Playas de Milos

Ulyfox | 14 de octubre de 2014 a las 0:33

Una de las ensenadas de Papafragas.

Una de las ensenadas de Papafragas.

Amar las playas no es una opción. O te gustan, o las odias o las soportas, y todo eso porque sí. Nosotros las amamos, pero en cierta manera, como en una forma de amor destilada por las experiencias, los gustos y los años y que se puede resumir en pocas palabras, quizás: azul, transparente, calma, comodidad, servicios, tabernas. Y con esos términos quizá estamos definiendo las playas de las islas griegas. Sin embargo, muchos de nuestros amigos se extrañan cuando les contamos que nos pasamos el verano, aquí, con la arena y el agua que tenemos en Cádiz, sin pisar sus playas, que reúnen muchos de esos requisitos. Pero tienen una dificultad casi insalvable: sólo podemos ir algunos fines de semana, y entonces se convierte en una odisea, empezando por el aparcamiento… en fin, que no vamos.

Una vista general de Paleochori, la gran playa.

Una vista general de Paleochori, la gran playa. Abajo, Achivadolimni

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Pero en Grecia sí, claro, una de las múltiples y sentidas razones de nuestra insistencia en ir son sus playas. Y por eso también mucha gente va a Milos, por la espectacularidad de sus costas, por sus aguas, por sus formaciones rocosas, por el entorno volcánico… Sin duda, sin duda. Y Milos tiene una gran colección de playas, decenas de ellas. Aunque es verdad que pueden llamar así a una franja de arena o una colección de guijarros de apenas veinte metros de longitud y que presentan una relativa o gran dificultad para su llegada, bien porque hay que trepar o descender con cuidado o porque son tan salvajes que hay que dejar el coche muy lejos y hacer un camino polvoriento o seco bajo el sol. Y nosotros fuimos en septiembre, pero en pleno agosto debe ser difícil encontrar donde aparcar e incluso hacerse con un sitio en tan pequeños rincones. Porque, no lo olvidéis, Milos está de moda.

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Tres imágenes de la playa de Firopótamos.

Tres imágenes de la playa de Firopótamos.

Es imposible no apreciar la belleza salvaje de playas como Firiplakas, donde las rocas volcánicas parecen que mudan de color en cada mirada; o la rareza de las ensenadas inverosímiles de Papafragas; o lo aventurero de bañarse en Tsigrado tras deslizarse por cuerdas y cuestas… pero es demasiado trabajoso para quienes ya deseamos más bien la comodidad de la taberna tradicional a mano o el supremo placer de que te sirvan la cerveza directamente en la hamaca, facilidades éstas de las que están bien surtidas tantas playas griegas.

 

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Agia Kiriakí, azul y muy bien preparada.

Agia Kiriakí, azul y muy bien preparada.

Tsigrado, la de difícil acceso.

Tsigrado, la de difícil acceso.

Por eso, después de hacer el recorrido fotográfico por lugares como Sarakiniko, Agia Kiriaki o Tsigrado, lo que nos apetecía era la taberna O’Xamos! y su playa de Papinikou, tan junto a Adamas, tan bien surtida de confort doméstico. Las grandes playas están al sur, y todas son recorridas por los numerosos barcos que hacen las concurridas excursiones marítimas. Por no hacerla nos perdimos la popular Kleftiko, llena de farallones, cuevas y ensenadas… pero es que cada vez soportamos peor ir en grandes grupos.

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La salvaje y volcánica Firiplaka.

La salvaje y volcánica Firiplaka.

