viento ha llegado a Donostia desmelenado y con esos pelos. Y tal vez el escultor pensó que la elegancia de la ciudad, asomada civilizadamente al Cantábrico, merecía que a tan tenaz y antiguo visitante había que ponerlo un poco presentable, al menos peinarlo. Y se inventó el Peine del Viento, con una osadía y temeridad más propia de un bilbaíno, si hay que atender al tópico. La gente ha terminado llamando a esta sugerente escultura El Peine de los Vientos, pero a mí me gusta más su denominación original, en singular, me provoca una relación más íntima con el feroz fenómeno que es el aire en movimiento. Cosas de los románticos.

Penélope ante el Peine.

Penélope ante el Peine.

No hace falta preguntar para encontrarlo. Mirando al oeste de la playa de Ondarreta se ve una fila de gente andando hacia el extremo. Es la atracción que provoca esta fenomenal escultura, como si el hierro del que está hecha estuviera imantado. Nosotros habíamos llegado en autobús desde Bilbao, un poco más de una hora de viaje por autopista. Para aprovechar el tiempo y después del necesario café junto a la estación de autobuses, un taxi nos llevó a Ondarreta, a la distancia justa para dar un paseo admirador de La Concha, la imagen más reconocible de la ciudad, casi al pie del monte Igeldo. Por el camino, jardines y algunas mansiones, incluso una instalación que parecía un pequeño Wimbledon, caprichos que se permite San Sebastián para acentuar quizá su aire europeo.

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Allá, a donde se dirige la gente, de turismo grupal y familiar en este Puente del Primero de Mayo, está el Peine. A veces los monumentos, los rincones, los parajes célebres decepcionan. Y no deja uno de temer este efecto cuando se acerca a uno de estos hitos. Pero otras veces, lo mil veces contemplado en fotos o vídeo, se agranda ante tu vista. Y entonces es la gran suerte, entonces es como si los ojos quisieran abrirse más para captarlo todo, la cabeza se mueve hacia uno y otro lado y los pies buscan el encuadre mejor para la fotografía. Eso nos ocurrió con esta escultura. No sé si es que estaba haciendo la función poética para la que fue creada, el caso es que el viento soplaba en ese momento con personalidad pero sin mala educación.

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¿Qué me pareció esta escultura triple clavada en la dura roca vasca, luciéndose ante las olas y sabedora de su carácter invicto? Una obra maestra. Al viento, ese elemento gobernado por un dios terrible, sólo se le puede domar con esos trozos de hierro corten, perfilados como tenazas o fórceps, como un tridente también olímpico, por aquí te acaricio, por aquí te amenazo y por este hueco te dejo pasar, juguemos a eso. Al final, quizá se trate de eso, un juego entre titanes, a los que el humano Chillida regaló el juguete, como pidiendo también participar. Es hermoso. Es además interesantísimo conocer todo el proceso de construcción y la historia del monumento. Pero para eso es mejor que pinchéis aquí: http://peinedelviento.info/

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Para mí, fue lo mejor de la rápida visita a San Sebastián. Íbamos a subir al Monte Igeldo en el funicular, para divisar la que todo el mundo considera la mejor vista de La Concha. Pero había una cola enorme, y preferimos andar toda la playa hasta la Parte Vieja, teniendo en cuenta que no disponíamos de demasiado tiempo. Pero ya hablaremos también de La Concha, de la Parte Vieja e incluso de los pinchos pintxos.

  • antoniodlr

    Pues sí que fue una lástima que no subieras al Igeldo en el funicular. El funicular dicen que lo inauguró la Reina María Cristina, y pa mí que desde entonces el único arreglo ha sido ponerle la publicidad. Se ha quedado un poco cutr.., ¡Vintage!!Vintage! Claro que el parque de atracciones que hay allí arriba es igual de vintage. De todas formas subir merece la pena, porque las vistas, sin duda, son una maravilla. Lo que pasa es que a ti, más que el monte, te tira un pincho. Deseando estoy que publiques tu comentario al respecto. De lo que te gustó o no, a ver si coincidimos. Yo estuve en Julio pasado en Donostia y, ¿sabes que me están entrando tela de ganas de ir a Bilbao, después de lo que publicas? Y lo del restaurante de Mundaka… ¡Qué bien os cuidáis! Estuve curioseando en la web del susodicho, y salivaba. Ahora, que los precios no lo ponen. Habrá que ir con la de Ubrique repleta. O con dos.
    Por lo que respecta al Peine del Viento: me encanto. Y mira que yo con los peines hace años que no me hablo, pero hay que rendirse ante el genial Chillida. El día que yo estuve era un día caluroso sin pizca de viento. Lástima, porque a mí me hubiera gustado verlo con el mar agitado y el viento soplando. Pienso yo, que igual estoy equivocado, que en esas condiciones el viento silba cuando es peinado. Y me imagino que sonaría bonito.

