Marsala, más que un vino

Ulyfox | 29 de julio de 2014 a las 1:04

Penélope en Marsala

Penélope en Marsala

Hay nombres que identifican un lugar, un espíritu y quizá miles de historias reales o soñadas. Marsala es uno de esos lugares, y su nombre remite, claro está, a un vino tipo oporto, dulce o seco pero siempre generoso y que acompaña con una salsa a propósito, por ejemplo, a los escalopines: scalopini al marsala es una de las especialidades más suculentas que se pueden comer en esta zona oeste de Sicilia. Ese vino es, como quien dice, un invento otra vez de un inglés, John Woodhouse, que se instaló en el siglo XVIII en la isla proveniente precisamente de Jerez y que se empeñó en hacer un negocio de los vinos locales. Para que llegaran en buenas condiciones a Inglaterra le agregó un chorro de alcohol y así nació el marsala. No mucho más tarde, la Marina inglesa lo adoptó como sustituto del oporto, ya que los marineros ingleses tenían el afortunado derecho de una copa de vino al día. Así se escribe la historia de un éxito. Y el negocio sigue floreciendo hasta hoy, en las ventas de vino y en las visitas a las bodegas.

Jubilados reunidos en la plaza de la República.

Jubilados reunidos en la plaza de la República.

Ambiente de Corpus ante la fachada del Duomo.

Ambiente de Corpus ante la fachada del Duomo.

Y besos de hombre

Y besos de hombre

Pero, naturalmente y como se suele decir, Marsala es mucho más y mucho más antigua que el invento de Woodhouse, y tiene mucho que ver con la historia de nuestro Cádiz. Es decir, que tiene un origen fenicio, y de hecho una de sus joyas son los restos, escasos y necesitados de imaginación, de un barco púnico que se conserva en su Museo Arqueológico, una pieza única. Y tiene muy cerca los restos de Mothia, una antigua colonia que seguía las características de tantas como fundaron los hijos de la mítica Tiro: una isla muy cercana a tierra y unida por una carretera. Y rodeada de salinas, y con una antiquísima tradición de captura de atunes en la zona con una técnica semejante a la almadraba… tantas semejanzas que son extensibles a toda la costa suroeste siciliana. Y tiene, claro, como toda Sicilia, un intenso pasado árabe. De hecho su nombre viene de Marsa Alah (el puerto de Alá)

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La nave púnica, o lo que queda de ella, en el Museo.

La nave púnica, o lo que queda de ella, en el Museo.

La actual Marsala conserva buena parte de su pasado, y aparte de la nave púnica sobrevive en sus cercanía y a duras penas una villa romana medio abandonada, en medio de un parcho archeologico lleno de matojos, y junto a un cine art deco con aire mussoliniano. Pero también ha visto cómo se destruía su casco urbano, sobre todo por los bombardeos de la terrible II Guerra Mundial. No obstante, hay cosas indestructibles como la ligazón de un pueblo a su historia, su economía, su forma de vida. La Piazza della Republica está presidida, como mandan los cánones por la gran fachada del Duomo, barroca pero en realidad acabada en el siglo XX gracias a la generosidad de un emigrante retornado. Y en los escalones del Ayuntamiento, los viejos y los ociosos se reúnen a no hacer nada. Las calles a su alrededor son peatonales, y ello permite el paseo urbano civilizado, a la busca de los numerosos lugares donde comer bien, del patio barroco y de las huellas de Garibaldi, que desembarcó aquí precisamente para comenzar la unificación de Italia.

 

Un cine con aire mussoliniano en Marsala.

Un cine con aire mussoliniano en Marsala.

Entrando por la Porta Nuova.

Entrando por la Porta Nuova.

Dentro...

Dentro…

La Porta Garibaldi, una de las entradas.

La Porta Garibaldi, una de las entradas.

El color ocre es el fondo habitual en las ciudades de esta parte de Sicilia, en fachadas planas o salpicadas de balcones retorcidos. Paseamos, pues. Y descubrimos a la vuelta de una esquina una placita con una iglesia de fachada de columnas salomónicas, y una fuente igualmente recargada. Y vimos una procesión del Corpus, como aquí pero con una custodia mucho más modesta bajo palio, y unas enfermeras vestidas como en la primera guerra mundial. Y comimos escalopines al marsala una noche, y uno de esos antipastos crudos o marinados de mar, tan exquisitos, la otra. Incluso fuimos a la playa y descubrimos los bocadillos de panizas. ¿Conocéis las panizas? Son esa masa antigua de harina de garbanzo revuelta con agua y sal y que una vez solidificada se fríe en finas lonchas. Algo exquisito, fruto de la imaginación de los pobres gaditanos. En Sicilia existen, son iguales y se llaman panelle. Otra coincidencia. Aquí se están perdiendo, pero en esa isla los jóvenes se las comen en bocadillos. Y yo adoro las panizas.

  • Avenger

    Ciao amici, de nuevo una preciosa entrada, que bien descrito y que buenas fotos. Sigo diciendo, y perdón por lo reiterativo, que Cádiz, es la más mediterránea de todas las ciudades del Atlántico. Como dices en el post, hay un hilo muy fino, a veces casi imperceptible, otras mucho más palpable (por ejemplo los apellidos, los rasgos propios de las personas, palabras, expresiones….) que nos une a muchas ciudades del llamado Arco Mediterráneo o Arco Latino. Está claro que la herencia fenicia y romana está más arraigada de lo que nos pensamos. Lástima que aquí no se termina de explotar (en el buen sentido del término) y que como dices, muchas de las cosas comunes y antiguas, aquí a diferencia de otros lugares como Sicilia, se están olvidando y se van perdiendo. Creo que más por el desconocimiento de lo que significan, de donde proceden, que por otras cuestiones de más o menos moda. Es una lástima como digo; pero, por otro lado, es gratificante ver como no todo el mundo es así. Ah, mis abuelas tambien hacían unas excelentes panizas, que a todos nos gustaban mucho, por lo buenas que estaban, y mira que es simple su composición¡¡¡ pero como todo lo simple, alberga mucho más. Lo dicho, excelente una vez más; y si, creo que los teléfonos deberían ponerse a funcionar para una revisión de la amistad creto-gaditana o gaditano-siciliana, que todo cabe no? Incluso con sombrero. Fortissimo abbraccio.

  • Ulyfox

    Ciao, caro Avenger! En esta parte de Sicilia se aprecia muy bien ese hilo que decimos. Coincido contigo en que es una lástima tanto la despreocupación que se tiene por aquí con las cosas que merece conservar como la alegría con la que se pierden otras.
    Creo que he podido encontrar una “ventana” para poder quedar allá por el final de mes, poco antes de partir de nuevo a tierras mediterráneas. Grande abraccio!

  • Paco Piniella

    Recuerdos desde Xi’an con los guerreros de terracota.
    Siempre cruzándonos en las fechas de los viajes.

  • Ulyfox

    Hombre, Paco! por fin una señal de vida en este blog, y además desde lugar tan lejano y misterioso, esos guerreros de terracota impresionantes. Me alegro por vosotros, a nosotros ya nos queda menos para primeros de septiembre.
    Tengo que disculparme porque tengo el blog abandonado, pero es que el ritmo de trabajo últimamente es impropio del verano.
    Lo dicho: buen viaje!