Mil sitios tan bonitos como Cádiz » Archivo » Adieu à l’Alsace (Crónicas desde el paraíso, y VII)

Adieu à l’Alsace (Crónicas desde el paraíso, y VII)

Ulyfox | 2 de noviembre de 2015 a las 20:26

Última visión de Colmar.

Última visión de Colmar.

Y una vez ocurrió, fue llegado el momento de despedirnos de Alsacia. El último día fue una mañana solamente, despidiéndonos de Colmar, que había sido nuestra sede durante seis jornadas, en un breve paseo. Pero en la víspera, ya con el tiempo poniéndose desapacible a ratos después de que nos hubiera tratado muy bien con un calor inesperado, aún pudimos conocer algún pueblo más de esta asombrosa región europea a caballo entre Francia y Alemania.

No es Nueva York, sino Colmar.

No es Nueva York, sino Colmar.

No sé si he hablado bastante de Colmar, que no es la capital de Alsacia, pero sí podría serlo del turismo en la zona, por su tamaño justo, por sus buenas comunicaciones, por su abundancia de restaurantes, por su aire civilizado y paseable que forman un lugar acogedor al que regresar por las tardes tras las excursiones a los asombrosos pueblos, y sentarse en alguna terraza a tomar la también buena cerveza alsaciana. No se conoce tanto, pero en sus afueras, en un cruce de caminos, en el centro de la rotonda, hay una Estatua de la Libertad idéntica a la de Nueva York, bien que a mucho menor escala. No es un homenaje gratuito, ni una réplica sin sentido. También hay otra en París, muchos lo sabéis, ya que la gigantesca escultura que dio la bienvenida a tantos migrantes esperanzados en la capital norteamericana, fue una donación del Estado francés. Esta de Colmar tiene una justificación aún más cargada de razón. Aquí nació en 1834 Frédéric Auguste Bartholdi, el escultor creador de la Estatua de la Libertad, nada más y nada menos, y aquí está el museo que recoge buena parte de su vida y su obra… y por supuesto todo el proceso de creación del gran monumento neoyorquino. O al menos eso dicen las guías porque hemos de confesaros que no entramos a verlo, ocupados como estábamos en recorrer los pueblos de alrededor. Ustedes nos lo sabrán perdonar y quizá conformarse con esta información.

Calles y casas de Obernai.

Calles y casas de Obernai.

Así pues, el penúltimo día en Alsacia lo tomamos con tranquilidad. Y luego de tomar nuestro buen desayuno como siempre en el excelente y céntrico Hotel Saint Martin, partimos a una última escapada a la región. Esta vez nos alejamos hasta Obernai, otro de esos pequeños village amurallados y llenos de casas medievales cuidadas, pintadas y adornadas con entramados de maderas y palomares. Con una calle principal que en esta ocasión no se llama Grand Rue sino Rue du Marché, o sea calle del Mercado, que desemboca en una plaza con el mismo nombre y en la que, como viene siendo desde hace siglos, se monta todavía un mercado de alimentación, ropas y enseres varios. Formas de darle sentido a las cosas, a la vida, mientras por aquí, no sabemos aún por qué, están muriendo los mercados tradicionales y nos estamos entregando con armas y bagajes a las grandes superficies, curiosamente de propiedad francesa o alemana.

La torre de 60 metros de una antigua iglesia, junto a la plaza del mercado en Obernai.

La torre de 60 metros de una antigua iglesia, junto a la plaza del mercado en Obernai.

El monumento más famoso de Obernai, junto a la preciosa Alcaldía medieval, es la torre que llaman Beffroi o Kappelturm según se diga en francés o alemán, de 60 metros de altura y visible desde las afueras del pueblo. En realidad es sólo el vestigio de una antigua iglesia del siglo XIII, pero impresiona. En el centro de la plaza del Mercado, una fuente coronada por una figura de Santa Odilia, Sainte Odile, patrona de la zona, y que tiene no demasiado lejos una abadía centro de peregrinaje y muy visitada.

La Alcaldía, la fuente de Sainte Odile y la Torre en la Place du Marché.

La Alcaldía, la fuente de Sainte Odile y la Torre en la Place du Marché.

