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Un arco de piedra en Paxos, Tripitos

Ulyfox | 27 de enero de 2020 a las 17:23

El arco de Tripitos, en Paxos, en todo su esplendor.

El arco de Tripitos, en Paxos, en todo su esplendor.

Desde que las redes sociales dominan el mundo (y de eso hace ya bastante tiempo), no es que no haya lugares secretos o escondidos, es que cada día aparece uno nuevo. Las guías turísticas convencionales parecerían quedarse viejas al poco tiempo de ser editadas, aunque en el fondo no es así. Lo realmente importante, lo permanente, lo que está al margen de las vertiginosas modas, está en las guías, por más que los supuestos exploradores del blog y el selfie aporten su granito de arena. Pero es un granito, igual que los otros, no son la biblia del turismo, ni son profetas sus autores. Además, hacen falta ganas de creer para fiarse de un profeta, de cualquiera de ellos.

Todo este discurso es para contar que sí, que nosotros también conocimos en ese internet el arco de Tripitos, en el sur de Paxos, una especie de arbotante de piedra sobre el mar en un enclave remoto, difícil, todavía no muy frecuentado pero cada vez más. Y sí, decidimos ir, calzándonos las botas de senderismo. Dejamos el coche alquilado a la sombra en una curva de la carretera y echamos a andar, primero en una subida pronunciada y luego entre olivos. Escasas señales, que había que interpretar, indicaban el camino al Arco. Naturalmente nos perdimos en más de una ocasión.

Sí, me hice el selfie, qué le vamos a hacer...

Sí, me hice el selfie, qué le vamos a hacer…

Desde el acantilado alcanzamos a verlo levemente pero no hallábamos la senda. Oíamos a gente y la divisamos volviendo del Arco. De vuelta sobre nuestros pasos, vimos a un pequeño grupo que salía de una pequeña desviación. Nos confirmaron que sí, que ese pequeño claro era la vía para nuestro destino. A partir de ahí, había una bajada en medio de una vegetación espesa que venía a salir al mar, y a Tripitos. Lo vimos, más espectacular de lo que esperábamos, casi un medio punto perfecto de piedra blanca, un capricho pétreo.

Otra visión del arco.

Otra visión del arco.

Pero para acercarse había que descender por una trocha pedregosa y poco fiable. Penélope prefirió quedarse en las alturas y yo presumí de atrevido. Logré acercarme, sí, como un turista perfecto, y hacer la foto e incluso el selfi agarrándome con una mano a una rama, pero no me arriesgué a caminar hasta encima del Arco. Más vale no tentar a la suerte, me dije desde la altura vertiginosa. Creo que demasiado temerario había sido, allí en los cantiles saludando a la embarcación llena de excursionistas que en ese momento navegaba varias decenas de metros allí abajo.

Uno de los tramos de la senda hacia Tripitos.

Uno de los tramos de la senda hacia Tripitos.

Estaba contento por haberme acercado, ya véis, como si hubiese sido una aventura de verdad, pero la vuelta fue mucho más ardua. Agotadora en la subida, pero con tiempo de descansar en el lugar donde me esperaba Penélope. Que no se diga.

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Dos vistas de la playa junto a Lakka.

Dos vistas de la playa junto a Lakka.

Aparte de la capital, Gaios, y del Arco de Tripitos, y de su precioso interior de olivos, Paxos tiene unas cuantas playas, pequeñas, de guijarros, recortadas y bien cuidadas, como Mongonisi y Manadendri. Algunas de ellas están cerca de sus otros dos núcleos de población, Lakka y Longos, muy cerca el uno del otro, en el norte. Tiene la isla unas preciosas carreteras, pero demasiado estrechas, y eso a finales de julio puede conllevar dificultades serias para la conducción cuando se cruzan dos vehículos en sentido contrario. Más de una vez nos vimos en situación de bloqueo.

Una estrella encontrada en la playa de Lakka.

Una estrella encontrada en la playa de Lakka.

Puertecito de Lakka.

Puertecito de Lakka.

Lakka es una pequeñísima aglomeración de casas junto al mar, igual que Longós, puertecitos ideales para desayunar, almorzar o cenar tanto como para tomar un café o una cerveza entre medias de un paseo a una playa u otra. Paxos, de todas formas, no tiene un turismo excesivo, y quedarase a pasar unas horas en estos lugares no es nada estresante. Lo contrario si se acompaña con un buen tapeo y unos baños en las estupendas aguas jónicas.

Longós, la otra población costera de la isla de Paxos.

Longós, la otra población costera de la isla de Paxos.

 

  • Carmen

    Hola, Ulyfox
    yo no podría acercarme tanto a un acantilado, me puede el vértigo. Eso es cosa de valientes o imprudentes, según se mire.

    ¡Vaya playa! ¡ay! ¡me estás tentandocon esas fotos! y además está cerca de Corfú (relativamente) y como pensamos algún día volver a Corfú, creo que pasar unos días aquí sería una solución perfecta.

  • Ulyfox

    Hola Carmen, no sé si encuadrarme en el pelotón de los valientes o en el de los imprudentes. No suelo hacer esas cosas, pero allí estaba yo…
    Y claro que es un buen plan acercarse desde Corfú. Hay varios barcos al día. En una hora estás allí…