Isla de Giglio, la mar de Toscana

Ulyfox | 21 de mayo de 2018 a las 10:16

Vista de Giglio Porto, desde el ferry.

Vista de Giglio Porto, desde el ferry.

Volver a Italia se nos está haciendo tan habitual casi como volver a Grecia. Es imposible la comparación, nunca podrán igualarse en nuestros corazones, pero Italia tiene buena parte de ese encanto, faltándole lo que para nosotros es la inocencia con la que nos identificamos, la confianza que nos hace creer que estamos en nuestra casa. Pero Italia… Italia es sencillamente maravillosa. No hay un país que atesore tanto arte, tanto monumento, tanto ejemplo de transformación humana de elementos materiales en sensaciones espirituales. Por eso volvimos a Toscana, aunque queríamos una sensación diferente al huracán renacentista y barroco. Por eso nos dijimos: vayamos al mar. Y en el mar, vayamos a una isla, montemos en un barco, arribemos a un puerto, cenemos sobre la playa… Y nos fuimos a visitar la isla de Giglio. Y para llegar a ella teníamos que partir desde Porto Santo Stefano, a donde llegamos en coche desde el aeropuerto de Pisa.

Porto Santo Stefano, punto de partida hacia la isla de Giglio.

Porto Santo Stefano, punto de partida hacia la isla de Giglio.

Porto Santo Stefano es un lugar con el encanto de los puertos marineros que son además salida para ferries turísticos. Colores toscanos en las fachadas, mucha gente, mucho tránsito, mucho movimiento, entendiendo siempre el ‘mucho’ a una escala menor que en los lugares de turismo masivo. Llegamos por la tarde, la mejor hora en ese verano incipiente, con tiempo para un corto paseo, tomar un aperitivo al atardecer y dilatar la entrada en el hotel. Y con la predisposición perfecta para después del registro en recepción, salir a cenar algo de pescado frito, ensalada y spaghetti con almejas. ¿Se puede concebir mejor menú de recepción en Italia? En Lo Sfizio, una trattoría muy recomendable, por si acontece que pasáis por allí.

Colores en Giglio Porto.

Colores en Giglio Porto.

A la mañana siguiente, muy tempranito, tomamos el tranquilo ferry hasta Giglio. A muchos os sonará el nombre. Fue contra las rocas cercanas a la principal población de la isla, Giglio Porto, donde el capitán Schettino estrelló su crucero, el ‘Costa Concordia’, por tirarse un farol con su novia de ese momento causando decenas de muertos. El buque permaneció allí volcado durante meses y se convirtió en una atracción de primer orden. Cuando estuvimos nosotros, aún quedaban gigantescas grúas junto al puerto.

Atardecer en Giglio Porto.

Atardecer en Giglio Porto.

Aparte de eso, evidentemente, Giglio Porto tiene muchos más atractivos, el menor de los cuales no es la tranquilidad, propiciada por que tiene la capacidad hotelera que tiene. Durante el día abundan los excursionistas de unas horas llegados en ferry, pero con la noche, el ambiente se vuelve familiar y elegante a la vez, con mucho lino, mucho estilo italiano y un paseo frente al mar (lungomare) corto y gozoso. Se disfruta de la playa con la luz y se vuelve al puerto con el frescor de la ducha, el perfume y la camisa vacacional.

Camino de la Spiaggia delle Cannelle.

Camino de la Spiaggia delle Cannelle.

La estupenda playa de Giglio Campese.

La estupenda playa de Giglio Campese.

Para el baño, en dos días de estancia, se tiene la opción de dar un paseo a pie revitalizante hasta la cercana Spiaggia delle Cannelle, en una cala turquesa, con la cómoda vuelta en microbús para esa hora mágica. Y al otro día, se puede tomar ese mismo transporte público para acceder a la más amplia y turística Giglio Campese, haciendo una parada de un par de horas en el bello pueblecito amurallado que corona la isla, Giglio Castello. No se toman mucho trabajo para poner nombres a los lugares en este minúsculo trozo de tierra. Dirán ellos que para qué; no hay mucha confusión posible entre los tres enclaves.

Vista general de Giglio Castello.

Vista general de Giglio Castello.

En el interior de Castello.

En el interior de Castello.

La parada en Castello da para un recorrido entre casas de piedra enfoscadas con un gris cemento bastante mejorable, pero que encierra una belleza cierta en sus restos de pintura. Desde sus alturas se domina todo el contorno de la isla… cuando las nubes que casi siempre lo rodean lo permiten. El turismo se nota en la existencia de algunas tiendas y unas pocas trattorías interesantes a primera vista, con sus terracitas inestables y sus manteles de cuadros. El hecho de que poca gente lo visite durante el día hace muy interesante el paseo casi para ti solo. Una iglesia y un castillo completan el cuadro perfecto. Mucha gente sube a cenar en sus callejuelas al atardecer.

El 'lungomare' de Giglio Porto.

El ‘lungomare’ de Giglio Porto.

Nosotros cenamos las dos noches en Porto, procurando que fuera poco antes del ocaso, a esa hora europea que frente al mar hace que todo, incluso lo hermoso, aparezca más bello.

  • Carmen

    Magnífico “descubrimiento” o por lo menos lo es para mí. No sabía nada sobre la isla de Giglio. Bueno es saberlo.

    Coincido contigo sobre Italia. Es maravillosa o por lo menos lo es, lo que conozco de Italia (que es muy poco). Para mí fue toda una experiencia reveladora. Fui a Venecia y volví extasiada. Desde luego, no es exagerar decir que Venecia impresiona muchísimo.

  • Ulyfox

    Carmen. para nosotros también fue un gran descubrimiento. Un precioso paseo en barco y una estancia de un par de noches es ideal, además de suficiente para conocer la isla. En junio estaba muy tranquilo, aunque se notaban las horas a las que llegaban los excursionistas de un día. Italia es nuestro segundo país más visitado.