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De repente París

Ulyfox | 13 de agosto de 2014 a las 13:53

Notre Dame de París, 25 de julio de 2014 por la tarde.

Notre Dame de París, 25 de julio de 2014 por la tarde.

Este no fue un viaje pensado como de placer, aunque resultó serlo, porque siempre es el mayor placer combinar trabajo con gusto. Algunos quizá lo sepáis ya: que me tocó un viaje a París, como en los concursos antiguos, a entrevistar a una paisana que es ahora una de las mujeres más poderosas, la alcaldesa de la que ella misma llama una ‘ciudad-mundo’, la gaditana (digámosle cañaílla) Anne Hidalgo.

En la Île de la Cité, centro del centro.

En la Île de la Cité, centro del centro.

Y eso que la cosa empezó con disgusto, cuando me enteré de que tendría que ir y volver a la Ciudad de la Luz en el mismo día, enlazando madrugadas. Gran cabreo inicial, por lo que entendí como racanería empresarial innecesaria, que dio paso casi inmediatamente al lado positivo (soy así, para mi suerte): no tendría que hacer ni un mínimo equipaje. Y la cosa acabó con moraleja peliculera, al fin y al cabo fue casi como Richard Gere en ‘Pretty Woman’, tomar un jet para desayunar, almorzar y cenar en París. Cosas de ricos. Y resultó para los restos como una experiencia ya imborrable, sí. Y agradecí ser del ‘plan antiguo’, cuando en bachillerato el segundo idioma era por fuerza el francés, que pude reverdecer en algún bistrot de vins y en la lujosa antesala del Hotel de Ville (Ayuntamiento de Paris) mientras esperaba a la entrevistada.

Los 'bouquinistes' están siempre a la orilla del Sena.

Los ‘bouquinistes’ están siempre a la orilla del Sena.

Totá: que ahí estaba yo levantándome a las tres y media de la madrugada para coger el avión de las siete menos cuarto desde Sevilla a París, Vueling mediante. Tenía las tarjetas de embarque, estaba tranquilo por la hora. Pero la tranquilidad duró poco. Me dio por entrar desde la Isla en la autopista por Cádiz, y me encontré la primera desagradable sorpresa: ¡el Puente Carranza estaba cerrado! Vuelta de nuevo a San Fernando a una velocidad ya más rápida de lo aconsejado, temiendo durante todo el trayecto perder el avión. No sucedió, pero llegué a la puerta justo cuando se iniciaba el embarque. Prueba superada y cabezazo ligero en el avión.

La evocadora librería 'Shakespeare&Company'.

La evocadora librería ‘Shakespeare&Company’.

Desde el aeropuerto de Orly Ouest es muy fácil llegar al centro de París. Hay un gran mostrador de información en el que un buen número de amables muchachos te informa en casi cualquier idioma. Sólo hay que coger un tren automático lanzadera que pasa cada cinco minutos hasta la estación de metro de Antony, y luego hacer el trasbordo en la línea que transita los lugares más sonados. Yo me permití bajar un par de estaciones antes, en Saint Michel, donde el famoso boulevard estudiantil, a los pies de la Sorbona, para darme el gustazo de pasear hasta el Sena y desayunar baguette con mantequilla y croissant, zumo de naranja y café au lait en una de esas terrazas tan parisinas con sillones de mimbre. Un laaaaaargo desayuno en el que terminar de preparar las preguntas mientras los turistas pasaban apresurados en busca de la cercana Notre Dame, detrás del bateau mouche que hace los paseos por el río, agolpándose en cien idiomas alrededor de los guías, o viendo pasar a las jóvenes parejas muy pegadas atrapadas por el inevitable romanticismo del lugar, aun tan de mañana. Una de ellas se despedía con mil besos después de lo que seguro había sido una noche de amor. Refrené las ganas de disparar mi cámara como un remedo malo de Doisneau.

