La foto que no pude hacer

Ulyfox | 1 de diciembre de 2014 a las 2:06

Me acerqué sigilosamente y con todo el respeto que era capaz de demostrar a aquella puerta acristalada sobre la que figuraba un pequeño rótulo con la palabra ‘imán’ y creo que un nombre a continuación. Ante ella, dos o tres hombres miraban muy interesados lo que estaba ocurriendo en el interior. Un clérigo musulmán de hábito marrón y turbante blanco estaba sentado a contraluz. La barba gris clara y el asiento señorial le daban un aire imponente pero plácido. Junto a él, en una butaca más baja, un hombre mayor con traje gris le sostenía la mano mientras le hablaba y con la otra le daba leves palmadas en el dorso. Ambos tenían esa mínima sonrisa de los que conversan en confianza sobre temas en los que están de acuerdo. No estaban ni mucho menos solos. Cuatro o cinco muchachos se sentaban en semicírculo en la alfombra frente a los dos protagonistas. Imaginé una conversación sobre temas religiosos o de doctrina, o una petición de consejo al maestro, tal vez simplemente la comunicación o el permiso para una boda.

Yo estaba allí en la puerta, con la cámara en la mano, pero a nadie le importaba mi presencia de infiel en la mezquita de Fatih de Estambul. Creo que ni siquiera repararon en mí. Veía el encuadre y la iluminación de claroscuro, y el cuadro casi como esa famosa escena de El Padrino en el que todos rendían pleitesía a don Corleone. Pero no podía disparar. En un momento determinado, el imán habló y todos escucharon con asentimientos, tras lo cual, acto seguido, dirigió una pequeña oración que siguieron con la cabeza inclinada.

Me fui, sin la foto. Estuve tentado, pero cómo romper ese momento. Habría sido una falta de respeto. Y quién sabe si me habría ganado una bronca en turco. De todas formas, habría salido mal.

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