Papinikou es mucho más modesta, apenas unos metros de arena entre el agua y la carretera, sombreada en buena parte por los taranges, pero tiene un atento e incansable servicio de camarera todo el día, y allí el mar se serena como si estableciera contigo una conversación amigable en la que entras y sales, escuchas y abres la boca cuando te apetece. Allí asentábamos nuestros reales, con dos toallas horteras y baratas que compramos para la ocasión, porque no nos preocupaba ocultar nuestra condición de turistas: una especie de Barbie y una bandera griega fueron nuestras enseñas desde que llegamos a Milos, y allí nos acompañaron en nuestro recorrido por Creta, Paros, Koufonisia y Mikonos, y allí quedaron. Y tal vez, seguro, alguien las habrá heredado.

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En la doméstica Papikinou, junto a Adamas, sentamos nuestros reales.

En la doméstica Papikinou, junto a Adamas, sentamos nuestros reales.

 

  • Avenger

    Buenos días amigos, que nombres y paisajes tan evocadores; de todas las que citas estuvimos en Firiplaka, Papafragas, Firopótamos y lo intentamos en Tsigrado, que es una playa para ir en barco. El camino es más propio de aventura extrema que para un plácido dia de playa, aunque la estampa de Tsigrado, con su agua turquesa es una de las que sirven de “banderín de enganche” para la visita a Milos. No obstante, hay que tener otra precaución, a veces el agua puede contener restos minerales, y éstos a su vez pueden dar reacción, como tuvimos la oportunidad de comprobar en los ojos de Moni. No obstante, la visión es de una gran belleza. Nos gustó más Firiplaka, justamente al lado, algo más accesible. La realidad es que Milos, es para el disfrute de las playas. En todo caso, de Grecia nos quedamos con las maravillas de Creta: Balos, Elafonissi y sobre todo Falassarna. Con Paros y sus magníficas Golden Beach y Kolumbithres; y ya en Mykonos con la playa de “nuestra casa” en Megali Amnos, las de Panormos (en el norte y bastante solitaria) Agios Ioanis y Paraga. Un fuerte abrazo amigos. PD.: Os recordamos que cuando querais podemos hacer el traspaso de la botella de grappa, a ver si esta es la buena, ja,ja,ja….

  • Ulyfox

    Querido Avenger, vaya playas que nombras en Creta, Paros y Mykonos. Esas sí son del tipo que nos gustan a nosotros. Las más famosas de Milos nos parecieron en su mayoría demasiado dificultosas. Eso sí, algunas quedan estupendas en las fotos. Las de Creta las adoro todas.
    La grappa nos la tomaremos, no te quepa duda!

  • Avenger

    Buenos días Uly; pues sí, la verdad es que después de varios años viajando a esa tierra maravillosa, algunos sitios hemos aprendido. Seguro que todavía hay más playas del estilo que éstas que se han citado. Es gracioso, pero recuerdo que cuando estuvimos en Rodas, hicimos amistad con la agradabilísima y simpática recepcionista de nuestro hotel “Nikos takis”, finlandesa de orígen, pero ya griega por matrimonio y amor a esa tierra. En las conversaciones que tuvimos para consultar donde ir, que ver, donde cenar, etc.. le preguntamos por la playa de Ialyssos, la que está más cerca de Rodas ciudad. Nos comentó como era, y fuimos. La verdad es que no nos gustó demasiado, muy turística (es decir: mucha gente), no era de arena, si no de guijarros y algo peligrosa por su abrupta entrada en el agua. Cuando volvimos al hotel, nos adivinó que no era del todo de nuestro gusto, pues había aprovechado el tiempo libre que tenía, mirando Cádiz y la Provincia por internet. Se quedó encantada con la visión de nuestras playas. Nosotros lo confirmamos, pero le comentamos, que nosotros viajábamos a Grecia, no por las playas (al menos no sólo por eso) si no por los otros muchos encantos que tiene la tierra, y por sus gentes. Con todo quedó que alguna vez vendría por aquí a disfrutar de lo que había visto. También quedó muy sorprendida con la visión de las murallas de Cádiz. En fín, muchos y buenos recuerdos de Grecia y sus paisajes. En lo demás estamos a vuestra disposición, un fuerte abrazo amigos.