La antes siniestra Conciergerie, junto al Sena.

La antes siniestra Conciergerie, junto al Sena.

Tenía tiempo: la entrevista era a las tres de la tarde, cuando ya los franceses han almorzado. Así que después del petit déjeuner me dediqué a pasear, la mochila al hombro, la chaqueta sobre el brazo y la cámara de fotos preparada. Y hacía un día espléndido, y al otro lado del Sena se acercaba Notre Dame a cada paso. A este lado se me apareció la preciosa librería Shakespeare&Company con su escaparate verde, y enfrente los puestos de los bouquinistes, los famosos vendedores de libros antiguos y revistas junto al río. Pese al calor, la cola de turistas ante la Catedral desanimaba a visitar el interior, y mucho más la subida a las torres. Cuando pasaba alguien comentó a mi lado en español: “Llevamos más de una hora esperando”. Calculé que le quedaba al menos otra y me admiré de la paciencia de la gente en algunos casos. Rodeé la famosa y novelesca iglesia, paseé por los muelles frente a la antiguamente siniestra y ahora limpísima Conciergerie, convertidos en un remedo de playa con arena pero de baño imposible. Los parisinos parecían disfrutar tomando el sol de la falsa Riviera, refrescándose de vez en cuando con las duchas de agua pulverizada.

La falsa playa de los parisinos en el Sena.

La falsa playa de los parisinos en el Sena.

Una torre de verdad y otra de mentirra.

Una torre de verdad y otra de mentira.

En las puertas del Louvre...

En las puertas del Louvre…

...esplendor barroco.

…esplendor barroco.

La tranquilidad me llevó a las puertas del Louvre, la extrañamente bien conjuntada pirámide de cristal en el patio barroco. Nuevamente deseché la entrada en ese gran almacén de maravillas. Ya era pasado el mediodía y tomé una decisión sabia: me acercaría al Hotel de Ville por la muy comercial y distinguida Rue de Rivoli, y pararía con tiempo a tomar una especie de almuerzo ligero. Eso ocurrió en la Rue des Lavandières Sainte Opportune, una callecita abundante en terrazas, en un bistrot de vins (restaurante de vinos) llamado A la Tête d’Or. Bien, muy bien, los dos huevos cocotte con foie de canard, acompañados con una copa de Beaujolais. Un café con una gota de leche (avec un coup de lait), y ya estaba yo listo para encontrarme con Anne Hidalgo, esa mujer que, cosas del devenir, nació en la misma calle que yo, aunque tres años después, y en la que seguro que nos cruzaríamos de niños. Digo yo, porque la calle Dolores de San Fernando, que en menos de trescientos metros te hace descender de la señorial Plaza del Rey al pobre caño del Zaporito, es un mundo muy pequeño. De la esquina del Zaporito a la Alcaldía de París, vaya salto.

Un almuerzo frugal pero muy francés: huevos cocotte con una copa de Beaujolais.

Un almuerzo frugal pero muy francés: huevos cocotte con una copa de Beaujolais.

Ella apareció con una especie de bambito azul con pequeños dibujos en blanco, y los brazos tan abiertos como su franca sonrisa. Es una mujer atractiva a la que no en vano llaman en su ciudad La Belle de Cadix como la canción de Luis Mariano, popularísima en Francia. Y me recibió con la simpatía con la que se recibe a alguien que viene de tus orígenes. Dos besos francos y una conversación relajada. Lo mejor fue tal vez las historias que me contó de su despacho, los recuerdos de De Gaulle, la foto original de El beso de Robert Doisneau, y las evocaciones de sus calles de La Isla, de sus amigos de esa infancia cuando venía de Francia en vacaciones y descubrió la libertad de jugar en los esteros a coger camarones y cangrejos. Pocos recuerdos tan isleños. Por si no la habéis leído aún, aquí tenéis los tardíos enlaces:   http://www.diariodecadiz.es/article/provincia/1827693/aqui/me/llaman/la/belle/cadix.html

http://www.diariodecadiz.es/article/provincia/1827733/dale/recuerdos/petra/cuando/la/veas.html

El Hotel de Ville, la 'casa' de Anne Hidalgo en París.