En Obernai cumplimos por fin con un rito que habíamos ido aplazando: comer chucrut, el plato regional más renombrado. Y en realidad no sabría deciros por qué. Consiste la exquisitez en un centro de col fermentada (ese es el significado de choucroute, algo también muy reputado e igualmente sin que pueda explicaros la razón) acompañado por una guarnición de salchichas, carne y panceta ahumada, que recuerda a una de las vueltas del cocido madrileño pero sin que ese suculento sabor a grasa aparezca por ningún lado. Cumplimos con la obligación, pero no os creáis que repetiremos fácilmente. Dicen los libros que la choucroute es col cortada finamente en juliana y lactofermentada en salmuera. Después de probarla no sabemos de dónde le viene la fama. Quizá de que los alsacianos encontraron una buena forma de conservarla y de que en su tiempo quitara mucha hambre. Bueno, si vais por Alsacia, no dejéis de probarla y formar vuestra propia opinión. Con un par de buenas copas de riesling cualquier comida es buena…

Casi saliendo del pueblo, la fuente de seis caños.

Casi saliendo del pueblo, la fuente de seis caños.

 

El último día probamos la chucrut.

El último día probamos la chucrut.

 

Obernai es un pueblo amurallado.

Obernai es un pueblo amurallado.

Todo ese paseo y la comida nos ocuparon unas cuantas horas, pero luego queríamos acabar nuestra visita a la Alsacia haciendo al menos una pequeña visita a los Vosgos, esas montañas que dan nombre a una de las plazas más famosas de París y que tienen fama de misteriosas, umbrías y verdes. Fue sólo un acercamiento a la entrada a esa cordillera recorrida por multitud de caminos y según dicen un paraíso para los senderistas. La primera montaña de esa sierra es sólo una elevación de 763 metros, pero con una significación importante. En su cima se encuentra la Abadía de Sainte-Odile, que guarda y perpetúa el nombre de la santa. Su historia es larga. En el siglo VII, el duque de Alsacia construyó allí un primer convento de monjas, del cual su hija Odile llegó a ser la abadesa. Ya se sabe cómo ocurren estas cosas: numerosas muestras de caridad la hicieron merecedora de fama de santa y a su muerte su tumba se convirtió en lugar de peregrinaje. Muchos siglos dan para muchas cosas, incendios, revoluciones, persecuciones… El caso es que ahora queda allí un puñado de monjas, pero los edificios restantes son muy modernos. Lo que no ha restado a la abadía capacidad de atracción, y los visitantes se cuentan por cientos de miles durante todo el año. Desde su altura rocosa, las vistas son hermosas y el desvío merece la pena. Desde allí arriba, y divisando a lo lejos el Rin y territorio alemán dijimos, de momento adieu a l’Alsace.

En el Mont Saint'Odile primera cumbre de los Vosgos.

En el Mont Sainte-Odile primera cumbre de los Vosgos.

 

La basílica de Saint'Odile, justo en la cima.

La basílica de Sainte-Odile, justo en la cima.

 

Terminaba nuestra primera etapa de septiembre, en la civilizada y equilibrada Europa. A partir del día siguiente volvíamos al Mediterráneo, a pasar el resto del mes en nuestras amadas raíces, con una pequeña escala en Roma…

  • antoniodlr

    Después de 7 entregas por fascículos de un mundo de cuento. Donde todo era pluscuamperfecto. De calles limpias, de fachadas inmaculadas, de la sorpresa de ver tantas flores en un escenario que uno no creía propicio para ello. De castillos, de puertas de las villas, del detalle de cada teja. De la mimetización perfecta en un casco histórico (ya tenemos de dónde aprender) de un Mac Donald´s. De gente guapa en las fotos, a las que se enfoca –no quiero señalar, pero ya sabes de lo que te que hablo-, y de las que pasaban. De los pequeños detalles, como los canales para los barquitos de velas. De veros disfrutar haciendo el guiri o con una cerveza o con un vino blanco Rieslieng, ¿por qué lo tuviste que estropear?. Hay fotos que no se pueden publicar Uly, entiéndelo. Perdona que te lo diga, que ya sabes que taprecioungüevo. Pero, si es que además no estaba ni bueno, según dices. ¿Qué necesidad había? Ese Chucrut, con esas salchichas…
    En mi casa estoy, con una depresión enorme.

  • Ulyfox

    Querido Antonio, a veces hay que reflejar también el lado malo de la vida… qué le vamos a hacer. Y es verdad, el (o la) chucrut no estaba especialmente bueno. en fin, todo eso se lo perdonamos a esa región tan bonita. Creo que he quedado vacunado de belleza para una buena temporada. Tengo que confesarte que cuando realmente disfrutamos con plenitud fue en las restantes tres semanas en tierras griegas. Pero eso es ya otra historia.
    Anímate, hombre