  • Ulyfox

    Antonio, fue una pena no subir, pero realmente no nos hubiera dado tiempo de conocer los excelentes pinchos, ni recorrer tranquilamente la Parte Vieja. Teníamos que volver en autobús a Bilbao. Bueno, siempre es bueno que te queden cosas por hacer en un sitio.
    Del restaurante Portuondo te puedo decir que, efectivamente, hay que llevar la cartera bien preparada, pero te aseguro que el precio va acorde con la calidad y con el lugar, espectacular.
    Comprendo que tengas ganas de ir a Bilbao. También las tenemos nosotros, y hace sólo dos semanas que hemos vuelto.
    El Peine del Viento me pareció una genialidad, una obra de gran trascendencia, y coincido contigo en que debe de ser impresionante con temporal desatado. Lo dicho, queda para otro día. En cuanto que los meteorólogos predigan una próxima ciclogénesis explosiva (antiguamente, galerna) nos plantamos en Ondarreta.
    Saludos y abrazos!

  • Lector

    Solamente felicitarte por las últimas entradas sobre el viaje a Bilbao, me han parecido de lo mejor de este año en el blog. Una gran tierra donde, dejando fuera prejuicios, se palpa un nivel de vida y, sobre todo, de cultura envidiables. Por motivos profesionales viajo allí con frecuencia y me he visto reflejado en muchos de tus comentarios y sobre todo he recordado noches de pintxos y potes por Bilbao con gente encantadora. En cualquier caso , lo mejor de Bilbao es que está a un rato de Cantabria, el verdadero paraíso.

  • Ulyfox

    Muchas gracias, querido Lector. También para nosotros ha sido uno de los descubrimientos de los últimos tiempos. Lo hemos pasado muy bien por todas esas cosas que dices. La cultura, en el sentido más amplio y vivo de la palabra, en lo más humano, nos ha parecido que está por todas partes, y eso engrandece al natural y al visitante. Sin quitarle ningún mérito a Cantabria, por supuesto, que también nos encantó.

  • Avenger

    Egun on queridos amigos. Otra vez más una entrada preciosa. Queriamos pediros disculpas, pues al final se volvieron a torcer las cosas, con urgencias médicas de familiares de última hora, que nos tuvieron agobiados el fin de semana; aunque ya (esperemos¡¡¡) parece que sí que no debería haber problemas, para vernos este fin de semana, si a vosotros os va bien, claro está. Ya me dices, un fuerte abrazo.

  • Ulyfox

    Avenger, no hay por qué disculparse. Pero esta semana es imposible. Tendría que ser la siguiente. Una llamada antes sería estupendo. Un abrazo

  • Avenger

    Yasas amigos, perfecto. Eso haremos, llamaremos y quedamos, para que se pueda efectuar por fin el traspaso de la botella de grappa. Para brindar por los viajes y proyectos futuros. Un fuerte abrazo. Estamos en contacto. gracias por vuestra comprensión.

  • Pilar Goyoaga

    Yo aplaudo la decisión de no subir a Igeldo en funicular. Viajar con calma sin sensación de prisa y patear mucho me parece los lugares es fundamental. A mi hace tiempo que se me pasó ya la pena de no llegar a todos los típicos tópicos a pesar de que siempre hay un buen amigo que te dice que te has perdido lo mejor.

  • Ulyfox

    Pues, Pilar, coincidimos totalmente. No nos merecen la pena las colas, y en muchos lugares hemos pasado de ellas persiguiendo eso que dices de la calma. No hay que verlo todo, esa es la clave. Alguien dijo una vez que a las personas se las conoce por el corazón y a las ciudades por los pies. Pues eso. Saludos