El Hotel de Ville, la ‘casa’ de Anne Hidalgo en París.

Dos isleños en París, ante 'El beso' de Doisneau.

Dos isleños en París, ante ‘El beso’ de Doisneau.

Fue un gran rato, cerca de hora y media que la alcaldesa parisino-cañaílla dedicó a hablar de  sus dos vidas, sus dos tierras. El Hotel de Ville tiene una escalera impresionante, hecha para que cada uno que suba o baje comente lo de la grandeur de Francia. Y por ahí bajaba yo tras la entrevista, ya satisfecho y dispuesto a disfrutar de unas hora aún antes de volver al aeropuerto. Lo primero fue dirigirme a la Sainte Chapelle, una joya gótica escondida detrás del Tribunal pero muy merecidamente visitada. La única vez que entré en ella fue algunos años atrás, y en un día nublado, lo que nos impidió disfrutar en su totalidad de la luminosidad de su sorprendente interior totalmente lleno de vidrieras separadas solamente por finas columnas, sin paredes, casi suspendidas en el aire. Y el sol que lucía me hizo desear verla en todo su esplendor. Eso hice, para asombrarme de nuevo, pero no mucho más que la primera vez. La sorpresa se había diluido, pero la sensación se acrecentó con la luz divina.

Paredes de luz en la Saint Chapelle.

Paredes de luz en la Saint Chapelle.

Música para turistas.

Música para turistas.

El resto fue esperar que pasara el tiempo, cruzar puentes, oír acordeonistas puestos para la foto y el dinero del turista, y merendar, de nuevo en una terraza, en la plaza de Saint-André des Arts (¿cómo harán los franceses para poner estos nombres tan bonitos?). Ya más relajado, digamos que con la tópica sensación del deber cumplido, del trabajo realizado, me homenajeé con dos cervezas Leffe y un plato de quesos del país. Elementos que me hacían ver la vida de París como un transcurrir elegante y tranquilo de paseantes y ciclistas civilizados. Si no era así, yo disfruté pensándolo. Ni siquiera saqué el libro: miraba y pensaba, un rato que me hizo sentir único y, en cierta forma, poderoso. Efectos de la cerveza, supongo.

 

La place de Saint-André des Arts, estupendas terrazas.

La place de Saint-André des Arts, estupendas terrazas.

El largo camino de vuelta fue algo más duro, mirado objetivamente. Hasta la una y media de la madrugada no llegué de vuelta a casa, una jornada laboral de 22 horas. Y sin embargo, como diría Marcello Mastroianni, “peor es trabajar…”

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  • Avenger

    Bonjour mes ami, como decía Bogart, siempre nos quedara Paris…que gran crónica de la ciudad. Como cundió el día, no? La entrevista magnifica
    un abrazo.

  • Ulyfox

    Bonjour, Avenger. Siempre, siempre estará ahí París. Es una ciudad que bien merece una escapada, siempre que se pueda. Grande, pero a la vez abarcable y paseable.
    La verdad es que el día fue largo, y aprovechado. Una experiencia inolvidable, aunque cansada.
    Una vez en la vida… Un gran abrazo

