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El monasterio invisible

Ulyfox | 7 de noviembre de 2014 a las 13:51

Entrada al monasterio Gouvernetos, cerrado por obras de restauración.

Entrada al monasterio Gouvernetos, cerrado por obras de restauración.

No es culpa del monasterio de Gouvernetos, seguramente, el que no hayamos podido todavía visitarlo en nuestras numerosas visitas a Creta. El monasterio está situado en la bella península de Akrotiri, cerca de La Canea, una zona muy interesante de visitar, por sus centros religiosos de estilo veneciano y por sus magníficas playas. Además alberga el aeropuerto y el emocionante cementerio de las tropas aliadas que participaron en la Batalla de Creta, durante la Segunda Guerra Mundial. Nos gusta recorrer la península, pero no hemos logrado entrar en ese monasterio.

Lo que pude fotografiar de la fachada de la iglesia y el patio del monasterio.

Lo que pude fotografiar de la fachada de la iglesia y el patio del monasterio.

Llegar a Gouvernetos es sencillo, está muy bien indicado aunque la parte final de la carretera discurre durante sus últimos metros por lugares muy estrechos y pegados a las rocas. Esto, simplemente, lo hace más hermoso y fuera de temporada le da un aire aún más apartado y monástico. La primera vez que lo intentamos nos encontramos con la dificultad de su restringido horario. Simplemente, llegamos tarde, y en eso los pocos monjes son estrictos. Nos quedamos fuera. La segunda vez, este pasado septiembre, íbamos con la lección aprendida, y llegamos antes de las 12 del mediodía. Pero tampoco pudo ser: el monasterio estaba en restauración y no era posible la visita. Menos mal que me atreví a saltarme la cuerda de seguridad unos metros y me acerqué a la entrada del patio. Lo suficiente para robar un par de fotos de su acogedor patio y de la hermosa fachada veneciana de su iglesia. Y para proponernos intentarlo de nuevo otra vez, porque los monasterios cretenses son amistosos y reparadores.

La capilla troglodita a mitad del descenso.

La capilla troglodita a mitad del descenso.

Es famoso también Gouverneto por dos ruinas que están en sus cercanías, siguiendo un sendero pétreo, sencillo al principio y bastante escarpado luego, hacia el mar. El camino pasa por una cueva convertida en capilla por los monjes, y continúa hasta una pequeña cala junto a la que están los restos de lo que llaman katholikon, que viene a ser como una iglesia medio escarbada en la roca y junto a un puente sobre la garganta. Nos decidimos a emprender el camino, pero sólo llegamos hasta la mitad, donde está otro ejemplo de la afición de los ortodoxos griegos por instalar iglesias en huecos naturales, aprovechando las hendiduras de las rocas o en lo alto de colinas casi inaccesibles.

Comprenderéis que prefiriésemos esto: la playa de Stavros.

Comprenderéis que prefiriésemos esto: la playa de Stavros.

Dudamos si seguir hasta el final, pero la llegada desde abajo de un hombre de mediana edad con la cara roja y el cuerpo empapado en sudor, que dijo haber hecho el camino completo y no parecía muy entusiasmado con lo visto, más la constatación de que aún quedaba más de media hora para ese punto y que luego habría que rehacer lo andado y cuesta arriba, junto con el calor que hacía a esa hora nos hicieron dejar la intentona para otra ocasión. A cambio, nos dirigimos hacia la playa de Stavros, una maravilla transparente, pero famosa, más que por eso, por haber servido de paisaje para la famosa escena final de ‘Zorba el griego’, en la que Anthony Quinn baila el conocidísimo sirtaki creado para la ocasión por Mikis Theodorakis. Allí pasamos el día, con un almuerzo no muy recordable, y numerosos baños incoloros, hasta que regresamos a la dorada Canea y su atardecer.

La auténtica playa de Zorbas.

La auténtica playa de Zorbas.

 

Y el atardecer en el puerto veneciano de La Canea.

Y el atardecer en el puerto veneciano de La Canea.

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