  • Avenger

    Bonjour Uly, pues sí la verdad es que se merece una escapada o dos o tres, pues París es de esas ciudades que como dices es agradable para el paseo. Es una de las ciudades, junto con Venecia, tal vez más mitificadas. La primera vez que fuimos, temía que no fuera lo que nos pensábamos, y la verdad es que colmó con creces nuestras espectativas. Todo nos parecía tal y como lo habíamos visto en tantas y tantas guías, en tantas y tantas películas, en tantos y tantos libros…. en fín era como lo habiamos soñado. Eso sí, más caro que en nuestros sueños, pero en fín, como dices es una ciudad que merece la escapada. Nosotros volvimos con ganas de más, y eso esperamos, poder disfrutar más de París, querríamos esta vez centrarnos en Montmartre, ver más a fondo esa zona tan especial, ese pequeño pueblo dentro de la gran metrópoli, ese cuasi decorado, a medias entre lo real y lo impostado, de bohemios, pintores, terrazas y locales de nombre y sabor decimonónicos. No nos importa, nos gusta tal y como es y queremos revisitarlo; eso y los jardines de Giverny, tantas y tantas veces retratados por Monet, el pintor favorito (entre otros) de Mony, es lo que nos faltó de nuestro tour anterior. Así que tenemos “trabajo”, pero se nos agolpa tanto y tanto “trabajo”: será esta vez la definitiva para ver Sicilia?, volvemos a nuestra queridísima Grecia? aprovechamos esa oferta tan atractiva de Cerdeña? una escapada a París? un “finde” laaargo en Amsterdam?. Como ves, no paramos de pensar y dar vueltas, hay que cuadrar fechas (y cartera, por desgracia. Es que hay tanto por ver y tan poco tiempo…. Por lo menos, y como decimos siempre, tenemos a mano esta ventana que nos abres, de vez en cuando al mundo, ese que hay por ahí tras Cortadura. Ah, no se nos olvida que está pendiente la entrega de la famosa botella de grappa, como decías pondremos a trabajar los teléfonos, que esta vez tiene que ser la definitiva. Un fortísimo abrazo.

  • Ulyfox

    Bonjour Avenger! Bendito ‘trabajo’ el que os queda por viajar. Y cualquiera de los destinos que mencionas es muy deseable.
    De París, yo tampoco he estado en el parque de Giverny, pero disfruté enormemente en el Museo de L’Orangerie donde están expuestas las Nimpheas con dos salas para ellas solas y que probablemente ya visitasteis, teniendo en cuenta que os gusta tanto Monet. Si no es así, desde luego no os lo perdáis la próxima vez. En fin… tantas cosas… Y a ver si nos vemos, que en un par de semanas nos escapamos a Grecia y Turquía! Abrazo fuerte!

  • Avenger

    Pues si Uly, si que tenemos “trabajo” por delante. Si, tienes razón, visitamos L’orangerie, vimos las fantásticas y enormes pinturas de Monet, al igual que vimos el Marmottain, otro museo con obras de Monet, en un maravilloso domingo, donde posteriormente fuimos al museo naval del Trocadero, nombre de recuerdo gaditano, y posterior visita a la torre Eiffel, donde fuimos haciéndoos caso, a una hora bastante más relajada de publico, y pudimos disfrutar de las vistas, ver anochecer y posteriormente verla iluminada. Para terminar cenamos en un localito, en la orilla del Sena. Si vamos, ahora querríamos ver mas y mejor Montmartre, y claro Giverny. A ver… Oye que bueno no? Grecia y Turquía, que ganas de ver Estambul que tenemos, pero claro a todos los sitios no podemos ir, así que tendremos que decidirnos y organizarnos, para disfrutar septiembre. Esperamos que si que nos veamos antes de iros no? Vamos quedando en estos días. Un abrazo.

  • Ulyfox

    Avenger, desde luego te llamaré. Son pocos y contados días los que tengo, pero tal vez pueda apañar (tengo que hacerlo) un rato para ese intercambio de líquidos y palabras. La Torre Eiffel me parece un monumento maravilloso, magnético. Es infantil y divertido subir, sobre todo a esa hora mágica del anochecer. Yo no pude dejar de sonreír mientras estaba allí arriba.
    Abrazo!

  • Paco Piniella

    ¡Qué guapo estás Manué!

  • Ulyfox

    Paco, tú sabes que yo siempre he valido mucho, ja, ja!

  • antoniodlr

    Casi es más bonita esta crónica parisina que la entrevista en sí. Iría con sumo gusto a darle dos besos, o los que ella me permita, a la paisana Hidalgo. Que guapa es lo suficiente para que Luis Mariano le dedicara esa opereta ex profeso. Tuvo mérito y algo de adivinación. Nada de extraño en realidad; que en este rinconcito del mundo tenemos por tradición exportar productos de gran calidad. Una reflexión: Suelo decir que el ridículo o la vergüenza siempre es ajena. Y empiezo a pensar que el orgullo, tan alejado de aquel, comparte adjetivo.
    De Paris se ha dicho muchas cosas: Que si merece una misa, lo cual da cierto yuyu, por aquello de que es lo que te suelen hacer cuando la has palmado. Que si es la ciudad de la luz y la del amor. Sin duda es una ciudad preciosa (hablo solo de oídas y de vistas en papel) para enamorarse. Ya cantaba Manolo García aquello de “!ay!, del que se enamora hasta en un desierto”. Dada mi ignorancia, nunca entendí lo de la luz. Convencido como estaba que una ciudad del norte de Europa no suele tener mucha; y creo que Disney todavía hoy lo está sufriendo. Además eso de que nos hiciera la competencia a los gaditanos no me gustaba nada. ¡Cómo vas a comparar su luz con la nuestra! Luego me he enterado que la realidad tiene que ver menos con la poesía y más con la física. Total que el parisino, en realidad, es un pringao que lleva más años que nadie pagando el recibo. De la luz. Si bien se demuestra, con estas fotos preciosas que publicas, que también la tiene de la güena, sobre todo la de Saint Chapel. Lástima, que no la haya todos los días. Yo tengo pensado ir (pero tengo pendientes 4 recibos), si bien me comentan que los franceses, junto con los rusos, son las gentes más antipática de Europa. Por mi casi nula experiencia (medio día en San Juan de Luz -¡coño que casualidá!-), no debo hacer juicios de valor, pero en ese ratito me sentí cómodo. Incluso el amable camarero del restaurante donde comí, me hablaba en un español bastante aceptable. Lo que pasa es que alguien que hace las tortillas sin papas es un tipo, como poco, sospechoso.

  • Ulyfox

    Querido Antonio, echo de menos tanto tus atinados comentarios en este tu blog como los que puedes hacer en directo en un rato largo de conversación. Me temo que esto no va a ser posible ya antes de que nos escapemos dentro de unos días a aquel rincón oriental del Mediterráneo que nos gusta tanto. Y es una pena. Tengo entre mis planes disponer de más fines de semana a partir del nuevo curso, y si se concreta, habrá esas ocasiones.
    De París, que te voy a contar! Ya lo he hecho en algunas entradas. A mí me encanta, a nosotros nos encanta para una visita corta o larga. Esta última fue de trabajo pero claro, ya quisiera yo todos los meses un encargo como este.
    Ella, Madame la Maire de Paris, es realmente muy agradable. Naturalmente, estuve menos tiempo en la alcaldía que tú en San Juan de Luz, así que sólo me puedo guiar por la rápida impresión. De los franceses, en general, tengo muy buen concepto. En todo caso, podríamos decir que son muy suyos, pero educados un rato largo, y amables y, cosa tal vez rara, creo que los españoles les caemos bien, al contrario de lo que ocurre aquí. Son un gran país, hermoso y civilizado y eso tal vez a algunos les cause más que nada envidia, lo que aquí diríamos coraje. Desde luego, no admiten comparación con los rusos, con los que tampoco he tenido el gusto de tener ni un rato de conversación, que yo recuerde. Así que a lo mejor también estamos equivocados con ellos.
    Un placer, como siempre. Quién sabe, tal vez haya todavía una ventana de esperanza para vernos uno de estos días!